Don Álvaro de Laiglesia, uno de los mejores humoristas y dibujantes que ha dado España en toda su historia, director del famoso semanario satírico La Codorniz, era un hombre muy crítico con la dictadura del General Franco, de tal suerte que, en bastantes ocasiones, la censura imperante decidía cerrar la edición del periódico por meterse en demasía con los poderes fácticos establecidos. Pues bien, harto de estas intromisiones en la escueta libertad de expresión que existía en la España de aquellos años, escribió un editorial en el que decía la siguiente frase:
“Bombín es a bombón
como cojín es a X,
y a mí me importa tres X
que me cierren la edición”.
Pues mire usted por dónde, la referencia a X viene como anillo al dedo con lo ocurrido el miércoles en Guingamp (ayer no pude escribir por problemas personales, que cada uno tenemos lo nuestro). Efectivamente, el Real Madrid se clasificó para el play in o play off, o como gaitas lo quieran llamar, de la Copa de Europa. Las redes sociales, sobre todo X, ardían en lamentos por lo que pueda salir del sorteo, echando pestes de lo que pudo ser y no fue. No entramos entre los ocho primeros, ¡oh, desgracia supina!, nos puede tocar el Manchester City por los desmanes del cuerpo técnico madridista en la competición. ¡Que nos toque el Celtic, por favor!
En el citado semanario también dibujaba el gran Miguel Gila, humorista, actor y dibujante nacido en Chamartín de la Rosa (como no podía ser de otra manera). Me imagino al gran Miguel cogiendo el teléfono y haciendo la siguiente llamada:
- Ring, Ring.,..
- Buenas, ¿Está la UEFA? Que se ponga… Hola, ¿Es la UEFA?, que mire usted, le llamo del Madrid, que la gente está que trina con el sorteo y que a ver si pueden calentar la bola para que nos toque el Celtic, que ya estamos del mal tiempo de Manchester hasta las narices… Ya, que ustedes no calientan bolas, que lo que calientan es poltronas, ya me lo imaginaba. ¿Y si me apunto UNICEF?Ya, que ya está el Barcelona con esa cosas, que es tarde. Pues vaya, qué se le va a hacer…. Pero… ¿Y si apadrino a un niño, aunque no juegue como Lamin Yamal? Que no, vale, lo entiendo, pues nada, que sea lo que Dios quiera, pero que sepa que la gente está enfadada y se lía, que lo se yo, que hay mucho entendido que dice que siempre es igual…. Vale, vale, ya les dejo, que tienen que preparar el catering para el sorteo y hay que probarlo, vale, buenas tardes, adiós.
A mi, personalmente, me importa tres X quien nos toque y lo voy a argumentar. En primer lugar, ya saben ustedes que tengo años suficientes como para hacer la crónica in situ de la extinción de los dinosaurios y para haber compartido con Jordi Hurtado las bodas de Canáan. Por esa razón, recuerdo que hace algunos años, cuando había un sorteo de Copa de Europa, los madridistas estábamos poniendo velas a todos los santos posibles para que no nos tocara este o aquel equipo, generalmente alemán, inglés o italiano, que eran los verdaderos cocos de la competición. Nosotros queríamos que nos tocara un Slovan de Bratislava, un Odense o similar, para estar tranquilos y pasar de ronda. Ahora, con quince Copas de Europa en el zurrón, seis de ellas en las últimas once temporadas, los que temen al Madrid son los demás, se llamen como se llamen. ¿Que me gustaría que nos tocara el Calasparra (con perdón y respeto a la arrocera tierra)? Pues claro, pero como no puede ser, lo dicho, me importa tres X quien toque.
En segundo lugar, porque, después de tantos años de fútbol, he llegado a la conclusión de que para ser campeón de Europa hay que ganar a todos, da igual, tarde o temprano, en cualquier eliminatoria, vas a jugar con un equipo de campanillas, porque si no fuera así, no sería la Copa de Europa, sería la Europa League, la Conference League o la Pachangas League. Por esa razón también, me importa tres X quien toque en el sorteo del viernes.
Y en tercer lugar, porque, por favor, tenemos la mejor plantilla del planeta, el equipo está carburando bien y somos el campeón vigente. ¿Miedos?, para los demás. Las últimas ediciones en las que hemos levantado la orejona hemos jugado y eliminado a los mejores… pues entonces, ¿qué podemos temer? Lo dicho, Bombín es a bombón, como cojín es a X, y a mí me importa tres X quién nos toque en el zurrón.
El partido. Como diría un taurino, faena de aliño del Real Madrid contra un equipo animoso y luchador que no dio demasiadas patadas y que intentó luchar hasta el final. 1º partido contra el Brest, 1º partido en el Stade de Roudourou, 1º partido en Guimgamp, nuestro Mendy cumplió 200 encuentros de blanco contando los amistosos y nuestro equipo obtuvo su victoria n º 100 en competiciones europeas jugando como visitante (esto no lo vais a leer en ningún lado, porque sólo mi gran amigo Javidatos lo sabe, lo escruta y lo cuenta aquí para vosotros en exclusiva, que lo sepáis). Además, Rodrygo Goes marcó el gol total de la historia del Real Madrid (también contando amistosos) nº 15400, que se dice pronto, más goles casi que años que sumamos Jordi Hurtado, Javi y un servidor sevillano de ustedes.
No se apuren, que nos toque el que nos toque afortunadamente será al revés, o sea, nosotros les tocaremos a ellos y, cuando vean la bolita del Real Madrid, un sudor frío les recorrerá la espalda. Porque no lo olviden, queridos lectores, el Real Madrid es el más grande de la competición, el más temido de todos y el que más pavor suscita entre el resto de clubes. Disfrutemos del momento, amigos.
Les dejo con la frase de mi amigo Javi. Ser del Real Madrid es lo mejor que una persona puede ser en esta vida. ¡Hala Madrid!
Getty Images
Buenos días, amigos. Finalizó el engendro de la primera fase del nuevo formato de la Champions con sensaciones agridulces para los madridistas. Más agrias que dulces, cabría matizar. Tras la goleada al Brest (0-3) que ayer nos narró Genaro Desailly, el Real Madrid tendrá que jugar la eliminatoria preliminar que sin embargo, por sus méritos en la competición hasta la fecha, evitarán el Atleti y el club cliente de Negreira, ya clasificados para octavos. Busquemos (o no) consuelo en el hecho de que otros grandes de Europa como Bayern, City o PSG tendrán que jugar como nosotros dicha repesca.
Es el castigo justo a una fase de liguilla que ahora ya, finalizada la misma, solo cabe calificar como decepcionante por parte del Real Madrid. Aun habiendo mejorado mucho en juego y resultados, con resultados muy positivos desde la visita a Bérgamo, al final hemos pagado aquellas horrorosas noches ante Milan y sobre todo Lille (la derrota en Anfield cabe considerarse como “normal”, aunque perder nunca lo sea en el Madrid).
Así las cosas, quedamos a las puertas del sorteo de mañana para saber si debemos dirimir contra Celtic o City el correspondiente puesto en los octavos.
Marca expone el batiburrillo con toda la claridad que el abstruso formato permite. En lo que a nuestros intereses respecta, Ancelotti ya ha dejado claro que no quiere al City como rival. Suponemos que en estos casos casi procede hinchar el pecho de orgullo blanco y salir con lo de “cuanto más difícil mejor” o lo de “al final tienes que jugar con los grandes, cuanto antes mejor” o lo de “el City está hecho unos zorros”, pero no podemos evitar estar de acuerdo con Ancelotti y rezar para que nos toque el Celtic. De lo contrario, quién sabe cuánto podremos llegar a mirar atrás y lamentar noches como la del Lille.
Como explica Alberto Cosin en el chat de La Galerna, “estamos defensivamente vulnerables. Si eres más vulnerable peor si tienes enfrente a Haaland o Foden que a Hyun-Jun Yang y Adam Idah. Cuanto más tiempo tengas para, tal vez, fortalecer la defensa y enfrentarte a rivales gordos, mejor. Si te toca el Celtic tienes otro mes hasta los octavos. Contra equipos importantes nos ha ido mal esta temporada prácticamente frente a casi todos, y la posibilidad de enfrentarnos en una semana de febrero al Atleti en liga y dos veces al Manchester City resulta dura de asimilar”.
Echemos un vistazo al modo en que el resultado final de la fase de liga ha sido encajado al otro lado del puente aéreo, como decían los antiguos.
El club cliente de Negreira y su entorno no tienen abuela, y deberían tenerla, pero no para decirles lo guapos que son, sino para recordarles su propia condición. Que se autoproclamen “grandes de Europa” por haber quedado segundos en una fase de grupos ofrece una idea aproximada de lo cósmicamente lejos que se encuentran del concepto de la grandeza. Nosotros creemos, en cambio, tener una idea aproximada de lo que es la grandeza, pero lo que sí tenemos clarísimo, desde luego, es qué NO es grandeza.
Grandeza NO es el haber fracasado durante toda han década, año tras año, al no haberte aproximado ni remotamente a disputar una final o siquiera una semifinal de la Champions. Grandeza NO es haber sido el hazmerreír de toda Europa encajando en fases primarias goleadas escandalosas ante (que recordemos a vuelapluma) Liverpool, Bayern, Roma, PSG, Juventus… Grandeza NO es pretender sacudirse de golpe toda esta historia de humillaciones por un segundo puesto en una fase de liguilla previa.
Poco más que contaros. A la espera del sorteo de mañana, os dejamos con el resto de portadas.
Arbitró el noruego Espen Eskås. En el VAR estuvo el alemán Christian Dingert.
No gustó en demasía por algunas decisiones poco comprensibles en faltas y tarjetas.
Un gol casi le cuesta al Real Madrid por no señalar una obstrucción clara a Bellingham. A la contra marcó el Brest, pero fue anulado por fuera de juego que tuvo que revisar el VAR.
Además, no señaló un penalti sobre Mbappé de Chardonnet que le golpea en la puntera del pie.
Enseñó amarilla en los locales a Pereira por agarrón a Lucas en el 10' y en los madridistas a Tchouaméni por entrada a Ajorque en el 28', a Rüdiger en el 34' al derribar a Balde y a Bellingham por muy poca cosa ante Chardonnet en el 74'.
Espen Eskås, DEFICIENTE.
Getty Images.
El Real Madrid goleó a domicilio al Brest, pese a lo cual no evitó la ronda extra. En ella se enfrentará a Celtic o City en función del sorteo. Se echan mucho en falta en una noche como la de hoy los puntos de, por ejemplo, el Lille.
El extraño nuevo formato de la competición planteaba una serie de disyuntivas raras. Interesaba quedar lo más alto posible por la improbable opción de ahorrarse una ronda, aunque también por garantizarse una vuelta en casa. Había que ganar.
Ancelotti ensayó un once que encolerizó —más si cabe de lo habitual— a X Madrid, sobre todo por la ausencia de Ceballos y Asencio y la nueva presencia de Tchouaméni como central. No lo veían claro, y menos claro lo vieron aún los espectadores en sus casas según comenzó el partido, por mor de las bengalas de los hinchas franceses. Pensábamos que estas cosas estaban prohibidas en Europa, pero luego nos acordamos del Frente Atlético y se nos agotó la ingenuidad.
En medio de ese ambiente “metropolitano”, Thibaut tuvo que emplearse en un buen lanzamiento de falta de Pereira. Corría el minuto de Juanito y en el partido, de momento, había más ruido (y niebla) que nueces. El ruido se recrudecía cada vez que tocaba el balón Mbappé, a quien al parecer esta gente odia por motivos que se nos escapan.
El Madrid mostraba cierta compostura y poco o a poco iba ganando metros. Mbappé disparó fuera. Bellingham comenzó a impartir magisterio, y también Modric que volvió a habilitar a Kylian para que la mandara fuera, seguramente por el mal estado del césped. Xavi Hernández abandona en este momento el párrafo y la crónica para no volver.
Pese al creciente dominio blanco, los jugadores del Brest propiciaban alguna inquietud con su juego aguerrido y algo primitivo. Se echaba de menos más compromiso defensivo del ataque en algunos momentos. El público francés, entregadísimo, llevaba en volandas a los locales, si bien sin crear peligro.
Sí lo creó el Madrid con un cabezazo de Rodrygo a centro de Lucas Vázquez. La pudo salvar Bizot, pero nada pudo hacer en la jugada siguiente, la quintaesencia de Rodrygo. Se internó por la izquierda con la suavidad que le caracteriza y un quiebro prodigioso. El disparo cruzado tocó en el palo y entró, premiando un primer tercio muy serio de los blancos.
El campo era un desastre, pero ya habíamos expulsado a Xavi de este texto. El Madrid buscaba los espacios con Mbappé, Rodrygo y Bellingham, mientras Brahim se aplicaba más en tareas defensivas. El Madrid asentaba su control del partido, con muy buenas combinaciones y un Rodrygo estratosférico. Ello no era óbice para que el Brest se acercara alguna vez con peligro colgando balones. Baldé inquietó con una volea que se fue alta. Un equipo con más calidad habría creado más peligro. Sendas tarjetas para nuestros dos centrales sembraban incertidumbre. Malísimo, por cierto, el colegiado, hasta el punto de arruinar un buen ataque del Madrid por su mala colocación.
Y con el 0-1 se llegaba al descanso de un partido hasta el momento notable de los de Ancelotti.
El Real Madrid goleó a domicilio al Brest, pese a lo cual no evitó la ronda extra. En ella se enfrentará a Celtic o City en función del sorteo
Se inauguró el segundo tiempo con un contragolpe mortal del Madrid, con bicicleta de Kylian y remate letal que paró Bizot y que Bellingham, incomprensiblemente, no embocó. Seguía la presión racial del Brest, a resultas de la cual marcaron un gol, anulado con justicia por fuera de juego. Envidiable la rapidez con la que se resuelven estos engorros en la Champions, en comparación a la cochambrosa liga de Tebas.
En un balón robado en uno de los furiosos ataques franceses, el Madrid montó un contragolpe sensacional. Mbappé dejó pasar mágicamente el balón, Jude maniobró, Luka se internó y sirvió el balón en bandeja para el tap-in del inglés. 0-2. Había quien hacía cábalas en pos del Top8. Quedaba media hora de este y de otros diecisiete partidos donde no entender nada. Otro paradón de Courtois nos recordó que podían aún pasar muchas cosas. El partido estaba para que entrara Ceballos para relajar un poco el juego, incluso aunque Rodrygo estuviera a punto de anotar el gol del siglo con un eslalon marca de la casa.
La proverbial resistencia de Ancelotti a los cambios hacía temer que, llevado el partido al terreno de lo físico, pasáramos dificultades. Finalmente quitó a un Brahim desfondado y metió en el campo a Güler.
En todo caso, la sentencia definitiva estaba a punto de llegar. Para rematar una de sus mejores noches de blanco, Rodrygo remachó el rechace de Bizot a Mbappé, tras un vertiginoso desmarque del francés. El propio Mbappé desperdiciaría al final dos grandes ocasiones para una goleada mayor.
Getty Images.
-Courtois: NOTABLE. Toda la concentración del mundo y varias manos de lujo.
-Lucas V: NOTABLE. Bastante bien en ataque y defensa, aunque esto sea pecado decirlo.
-Mendy: SUSPENSO. Con las botas cambiadas de pie y, encima, sin cubrir del todo bien su banda.
-Rüdiger: NOTABLE. Imperial e imperioso. Nada que ver con el caballo de Jesús Gil.
-Tchouaméni: APROBADO. Cumplió sin alardes.
-Valverde: NOTABLE. Incansable, como suele.
-Modric: NOTABLE. Se retiró entre aplausos de todo el estadio, de toda Francia y del resto del universo.
-Brahim: APROBADO. Muy abnegado y solidario, aunque aportando poco en ataque.
-Mbappé: APROBADO. Menos lúcido que en los últimos partidos. Falló dos goles claros hacia el final.
-BELLINGHAM: NOTABLE. Clase, distinción, gol y trabajo a destajo. El aristócrata con casco.
-Rodrygo: SOBRESALIENTE. Soberbio de principio a fin. Doblete deslumbrante.
-Güler: APROBADO. Dejó varios pases de ensueño en sus pocos minutos.
-Asencio, Ceballos, Endrick: SIN CALIFICAR.
-Ancelotti: APROBADO. Tardó en los cambios, como siempre, pero poco se puede reprochar con este marcador.
Getty Images.
Miren que están a punto de cantar negligencia. Miren que el sintagma “dejación de funciones” ya vibra en el aire. En cuestión de pocos días, horas más bien, se va a cerrar la ventana de fichajes de invierno. El vinagrismo pondrá el grito en el cielo porque no ha habido manera (o mejor: no se ha querido) fichar un mísero lateral derecho, o al menos aceptar una cesión de alguien que cubra el expediente hasta el final de la presente temporada. Y ¿saben lo peor? Lo peor es que esta vez el vinagrismo tendrá toda la razón.
No la tendrá en el uso de expresiones como “negligencia” ni “dejación de funciones”. Eso no, creo, porque de sobra sé que Florentino y sus compañeros de viaje no se inclinan por ignorar dolosamente las necesidades del equipo. Simplemente, creen a ciencia cierta, por causas que al no ser nunca explicadas nos resultan misteriosas, que honestamente lo mejor que puede hacerse por esta plantilla es NO incorporar un lateral derecho. Actúan de buena fe en este no-fichaje. Creen que la no-acción es en este apartado la mejor acción que puede ejecutarse. No hay por tanto negligencia ni dejación. Hay en su lugar algo que resuena más. Hay una pregunta, y la pregunta es ¿cómo coño pueden creer eso? O sea, viendo lo que todos vemos, y deseando como desean lo mejor para el Madrid, ¿por qué carajo no fichan un lateral derecho?
—Es que no hay —nos soplan los presuntos soplados que ha sido dicho.
Pero ¿cómo no va a haber? No buscas la quintaesencia del jugador perfecto ni un futbolista generacional. Buscas un parche (de calidad y con oficio, pero parche) para unos meses, un Adebayor, un Chicharito de la cal en la retaguardia. ¿De verdad es cierto que en todo el ancho mundo no existe un recontraputísimo futbolista que pueda servirnos para esto?
—Ya se ha visto que Asencio puede jugar de lateral derecho, y si no Valverde —nos dicen los presuntos portavoces mediáticos que presuntamente representan la voz del club, aunque vete tú a saber.
Claro. Claro que pueden. Lo que sucede es que si mueves a Asencio al lateral derecho dejas un hueco en el centro de la defensa, donde ya se ha visto que Tchouaméni ofrece dudas.
—Alaba. Está Alaba. Ya se encuentra recuperado.
Ojalá sea verdad, pero no lo sabemos. No sabemos si Alaba se va a acercar al Alaba que conocimos. Todo ello sin contar con la posibilidad de que no haya más lesiones en defensa, lo cual es mucho no-contar.
Nos adelantamos: Valverde. Valverde puede jugar ahí también. Claro, y seguro que lo hará bien, porque ya ha demostrado que sabe hacerlo. Pero es que entonces pierdes a tu mejor centrocampista, o uno de los mejores. ¿Vale la pena? ¿No andamos, en conjunto, peligrosísimamente escasos de efectivos?
—Eso se decía en otras temporadas, donde también hubo lesiones graves, y luego mira: la Catorce y la Quince.
Así es, y si con los inventos de Ancelotti volvemos a rizar el rizo y ganamos la Dieciséis os volveremos a querer más que nunca, pero ¿a santo de qué poner de esta forma a prueba nuestro amor? ¿No es más fácil ir al mercado a por kilo y medio de lateral?
—Póngamelo bueno, bonito y barato. Solo lo queremos para seis meses. Una cesión, lo que sea. Un tipo de calidad media/alta que aporte el suficiente expertise en el juego como para cubrir el hueco hasta que llegue Trent con toda la pasión con la que cualquiera (y este es un cualquiera casi literal) va a abrazar la misión de rendir servicios —fugaces, pero quizá cruciales— al mejor club de la historia.
Pero vamos a ver. Con todo el amor, y con el vértigo de la mujer que se asoma al abismo de las grandes preguntas de la existencia, yo clamo y reclamo: ¿por qué coño no fichan ya un lateral derecho?
Getty Images.
La bestia ha despertado, amigos, y los madridistas nos frotamos las manos ante su voracidad.
Los compañeros de fcQuiz os plantean el reto de responder correctamente a las ocho cuestiones que han preparado sobre Kylian Mbappé.
¿Aceptáis el desafío?
Getty Images.
La hegemonía cultural, cito a la Wikipedia, es un concepto que designa la dominación de la sociedad, culturalmente diversa, por la clase dominante, cuya cosmovisión (creencias, moral, explicaciones, percepciones, instituciones, valores o costumbres) se convierte en la norma cultural aceptada y en la ideología dominante, válida y universal.
La filosofía marxista identificaba a la burguesía como la clase dominante y, por tanto, la que había terminado por obligar al resto de la sociedad a aceptar sus dogmas si querían aspirar a tener un mínimo sustento vital a base de un rácano salario basado en unas precarias condiciones laborales. En realidad, en eso al amigo Karl no le faltaba razón. Por suerte, es mucho lo avanzado en el aspecto de los derechos laborales.
Imagino a Gramsci con la camiseta del Barça puesta, luciendo el dorsal 6 de Gavi y disfrutando de cómo su teoría ha sido evolucionada hasta alcanzar casi la perfección aplicándola al futbol español
Para librarse de aquel yugo económico e ideológico, surgió una teoría impulsada por un pensador, también marxista, llamado Antonio Gramsci. Él invitaba a los estratos sometidos a lo largo de los años a rebelarse contra esta realidad. El medio para hacerlo era creando su propio modelo cultural que terminase siendo abrazado por toda la sociedad proletaria. De este modo, le ayudaría a salir de la opresión moral a la que estaban sometidos y que derivaba en un control total de aquellas “clases bajas”.
Gramsci murió en Roma en abril de 1937, no sé dónde descansan sus restos y tampoco si creía en la “otra vida”, entiendo que no. El caso es que yo sí, así que hoy me lo imagino sentado en una cómoda butaca, con la camiseta del Barça puesta, luciendo el dorsal 6 de Gavi y disfrutando de cómo su teoría ha sido evolucionada hasta alcanzar casi la perfección aplicándola al futbol español.
El Real Madrid, históricamente, gracias a sus méritos, era (es) la clase dominante. El Barça aspiraba a serlo y lo tuvo claro, sabía que controlar el relato era clave para que otras tropelías careciesen de importancia de cara a la opinión pública. Eso les ayudaría a “asaltar el cielo”. La prensa española, no sólo la catalana, era la propicia para ejecutar el plan. No hacía falta ni siquiera aflojar grandes cantidades de dinero (aunque quizá también lo hayan hecho). El prototipo de periodista deportivo en España se puede comprar a base de suculentas comidas en buenos restaurantes y algunas raciones de información en forma de pequeñas exclusivas o concesiones de entrevistas. Así pasó, daba igual lo que hicieran con sus finanzas, que compraran árbitros, que encontrasen generosos primos capaces de prestar un trozo de su hígado o que su presidente estuviese investigado por, presuntamente, estafar a familias recién premiadas con la lotería. El Barça siempre sería y será presentado como el salvador del fútbol. Da igual que su estilo ya no sea vistoso o que esté a siete puntos del líder en la liga.
El Real Madrid, históricamente, gracias a sus méritos, era (es) la clase dominante. El Barça aspiraba a serlo y lo tuvo claro, sabía que controlar el relato era clave para que otras tropelías careciesen de importancia de cara a la opinión pública
El ejemplo de estos días, en los que Gavi ha sido presentado como jugador ideal, paradigma de lo que debería ser el pelotero español perfecto, demuestra claramente la teoría gramsciana. Gavi, ese jugador en el que el insulto y la agresión a compañeros es el emblema de su juego y que sin embargo es tildado de “intenso” por la prensa, es la contraposición ejemplar del trato que se le da a otros jugadores artistas que sufren la violencia de compañeros y gradas. La diferencia es que, además de participar en la selección española, forma parte del engranaje que el Barça y su ministerio de propaganda llevan moviendo desde hace décadas. Lo genial de todo esto, y con lo que seguro han logrado que el propio Gramsci se levante a aplaudir, es que han conseguido hacerlo sirviéndose de unos medios de comunicación que ellos mismos tildan de madridistas y de formar parte de “la caverna”. Es sublime, hay que reconocerlo.
Es cierto que el Real Madrid lleva sometiendo al resto de equipos durante muchas décadas, casi un siglo (que se lo pregunten al Cholo). Por tanto, es normal que estos quieran rebelarse y traten de terminar con esa hegemonía. Lo que no es aceptable, sobre todo porque estamos hablando de un deporte, es que intenten hacerlo con malas artes. Peor aún es que la gente lo vea y le dé igual. Pero qué más da ¡porque va a seguir la hegemonía del Madrid!
Getty Images.
El hijo de un amigo no quiere ser Mbappé o Vinícius. Ni siquiera Bellingham. Por descontado, admira a los tres y disfruta en cada partido con sus jugadas y goles, pero sus ojos se proyectan en la trayectoria de otro jugador. Él quiere ser Carvajal, y no duda en imitarlo para adquirir sus movimientos, aprender de su colocación, reforzar su solidez defensiva y contagiarse de su carácter guerrero.
El debate sobre si el Madrid apuesta o no por la cantera es recurrente, tanto como las posturas que defienden que si en la Masía la prioridad es formar para el primer equipo azulgrana, en la Fábrica se esculpen jugadores profesionales con capacidad de llegar a lo más alto, de blanco o no.
Pero más allá de la retórica, hay algo que nunca cambia con el paso de las décadas, y es la acogida del Bernabéu hacia un canterano. De igual forma que una remontada alimenta el orgullo blanco, el debut de un futbolista de la casa parece reconciliarle con su corazón. Desde la irrupción de La Quinta se celebra cada llegada de un chaval de la Fábrica con el encantamiento propio de cualquier historia de amor. Así, nunca se comparte del todo las reticencias de los técnicos en apostar por la cantera, a la que de partida se le concede un bonus extra de confianza y paciencia. Oro puro viniendo del Bernabéu.
Nada de malo hay en ello. Ahí está el ejemplo de Carvajal, El Último Mohicano Blanco, capaz de aunar lo que la afición blanca más celebra: talento y coraje, fútbol y garra, cabeza y corazón. Que un niño lo tenga en su altar demuestra que el ADN madridista conserva su potencia de transmisibilidad totalmente intacta.
Que un niño tenga en su altar a Carvajal demuestra que el ADN madridista conserva su potencia de transmisibilidad totalmente intacta
Pero también es fruto merecido del trabajo constante, la fuerza mental y una trayectoria impecable repleta de títulos y ejemplo para sus compañeros. Carvajal, nunca lo olvidemos, cogió el petate en 2012 para ir al Leverkusen no como cedido, sino como traspasado por cinco temporadas. Aunque, eso sí, con tres años reservados para el Madrid por si su juego merecía la recompra. Tras una década triunfando en cada escalón de La Fábrica, no dudó en marcharse a un fútbol físico, difícil, lejano. Lo que otros hubieran interpretado como una puerta que se cierra, Carvajal lo vio como una ventana entreabierta. Y no tardó en volver por ella. Un año después, tras ser distinguido por Bild como integrante del once ideal de la Bundesliga, el de Leganés regresó a su casa con honores.
Ahora, después de una trayectoria sin el puesto asegurado por decreto, el lateral no sólo se ha convertido en el guardián del espíritu blanco, sino que ha entrado en el olimpo de los jugadores más laureados de la historia, con seis Champions y cuatro Ligas como trofeos más destacados.
Mientras los niños quieran ser Carvajal, el Madrid de siempre, el de Bernabéu, Di Stéfano, Juanito o La Quinta mantendrá algo mucho más importante que la hegemonía deportiva, el espíritu que lo diferencia y lo hace único.
Getty Images.
Esta noche el Real Madrid cierra su participación en la primera fase de Champions frente al Stade Brestois, el actual octavo de la Ligue 1 y equipo francés sorpresa de la temporada pasada. De hecho, en la clasificación de la Liga de la Champions, el equipo de Brest tiene un punto más que nosotros y se sitúa el 13º en la tabla, empatado pues con el octavo, que es el Bayer Leverkusen, y marca la clasificación directa para octavos. El Madrid aún tiene posibilidades reales de entrar entre estos 8 primeros. Según todos los expertos, tenemos un 2,9% de probabilidades para lograr acceder directamente a octavos. Esta escuálida posibilidad es suficiente para un equipo acostumbrado a hacer de lo imposible rutina en su competición fetiche.
El Madrid llega a esta última jornada europea con los deberes hechos en el escenario doméstico. El pasado fin de semana se afianzó en lo más alto de la tabla. Victoria en Valladolid y a mantener el liderato. Al final se dio lo que veníamos diciendo: encadenar victorias serviría de bálsamo tras la pésima imagen dejada en Arabia. Desde entonces sumamos cuatro victorias consecutivas, pasamos a cuartos de Copa del Rey y clasificamos para la siguiente ronda de la Champions, a falta de conocer si accedemos directamente a octavos o tenemos que ir a dieciseisavos. Nada mal.
No obstante, para la prensa todo esto es anecdótico y no merece ser reseñable. Dicen que el Madrid gana pero no convence, golea pero no propone. Al parecer sumamos de tres en tres puntos por inercia pero sin enamorar al respetable. Es decir, volvemos a encarrilar victorias de forma vergonzante, como diría Alfredo Relaño. La huestes de las redes sociales le hacen el caldo gordo y salen con eso de que en realidad no le ganamos a nadie. Pero de a poco, que diría un argentino, estamos más vivos que nunca y eso se celebra.
A falta de lo que pase en el partido de esta noche frente al Stade Brestois, creo sinceramente que este equipo encara el segundo tramo de la temporada con suficientes garantías como para estar tranquilos
Febrero será un mes clave para afianzar el margen que hemos sabido ganar en Liga e incluso poder ampliarlo. El partido contra el Atlético de Madrid en casa se presenta como una final y ciertamente lo puede ser. En el buen sentido, es una moneda al aire que si cae cara prácticamente liquidas deportivamente al Atlético del juego por el campeonato. Sin embargo, yo no descartaría que tanto Atlético como Barça se dejen puntos en febrero. Es decir, si el Madrid mantiene el pulso dentro de esta dinámica positiva, los enfrentamientos directos con nuestros rivales por el título pueden ser un mero trámite. Hasta ahora lo han sido, ¿verdad?
Así que el Madrid marcha por el camino correcto. A falta de lo que pase en el partido de esta noche frente al Stade Brestois, creo sinceramente que este equipo encara el segundo tramo de la temporada con suficientes garantías como para estar tranquilos. Entre febrero y marzo se dirimen bastante cosas, pero tenemos que afrontar estas citas con la suficiente frialdad como para saber que todo es un simple trámite en el fondo. Hasta la primavera vivimos una larga introducción. De las musas al teatro, el Madrid ha de fortalecerse e ir recuperando efectivos con tranquilidad.
Hasta ahora el viaje está siendo movidito. No obstante, y sin dramatizar, creo firmemente que afrontaremos el tramo final de la temporada de forma solvente. Sin ir más lejos, y por ver el lado positivo a algo negativo e injusto, la sanción estrafalaria que le impusieron a Vinícius en Liga, a la larga es buena para él. El brasileño ha descontado minutos a sus piernas y eso siempre es postivo. Esta noche tampoco podemos contar con él por sanción pero llegará limpio a la siguiente fase. Y esto es capital. Porque, digan lo que digan, Vinícius sigue siendo para mí el jugador franquicia de este proyecto. Así que a frotarnos las manos porque las cosas se ponen interesantes. Pues como todo el mundo sabe, la distancia más corta entre dos puntos no es siempre una línea recta, y el camino correcto no siempre es el más fácil, sino el más bello.
Getty Images.