Las mejores firmas madridistas del planeta

Una profecía autocumplida es un término acuñado por el sociólogo Robert K. Merton en 1932 y se refiere una creencia o expectativa que, simplemente por el hecho de ser asumida como cierta, termina haciéndose realidad. En otras palabras, funciona como una influencia que moldea la conducta humana hasta alcanzar el resultado previsto.

Desde la psicología, las profecías autocumplidas han sido objeto de estudio debido a su impacto en el comportamiento humano. Se ha demostrado que nuestras creencias sobre nosotros mismos, “y sobre los demás”, influyen en nuestras decisiones y acciones. A su vez, estas acciones pueden generar resultados que refuercen las creencias originales.

Es decir, si confiamos en nuestra experiencia y capacidad para tener éxito profesional, es probable que nos desempeñemos con mayor dedicación y seguridad, lo que mejorará nuestro rendimiento. En cambio, si creemos que somos incapaces de lograr buenos resultados, es posible que nos desmotivemos fácilmente ante los primeros obstáculos y terminemos obteniendo resultados precarios. Tras ese ejemplo, prosigo para que entiendan qué conexión tiene esto con el apasionante derbi de Champions de esta semana.

Fervientemente creo que en vísperas de ese Madrid-Atleti, y considerando el más reciente estado de ánimo determinado por los resultados obtenidos por cada uno de ellos en sus respectivos partidos del pasado fin de semana (muy motivador para los colchoneros y tremendamente desalentador para los blancos), bien haría Ancelotti en apelar a los preceptos de la profecía autocumplida para intentar determinar el curso de tan álgida eliminatoria a su favor.

En el fútbol, como en la vida, lo subjetivo y lo intangible muchísimas veces se imponen a lo objetivo. Y, en una coyuntura en la que el madridismo conserva en su retina el amargo recuerdo de un partido nefasto hace apenas un par de días, en el que se vio superado por un Betis que desde el minuto 20 lo dominó en cada aspecto del juego, a la vez que el Atleti arrastra una racha indiscutiblemente muy positiva, Ancelotti tiene en sus manos la gran opción de apelar al extraordinario e invaluable patrimonio histórico del club al que representa. Y me explico a continuación.

Bien haría Ancelotti en apelar a los preceptos de la profecía autocumplida para intentar determinar el curso de tan álgida eliminatoria a su favor

Ante un evento definitivo, eminente y “de máxima importancia para el Madrid” (no nos engañemos, es la Champions la máxima prioridad de esta organización y sus aficionados en todo el mundo), especialmente ante la imagen más reciente del equipo y las bajas claves de un Ceballos en su cúspide y un Bellingham siempre omnipresente y fundamental para el equilibrio del equipo, y sumando a ello a un Valverde mermado por una lesión muscular, el panorama podría no ser alentador para el Real Madrid, y sí, mucho, para el Atleti. Sin embargo, y aquí entenderemos el porqué de la lección de psicología/sociología del inicio de este artículo, pienso que Ancelotti tiene una bala en la recámara, definitiva, mortal para los del Cholo, que debe aprovechar.

En tal sentido, creo que el míster del Real Madrid está ante una gran ocasión para corroborar la tesis que propone la profecía autocumplida, aprovechándola en su beneficio. Así, está ante una oportunidad excepcional para canalizar óptimamente el imperial y absoluto dominio en el pasado de su club contra el Atlético de Madrid para sembrar en los jugadores blancos la certeza absoluta de que, sin importar las circunstancias actuales, presumiblemente favorables a sus oponentes, se impondrán a ellos “como ha sucedido siempre en el marco de esta competición”. Y al mismo tiempo, y aquí lo poderoso del concepto psicológico de las profecías autocumplidas, el técnico italiano cuenta con el caldo de cultivo perfecto para instruir a sus jugadores a sembrar en sus rivales, desde el túnel de vestuarios, hasta la brega en el propio terreno de juego, la sugestión de que “jamás han podido”, y tampoco será distinto esta vez, imponerse al Real Madrid en el marco de la Champions League.

Ahora, tengamos en cuenta que en comunicación el lenguaje verbal se utiliza para comunicar información, mientras que el lenguaje no verbal se usa para comunicar estados y actitudes personales. Aparte, a efectos de lo que les quiero compartir, es importante tener en cuenta que existen estudios que afirman que el lenguaje no verbal constituye el 93% de la comunicación.

Considerado lo anterior, no podemos obviar la posibilidad de que el lenguaje no verbal, bien utilizado por los jugadores del Madrid y el cuerpo técnico, podría ser definitivo para sugestionar a los futbolistas rojiblancos para, aún en su buen momento, hacerlos “autoconvencerse” de que es imposible superar al Real Madrid en la Champions League. Claro está, tendrá esta útil herramienta de incidir en la psicología de su oponente que estar acompañada de un juego excelso, rápido, intenso, y muy especialmente, de total solidaridad en el esfuerzo de parte de los 11 efectivos que pisen el césped del Bernabéu, “desde el mismísimo pitido inicial del partido” y hasta que expire el tiempo de descuento. Un espíritu y una actitud de remontada desde el minuto 1 que dé lugar a un gol tempranero, podría ser irreversible para las mentes sugestionadas de los jugadores del Atleti.

Aunque nunca he estado de acuerdo en encasillar a Carletto en la definición de “buen gestor de grupo”, porque entiendo que con ello se le resta mérito como estratega, pienso con absoluta convicción que bien haría este en sacar a relucir esa incuestionable virtud para sembrar en sus dirigidos la convicción absoluta de repetir la historia, haciendo cumplir, una vez más, la profecía de madridistas… Y también de colchoneros.

 

¡Hala Madrid!

 

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En el imaginario colectivo madridista hay un partido tabú. Es un encuentro estigmatizado en su historia. El Madrid de Mourinho se encontraba con el equipo cliente de Negreira (sospechando que algo pasaba, pero sin saber aún que lo era) en partido de ida de la semifinal de la Champions. Mou decidió que la mejor estrategia era otorgar gentilmente la posesión a Xavi y compañía, esperarlo atrás y no ir a buscarlo ni siquiera si el rival se negaba a proponer nada ofensivo. El rival se negó, de suerte que no menos de dos terceras partes del partido consistieron en ver a los defensas y centrocampistas blaugranas pasándose el balón de manera inane mientras los madridistas les esperaban cerca de su área. Tikitaka inocuo. El plan era aguantar el 0-0 y otorgar los últimos veinte minutos a Kaká para que porfiase por un gol (si no lo lograba, tampoco era el fin del mundo, dado que presentarse con 0-0 en el Camp Nou sonaba promisorio por el doble valor de los goles en campo contrario).

Casi sale bien, a pesar de que a gran parte del público -y no digamos a la prensa presuntamente afín- ese planteamiento le pareció inaceptable. El piperío es rebelde porque el mundo le hizo así, y no soporta un partido coñazo ni aunque se trate de la opción más inteligente. No se sabe hasta qué punto habrían seguido rezongando si la cosa resulta. No resultó porque el árbitro interpretó que una entrada intempestiva de Pepe (en la que, sin embargo, no toca a Alves) merecía la roja. En esa tesitura, ni Kaká ni nada. Messi aprovechó la superioridad numérica para cascarnos un par de golazos.

El Atlético de Madrid 24/25 tiene estupendos jugadores, pero no tiene ningún Messi. Es más o menos razonable pensar que no nos quedaremos en inferioridad numérica si andamos con tiento. No dejo de pensar guarradas, cosas sucias, atrocidades. Por ejemplo, que Carletto podría plantear el partido de mañana como el portugués planteó aquel.

Es evidente que no llegamos en el mejor momento. En la dificultad, procede andar con cuidado, extremar las precauciones, ser conservadores. ¿Lo diré? Lo diré: plantear al Cholo un cerrojazo que le deje con el culo torcido. ¿En el Bernabéu? Sí, en el Bernabéu.

¿Lo diré? Lo diré: plantear al Cholo un cerrojazo que le deje con el culo torcido. ¿En el Bernabéu? Sí, en el Bernabéu

Hagamos pedagogía con el pipero. Amar a tu equipo en el fragor de la remontada épica es bien fácil. Vamos a ver si de verdad el madridismo es capaz de sacrificar sus noventa minutos de entretenimiento en favor de la clasificación de su equipo. Esa es la verdadera prueba de fuego del amor. Amar cuando la pasión eriza el cuerpo es bien fácil. Vamos a ver si el público aguanta el peso de la rutina, un amor en zapatillas de andar por casa pero con opciones serias de llegar a cuartos. Cambiemos el sentido de la manida frase “el Bernabéu apoyará al equipo”. Ahora lo que se pide a la grada es lo mismo de siempre, es decir, apoyar, solo que en este caso apoyar es aburrirse.

Dar al Cholo el balón es como dar una bicicleta a una foca monje del Caribe. No sabrá qué hacer con él. El Atleti es un equipo reactivo, de los que espera atrás y lanza un magnífico contragolpe a la menor ocasión. Sufre cuando le proponen que proponga. En medio del desconcierto, es posible que no suceda absolutamente nada en todo el partido. O sí. Es posible que Kaká sea Mbappé, o Vinícius, o cualquiera de los titulares, porque tenemos delanteros tan rápidos y buenísimos que su banquillo tiene que estar sobre el césped. El partido es aguantar atrás y lanzarles balones cuando haya ocasión.

Dar al cholo el balón es como dar una bicicleta a una foca monje del Caribe. No sabrá qué hacer con él

Si marcan el 1-0, es un resultado excepcional. Si no lo marcan, el empate sin goles es un buen resultado también. La vuelta es en su casa, ¿y qué? A la vuelta estará Jude, y hay un universo de distancia entre contar con el inglés y no hacerlo. Dejemos que se resuelva allí la cosa. Seamos inteligentes a la par que listos. Es una eliminatoria de astucia y sangre fría.

 

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Ahora que las noticias sobre Vinícius y Arabia aparecen como el murmullo de una cascada, cada vez más sonoro según nos aproximamos al final de temporada, cabe mencionar que no es solo un hombre animoso sino acosado. Y la naturaleza de un hombre acosado puede ser abandonar el lugar de los hechos. Entonces, lo que fue tan solo una estrategia de negociación puede convertirse en una opción y la opción de Arabia entrar en escena.

En una extraña asociación de ideas, pienso en aquel tiempo en el que los europeos, hijos de una era oscura de herrumbre y hambre, de peste y alcohol pendenciero, curtidos frente al calor abrasador de la quema de libros, viajamos más allá del este y el oeste conocidos para abrir rutas que permanecerían por siempre. Venciendo el miedo atávico a superar la línea imaginaria que nos separaba de nuestra propia aldea, los imagino partir de madrugada, en silencio, justo cuando los primeros rayos de sol rompían contra los rosetones de las iglesias en una explosión iridiscente.

Hacia el este, primero en tierra amiga, iban dejando a su espalda su villa, después su región y, finalmente, su país para encontrar el vértigo. Porque más allá de los límites de lo conocido, igual que después de leer a Borges, solo hay caos.

Esa ruta atravesaba camposantos y aldeas de las que emergían sombras de mil caras. Basamentos de antiguos reinos morían bajo cúmulos de arena a su paso. Luego, las iglesias daban paso a mezquitas y las lenguas, hasta entonces familiares, eran sustituidas por nuevas lenguas que aparecían como pozos de ecos guturales. En busca de su destino, cruzaban largos caminos de bocas laceradas por la sed bajo un sol que caldeaba, impenitente, cualquier esperanza de regresar al hogar indemnes o jóvenes.

Mercaderes judíos y árabes los recibían complacientes en busca del negocio fácil.

Más al este, al compás de caravanas cadenciosas, lo que había sido durante jornadas un pasto seco frente a un repentino valle se tornaba verde. Llanuras tapizadas de brezo y flores abrían el horizonte en dos como un gran fruto quebrado. Grandes torres anunciaban como heraldos la inminencia de nuevas civilizaciones ignoradas por el viajero hasta entonces y ojos rasgados se ofrecían curiosos ante el extranjero, que devoraba aquella geografía humana con avidez. Era el encuentro de dos mundos. En el camino, los europeos habían departido con filósofos y anacoretas, con reyes y mendigos en busca de su propósito, los campos de especias.

Ruta de las especias

Esta ruta, espectacular a los ojos de occidente, se abrió llevando ese precioso cargamento de vuelta a la oscura Europa. Y fueron la avidez y el negocio los que obraron ese encuentro que hoy llamamos la Ruta de las Especias. Una avidez que lo detonó todo. Sucedió y seguirá sucediendo sin fin, como una fuerza telúrica que es la insatisfacción humana.

Como en un cambio de marea, ese flujo mira ahora de Europa a Arabia. Y esas especias tienen forma humana, la de las estrellas que genera el fútbol europeo. Y Arabia mira a un Vinícius quién sabe si compelido por la misma avidez. No cabe descartar que Vinícius esté harto y empiece a creer que su mundo, el del fútbol, no acaba al este en los límites de la vieja Europa. Y tal vez, solo tal vez, se embarque en una ruta que abrió Cristiano Ronaldo como un mercader europeo contemporáneo.

Los odiadores olvidan que el club, como una montaña antigua, ha sobrevivido a reinos y repúblicas, a inviernos negros y a veranos atorrantes. Y sobrevivirá, pase lo que pase, bien a la ausencia de Vinícius bien a la presencia ruidosa de sus acosadores si se queda. Puede que solo sea un rumor. Puede que sea ya solo una noticia del pasado. Y el pasado son solo historias que nos contamos a nosotros mismos.

 

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Buenos días. El sábado, el Madrid se tiró él solito de cabeza por el barranco, no fue necesario que lo empujara nadie del CTA. Y el domingo, el sistema movió los hilos, las líneas, los colores de las tarjetas, las declaraciones, para encumbrar al Barça.

El partido de los blancos es censurable, sin duda, pero malos partidos hubo, hay y habrá siempre. Jamás existirá una temporada sin sus momentos lamentables, del mismo modo que no existe un año de la vida de nadie sin sus errores y acciones para olvidar.

No faltan quienes ante cagadas como la de Sevilla entran en modo crisis existencial de dos maneras diferentes: hay que demoler el club o todo es un drama vital irresoluble. Ambas son posturas, con permiso, algo infantiles. Si el Madrid y el madridismo se hubiesen venido abajo en los incontables momentos de crisis vividos, no gozaríamos de la lustrosa historia que nos adorna.

Aunque, cierto es, con la manía que tiene el Madrid de revivir cuando lo dan por muerto propios y extraños, la situación actual durará lo que tarde en llegar otro gran momento, y estadísticamente (el club blanco es el más laureado del mundo) el Madrid es quien vive más grandes momentos.

Lo del Barça y el CTA tiene peor pinta, pues parece no preocuparle ni a las víctimas (hola, Imanol). Nadie tenía esperanza alguna en que la Real fuese a dejarse la vida contra los culés, pero, ingenuos, pensábamos que los protagonistas del paripé se esforzarían en disimular un poco.

La cosa empezó pronto, a la Real se le ocurrió la loca idea de marcar un gol y entre los árbitros y los distintos VARES se tiraron unos minutos para mostrarnos la imagen por la cual lo anulaban. Como dice el maestro Guasch hoy en su “Mira, chato”, fuera de frame, es decir, lo que antes era órsay.

Aunque era bastante improbable que los vascos volviesen a poner en aprietos a los de Flick, al poco rato, Elustondo agarró a un atacante blaugrana cuando corría hacia meta. El txuri-urdin estaba acompañado por otro compañero, por lo que no puede considerarse que claramente fuese el último defensor, pero Quintero González no dudó ni una milésima de segundo en mostrar la tarjeta roja.

Un apunte, el jugador del Barça era Olmo.

El VAR, nadie lo esperaba tampoco, no entró a corregir nada. Qué demonios iba a corregir si era lo que había que pitar, ¿verdad? Tanto es así, que hasta el propio Imanol estaba de acuerdo: “La expulsión es justa”.

Llama la atención (realmente no) la actitud vasalla de Imanol cuando se enfrenta (y antes de enfrentarse) con el Barça en contraposición a cuando se mide al Madrid: “Nos estamos cargando el fútbol, que nos saquen esas tarjetas a nosotros a mí no me gusta”.

Ante tal grado de sumisión, podría pensarse que el entrenador de la Real está ameritando para dirigir a algún equipo de La Masía.

Respétate, Imanol, y respeta a tu club.

La situación es clara, vivimos en un show de Truman y quienes lo dirigen y actúan en él (Tebas e Imanol, por ejemplo) nos quieren hacer creer a los madridistas críticos con el sistema que somos unos paranoicos y que no se trata de una realidad simulada.

La patada de Romero a Mbappé ni fue roja para el colegiado ni el VAR avisó de la flagrante expulsión. La acción sobre Olmo fue roja para el árbitro y el VAR no le indicó nada. Tras la tropelía de Cornellá, los clubes atacaron al Madrid por denunciarla. Después del sometimiento de Montjuic, la víctima, Imanol, felicitó a su verdugo. Respétate, Imanol. Tú crees que has estado de Óscar, pero no ha sido así.

Otro apunte, Olmo repartió dos asistencias.

A todo esto, ya es lunes, lo cual significa que mañana es martes, salvo que el VAR, Tebas o el CSD digan lo contrario. Y eso conlleva que hay Champions. Madrid-Atleti.

Como titula Marca, los madridistas estamos en vilo por Valverde. El uruguayo tampoco se entrenó ayer. En este Madrid asolado por las lesiones, por las sanciones, por los errores propios y por el sistema, Fede es un puntal casi imprescindible. Su ausencia, para muchos, pondría la victoria casi imposible contra los rojiblancos. Y ya sabemos lo que suele ocurrir cuando el Madrid se enfrenta a lo imposible.

As contrapone a los dos técnicos de los equipos madrileños que se enfrentarán mañana en Champions. “Duelo de contrastes”, titulan. Acertadamente, añadimos. Los contrastes entre ambos entrenadores son palpables, desde la educación hasta el pelo. Y entre ambos clubes, ni hablamos. Históricamente, el Madrid gana cuando lo tiene perdido y el Atleti pierde cuando lo tiene ganado. Por no hablar de la gestión de ambas entidades con el sector deplorable de su afición.

Pasad un buen día.

Olga animó el finde: sábado, cabreo; domingo, risas

 

Imagino que habrán visto el gol de Olga Carmona al Athletic en San Mamés, el del triunfo madridista, 1-2. Si lo vieron, felicidades. Si no, búsquenlo. No se lo cuento, hay que verlo.

El golazo de la Carmona llegó con el madridismo cabreado y desconcertadillo después del partido en Sevilla, luego hablamos. Y en estas empezó el duelo entre el Barça y una Real lejos de su mejor versión. Los vascos marcaron a los tres minutos, otros tres después se lo anularon. Fuera de frame, parecido al fuera de juego de otros tiempos.

La imagen que nos mostraron no admitía discusión: órsay. ¿Cuándo salió la pelota de la bota del pasador? Ni idea, como es habitual en los partidos habituales. ¿Qué plano se eligió para considerar la acción no reglamentaria? Esa es la cuestión: el que vimos cosa de tres minutos después de producirse la jugada. Tres minutos dan para recuperar imágenes de la llegada de los equipos al estadio. Tres minutos: tomad, es esta. Órsay claro. Son imbatibles.

Los vascos marcaron a los tres minutos, otros tres después se lo anularon. Fuera de frame, parecido al fuera de juego de otros tiempos

De ahí que el invento de Wenger, será fuera de juego si el cuerpo del defensa no se solapa con el delantero, me parezca muy interesante. Frame y líneas se batirán en retirada. Con eso, es probable que la clasificación actual fuera otra. El Reglamento era perfecto, se metieron a tocarlo, Dios no les perdone. Leñe, como esto no hay quien lo aguante, sigan para deshacer tanto entuerto.

Al poco rato, un defensa donostiarra derribó a un delantero azulgrana con un compañero, el del defensa, a dos pasos. Falta, sin duda. ¿Roja? Para Imanol, sí. Otros tienen dudas. Los que creen que un compañero del infractor estaba muy cerca de la jugada. Los que recuerdan que nos contaron que la expulsión es inevitable en un uno contra uno, yo me voy y tú me tiras. Pero que en esta ocasión parecía más prudente y acertado liquidar el asunto con una amarilla. En ese momento, minuto 17, se decidió el partido, se acabó la igualdad, el poco o mucho interés que pudiera tener la cosa. Les importa un huevo.

Un defensa donostiarra derribó a un delantero azulgrana con un compañero, el del defensa, a dos pasos. Falta, sin duda. ¿Roja? Para Imanol, sí. Otros tienen dudas

El asunto me confirmó que ciertas jugadas no provocan dudas en los árbitros de campo y VAR, también a los de la habitación de al lado. Esta y aquella de Montjuïc las tuvieron clarísimas. Pitaron falta en las dos, buen ojo. Discreparon en el color de la tarjeta, roja ayer, amarilla entonces. Ná. Con el tiempo supimos que sí hubo un tío, el linier de a cinco metros de la jugada, que vio la cosa entre Romero y Mbappé para expulsión. De Romero, ¿eh? El hombre se equivocó, pues nadie le hizo caso. OK.

En mi universal entorno fueron mayoría los amigos del Atleti que se encabritaron con lo visto en Montjuïc, apenas dieron fe de vida los madridistas: los colchoneros creen que van a ganar la Liga como poco, antes del Barça-Real eran líderes. Uno me escribió: "El Barça hubiera ganado igual, pero esto es tremendo". Le contesté: Exageras, mucha suerte.

Eso fue ayer. El sábado pasó lo que pasó y el toquecito a los jugadores del Madrid es inevitable. Ustedes, queridos, saben lo que hay a su alrededor y cómo están: con medio equipo en la enfermería o expulsado. Caben dos posturas. Un comunicado a la afición, la Liga la jugamos por imperativo legal y no vamos a exponer una pierna por ella, o ser el Madrid.

Medias tintas, no. Gracias. Si sales a jugar, compite a tope. El Madrid de toda la vida. El de Di Stéfano y el de los García. Estoy tocado, me cuesta todo, pero me voy a dejar el alma. No es de recibo escuchar lamentarse a Ancelotti otra vez por la falta de compromiso de sus jugadores. ¿Se creen tan superiores que van a ganar andando? Si es así habrá que llevarlos al médico.

Caben dos posturas. Un comunicado a la afición, la Liga la jugamos por imperativo legal y no vamos a exponer una pierna por ella, o ser el Madrid. Medias tintas, no. Gracias

No. No se les pide maravillas en esta situación, pero ante el buen Betis de ahora, y con las fuerzas que te quedan a ti, sabes lo que te espera. Caminar y esperar que la suerte te cobije no te va a alcanzar: miau, o pelearte como si estuvieras en Manchester. Con eso puede que te llegue: sin eso, imposible. El madridismo debe saber a qué atenerse. Da por hecho que le tomarán el pelo, pero no está preparado para que lo haga su equipo.

Un buen rival y el acicate de siempre: ganarle al Madrid. No te van a dar ni las buenas tardes. Los equipos españoles tienen un objetivo particular. Europa, eludir el descenso y tal. Y uno global: ganarle al Madrid. Sólo ellos juegan de agosto a mayo contra el Rey y es normalísimo que quieran ganarle. Sucede a menudo que su siguiente partido lo pierden. Pero que les quiten lo bailao si al Madrid le han ganado. Muy comprensible.

No lo es la actitud madridista en este y otros partidos, putadas sufridas, con perdón, al margen. Algo se ha demostrado en este curso tobogán del equipo: cuando se arremangó, jugó con y sobre todo sin balón, cuando de verdad quiso los 90 minutos, ganó y gustó. Si decidió contemplar y contemplarse sucedió todo lo contrario. Ni en sueños el equipo del Madrid en Heliópolis era el ideal. Pero era un equipo del Madrid. No se les pide excelencia, sí poner el mismo interés que el rival. Porque son el Madrid, carallo. Si juegas, espabila.

Vinícius pidió ayer árnica en las redes, se saben deudores. El 7 escribió que fue un mal día, que mañana esto debe ser... La pera, lo que será desde las siete y pico de la tarde. Lo que no pudo ser fue lo del sábado. Ah, recen por Valverde.

 

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La lluvia en Sevilla es una pura maravilla, es la frase que Rex Harrison, como profesor de dicción, hacia repetir una y otra vez a la gran Audrey Hepburn en la maravillosa película My Fair Lady, de 1964, dirigida por George Cukor y ganadora de ocho Premios Óscar de Hollywood. Cabe señalar que en la versión original, antes de ser doblada, la frase en inglés era The rain in Spain falls mostly on the plain, frase que en su literalidad nos sirve menos para este texto, por lo que usaremos la versión doblada, con permiso de los puristas.

Efectivamente, la lluvia en Sevilla es una pura maravilla, y ayer cayó un chaparrón de órdago sobre la ciudad hispalense, tanto en el ambiente como en el terreno de juego. Ya tengo yo mala suerte, que cuando viene mi equipo a mi ciudad, caiga la que cayó. El Real Madrid naufragó entre la lluvia sevillana y ante el ímpetu, las ganas, la actitud y los atributos masculinos que le echaron los jugadores del Betis al partido. Todo después del espejismo de los primeros 20 minutos, en los que el Real Madrid se paseó por Heliópolis, marcó un gran gol en jugada combinativa, que se dice ahora, y pudo sentenciar el encuentro si no fuera porque, en ese momento, los blancos de naranja se pusieron a pensar en el martes, en el Bernabéu lleno y en el Atleti, porque otra razón no se me ocurre para tanto desatino.

2-1: Palmando bajo la lluvia

El Betis nos pegó un baño de padre y muy señor mío y los nuestros no eran capaces de dar una a derechas, es más, veíamos a jugadores que controlan el balón como los ángeles a los que se les escapaba la bola en sus narices, cracks del esférico que hacen pases milimétricos que no atinaban a cinco metros e ídolos de masas que destrozan las porterías rivales que ayer, aunque les hubieran puesto delante el arco iris, no hubieran sido capaz de pegarla entre los tres palos. Parece como si las fechas carnavaleras se hubieran adueñado de los futbolistas blancos y se presentaron en el campo disfrazados de jugadores de regional.

El Betis nos ganó y nos ganó bien en el partido oficial nº 300 de Vinicius, que se convierte en el jugador nº 45 de la historia del Real Madrid en alcanzar dicha cifra. Sevilla nos bañó por partida doble y nos ganaron con autoridad, el equipo de Pellegrini, liderado por un Isco estelar, nos hizo comer el barro. Y el árbitro, pues nada, Hernández Hernández hizo algo de las suyas pero no se le puede achacar nada de lo que pasó en el césped. No hizo falta que saliera al rescate porque ya lo hizo solo el Madrid, pero no hay que olvidar, es más, hay que recordar a diario, que el Fútbol Club Barcelona estuvo pagando durante, al menos 17 años, 8,4 millones de euros, al menos, al vicepresidente del CTA para, en palabras propias, obtener "neutralidad" en los arbitrajes, que se compraron el sistema arbitral español y que el asunto esta en los tribunales de justicia, siendo el Real Madrid Club de Fútbol el único club que se ha personado en el procedimiento como acusación particular en calidad de perjudicado. El único. Que nadie se llame a engaño. El Barcelona y Negreira, Negreira y el Barcelona, no sólo perjudicaron al Real Madrid, perjudicaron a todos y cada uno de los clubes de primera y segunda división en aquella época (que se sepa) y todos, a excepción de los blancos, están mirando para otro lado, poniéndose de perfil y coadyuvando para que la corrupción federativa y arbitral subsista manteniendo a aquellos árbitros en la actualidad. Que no se olvide.

Todo lo que siempre quiso saber sobre el Caso Negreira y la prensa deportiva no se molestó en informarle (II)

Lo único positivo de ayer es que los jugadores habrán aprendido la lección y sabrán que si quieren ganar la liga, aunque no nos dejen hacerlo los que ustedes y yo sabemos, hay luchar hasta la extenuación, hay que ir a los duelos como si fueran los últimos, hay que estar concentrados en el partido de turno y no en el que venga después. Ayer, en mi tierra, manda narices lo que voy a tener que aguantar hasta el martes, los jugadores, y solamente los jugadores, se desconectaron del partido, dejaron de competir y el rival les borró del mapa. Desde mi punto de vista, culpar al cuerpo técnico es absurdo, aunque ya sabemos que aquí ganan y pierden todos, que no lo olvido, porque por mucho que quisiera hacer Ancelotti, el equipo se descompuso después de marcar el gol y desapareció del encuentro. No hay excusas para nadie, pero menos para los futbolistas.

los jugadores habrán aprendido la lección, y sabrán que si quieren ganar la liga, aunque no nos dejen hacerlo los que ustedes y yo sabemos, hay luchar hasta la extenuación, hay que ir a los duelos como si fueran los últimos, hay que estar concentrados en el partido de turno y no en el que venga después

Nos queda el consuelo de que desde hoy al martes no queda nada, que las chanzas en la oficina, las fábricas y los colegios durarán un suspiro (el lunes no hay clase, menos mal para los chavales) y que hay que pensar en el partido importante, en el que nos va a dar la medida de la capacidad de este grupo para luchar por todo lo que queda este curso. Yo confío en ellos, porque soy madridista y no quiero pensar otra cosa. Lo de ayer no se debe repetir, hay que salir a morder el césped en Chamartín para doblegar a los vecinos de Canillejas. El martes de carnaval es la Copa de Europa y es otro cantar, estoy seguro de que los nuestros se disfrazarán de jugadores del Real Madrid y que el equipo se desfondará para darnos una alegría y encarrilar la eliminatoria, no me cabe duda alguna.

Y ahora les dejo con el cabreo por lo visto ayer a escasos kilómetros de mi casa y con la frase de mi amigo Javi, que anoche no estaba para gaitas del globo que cogió… Ser del Real Madrid es lo mejor que una persona puede ser en esta vida… ¡Hala Madrid!

 

 

 

Buenos días, amigos. No se puede decir ni mucho menos que esté perdida, porque en esta liga pasan continuamente cosas extrañas y se dan resultados inesperados, pero no cabe duda de que el campeonato local se ha puesto muy difícil tras la derrota de ayer en el Villamarín, consecuencia de un pésimo juego por parte del equipo de Ancelotti.

El Madrid arrancó jugando espléndidamente, fruto de lo cual marcó por medio de Brahim tras una excelente jugada colectiva. Nos gustaría decir que la excelencia se fue luego evaporando lentamente, pero lo cierto es que dejamos de verla de manera súbita. De pronto, el Betis dominó, de pronto el Betis marcó y de pronto el Betis no dejó de dominar en ningún momento. Fue doloroso, y esta vez no hay posibilidad de culpar a ningún agente exógeno, como no sea el propio Betis con su gran desempeño. También se hace difícil negar que esta vez hay verdad en los que suelen proclamar falta de actitud. O el equipo está físicamente derrengado (cosa que no creemos) o sencillamente no dio todo lo que tenía que dar. Eso es grave, y debe analizarse con severidad.

Como es grave también el siguiente dato. De los partidos fuera de casa, el Madrid NO ha ganado en Mallorca, Las Palmas, Metropolitano, Vallecas, Bilbao, Cornellá, Pamplona ni Villamarín. Eso, para el Madrid, es mucho NO ganar. Son datos irremisiblemente graves.

Hay un atenuante que todos conocemos, y es igualmente grave: las abyectas actuaciones arbitrales sufridas. Es un patrón que conocemos. Es recurrente en la historia de la liga. El Madrid se destaca, pero de pronto es hundido con una o varias actuaciones arbitrales manifiestamente contrarias a nuestros intereses (este año son Cornellá, el derbi del Bernabéu y Pamplona), y a partir de ahí el equipo se hunde, no se sabe hasta qué punto impulsado hacia abajo por la idea de que, por mucho que haga, el CTA no le va a dejar hacerse con el título. Si es el caso, eso no es el Real Madrid. A veces será difícil luchar contra los elementos (que en este caso son los colegiados), pero eso no puede justificar partidos impresentables como el de ayer.

El CTA lo mató y él solito se murió. Muchos, muchos deméritos ayer. Leedlo en la crónica de Ramón Álvarez de Mon y en las dolorosas calificaciones de Genaro Desailly.

El Atleti, por su parte, no desaprovechó la ocasión y nos adelantó en la tabla gracias a una pírrica victoria contra el Athletic Club, que mereció mucha mejor suerte y estrelló ¡3! balones en la madera. Julián Álvarez, conocido como La Araña, marcó el único gol, de ahí el juego de palabras de la portada. Precisamente (lo juro) este portanalista ha soñado esta noche con una araña enorme a la que no podía matar por estar descalzo y no encontrar zapato alguno a la vista. A ver si el zapato perdido va a ser Asencio, que ayer desapareció de la alineación de Ancelotti por causas que solo él conoce. ¿Descanso? ¿Miedo a que vuelva a sufrir insultos? ¿Le convence más el renqueante Alaba?

Marca dice en su altillo que “Isco borra del mapa al Madrid”. Es algo hiperbólico pero no enteramente falto de verdad. El malagueño fue el mejor jugador del partido y recordó su mejor época de blanco. No se le puede reprochar nada en términos de caballerosidad, pues al final comentó públicamente que sigue llevando al Madrid en el corazón y que incluso se había acercado a aficionados del Madrid en la grada para pedirles un simbólico perdón. La ley del ex se cumple siempre. No es culpa de Isco, que marcó de penalti el gol de la victoria bética. Es un sino que está escrito en las estrellas.

A resultas de todo esto, indica As que “el prederbi lo ganó el Atleti”. Tan cierto como que, a efectos de Champions, el prederbi no sirve para nada. Lo que cuenta es el derbi, es decir, lo del martes, cita a la que el equipo de Carletto se presenta en cuadro, sin Bellingham por sanción y sin Ceballos por lesión. Llegamos a este trascendental encuentro deportivo contra el cholismo con malas sensaciones. Es inevitable. Las bajas son decisivas, pero hay calidad en la plantilla para afrontarlas con inteligencia y esperanza. Basta con que Camavinga se sacuda el atolondramiento extraño que le domina y Modric luzca como aún sabe hacerlo. Ahora toca olvidar este desastre liguero, pasar página y concentrarse en nuestra competición, la nuestra por excelencia (nunca mejor dicho).

Lógicamente, en el país de la esquinita (Guardiola dixit) se frotan las manos tras la derrota blanca -o naranja- de ayer, y se aprestan a obtener frente a la Real tres puntos más que les afiancen en el liderato. Admitamos que son esperanzas bien fundadas. Las posibilidades de que la Real Sociedad abandone esta noche Montjuic con algo distinto a una derrota se nos antojan muy limitadas.

En fin, amigos. Son horas de amargura y cierta cólera tras una derrota bastante indigna de nuestro equipo. Pero la inminencia de lo que viene sugiere un pronto rearme moral y un recordatorio de que, dentro de esta temporada de insufrible irregularidad, hemos demostrado (junto a lo contrario) ser capaces de jugar muy bien.

Eso y solo eso es lo que debe suceder el martes.

Pasad un buen día.

El Madrid perdió un partido que a partir del minuto 20 fue lamentable.

Era previsible que Ancelotti siguiese haciendo cambios en el equipo. La proximidad de la Champions ante el Atleti obligaba. Por este motivo, Lucas volvió a ser titular en el lateral derecho y Alaba entró por Asencio. Mendy volvió a la izquierda para medirse al indultado Antony. En el centro del campo Modric ocuparía la posición de Ceballos y Brahim la de Bellingham.

El Madrid comenzó de forma ideal el partido. Superaba la presión del Betis tocando con tranquilidad y Mbappé, que flotaba a lo Benzema, ofrecía siempre una línea de pase. El partido estaba siendo un monólogo y el gol no tardó en llegar. Kylian hizo una gran jugada y encontró a Mendy en la izquierda. El lateral estuvo inteligente y cedió el balón para que Brahim lo empujase a placer.

Los siguientes minutos siguieron la misma tónica. Había solidaridad y precisión. No hubo ocasiones claras, pero el Madrid llegaba con peligro.

Sin embargo, llegado más o menos el minuto 25, el Madrid se desconectó. Todo empezó con algunos pases fáciles fallados. Eran un síntoma de cierta relajación que después se empezó a notar en el esfuerzo defensivo. El empate de córner por parte del Betis fue el castigo. Me extrañó que Courtois ni saliese, dado lo cercano que fue el remate de Jony, aunque el error en el marcaje fue grotesco.

Lejos de despertar por el empate y la lluvia torrencial, el final de la primera parte dejó un nuevo remate peligroso de córner del Betis que salvó milagrosamente Courtois. Mucho había que mejorar para sacar algo positivo de Sevilla.

La segunda parte comenzó con nuevos errores incomprensibles por parte del Madrid. Pases fallados de manera absurda, controles y situaciones ilógicas. Pese a tener un par de acercamientos peligrosos, el Betis golpeó de nuevo con un penalti de Rüdiger que transformó Isco.

Poco después entraron al campo Camavinga y Güler por Brahim y Alaba. Tchouaméni volvió al puesto de central. Sin embargo, los siguientes minutos siguieron siendo del Betis, que tuvo una ocasión muy clara a través del Cucho, quien falló frente a Courtois.

En el 75 salió Endrick por Mbappé. Era ya un intento a la desesperada para que despertara el equipo. En el 79 tuvo una buena oportunidad el brasileño, pero no contaba con demasiado espacio para armar su disparo. En el 84 salió Fran por Mendy. Los minutos pasaban sin que el Madrid lograse hacer nada relevante. El partido no podía ser peor desde que cambiase de forma definitiva mediada la primera parte.

Así terminó un encuentro lamentable.

Getty Images.

-Courtois: APROBADO. Ejecutó un paradón antológico. Es posible que hubiera podido salir a por el balón en el córner del primer gol bético, aunque era un saque muy complicado de Isco.

-Lucas Vázquez: SUSPENSO. Impotencia bajo la lluvia.

-Mendy: APROBADO. Muy bien en la asistencia. Discreto en el resto.

-Rüdiger: SUSPENSO. No está bien físicamente, lo cual es sobre todo inquietante de cara al martes.

-Alaba: SUSPENSO. No está para ser titular.

-Tchouaméni: SUSPENSO. Empezó bien, pero acabó dando una exhibición de lentitud y desidia.

-Modric: APROBADO. Por lo menos, hizo un partido digno.

-Brahim: APROBADO. No fue de los peores.

-Rodrygo: APROBADO. De los más salvable del frente de ataque, lo intentó siempre y mostró su calidad.

-Vinícius: SUSPENSO. Desconocido. No le salió nada y se puso histérico, jugándose la expulsión una y otra vez.

-Mbappé: APROBADO. Sublime arranque de partido, desastroso en adelante.

-Camavinga: APROBADO. Lo intentó con escaso tino.

-Güler: SUSPENSO. Intrascendente en los minutos que tuvo.

-Endrick, Fran García: SIN CALIFICAR.

-Ancelotti: SUSPENSO. Ni aportó soluciones ni supo contrarrestar la aparente desidia de sus jugadores.

 

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Arbitró Alejandro Hernández Hernández del colegio canario. En el VAR estuvo García Verdura.

Partido intenso que llevó de manera pulcra pese a que dejó alguna duda con el señalamiento de varias faltas en la primera mitad.

El penalti de Rüdiger a Jesús fue claro y el resto de los que se pidieron no lo eran. Ni el de Cardoso con Alaba, ni el de Ricardo con Tchouaméni, ni el de Cuchu con Lucas ni el de Rodrygo con Ricardo Rodríguez.

Al final desenfundó bastantes tarjetas, casi todas ellas justas. Tres para los locales: Isco y Chimy por faltas a Lucas y Altimira por una a Camavinga. Y cuatro para los madridistas: Brahim por agarrar a Jesús, Rüdiger en el penalti, Alaba por una dura entrada a Cuchu y Vinícius por protestar.

Hernández Hernández, BIEN.

 

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