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¡Barçi, Barçi, Baaaarçi!

¡Barçi, Barçi, Baaaarçi!

Escrito por: Fred Gwynne27 noviembre, 2022
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Querubín Consuegra Tapiaperurena, 17 años, culé, toledano, piernas largas y huesudas, atolondrado, repetidor de cuarto de ESO, aficionado a la Play, a Bizarrap y al onanismo zurdo, tenía muchas dudas. La mayor parte de ellas, especialmente las concernientes a quedarse calvo como su padre, a su futuro y a lo que iba a hacer con su vida cuando terminase el curso, no le preocupaban. Sus dudas, o mejor dicho, la única que rondaba su cabeza desde que había salido de casa en dirección al centro comercial, no tenía nada que ver con su futura alopecia o su porvenir laboral, era algo mucho más pragmático y cercano en el tiempo. Esa misma tarde iba a comprase una camiseta del Barcelona y no sabía ni el nombre ni el número que iba a estampar en el dorsal. Había descartado imprimir Querubín, Consuegra o Tapiaperurena; los nombres largos eran cosa del pasado, nadie es su sano juicio elegiría uno como dorsal. Lo que estaba de moda eran los diminutivos. Y él, a pesar de que llevaba dándole vueltas varios días, no sabía si escoger Queru, Consu o Tapi.

Querubín se sentó en la parada del autobús. Hacía frío y se subió la cremallera de su cazadora hasta el cuello. Intentó, a pesar del viento helado que le impedía abstraerse en aquella desapacible tarde de diciembre, visualizar el dorsal. Cerró lo ojos e imaginó la camiseta en el aire, girando sobre sí misma, luciendo su nombre en la espalda. El azulgrana iba mutando, las líneas azules desaparecían, se volvían transparentes y dejaban paso al intenso rojo de la selección. Veía un Queru en el dorsal y se transportaba al golfo Pérsico, al calor del mundial de Qatar, esa exótica “u” final eran Las mil y una noches, un harén y cachimbas de hachís. Fantaseaba con vistosas sedas, muslos, ombligos y danzas del vientre.

Autobús

La bailarina estaba a punto de quitarse el séptimo velo cuando notó, por el ligero crujido del banco de madera, que alguien se había sentado a su lado. No le había oído llegar, entreabrió los ojos y miró disimuladamente. Era un viejo de unos cuarenta años. Volvió a cerrar los ojos.

Del Queru pasó a Consu. A Consu se lo imaginó más como un central correoso, de brega y tarjeta, un Pujol con melena al viento.

Querubín escuchó con fastidio el ruido del motor. Abrió los ojos, se acomodó con disimulo lo acomodable, sacó los dos euros del bolsillo de su cazadora y subió al autobús. En cuanto franqueó la puerta notó un chorro de calor en el rostro. La calefacción le envolvió. Se sentó feliz y volvió a cerrar los ojos.

Quería estrenar la camiseta en Nochevieja. Había pensado vestirla con unos vaqueros y una chaqueta de su padre por encima. El cotillón era a cubierto, no haría frío y podría lucirla sin problemas. Igual, si la noche se le daba bien y tenía un poco de suerte, Marta se fijaría en él…

Consu y Queru estaban muy bien. Eran cortos, bisílabos y originales, pero les faltaba algo, les faltaba la “i” de Tapi, su preferido, la “i” tenía algo mágico, muy culé. Si hay una vocal que juegue al toque, a la posesión, esa es la “i”. El estilo del Barcelona es una larga e interminable “i”. Messi, Xavi, Pedri, Gavi, Rodri, Jordi, Sergi… Uno puede batir el récord de pases de “i” en “i”. Además, y esto confirmaba su teoría de las vocales, el Madrid tenía muy pocos jugadores acabados en “i”, su historia estaba llena de “os” y “as”: Casemiro, Juanito, Amancio, Butragueño, Kroos, Militao, Camavinga, Benzema, Ramos, Rodrygo, Di Stéfano, Gento, Santillana, Cristiano, Puskas…

El Madrid nunca había tenido estilo, con las “os" no hay estilo que valga. Juntas un montón de “os" y “as” y sí, lo reconozco, te sale un equipo ganador, goleador, pero muy serio, en plan…como viejuno. Por no tener casi no tienen ni diminutivos.

Si hay una vocal que juegue al toque, a la posesión, esa es la “i”. El estilo del Barcelona es una larga e interminable “i”. Messi, Xavi, Pedri, Gavi, Rodri, Jordi, Sergi… Uno puede batir el récord de pases de “i” en “i”

Al bajar del autobús ya lo tenía decidido: Tapi, iba a poner en el dorsal Tapi y el número 10 de Messi.

Messi, Pedri, Gavi y Tapi. La “i” al poder.

—¿Estás seguro de que quieres poner Tapi?

El dependiente de la tienda oficial del Barcelona soltó la pregunta e interrogó a Querubín con los ojos mientras sacaba la camiseta de la caja y la extendía sobre el mostrador.

—Sí, claro, ¿por?¿Hay algún problema?

—Hombre, entre nosotros, yo quitaba el Ta, quédate solo con el Pi.

—¿Pi, así, a secas?

—Sí, es lo último, en plan monosílabos. Es una moda que ha empezado en la Masía. Ya tenemos un jugador llamado Mi y otro Ti. Me han contado, y esto te lo digo en confianza, en plan de buena tinta, que en un futuro quieren jugar con once canteranos monosílabos. ¿Te imaginas? Mi, Ti, Di, Gi…

Querubín no lo tenía claro. De Tapiaperurena a Tapi había un camino recto, una evolución natural, muy culé. De Tapiaperurena a Pi había mucha imaginación. Y cierto riesgo.

—No sé, no me atrevo, seguro que mis amigos me toman el pelo con lo de 3,1416. O me añaden un TO o un CHA detrás del PI, que los conozco.

—Ni caso, el fútbol es para los valientes.

Entonces la vio, la camiseta pasó volando delante de sus ojos con su nombre estampado, nadie había llegado tan lejos y nadie llegaría más lejos.  De Tapiaperurena a Tapi, de Tapi a Pi y de Pi a “i". Él luciría la esencia del Barcelonismo, él sería el primero en lucir una única vocal en una camiseta del Fútbol Club Barceloni.

—Sabes que te digo, ponme una “i”, una “i” bien grande y nada más, sin número ni leches. Y no la envuelvas, me la llevo puesta.

Unas semanas más tarde, Querubín dejó su chaqueta en el guardarropa al entrar al cotillón. Se sentía bien, estrenaba la camiseta del Barcelona con su “i” en la espalda. Sin darse cuenta empezó a tararear el himno…

 

Tot el camp

és un clam

una bandera ens agermana

Blau-grana al vent

Barçi, Barçi, Baaaaarçi!

 

Getty Images.

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Soy un hombre hecho a mí mismo. El problema es que me sobraron algunas piezas. SOL O CONTIGO. Persigo playas.
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