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Radomir Antic en el Real Madrid

Radomir Antic en el Real Madrid

Escrito por: Javier Roldán7 abril, 2020
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*Artículo de la serie "Banquillos efímeros", reflotado en honor a la memoria de Radomir Antic, fallecido ayer, 6 de abril de 2020.

El Madrid de Toshack había ganado la Liga 89/90 con récord de puntos, pero se escucharon voces incesantes sobre el mal juego del equipo. Los aficionados blancos estaban acostumbrados a ganar campeonatos con la Quinta del Buitre, a las órdenes de Beenhakker, y jugando de maravilla. Tras perder 1-3 en el trofeo Santiago Bernabeu en agosto de 1990 contra el Milan, Toshack duró lo justo en su segunda temporada. Tres derrotas en las primeras once fechas ligueras hicieron que Ramón Mendoza lo sustituyese por Di Stéfano, acompañado este por Camacho y Grosso, ante la imposibilidad de llegar a un acuerdo con el deseado Luis Aragonés. Pero el Madrid de Di Stéfano solo mejoró el juego al inicio y, tras ganar la Supercopa al Barça y dar esperanzas a la afición, empeoró los resultados de su antecesor. En enero, el presidente dimitió y convocó elecciones anticipadas en marzo. Antes de los comicios, el equipo de Di Stéfano y Camacho cayó en cuartos de final de Copa de Europa con un 1-3 en casa fremte al Spartak de Moscú. Alejadísimo del liderato doméstico y ubicado en el último de los puestos con acceso a Europa, el entrenador fue destituido.

"Sonó el teléfono en casa, era el intermediario Miguel Santos, que me ofrecía ser entrenador del Real Madrid", confesó Radomir Antic al periodista Leontxo García para su libro Jaque a la Liga. Antic llevaba parado desde que dejase el Zaragoza a final de la 89/90, y su experiencia en los banquillos se limitaba a dos buenos cursos en el club maño. Mientras que el yugoslavo tomaba el mando el 22 de marzo, Mendoza preparaba su duelo contra Alfonso Ussía acordando la llegada del técnico del Valladolid, Pacho Maturana, y la vuelta del canterano madridista Caminero para la temporada siguiente. Con el Madrid eliminado en Europa y en la Copa del Rey, Antic solo firmaba por once partidos, con el objetivo de clasificarse para la UEFA.

Lo primero que hizo al llegar fue confiar en Grosso, mandar a Camacho al juvenil, decirle al ex madridista Ricardo Gallego que ya estaba bien de entrenar con el equipo y que se buscase otro —firmó por el Rayo poco después—, confiar en Miguel Ángel como preparador de porteros y devolver la titularidad a Buyo en detrimento de un Jaro que, tras llegar a principios de curso, cometió un error infantil contra el Milan que le restó opciones con Toshack y, pese a ganarse la titularidad luego con Di Stéfano, no volvió a ser importante en el Real Madrid. "Buyo se adapta mejor a las necesidades del equipo", aseguró Antic, quien en su etapa en el Zaragoza sentó al mito Cedrún para confiar en un Chilavert más vivo y con mejor juego de pies que pudiese paliar los fallos de una zaga a menudo adelantada.

El técnico se encontraría una buena plantilla pese a que los fichajes de Villaroya y, sobre todo, Spasic y Hagi no habían conseguido llenar las ausencias de Martín Vázquez y Schuster. De cualquier modo, era un equipo mermado en lo anímico debido a la pésima racha de resultados. En la primera reunión con los futbolistas, la intención del míster fue clara: "Les hice ver que ninguno de ellos estaba a la puerta de terminar su vida deportiva; por lo tanto, debían esforzarse al máximo en los dos meses que faltaban para el final de la Liga. Creo que mis palabras eran muy necesarias porque el ambiente era desolador; los jugadores estaban deprimidos, querían que se los tragase la tierra, ni siquiera tenían fuerza psíquica para salir a calentar". A la baja moral se unían las ausencias de varios de los mejores futbolistas del plantel: un Milla fichado en verano que llevaba todo el año lesionado de los cruzados, un Hugo Sánchez que tras varias lesiones hubo de pasar por el quirófano en enero, y un Gordillo de 33 años que, pese a estar disponible, también sufrió interrupciones por culpa de los percances físicos.

"No será una revolución, buscaré las formas de mejorar pequeñas cosas que hacen falta", declaró el nuevo técnico en una entrevista a Santiago Segurola en El País. Tras analizar las posibilidades, Antic adelantó a Hierro al centro del campo, asegurando que a su edad y con su potencia estaba desaprovechado como central y cabía la posibilidad de que se acomodase a una posición "más sencilla". Dio todos los galones a Hagi como epicentro del juego, limitó el rango de acción a Chendo para reforzar la influencia ofensiva de Míchel: "Le dije que iba a poner a Chendo para protegerle, pero que Chendo no iba a jugar por delante, porque entonces Míchel estaría defendiendo, lo que va contra el sentido común. Le expliqué cómo debía asumir la responsabilidad del uno contra uno en los últimos treinta metros; no debía limitarse a centrar, sino que también debía buscar la portería y situarse en el segundo palo (…)". Y dejó a Butragueño como único punta, la que fue su decisión más controvertida.

Debido a la situación de urgencia y a la escasez de delanteros centros de nivel disponibles, el Madrid que armó Antic para el final de la campaña 90/91 tuvo una estructura más defensiva que el que propondría la siguiente, ya con un equipo mejor planificado. En la retaguardia estableció cuatro jugadores que rara vez pasaban la mitad del campo, pese a las escapadas puntuales de un Sanchís a quien el cuerpo le pedía esas aventuras. El veterano Tendillo como líbero- escoba, Sanchís por delante y Chendo con Spasic como marcadores principales de los delanteros oponentes fueron los titulares, con Solana como recambio. Delante de ellos, antes del retorno de Milla —que se produjo en los últimos partidos de la temporada—, Hierro estuvo solo en el eje, ya que el canterano Aragón desapareció de las alineaciones. A sus costados se situaron Villaroya (al que Antic tuvo en el Zaragoza e hizo todo lo posible por recuperarlo) y, a una altura ligeramente superior, Míchel. Con Hagi como mediapunta creativo en la parte derecha y el táctico Aldana en la izquierda, Butragueño se movía arriba esperando asistencias. "Me gusta el orden en el campo, con unos movimientos fijos y unas zonas fijas", sentenció el técnico.

Como pasase con el de Toshack, el nuevo Madrid pronto fue acusado de rácano y feo, sobre todo debido al aislamiento de Butragueño. Cierto es que el plan de Antic no era del todo ofensivo, sino que pretendía buscar el equilibrio defensa-ataque y ser directo e incisivo arriba, pero el motivo de ello lejos estaba de ser que Emilio jugase como único ariete, sino que era el plan de juego grupal lo que debía cuestionarse. Poco más tarde llegaron las victorias, y, sobre la influencia de Butragueño, el periodista Gerardo García escribió lo siguiente en As: "El Buitre ha vuelto a levantar el vuelo con una punta de velocidad que no tenía desde hace mucho tiempo y juega donde más daño hace al rival con su clase y sus cambios de ritmo". Letras que hacían buenas las palabras del propio Antic sobre el papel de su goleador, que respondían al porqué de que este hubiese de ser el hombre más adelantado: "Ese pararse solo en el área e irse es lo que le distingue de otros, lo que le avala mundialmente, y cuando llegué traía entre mis objetivos que Emilio recuperara esto". En fase defensiva, la propuesta era replegarse en su mitad de terreno y contragolpear rápido pasando por las botas de Hierro, Míchel o Hagi, con un abuso de conducciones desde campo propio. En fase de posesión, Antic colocaba a muchos futbolistas por detrás del balón y las bandas a muy baja altura, las combinaciones en corto para progresar eran escasas, priorizándose los pases medios largos, a menudo precipitados, a las rupturas, bien de Butragueño o bien de algunos de los carrileros. En síntesis, resultaba un juego poco vistoso pero bien programado, como pronto se demostró.

El 31 de marzo, Antic se estrenó perdiendo en casa ante el Burgos, con las ausencias de un Spasic en baja forma y un Hagi convocado con Ruma