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Aclaración sobre Santiago Bernabéu y Millán-Astray

Aclaración sobre Santiago Bernabéu y Millán-Astray

Escrito por: David Mata13 enero, 2019
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El diario ABC publicó el lunes 7 de enero un artículo en descargo de la figura del fundador de la Legión, Millán-Astray e indirectamente en menoscabo de la de Santiago Bernabéu. El texto ofrecía una reinterpretación de un episodio que ocurrió en el recinto deportivo madridista a principios de los años cincuenta. Esos hechos ya habían sido relatados anteriormente, tanto en prensa escrita como en literatura deportiva, pero últimamente la anécdota había ganado visibilidad a partir del documental «Bernabéu» (2017). Algunos de los elementos del suceso parecen hechos objetivos y otros están más sujetos a interpretación. Lo que parece seguro -o al menos es común a todas las versiones- es que hubo un beso de Millán-Astray a la esposa de un diplomático extranjero y que este saludo fue interpretado como una falta de respeto. La lectura que ofrece Guillermo Rocafort Pérez, el autor del artículo del ABC, es que el beso era un saludo protocolario "normal en la España de la época" y que el embajador se ofendió por motivos relativos a su esfera cultural particular.

Sin embargo, aunque el beso social actualmente pueda ser moneda común, entre finales de los años cuarenta y principios de los cincuenta no era algo canónico.  Se pueden encontrar referencias en línea sobre usos y costumbres del saludo y, por ejemplo, la revista Semana (1962) inició un artículo sobre el tema diciendo: "Hasta hace muy poco tiempo el beso en público estaba reservado; parecía rigurosamente reservado a parientes muy directos". Así que su difusión como práctica social parece haber empezado a producirse durante la década de los sesenta cuando Millán-Astray ya llevaba algunos años fallecido.

Las dos principales biografías de Bernabéu recogen el encontronazo con Millán-Astray. Martín Semprún en "La Causa" cita a Gilera ( Enrique Gil de la Vega, de ABC), que es la principal fuente de información a la que apela Guillermo Rocafort Pérez en su artículo, pero Martín Semprún también dice que hubo otros testigos del incidente y que estos aseguraron que el general "llegó a meterle mano a la señora". Según esta versión se montó un buen escándalo y la cosa no pasó a mayores por la "exquisita educación de la ofendida". La otra biografía, obra de Julián García Candau, recoge el episodio del beso, pero añade además un comentario de interés al juzgar que la acción del militar "era algo que en aquella época era hasta pecado". Julián García Candau también recogió el suceso en otro de sus libros: "Madrid-Barça: Historia de un desamor", añadiendo que el militar también se había propasado con la mano.

El artículo de ABC, además de interpretar que la reacción de Bernabéu fue desproporcionada a la acción, considera que Millán-Astray se comportaba en el recinto deportivo de acuerdo a su rango y a la normativa vigente, y sugiere que Bernabéu sentía algún tipo de animadversión personal. Esta última parte parece que es correcta. Martín Semprún, que le hizo hasta seis entrevistas a Bernabéu de cara a reunir el material para su libro, confirma que al patriarca blanco "no le gustaba su jeta". Pero dicha antipatía parece que en realidad no estaba tanto fundamentada en criterios estéticos, como en la valoración que Bernabéu hacía del comportamiento del militar. Según Julián García Candau, el problema era que Millán-Astray acostumbraba a presentarse en el estadio sin ser invitado y tomaba el asiento que le apetecía sin respetar el protocolo u organización del club. Así que, tras producirse el suceso con la esposa del diplomático, más un desafío a duelo con pistolas en respuesta a habérsele prohibido el acceso al estadio; Bernabéu contactó con el delegado nacional de Deportes, el general Moscardó, para quejarse. Sin embargo, el llamado Héroe del Alcázar de Toledo le exigió a Bernabéu que se disculpase con un hombre "que había hecho tanto por la Patria".

el problema era que millán-astray acostumbraba a presentarse en el estadio sin ser invitado

Como a Bernabéu no parecía apetecerle la solución brindada por Moscardó, se puso en contacto con su general Muñoz Grandes, ministro del Ejército y el hombre de la División Azul, y este se ocupó del asunto. Aunque la versión que da Julián García Candau en "Madrid-Barça: Historia de un desamor" difiere de la ofrecida en ABC por Guillermo Rocafort. No fue tanto que Muñoz Grandes mediara “para que aquello no fuera a mayores" como que le prohibió a su colega volver al palco, indicándole que aquel era un recinto privado y que la guerra no le había concedido derechos sobre los palcos de los campos de fútbol. Cuando el ministro de Agricultura, Rafael Cavestany, intentó saltarse el protocolo del club, tras llegar al recinto sin avisar y forzar a Bernabéu a cederle su asiento sucedió exactamente lo mismo. Bernabéu pidió ayuda a Muñoz Grandes y este afeó la conducta de su colega en el Consejo de Ministros, que fue el lugar en donde acabó quejándose Cavestany.

En relación a la altura de estos oponentes, cabe una apreciación. Guillermo Rocafort Pérez inicia su artículo diciendo que Millán-Astray estaba "en el ocaso de su vida" y "don Santiago Bernabéu, en toda su plenitud". Si nos atenemos a criterios biológicos eso puede ser cierto al ser Bernabéu dieciséis años más joven, pero dado que Rocafort cita no solo sus nombres si no su estatus, procede contextualizar que el prestigio de Millán-Astray, en virtud de su historial militar y hombre del régimen, era bastante superior. Al menos hasta entonces, puesto que cuando se produjo el altercado tampoco había empezado todavía el ciclo victorioso de Di Stefano en el Madrid, por lo que Bernabéu no gozaba aún del aura personal de la que dispondría gracias a los títulos europeos.

Santiago Bernabéu estaba totalmente en situación de inferioridad. Además de la influencia social y política de su adversario, seguramente también habría sido abatido si se hubiese llegado a producir el duelo con pistolas. Por más que Millán-Astray estuviese cojo, manco y tuerto, no dejaba de ser un pistolero experto y en cambio Santiago Bernabéu, aunque estuvo en la guerra, lo hizo en calidad de cabo y no llegó a entrar en combate.

Lo que sucede es que si bien el mandatario blanco sabía hacerse el cazurro cuando le convenía, también podía actuar como un maestro de la diplomacia más sibilina. Por eso podemos especular que con Millán-Astray jugó su propia partida a la espera de poder sacar su mejor carta.

El presidente era -en palabras de Julián García Candau- muy celoso del orden en el palco presidencial, un lugar que trataba de salvaguardar de toda injerencia exterior. Según sus empleados, con el paso de los años se las tuvo tiesas varias veces con políticos importantes, por su deseo de que se respetase la organización que él había establecido.