Al volver a decir que “el Real Madrid está estirando el chicle de Negreira”, Javier Tebas se está riendo de los millones y millones de víctimas del mayor fraude en la historia del deporte mundial.
En el caso Negreira, el timo no se ciñó a los clubes implicados, manifiestamente perjudicados por la compra del sistema arbitral por parte del Barça. Tendemos a restar importancia al daño hecho al aficionado. A veces se nos olvida que lo de Negreira consistió en millones y millones de personas (en España y en el resto del mundo) que ingenuamente pusieron su pasión y sus anhelos en una competición que creían limpia, mientras por la puerta de atrás uno de los clubes en liza tenía manipulado el sistema arbitral a través del soborno a su vicepresidente. Este monumental engaño no sucedió durante unas cuantas jornadas del campeonato nacional de liga, sino durante un mínimo de 17 años, muchos más según testimonios procedentes del lado culé. Hay exdirectivos blaugranas que han declarado ufanos que los pagos empiezan con Núñez, o sea, allá por los noventa.
Millones y millones de espectadores otorgaron durante décadas su emoción a un deporte que no sabían amañado, pero lo estaba. Esa ilusión baldía de millones y millones de personas (insisto) durante 17 años no fue solo eso, ilusión. Esa pasión fútil, torticeramente utilizada por los timadores, les costó dinero: millones y millones pagados por millones y millones de personas que compraron entradas para partidos y suscripciones de canales televisivos, entre otras cosas. Por tanto, no es solo una estafa a millones y millones de damnificados emocionales, aunque sobre todo sea eso: es también una estafa en toda la extensión que suele darse a la palabra, o sea, una estafa financiera.
Son millones y millones de espectadores esquilmados de dinero y pasión que hoy se sienten imbéciles por haber confiado en la honorabilidad del juego por el que suspiraban
Son millones y millones de espectadores esquilmados de dinero y pasión que hoy se sienten imbéciles por haber confiado en la honorabilidad del juego por el que suspiraban. Cuando Tebas dice que el Madrid está “estirando el chicle” por seguir insistiendo en que se haga justicia, comete una bellaquería incalificable. Es como si un alto dirigente estatal hubiera afeado su conducta a los damnificados del escándalo de las preferentes por reclamar justicia tiempo después.
—No sean ustedes pesados. Eso hace mucho tiempo que ocurrió. No reclamen más su dinero. ¿No pueden ustedes olvidar el tema de una vez? Miremos al frente, sin socavar la credibilidad de nuestro sistema financiero.
Además de insistir en la comparación del Real Madrid con Goebbels, que en cualquier otro país europeo habría desembocado de inmediato en su inhabilitación, dice Tebas que el Madrid está estirando el chicle, sí, y se mofa con chanzas de todo a cien. “Parece que Negreira siga metido en los vestuarios de los árbitros”. Aquí el sujeto centra su mofa en la realidad sangrante de lo que queda del negreirato, que es casi todo. Por eso, porque lo que queda del negreirato es casi todo, la gracieta le explota en la cara.
Hay veinte árbitros (¡veinte!) que fueron formados por Negreira, que estuvieron sometidos al ambiente viciado que imponía el hecho de que su jefe estuviera en nómina de uno de los clubes de la competición, y que inconcebiblemente siguen ahí, arbitrando al Barcelona y al Real Madrid, a quien además tienen denunciado porque el Madrid es tan puntilloso y cascarrabias que no acepta de buen grado eso mismo: el que sigan ahí. De manera que los hijos de Negreira denuncian al club blanco y, pese a tenerlo denunciado, siguen siendo jueces de sus partidos, en pasmoso conflicto de intereses que a Tebas no preocupa. No le preocupa eso, y no le preocupa que sean los mismos árbitros que estaban con Negreira. No solamente no le preocupa: hace bromitas. “Parece que Negreira sigue en el vestuario de los árbitros”. Pues claro que sigue, descarado. Sigue en el modo en que perviven en nosotros las enseñanzas de nuestros mayores. Esos árbitros mamaron Negreira toda su vida, y Negreira devuelven al mundo. A ti no solo no te importa. A ti te gusta. De lo contrario, te habrías cargado a los veinte hace tiempo. Pero no. Ahí siguen.
Tebas se cree (o pretende hacernos creer que cree) que su conflicto es con Florentino y/o con el Real Madrid como institución y/o contra RMTV. Es necesario que sepa que sabemos que no es así: su conflicto es con el madridismo.
Tebas se cree (o pretende hacernos creer que cree) que su conflicto es con Florentino y/o con el Real Madrid como institución y/o contra RMTV. Es necesario que sepa que sabemos que no es así: su conflicto es con el madridismo
Su conflicto es con (contra, diría yo) millones y millones de personas que en España, en Surinam y en Tegucigalpa se sienten engañados por el escándalo Negreira y profundísimamente indignados con quien, en su capacidad de factótum del fútbol español, podría hacer algo en busca de la reparación de ese fraude y no hace sino servir de escudo protector a corruptores (el FC Barcelona) y corrompidos (el CTA, impregnado de negreirismo hasta las cachas). Millones y millones de madridistas en todo el mundo se escandalizan cada día ante el afán tebiano de seguir barriendo la mierda debajo de la alfombra, en un laissez faire vomitivo que, no contento con obstaculizar la justicia y privarse de limpiar el organigrama putrefacto de los árbitros, se mofa de quienes tienen la osadía de seguir reclamando justicia, tantos años después. Tebas se ríe de esos millones y millones de personas.
Entre esos millones y millones de personas, humildemente, estoy yo. Tebas se ríe de mí, de manera que esto es personal. Yo soy uno de tantos, una más entre las millones y millones de personas que durante décadas se sentaron delante de la televisión, o fueron al estadio, en la ingenua idea de que iban a presenciar un espectáculo limpio. No soy solo yo. Son mis hijos. Tebas se ríe de la inocencia humillada de mis hijos ante la televisión o en el estadio, temporada tras temporada. Ellos también pensaban que era un espectáculo limpio, porque yo les transmití esa incauta creencia. Ahora se ríe de la exigencia de justicia, y por tanto se ríe de los míos. Tebas es un enemigo de mi familia.
Hay un sentimiento fronterizo entre la cólera y la perplejidad. La pregunta es: ¿cómo pensaba Tebas que iba a tomarse esto el madridismo? ¿De verdad consideraba que nos íbamos a resignar a que nos robaran en la cara? ¿Pensaba que íbamos a aceptar de buen grado el “ah, ha prescrito, se siente”? ¿Que mantuviera al grueso del negreirismo en sus puestos? ¿Que arremetiera llamando nazis (o similar) a quienes exigen justicia? ¿Qué tipo de reacción esperaba él (y otros como él) a la ignominia del delito (si prescribió, es que lo había) y a la ignominia mayor aún de la impunidad de ese delito?
—Ah, bueno, pelillos a la mar. Diecisiete años de soborno a la cúpula arbitral, como mínimo. No pasa nada, sigan, sigan.
No solamente no le preocupa: hace bromitas. “Parece que Negreira sigue en el vestuario de los árbitros”. Pues claro que sigue, descarado
Si quieren, mantengan a todo el mundo en sus puestos dentro del CTA, esto ha sido una cosa que han hecho “personas a título individual”, como dice Louzán. Tenemos ya muchos títulos y somos un club señor, de manera que no nos importa que nos hayan trincado decenas de ellos. Hay que olvidar esto cuanto antes. No tenemos inconveniente, faltaría más, en que nos sigan estafando. El evidente sesgo de odio hacia el Madrid que muestra el colectivo arbitral nos parece razonable, al fin y al cabo somos los únicos que nos oponemos a sus manejos. Sigan llamándonos conspiranoicos, como hacían antes de que se descubrieran los pagos a Negreira. De hecho, si les apetece, cuando nuestro canal de televisión denuncie el fraude, llámenles nazis. A nosotros lo de Negreira ya se nos ha olvidado, de verdad. Es más: ¿quién es Negreira?
Supongo que algo así es lo que esperaban de nosotros. Pensaban que veríamos a la Juventus en Segunda, desposeída de los títulos, y al City acosado por la Premier en pleno por 114 cargos financieros, y que a nosotros nos parecería bien que aquí no sucediese absolutamente nada. No solo que no sucediese nada, sino que las iras se volverían, inopinadamente, contra nosotros. Contra no la única (aunque lo parezca), pero sí la principal víctima de la ingente estafa.
Parece claro que Javier Tebas considera que el madridismo está conformado por millones y millones, sí, de completos imbéciles, y que es menester no cejar en el empeño de demostrarle que yerra. El Real Madrid tiene 600 millones de seguidores en redes sociales. Es imposible que la ruindad y la trampa se impongan.
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Es imposible hacer un comentario normal. El algoritmo es una p..a m....a.
Supongo que a Tebas sólo le falta perpetrar el delito de no poder la coma vocativa.
No me extraña que este individuo siga en un cargo público. El nuestro es un país de sinvergonzonería y donde el pícaro es considerado un héroe. Espero que alguna vez se haga justicia pero que no tarden mucho que soy un viejo que puedo pasar al otro barrio en breve. Y me gustaría disfrutar un poco.