Aprovechando que el Real Madrid de fútbol juega esta semana en Atenas y sus hermanos del baloncesto disputan también su partido europeo frente a una escuadra ateniense, en La Galerna hemos decidido aprovechar el incomparable acervo cultural griego para tratar de describir el inicio de temporada de ambas secciones mediante el empleo de sentencias filosóficas.
«Una vida sin examen no merece ser vivida por el hombre».
Sócrates.
El regreso de José Mourinho al Madrid parece marcado por esta máxima. En primer lugar, su retorno se explica por una voluntad de recuperación de la exigencia frente al carácter indulgente atribuido al club en los últimos dos años. Sin embargo, el portugués no es solipsista y extiende ese escrutinio examinador a todos los ámbitos del fútbol español: los rivales, la competición y sus horarios, los árbitros, el presidente de la liga, los periodistas. Además, en sus ruedas de prensa actuales existe cierta tendencia a la conversación amistosa, un poco como aquellos diálogos en los que Sócrates trataba de conducir a sus interlocutores hasta una contradicción que no habían previsto. Acaso la barba blanca que adornó su rostro en estos inicios de temporada haya sido menos atrezzo que una reflexiva declaración de intenciones.
«El hombre es, por naturaleza, un animal político».
Aristóteles.
Pedro Martínez ha llegado al Real Madrid para desarrollar una auténtica revolución. En un deporte donde cinco jugadores deben tomar decisiones en espacios diminutos y bajo la tiranía de un cronómetro, el barcelonés trasmite mejor que nadie que la inteligencia individual solo alcanza su plenitud cuando encuentra una comunidad que la haga útil. Se acabaron las posesiones resueltas a partir del talento individual para pasar a una dinámica en la que cualquiera, si se halla en buena posición, puede lanzar de tres sin sentirse un advenedizo. Ritmo, verticalidad y triples: todos esforzándose al servicio de la polis. La idea a veces puede rozar la exageración, si bien resulta estimulante asumir que, antes que reunir cinco respuestas extraordinarias, el baloncesto también puede consistir en formular una pregunta colectiva que el adversario no sepa contestar.
«Si no esperas lo inesperado, no lo reconocerás cuando llegue».
Heráclito.
El madridismo tiene una relación complicada con la espera. A menudo quiere que el primer equipo esté repleto de jóvenes y canteranos, aunque al primer pase errado chasquea la lengua por la falta de madurez demostrada. Sin embargo, este año hemos visto ráfagas esperanzadoras que sobreviven a la voracidad impaciente. Ese Carlos Espí, cuyo precio —¡por un delantero del Levante!— hizo arquear las cejas de algunos, ha eclosionado como una sorpresa que pide más minutos. O Endrick, más irregular y a la vez más propenso a la genialidad, que agitó la coctelera en Roma para salvarnos del desastre. Por no hablar de Diomande, con el que ya nadie se atreve a hacer bromas. Tras varios años de incorporaciones con dificultad para la adaptación, este mercado nos ha dejado una sucesión de huevos Kinder más sugerentes de lo habitual.
«Entero, único, inconmovible y sin fin».
Parménides. Sobre la naturaleza.
¿Hace falta aclarar que la referencia encaja con cierto pívot caboverdiano? Los pretendidos sabios pronosticaron que el nuevo estilo del Real Madrid podría perjudicar a Tavares y, como de costumbre, ha sucedido lo contrario. No solo continúa siendo la columna a la que regresa el equipo cuando los triples no entran y las certezas se desmoronan, es que su capacidad de intimidación y rebote constituye una pieza clave del plan diseñado por Pedro Martínez. Su presencia nos recuerda que ninguna modernidad debe renunciar a los fundamentos del baloncesto clásico. Los cincos altos continúan como referentes básicos al margen de todos los cambios.
«No pretendas que los acontecimientos sucedan como quieres; desea que sucedan como suceden, y tu vida transcurrirá serenamente».
Epicteto.
Hasta hace un par de semanas, Federico Valverde había dejado claro que no había nacido para jugar de lateral. Por desgracia, el fútbol tiene menos consideración por nuestras preferencias que la filosofía estoica. En esta ocasión, el capitán del Real Madrid parece haber comprendido que de nada sirve enfurruñarse: no siempre está en nuestra mano elegir las circunstancias, aunque sí decidir qué hacemos con ellas. En el Madrid, la inmensa mayoría de los futbolistas pretenden asentarse en su esquinita predilecta, recibiendo solo los focos en su perfil más guapo. Ojalá Valverde haya asumido del todo que ponerse al servicio de los demás no significa hacerse más pequeño, sino convertirse, por fin y de una vez por todas, en imprescindible.
«El camino hacia arriba y hacia abajo es uno y el mismo».
Heráclito.
Si hay alguien en la plantilla que ha recorrido el sendero mencionado por Heráclito en ambas direcciones es Vinícius Júnior. Tras lograr sobreponerse a un maremágnum de indeseables, tocó el cielo solo reservado para los elegidos. Dos Copas de Europa parecían haber blindado su sonrisa, si bien su deslumbrante futuro se vio truncado tras aquella infausta fecha del trofeíllo ese que reparte una revista francesa. Aplastado por la roca de Sísifo, lleva dos temporadas como una sombra de lo que fue y, no nos engañemos, hay un sector de la afición que duda sobre su capacidad para retornar. No obstante, quién sabe si la suplencia no puede convertirse en el principio de una resurrección. Bastaría con transformar de nuevo en hambre el orgullo herido en lugar de confundir la exigencia con la falta de reconocimiento. El Madrid necesita al mejor Vinícius, no a una versión resignada de su antiguo esplendor. Aunque el brasileño también deberá aceptar que el equipo no puede detener su vuelo mientras él recupera el suyo.
«La prudencia es la fortificación más segura, pues no puede derrumbarse ni ser traicionada».
Antístenes.
Hay una edad en la que uno empieza a comprender que no todas las batallas merecen ser libradas, sino que hay que seleccionarlas. Facundo Campazzo ha sido durante mucho tiempo un jugador que necesitaba tener el balón, gobernar el ritmo y dejar su firma en cada partido. Este nuevo Real Madrid le pide algo acaso difícil de aceptar para su competitivo temperamento: dejar espacio en la pista para otros y esperar su momento sin confundir la paciencia con un descenso del estatus. Su amigo Sergi Llull podría darle algún consejo, aunque francamente dudo que el argentino lo necesite, habida cuenta de su inteligencia. Además, no es en ningún caso una retirada del escenario. Se trata, simple y llanamente, de otra manera de ejercer el mando. Sus diez asistencias contra el Fenerbahçe o sus veintiún puntos frente al Maccabi demuestran que todavía conserva la llave de casi todas las cerraduras. Quizá el verdadero privilegio de la experiencia no consiste en ocupar permanentemente el primer lugar, sino en poder elegir cuándo regresar a él.
«El hombre solitario es una bestia o un dios».
Aristóteles.
Kylian Mbappé tiene algo de criatura mitológica, pero Aristóteles escribió que el hombre aislado no puede realizar plenamente su naturaleza. Si algún día añade a su fastuoso arsenal de recursos el convencimiento de que un desmarque puede servir para abrirle un camino a otro, o que presionar de verdad no es una concesión a la mediocridad, esa línea que le separa de los títulos importantes estará mucho más cerca de borrarse. Ojalá logre entender la solidaridad no como una obligación moral, sino como el siguiente escalón de la excelencia.
«Yo no sé, ni creo saber». (Solo sé que no sé nada)
Platón. Apología de Sócrates.
Llegados a este punto, el columnista debe confesar. Después de haber invocado a Sócrates, Aristóteles, Heráclito, Parménides, Epicteto… para tratar de explicar el inicio de temporada del Real Madrid, quizá lo más honrado sea reconocer que no tiene ni la más remota idea de lo que nos deparará el resto del curso. Puede que Mourinho y Martínez tengan razón en sus apuestas o fracasen miserablemente: el deporte tiene esa desagradable costumbre de humillar a quienes creen haber descubierto sus leyes. Sócrates, al menos, sabía que no debía confundir lo que ignoraba con lo que creía saber. Servidor ha intentado hacer lo mismo, sin poder garantizar el haberlo logrado. Estas sentencias no deben entenderse como oráculos. Sobre todo, porque si hay un club que suele reservarse el derecho de escribir su propio argumento y, por encima de todo, reírse de aquellos que se han atrevido a pronosticarlo antes, es el Real Madrid.
Imágenes: Wikimedia Commons, Livius.org y Rijksmuseum (dominio público / CC0)


















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