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Zinedine Pero

Zinedine Pero

Escrito por: Fred Gwynne7 junio, 2020
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Hay en La piel, esa extraordinaria (y cruda) novela de Curzio Malaparte en la que un Nápoles liberado por los aliados toma vida como si fuese un personaje más del neorralismo italiano, un capítulo (o varios, ya no lo recuerdo con claridad) en el que los marinos americanos que desembarcaban en el puerto de Marina Piccola se convertían en mercancía fresca que iba perdiendo valor según pasaba el día. Un niño napolitano, uno de esos niños de posguerra, vivos, espabilados como ardillas persiguiendo una nuez que llevarse a la boca, con pantalón corto, camiseta blanca de tirantes y zapatos sin suela, que llevan en los genes la grandeza y decadencia de una ciudad milenaria, era el encargado de recibir al extranjero chapurreando en inglés media docena de palabras para ser elegido, en dura pugna con otros niños, como el guía que le mostrase todos los burdeles de Nápoles. El incauto soldado, en cuanto aceptaba, con ganas de diversión acumuladas, notaba como la mano del niño se agarraba a la suya y se dejaba arrastrar por todos los tugurios de la ciudad convirtiéndose, sin él saberlo, en un valor bursátil que iba fluctuando a la baja según las horas iban esquilmando su cartera. Mientras el negro, normalmente el soldado más cotizado, acariciaba a las muchachas e iba de bar en bar, se convertía en un esclavo. El yankee, borracho como una cuba pocas horas después de desembarcar, sin ser capaz de distinguir si el niño que lo arrastraba de antro en antro era el mismo que le había recibido, era vendido al mejor postor, pasaba de manos de un niño a otro por un puñado de liras o dólares, se subastaba. A primera hora de la mañana, con su uniforme impecable, recién peinado, afeitado, con reloj, cartera y oliendo a colonia barata, era un valor seguro, un limón napolitano listo para exprimir, y a última hora de la noche, sucio, con lamparones, balbuceante, sin reloj y con la cartera vacía, era abandonado en cualquier fétido y oscuro callejón del barrio de San Martino por uno de esos pobres niños que nunca llegaron a serlo.

A veces, paseando con mi sobrina por el pueblo, tengo esa misma sensación, soy ese soldado listo para ser esquilmado, solo que en lugar de llevarme de tugurio en tugurio, me lleva de la tienda de chuches a la cafetería, de la cafetería al parque de los columpios y de ahí al escaparate de cualquier juguetería para enumerarme los regalos que quiere para su cumpleaños, sabedora de que en el camino hasta esa fecha, por muy lejano que sea el día, el incauto soldado de su tío pondrá alguno de ellos en sus manos.

Ir con mi sobrina es como pasear con el alcalde. Se para, saluda a gente que yo no he visto en mi vida, me presenta, reparte abrazos y acepta regalos como si fueran diezmos. Sabe en cada momento la táctica más adecuada, en cuanto ve la panadería, se suelta de mi mano, corre al escaparate, le hace cuatro cucamonas a la dependienta que está dentro y consigue su currusco de pan recién horneado. Hay gente que nace con ese don y lo cultiva toda su vida, es innato, se tiene o no se tiene, caen bien, consiguen sus objetivos y hacen felices a los demás siendo felices ellos mismos. Mi sobrina es uno de esos elegidos.

Y Zidane, el de La Castellane, es otro.

Yo veo a Zidane con cara de niño napolitano y una camiseta blanca de tirantes correteando por Valdebebas mientras dirige los entrenamientos. Zidane, como los orgullosos italianos, nunca ha sido derrotado. “No basta perder una guerra para sentirse un pueblo vencido”.

Zidane es mi sobrina y uno de los desarrapados de Malaparte, es un niño huyendo de la guerra de Argelia que nunca conoció y un hombre que nunca entrará en ninguna batalla para perderla. Es carisma.

Siempre me ha llamado la atención, que es una forma fina de decir que me ha tocado las pelotas, esa paleta condescendencia con el Zidane entrenador, ese sí, pero no.

—Sí, sí, Zidane es un buen entrenador, sabe manejar muy bien al  grupo, PERO...

Zinedine no se apellida Zidane, se apellida Pero. Zinedine Pero, el eterno incompleto, como si fuese la Victoria alada de Samotracia y los críticos, incapaces de ver su eterna belleza alada, se burlasen de él por no tener cabeza.

El Pero más común, el comodín del AIC de sofá, que es un analista vago hasta para discurrir, es el de la táctica. Tú dices en alto la palabra táctica y te llueven Copas de Europa como si fuese café en el campo o bailases con un paraguas rojo rodeando una farola.

—Sí, sí, Zidane es un buen gestor de grupos, PERO DE TÁCTICA ANDA CORTO.

Como diría la abuela de Jesús, que ya es la abuela eterna de todos nosotros y de táctica iba sobrada:

“TOMA CHOCHOS, COTORRITA”

Con lo de “manejar muy bien al grupo” se nace, es innato, es mi sobrina dando un abrazo o mordisqueando la flauta que le han regalado en la panadería o es Zidane dando una rueda de prensa o haciendo ese gesto de admiración a la vez que mueve las manos cuando uno de sus jugadores marca un golazo. Zinedine es el Vesubio y el resto de los entrenadores son ceniza.

El carisma se tiene o no se tiene, el tiempo lo único que hace es darle cada día más brillo, como si fuera uno de esos cristales que aparecen en la playa pulidos por el mar. Tener ese don abre más títulos que cualquier sistema de juego. Uno puede ser la Venus de Milo y no necesitar brazos para enamorarte.

 

Fotografías Getty Images.

Fred Gwynne
Soy un hombre hecho a mí mismo. El problema es que me sobraron algunas piezas. SOL O CONTIGO. Persigo playas.

5 comentarios en: Zinedine Pero

  1. No se puede escribir mejor! Mira que yo soy de ponerle el apellido de la táctica, de los cambios, de sus caprichos....Pero, tengo que reconocer que tiene algo que no se entrena, ni se puede comprar. Unos le llaman "flor"de manera despéctiva, otros alineador. Seamos serios, él ha conseguido 5 Champions con el RM ( 1 de jugador, 1 de segundo entrenador y 3 como entrenador), eso, como bien dice el artículo o se tiene o no se tiene...
    ¡Zidane lo tiene! otros entrenadores cobran más que él y le deben tropecientas copas.
    Un saludo