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Zidane no nos quiere

Zidane no nos quiere

Escrito por: Jesús Bengoechea9 febrero, 2020
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Queremos tanto a Zizou, pero la pregunta empieza a ser si Zizou nos quiere a nosotros. Si sintiera por nosotros una mínima dosis de afecto o consideración, no nos haría sufrir así. Está claro que le pagamos (?) por ganar, no por procurarnos existencias plácidas. En Cibeles, donde yo creo que va a acabar esta Liga, nadie pregunta al que se desgañita al lado cómo fue el camino hasta allí, si le molestó el juanete bajando por Alcalá o si el metro iba demasiado lleno. No mires el diente a caballos o Ligas regaladas (porque el aficionado solo recibe regalos), debiendo más bien limitarte a disfrutar cuando se saboreen las mieles de una goleada en El Sadar o de una trayectoria excelente en el campeonato de la regularidad.

Si Zidane, a quien tanto veneramos, nos estimase a nosotros en lo que valemos, contra Osasuna, en ese segundo tiempo donde no se sabe cómo perdimos el control del juego para empezar a achicar balones a los rojillos, habría metido en el campo a Vinicius primero (para inocular miedo) y a Kroos después (para enfriar el juego y bajar el balón al pasto), pero nadie dijo que esto fuera a ser fácil. Si perdonamos a Capello sus pivotes, trivotes y endecavotes al constatar la compensación del Clavo Ardiendo, habría un agravio comparativo en no hacer lo propio con Zidane por sacar a Lucas Vázquez en lugar de hacer nada de lo indicado, máxime cuando el tío acaba ganando 1-4 con Lucas goleando y Jovic pasmando a los escépticos con una volea gloriosamente innecesaria.

Lo sufrimos, lo disfrutamos, lo padecimos, lo gozamos. De todo hicimos con ello menos entenderlo, ni falta que nos hace quizá, no lo sé. Entender, lo que se dice entender, no entendimos absolutamente nada. Nuestro no entender son las piedras con las que Zizou hace su pared, como las lesbianas de la canción de Mecano, y esto solo hace que le queramos más (yo al menos), aunque sea con ese amor como el que Roy Orbison profesaba por su Mistery girl. Ya saben la historia de la canción: en la mañana de un concierto en Wembley, Bono se despertó con una melodía en la cabeza. “Lo he soñado. ¿Es una canción conocida? Parece de Roy Orbison”, indagó con sus compañeros de U2. Tras el concierto aparece Roy Orbison en el camerino y, tras felicitarles por el concierto, les pregunta si no tendrán una canción para él. Incomprensible, pero precioso. Como Zidane.

Treat her mean to keep here keen, dicen los anglosajones, en un dicho de extrema incorrección política hoy en día. Trátala mal para que siga interesada. A Zidane se la sopla la corrección política (cada día me recuerda más a Clint Eastwood) y también se la soplan los refranes. “Piensa mal y acertarás”, le dijo un periodista en relación a Bale. “No conozco ese refrán”, le espetó Zizou, por toda respuesta. A Zizou le queremos, aunque no le entendamos, y es muy posible que él no nos quiera nada precisamente porque nos entiende demasiado bien. Zidane nos trata mal para mantenernos interesados, el muy machirulo, pero machirulo con clase, si es que cabe tal cosa. A Zidane se la soplan la corrección política, los refranes, los periodistas y (ay) nosotros.

Si no se la sopláramos, con perdón, habría hecho todas esas cosas que le pedíamos en el por momentos agónico choque de Pamplona, en lugar de hacer lo que hizo, aunque tal vez la culpa sea nuestra por preocuparnos, cuando de sobra sabemos que va a salir bien. Por ejemplo, contra la Real sabíamos de sobra, también, que lo de poner en el mismo once a Brahim, Marcelo, James o Nacho iba a salir bien, que era el riesgo medido que Zizou autoestablece en ese sistema de ecuaciones que pondera el medio y largo plazo pero que, en esencia, nada debía turbarnos.

Bien que lo sabíamos, y sin embargo lo que sabíamos, en este caso, no era real. Sabíamos que saldría bien, pero salió fatal. Creíamos que saldría mal, sabíamos que saldría bien y salió todo como el culo. Qué hace con esto quien quiere a Zidane, decidme.

Regañarle tal vez. Mover severamente el índice apuntando a su calva, acaso. La cagó el miércoles y acertó en El Sadar, pero vete tú a saber si lo del miércoles no formará parte de lo del Sadar como la desgracia de mañana forma parte de la felicidad de hoy, como decía C.S. Lewis. Vete tú a saber si la verdadera cagada no fue en realidad la de El Sadar, ganar con esos cambios demenciales. Yo me rindo. Le declaro mi amor y, si me lo permitís, le declaro el vuestro de paso.

Aunque querer, él a nosotros, lo que se dice querer, no nos quiera lo más mínimo.

Editor de La Galerna (@lagalerna_). @jesusbengoechea