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La deriva de Vinicius

La deriva de Vinicius

Escrito por: Rafa Peinado22 octubre, 2019
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Vinicius Junior tuvo un singular primer año en el Real Madrid, en el que suponía su desembarco en el continente europeo. Resumiendo, podemos decir que empezó jugando en Segunda B y terminó siendo uno de los mejores jugadores del primer equipo. Su andadura en el club blanco comenzó de manera progresiva. Vinicius estuvo en la grada, en el sofá de su casa o en los campos de la categoría de bronce mientras se adaptaba a un nuevo país, idioma, liga y fútbol. Tras haber despuntado en el Castilla, la destitución de Lopetegui y una plaga de lesiones, le permitieron acceder a un vestuario dirigido, entonces, por Santiago Solari, y de ahí ya no le sacó nadie.

Sus primeros partidos con el primer equipo de manera continuada fueron un soplo de aire fresco, y tan alto fue su impacto y nivel que terminó siendo, junto a Benzema, el jugador más destacado, muy por delante de Bale, Asensio o Lucas, con los que compitió por un lugar en el 11. Vinicius jugaba con el descaro y atrevimiento propios de un chaval. Su personalidad, velocidad, verticalidad y desparpajo pusieron en pie al Bernabéu. Las pedía todas y encaraba una y otra vez, fuera cual fuera el resultado de la acción anterior. Él siempre buscaba un regate y una carrera más. Y le salía. Todas esas características y condiciones que reunía y reúne, eran, además, las que le faltaban al equipo. Nadie en el Madrid encaraba, buscaba el regate, conducía verticalmente buscando la portería contraria ni mostraba empeño en acercar a su equipo al gol. Vini aportó todo eso, porque fue una línea vertical en un equipo plano, y además formó una sensacional dupla con Benzema. Aquí radica otro de los aspectos en los que pesó Vinicius, pues no solo mejoró al equipo, también potenció al mejor jugador del mismo. La dupla franco-brasileña dio muchos puntos y victorias al equipo de Solari, e incluso les hizo soñar con poder superar al Barça en Liga o Copa.

El contexto, por lo tanto, era idílico, perfecto. Nadie hacía lo que Vini, nadie tenía lo que tenía él, nadie lo intentaba con tanto ahínco. Y por ese hueco se coló el brasileño, porque pese a que el contexto general del equipo no era muy positivo, él poseía casi todas las herramientas necesarias para dejar huella y hacerse notar.

Sin embargo, en la presente temporada todo ha cambiado, aunque parezca que muchos de los problemas de entonces se repiten. El equipo sigue sin funcionar como un todo, no hay apenas respuestas colectivas ante los problemas que plantean los rivales o las que van surgiendo en el transcurso de los partidos, pero sí se ha renovado la ilusión y las expectativas vuelven a ser altísimas, como deben de ser en un club como el Real Madrid. La temporada pasada se dio por perdida en el ecuador de la misma, pese a que el propio Vini y Benzema se empeñaran en alargar la agonía. Ahora todo es diferente, desde las expectativas a la presión, pasando por el hecho de que el proyecto parece quedar, ahora sí, tocado en caso de repetir desastre.

La temporada pasada se dio por perdida en el ecuador de la misma, pese a que el propio Vini y Benzema se empeñaran en alargar la agonía. Ahora todo es diferente, desde las expectativas a la presión

Es aquí donde Vinicius no está pesando ni sumando. Si la temporada pasada lo era casi todo, en esta no es nada. Y yendo incluso un poco más allá se puede concluir, números y sensaciones en mano, que el brasileño está restando mucho más de lo que suma, tanto cuando sale de inicio como cuando lo hace como revulsivo. No está funcionando ni como sustituto de Hazard ni como relevo del mismo. Vinicius sigue derrochando personalidad y energía en cada acción en la que interviene, intentando el regate o la conducción hacia portería una y otra vez, pero está leyendo muy mal cuándo debe hacerlo y cuándo no y sobre todo está perdiendo muchísimos balones. Esa energía da siempre un plus al equipo, porque te mete en el partido, te conecta y te acerca a la portería de manera individual, pero a la vez te hace perder el balón más veces y en peores circunstancias, por lo que el efecto se vuelve en contra pasando a atacar menos y peor y a defender más y peor.

Cuando Vini recibe suelen pasar dos cosas: la primera y más habitual es pérdida previo pase, centro, control o intento de regate. La segunda, cuando sale de este tipo de acciones, acaba derivando, casi siempre, en balón para el rival. Ni él ni el equipo están sacando nada positivo de su energía, porque esta misma se vuelve en su contra. Juega tan acelerado que no mide ni elige bien la jugada, y cuando sí lo hace ejecuta muy mal, ya sea por déficit técnico o por la velocidad a la que lo hace, que aumenta la probabilidad de que ese déficit técnico salga a relucir.

Zidane ha confiado en él y él no ha respondido. Por edad, contexto, presión o lo que sea, pero Vinicius se está quedando muy corto para el papel tan importante que le está otorgando Zizou, ya que el extremo suele ser de los primeros cambios o el hombre encargado de suplir a Hazard, que se ha perdido varios partidos. Si las sensaciones son muy poco positivas, los números son aún peores. A groso modo solo ha conseguido un gol y una asistencia en más de 400 minutos.

Pero si examinamos más al detalle sus estadísticas, los números son aún más desalentadores:

El margen de mejora que tiene Vinicius es enorme, como su potencial. Pocos jugadores a su edad poseen la personalidad, velocidad descaro y facilidad para el desborde que tiene el brasileño, pero para llegar al más alto nivel tiene que pulir unos aspectos técnicos que le pueden alejar de jugar la Champions todas las semanas. El Madrid 18/19 ocultó casi todos sus defectos y le puso una alfombra para que sus virtudes relucieran. El 19/20 hace todo lo contrario, y por ahora pesan mucho más sus pérdidas de balón (muy habituales) q