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Vigo, un buen lugar para fichar

Vigo, un buen lugar para fichar

Escrito por: Alberto Cosín17 agosto, 2019
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El Real Madrid debuta en la Liga 2019/2020 en el estadio de Balaídos para enfrentarse al Celta. A lo largo de la historia el club, Vigo ha sido un excelente lugar para los blancos a la hora de fijarse en jugadores que incorporar a la plantilla madridista. Los casos más conocidos y valiosos fueron los de Pahiño, Miguel Muñoz, Gabriel Alonso, Michel Salgado o Claude Makelele, pero han existido varios más.

En 1948 el cuadro merengue estuvo cerca de vivir el primer descenso de su historia a Segunda división. En el último partido se venció al Oviedo con Pruden como héroe y se evitó el infierno. Sin embargo ese gran aviso lo recibieron en la parcela deportiva como un signo inequívoco de que había que reforzar la plantilla. Y Bernabéu tomó cartas en el asunto.

El Celta cuajó un curso sensacional con un cuarto puesto en Liga y siendo subcampeón de Copa. El Real Madrid se fijó en tres de sus figuras como objetivos prioritarios: Pahiño, Miguel Muñoz y Gabriel Alonso. Este último, todo un icono para la afición gallega, tuvo que esperar tras no dejarle los vigueses salir de la entidad.

Por su parte, Pahiño y Miguel Muñoz entraron en un pack conjunto con un costo total de 1.200.000 pesetas. Ambos aterrizaron en Madrid en julio de 1948 para firmar tras haber estrenado la internacionalidad con España en el mismo choque ante Suiza en Zurich el 20 de junio. Pahiño era uno de los mejores delanteros nacionales, tal y como demostró en la campaña 1947-1948 al anotar 21 goles y erigirse máximo artillero de la Liga. El gallego, muy aficionado a la lectura de Tolstoi, Dostoiewski o Dickens, era un ariete de los de antes, un rematador nato, un delantero que en el área era un killer y te marcaba con cualquier parte del cuerpo. En el club blanco lo siguió demostrando con 124 dianas en cinco años, aunque se marchó sin ningún título oficial. Mientras que Muñoz había nacido en Madrid pero su carrera hasta los 26 años discurrió por Logroño, Santander o Vigo. El capitalino era un medio formidable, un pulmón, un seguro y un cerrojo que trabajaba con brega para recuperar el cuero. Su trayectoria en el campo se extendió una década en la que hizo historia con dos años de capitanía, 273 partidos y cuatro Ligas, tres Copas de Europa o dos Copas Latinas. Luego, como técnico, simplemente fue leyenda casi tres lustros.

Gabriel Alonso volvió a compartir vestuario con Pahiño y Muñoz, pero lo hizo a partir de 1951. En ese año fichó con los merengues para disputar la Copa  tras unas duras negociaciones que desembocaron en un acto de rebeldía por su parte. El Celta insistía en no dejarle ir al Real Madrid, pero el vasco apretó la situación hasta tal punto que regresó a su Fuenterrabía natal hasta que se cerrase la operación. El Celta accedió y el 29 de abril debutó con los blancos ante el Valencia y con su hermano Juanito en el marco. En Vigo actuaba en la media, pero en el Madrid y en la selección bajó al puesto de defensa lateral diestro. El guipuzcoano era un jugador de recorrido, versatilidad, con un gran manejo de las dos piernas y un encomiable espíritu de lucha. Con España inició la jugada del famoso gol de Zarra en 1950 y en la capital a pesar de llegar en los últimos años de su carrera cumplió con nota durante tres campañas en la titularidad. Un total de 59 duelos y una Liga fue su bagaje en la entidad de Chamartín.

Casi una década después, otros dos jugadores del equipo celeste desembarcaron en Madrid en apenas doce meses: Míchel Salgado y Claude Makelele.

En el verano de 1999, el Real Madrid protagonizó un plan renove en el que dio salida a varias de las estrellas que lograron la ‘Séptima’ como Mijatovic, Panucci o Suker, mientras que entre las altas figuró un joven lateral derecho que era la sensación en Europa. Míchel Salgado descolló en la banda de Balaídos gracias a su velocidad, fuerza, empuje, garra, buena técnica e incursiones productivas al ataque. Todas esas virtudes tuvieron como premio la selección y en noviembre de 1998 lo bordó en Salerno ante Italia, una noche en la que se ganó el apelativo de ‘Il Due’ por un partidazo extraordinario. La parcela técnica blanca con Pirri a la cabeza recomendó su contratación y tras varias semanas en la que no se concretaba el fichaje finalmente Lorenzo Sanz hizo efectivo el pago de la cláusula que ascendía a 2.000 millones de pesetas. Así el gallego fue el sustituto de Panucci y en su presentación ya declaró que “he cumplido el sueño de venir al Madrid. Espero participar en los títulos de este club”. Y lo consiguió durante una década acumulando un palmarés fantástico de cuatro Ligas, dos Champions League, tres Supercopas de España, una de Europa o una Copa Intercontinental.

Un año más tarde otra leyenda merengue dijo adiós, el argentino Fernando Redondo. La baja del centrocampista obligó a los capitalinos a moverse en el mercado y uno de sus sustitutos lo encontró en Vigo, el francés aunque nacido en Kinshasa Claude Makelele. El medio era un jugador excelente en la parcela defensiva, un seguro de vida a la hora de robar el balón, la resistencia, el trabajo físico y la eficacia de no complicarse nunca con el cuero. El Real Madrid ya con Florentino Pérez en la presidencia abonó 2.000 millones por su fichaje y fue presentado el 3 de agosto del 2000 junto a Flavio. El francés no quiso comparaciones con el argentino y afirmó: “Redondo es uno de los mejores del mundo. Yo no me puedo comparar a él, pero creo que aquí puedo hacer muchas cosas y ser feliz. Quiero ganar todos los títulos que pueda”. Tres fueron las campañas en las que fue insustituible y vital en el esquema de Vicente del Bosque alzando en ese tiempo dos Ligas, la ‘Novena’, una Supercopa de Europa o una Copa Intercontinental. Sin embargo en el verano de 2003 se marchó por la puerta de atrás al Chelsea tras solicitar una mejora de contrato que nunca se cristalizó.

También hay que mencionar otros traspasos desde Vigo a Madrid pero que tuvieron menos enjundia. En 1951 junto a Gabriel Alonso llegó Eduardo Sobrado, conocido como ‘Yayo’, un interior hábil y con buenas cifras de cara a gol que no tuvo muchas oportunidades. Dos años después aterrizaron Manuel Pazos y Adolfo Atienza. El primero era un portero algo irregular, capaz de lo mejor y de lo peor que estuvo un solo año en el que se ganó la Liga (la primera de Di Stéfano o Gento). Mientras que el segundo permaneció dos cursos (ganó dos Ligas en las que actuó en 17 partidos) y era un fino extremo derecho fichado tras pagar a los gallegos 600.000 pesetas más la cesión de otro extremo como Antonio Gausí. Ya a mediados de los 90 y vía el Celta regresó al Real Madrid un portero que se había criado en La Fábrica, Santiago Cañizares, por el que se pagó 40 millones, se traspasó a Antía del filial y se cedió a Toril y Cano en la operación. Sin embargo el de Puertollano se encontró primero con Buyo y luego con Illgner y nunca se afianzó en el marco madrileño. Por último en el año 2000 el club de Concha Espina firmó a Albert Celades, un centrocampista de buen toque con orígenes en La Masía. El andorrano que llegó libre tras finalizar su contrato con los vigueses fue un jugador de complemento para la media y el lateral diestro. Sus minutos fueron de más a menos y después de tres temporadas hizo las maletas para jugar en Francia.

Alberto Cosín
Apasionado del balompié, me hubiese gustado ver en directo a las figuras de los años 30, 40 y 50. Gato y madridista, en mi primera visita al Santiago Bernabéu pude contemplar a Diego Armando Maradona.

7 comentarios en: Vigo, un buen lugar para fichar

  1. Actualmente, Vigo y cualquier localidad española, son buenos sitios para que la prensa te haga un traje, una vez más, por si al RM le da por intentar un fichaje.

    ¿Habéis visto el caso Rodrigo del Valencia con el Atlético? Ni un reproche al Atlético en las tertulias y programas deportivos con periodistas valencianos, todo son reproches a la falta de sintonía entre los dueños y el director deportivo.

    Ahora cambiad Atlético por Realmadrid ¿de verdad creéis que lo tratarían igual?

    Mientras en el campo solo está el rival a batir, el enemigo, ése que te quiere mal y te presenta como la peste que viene a robar la tranquilidad y pervertir el buen orden natural d elas cosas en las ciudades de España, ése pajarraco anida en la prensa.

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