En una escena de la insuperable El silencio de los corderos, la agente Starling presencia una autopsia de una víctima de un asesino y, junto con todos los presentes, se administra un par de pequeños pegotes de Vicks VaporRub bajo sus orificios nasales perfectos, tan perfectos como solamente Jodie Foster podía tenerlos, para no verse afectada por el olor putrefacto del cuerpo analizado. Nos duele el teclado de escribirlo. La presunta prensa presuntamente deportiva en España es cómplice necesaria para el mantenimiento del perenne estado de corrupción de la competición futbolística patria. Sí, si el fútbol español tuviera DNI, el estado civil sería PODRIDO.
Es muy difícil siquiera plantearse tomar en serio algo tan burdo. No basta con que nuestro equipo tenga una plantilla descompensada, juegue abiertamente mal y cuente con jugadores con querencia a la patochada dentro y fuera del campo. Además de esos males endógenos, tenemos que presenciar rechiflas como la de anoche en el Santiago Bernabéu. Se puede ser incompetente, pero no irrespetuoso como lo fue Díaz de Mera. Claro que, si tu jefe no solo te lo consiente, sino que te lo fomenta y premia, cómo negarse. Más allá de la expulsión de Vinícius, pueril y estúpida, otra más, lo realmente atroz fue la actitud de clara provocación y escarnio que adoptó el colegiado. No se puede entender de otra manera lo que ayer presenciamos. Si ya comparamos lo ocurrido en otros partidos jugados en la misma jornada, la situación es abiertamente abracadabrante.
En esta particular versión de El silencio de los corderos que es el fútbol español, el FBI no persigue a Buffalo Bill, sino que le proporciona coartadas, oculta las pruebas y, cuando el cadáver empieza a oler, reparte Vicks VaporRub.
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