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Vía libre para Joan Laporta

Vía libre para Joan Laporta

Escrito por: Roberto Albáizar Pérez - 1 octubre, 2026
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Hay algo especialmente llamativo en la manera en la que Joan laporta ha construido su segunda etapa al frente del FC Barcelona: cuanto más complicada parece la situación económica, más imaginación aparece para encontrar una salida. El problema es que, cuando la imaginación se convierte en ingeniería financiera, las fronteras entre la audacia y el esperpento empiezan a difuminarse.

El Barcelona necesitaba recuperar competitividad después de la ruinosa salida de Josep María Bartomeu, y la junta de Laporta decidió hacerlo a cualquier precio, recurriendo a operaciones capaces de convertir expectativas futuras en oxígeno presente, aunque después llegara la factura. Y vaya si ha llegado.

El relato siempre ha sido parecido. Había que salvar al Barça, había que volver a competir y había que hacerlo inmediatamente. Para ello aparecieron las famosas palancas, las ventas de activos, las promesas de ingresos futuros y todo un catálogo de fórmulas destinadas a esquivar las restricciones económicas. El resultado es una gestión que acumula operaciones cuanto menos extrañas, retrasos, impagos, deterioros contables y compromisos con ingresos futuros mientras el club continúa necesitando nuevas vías para mantenerse a flote.

Lo sorprendente no es únicamente que Joan Laporta haya podido recorrer este laberinto financiero, sino que, una y otra vez, haya encontrado una puerta abierta. El ejemplo más evidente es Barça Studios, posteriormente reconvertido comercialmente en Barça Vision. En el verano de 2022, el Barcelona necesitaba una inyección económica gigantesca para poder sortear las restricciones del límite salarial de LaLiga y registrar futbolistas. La solución fue vender el 49% de la filial audiovisual a Socios.com y Orpheus Media, vinculada a Jaume Roures, por 200 millones de euros. Sobre el papel, una operación extraordinaria. El negocio completo quedaba valorado en 408 millones de euros y aquella valoración permitió al club disponer de capacidad inmediata para seguir fichando.

la de laporta Es una especie de economía del mientras tanto. Mientras haya una palanca, un activo que vender, un ingreso futuro que anticipar o una nueva fórmula que presentar, siempre existe una solución para el siguiente problema. El inconveniente es que las soluciones de hoy pueden convertirse en los problemas de mañana

El problema apareció cuando llegó el momento de convertir el papel en dinero. Los compradores originales aportaron cantidades iniciales, pero los grandes pagos no llegaron en los plazos previstos. El Barcelona intentó entonces recolocar esos porcentajes impagados a otras firmas, entre ellas Libero Football Finance o Vestwood, pero los problemas volvieron a aparecer. La operación que había servido para proporcionar oxígeno financiero terminó generando un deterioro considerable de las cuentas del club. El ejercicio 2023/24 dejó pérdidas netas ordinarias de 91 millones de euros y aquella ingeniería que había permitido solucionar el problema inmediato acabó trasladando parte del problema hacia el futuro.

El fútbol, mientras tanto, ya había seguido su curso: los jugadores estaban fichados, los partidos disputados y los resultados celebrados. El dinero prometido, en cambio, seguía siendo otra historia. Y ahí aparece una de las grandes particularidades del universo Laporta: lo importante parece ser que la operación permita sobrevivir hoy, aunque mañana haya que explicar por qué no funcionó. Y que se le permita hacerlo, claro. Es una especie de economía del mientras tanto. Mientras haya una palanca, un activo que vender, un ingreso futuro que anticipar o una nueva fórmula que presentar, siempre existe una solución para el siguiente problema. El inconveniente es que las soluciones de hoy pueden convertirse en los problemas de mañana.

El episodio del patrocinio de la República Democrática del Congo acaba de añadir otro capítulo difícil de explicar. El Barcelona anunció una alianza institucional para lucir el mensaje ‘RDC, cœur de l'Afrique’ en su ropa de entrenamiento, con unos ingresos previstos de aproximadamente 44 millones de euros hasta 2029.

La operación provocó críticas por la situación humanitaria del país y también denuncias ante la Fiscalía por un supuesto uso irregular de fondos públicos congoleños, aunque esas denuncias no fueron admitidas a trámite. Hace pocos días, llegó otro detalle que alimenta todavía más las dudas: el logotipo ha desaparecido de los soportes publicitarios y de las equipaciones. La explicación del club es que existía un desajuste temporal en los plazos de pago correspondientes al segundo año y que el acuerdo seguía vigente después del abono inicial de los primeros diez millones.

Otra vez, una cuestión de plazos. Otra vez, un ingreso que sobre el papel debía formar parte del proyecto económico pero que en la práctica no termina de materializarse cuando estaba previsto. Y otra vez el Barcelona obligado a explicar por qué aquello que parecía una fuente de ingresos tan relevante no estaba funcionando exactamente como se había anunciado. Por supuesto, ese dinero, ya está contabilizado para los números de este año, qué más da si acaban o no llegando.

El talento de La Masía y la democracia

Luego está el Espai Barça, esa gigantesca obra que se ha convertido también en una herramienta financiera. La directiva comenzó a comercializar los palcos VIP del futuro Spotify Camp Nou cuando el estadio todavía era un esqueleto de hormigón en pleno proceso de demolición y reconstrucción. La oposición habló de una ‘venta de humo’, precisamente porque se estaban comercializando espacios cuya utilización quedaba condicionada a unas obras que acumulaban prórrogas y retrasos. Pero aquella venta tenía una función mucho más importante que llenar una campaña comercial. Los ingresos futuros de esos espacios prémium servían como respaldo para sostener el macrocrédito de 1.450 millones de euros destinado al Espai Barça, con entidades como Goldman Sachs implicadas en la financiación. Es decir, el futuro del estadio se utiliza para financiar el presente. El Barcelona convierte los ingresos que todavía no ha generado en una herramienta para conseguir dinero hoy. Una fórmula que puede ser perfectamente comprensible desde determinados planteamientos financieros, pero que adquiere otra dimensión cuando se combina con el resto de operaciones del mandato.

Y entonces aparecen situaciones que, más allá de las grandes palancas, resultan difíciles incluso de imaginar en un club de la dimensión del Barcelona. Como el caso del falso agente relacionado con Robert Lewandowski. La directiva llegó a transferir oficialmente un millón de euros a una cuenta bancaria de Chipre para pagar una comisión a quien afirmaba ser el abogado y representante del delantero polaco y actuar en nombre de Pini Zahavi. El banco bloqueó la operación al considerarla sospechosa y el propio club terminó admitiendo un fallo en sus mecanismos internos de control y cumplimiento. Que un club de semejante dimensión pueda encontrarse ante una situación así resulta, como mínimo, desconcertante.

¿cómo ha sido posible llegar hasta aquí? No estamos hablando simplemente de que el Barcelona haya realizado una operación arriesgada, o de que una venta haya salido mal. Estamos hablando de una sucesión de mecanismos que han permitido al club continuar compitiendo mientras su situación económica seguía exigiendo nuevas soluciones. Y, mientras tanto, los organismos reguladores han permitido que el transatlántico continúe navegando

También está el frente judicial relacionado con el Reus CF. Laporta tuvo que declarar como investigado por una presunta estafa vinculada a la gestión del club entre 2014 y 2018. La causa investiga la desaparición de fondos aportados por inversores privados a los que se habrían prometido rentabilidades del 6% que posteriormente no se pagaron, en una investigación que afecta al entramado empresarial y profesional del actual presidente azulgrana. Un episodio que pertenece a una etapa anterior a su regreso al Barcelona, pero que inevitablemente vuelve a colocarlo bajo el foco judicial.

El Negreirato: lo indebatible y lo debatible

Y, por supuesto, está el Caso Negreira que, aunque afecta a diferentes juntas directivas, también alcanzó a Laporta por los pagos realizados durante su primera etapa presidencial, ya que fue el que los cuadriplicó. Mientras en España el paso del tiempo y los plazos de prescripción han condicionado las consecuencias deportivas, el asunto ha tenido recorrido en el ámbito europeo.

El TAS ratificó sanciones contra el Barcelona relacionadas con la consideración de determinadas operaciones de venta de activos como ingresos extraordinarios dentro de sus cuentas, en el marco del control financiero de UEFA. Una situación que vuelve a poner sobre la mesa la distancia entre la contabilidad utilizada para respirar y la realidad económica que termina apareciendo cuando llega el momento de cuadrar las cuentas.

Y aquí está quizá la cuestión más incómoda de todas: ¿cómo ha sido posible llegar hasta aquí? No estamos hablando simplemente de que el Barcelona haya realizado una operación arriesgada, o de que una venta haya salido mal. Estamos hablando de una sucesión de mecanismos que han permitido al club continuar compitiendo mientras su situación económica seguía exigiendo nuevas soluciones. Y mientras tanto, los organismos reguladores han permitido que el transatlántico continúe navegando.

Barça y Tebas no se merecen esto

La explicación puede encontrarse en la necesidad de evitar que el Barcelona se convierta en un problema sistémico para el propio fútbol español. Aplicar de manera absolutamente rígida todas las restricciones económicas habría provocado una situación deportiva y financiera de enorme gravedad para uno de los clubes más importantes del país. Así que se ha encontrado una especie de término medio: permitir determinadas operaciones, aceptar determinadas estructuras financieras y trasladar parte de las consecuencias hacia ejercicios posteriores. El problema es que esa permisividad puede terminar generando una sensación peligrosísima: la de que siempre existe una salida para Joan laporta.

Si falta dinero, se vende un activo. Si la venta no se cobra, se busca otro comprador. Si aparece un problema de límite salarial, se anticipan ingresos. Si faltan ingresos, se hipotecan los futuros. Si una operación se complica, se explica como un problema de plazos. Y si las cuentas se deterioran, siempre queda alguna nueva palanca esperando. Quizás ese sea el verdadero éxito de la ingeniería Lapuerta: haber conseguido que el problema nunca sea hoy. Siempre es mañana. El Barcelona continúa fichando, compitiendo y vendiendo una imagen de normalidad mientras acumula compromisos que alguien tendrá que afrontar. Y, mientras ese alguien no sea Joan Laporta, parece que siempre habrá vía libre desde su socio y amigo Javier Tebas Medrano.

 

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Construyendo mi Torre de Babel. Escribo cuando estoy inspirado, casi siempre, sobre fútbol.

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