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Van de Beek en el Real Madrid de Zidane

Van de Beek en el Real Madrid de Zidane

Escrito por: Soprano3515 enero, 2020
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La gota en el cristal y el limpiaparabrisas

El nuevo proyecto de Zinedine Zidane ha arrancado dejando marchar a dos de los principales jugadores -Ceballos, Llorente- que, se presuponía, debían cubrir el roster de centrocampistas del equipo blanco de cara a hacer ese relevo que algunas de las piezas de la hasta hace poco indiscutible M(odric)C(asemiro)K(roos), ya empiezan a necesitar.

Para más inri, se trata de los dos jugadores que posiblemente fuesen los más enérgicos en esa zona y que están en el punto de su carrera futbolística donde su exuberancia física es máxima, circunstancia que goza de una mayor importancia en un equipo cuyo grueso titular sigue contando con una vieja guardia en la que muchos integrantes sobrepasan los 30 años. Ante esta tesitura, a priori, parece encajar como un guante un nombre que ha destacado e impresionado este año en Europa: Donny Van de Beek.

Lo primero que llama la atención del holandés es lo mucho y bien que se mueve de forma claramente improvisada, fundiéndose tan bien con su entorno y reaccionando de forma tan fluida a los cambios y circunstancias que van sucediendo a su alrededor, que por momentos parece que responda a la ejecución de un minucioso y preciso plan elaborado de antemano, como si estuviese siguiendo un mapa mental que le indica cada movimiento a trazar con cada posible desplazamiento de piezas sobre ese tablero que vendría a ser un campo de fútbol. Y lo hace busque recibir o no. Su mucha (y buena) movilidad no responde por un afán protagonista, ni a la impaciencia de quien quiere entrar en contacto el mayor número de veces posibles, sino de aquel que quiere ayudar a su equipo en cada momento de cualquier forma posible.

Resulta realmente llamativo el control del tempo de la jugada que muestra cuando, jugando por delante de línea de balón, elige el momento de pasar de moverse a lo ancho, buscando línea de pase directa y sencilla, para empezar a hacerlo a lo largo, lo que suele generar la creación de unos espacios que amplían las posibles zonas de recepción de los compañeros cercanos, dada la obligación que su movimiento genera sobre los rivales. Primero les hace orientarse y ganarse su atención para luego tener que activarse en un modo pre-carrera que les permita no verse fuera de la jugada si al final acaban teniendo que perseguirle, que es algo que también acaba ocurriendo normalmente. En definitiva, los acaba moviendo de sitio con su movilidad, que es una cualidad que le hace tener mucha presencia en los partidos independientemente del número de veces que contacte con el balón.

Una vez le llega la pelota su utilidad decrece conforme más tiempo la tenga en su poder. No es un jugador especialmente creativo, de modo que no genera ventajas con acciones imprevisibles. Tampoco dirige ni ordena a su equipo desde el balón, aunque sí pueda contribuir a hacerlo desde el movimiento. Además, no es continuista con esa excelsa capacidad interpretativa del juego que demuestra sin el balón. Tenerla le provoca una atención extra (controlar los botes, estar pendiente de que no se le separe al conducirla, etc.) que le nubla y acaba provocando que sea rara la vez en la que cambia el sentido de la jugada mejorándola. Hecho relevante que hace que su función como centrocampista con pelota se ajuste más a la de ser un continuador que un director o gestor. Por ese motivo, en campo propio, suele aportar en salida al rival más desde el posicionamiento que desde la propia participación en el circuito.

Cabe recalcar que para ser lo grande que es, tiene una dinámica de movimientos relativamente ágiles, aventajando en esa faceta a jugadores de un perfil parecido - como Sami Kedhira-, y que, al final, resulta uno de los factores que más les limitan; no deja pasar mucho entre que le llega y está en disposición de realizar la siguiente acción teniendo, incluso, la posibilidad de girar con cierta soltura, si dispone de tiempo y espacio para ello, aunque sin generar ventajas con el contacto.

Si tiene camino abierto, puede hacer valer una conducción de balón bastante potente ganando metros con respecto a sus perseguidores y atrayendo al equipo rival hacia ella. A veces desborda. Lo hace si dispone de salidas claras a los lados antes del intento de robo, pero no precipita estos intentos a su favor a través del engaño ni posee recursos para esquivar reiniciado la carrera en otra dirección. No obstante, suele compensarlo descargando de buena manera en el momento previo a la colisión, y mostrando continuidad en la buena lectura de los movimientos y timings de las jugadas al atacar zonas de nueva recepción, de forma que lo pueda hacer en ventaja o generando una para el resto (arrastre de marcas).

Cuando esta nueva recepción se da cerca o dentro del área, su dimensión crece. Sabe cómo y en qué momento ocupar zonas de finalización con una naturalidad y agresividad que en un centrocampista no es común encontrar. Pero no es solo conocimiento. También tiene una habilidad especial para definir. En ocasiones, incluso, choca verle finalizando al recordar su golpeo en otras zonas y con otras intencionalidades. El holandés presenta un poder de determinación apabullante para ser un centrocampista. Y como es plenamente consciente de ello, carga el área desde segunda línea con suma frecuencia e intención. No es solo un caballero de hierro que embiste desde el galope, también un arquero que, cuando enfrenta la muralla rival, apunta y dispara, con efectividad, de formas distintas según la situación.

Si el equipo no tiene el balón, resulta ser roca y pegamento a la vez. Si un contrario la lleva, choca y suele ganarla. Pero aunque no lo haga en primera instancia, resulta muy complicado eliminarlo de la jugada. Si su primera intentona no tiene éxito, vuelve a entrar en ella con rapidez. Además de ser un activo importante en el robo sobre el poseedor, lo es también ganando balones divididos. Es intuitivo y tiene una capacidad para no desconectar mentalmente entre esfuerzos, lo que le hace partir de una posición de ventaja para ganar esos duelos.

Más allá de la ventaja que supone en robo directo, no es solo eso. Es un centrocampista con un potencial ideal para tirar la línea de presión alta hacia el corazón del campo rival y que, una vez allí, te permite dominar posicionalmente. Muestra un combo de capacidad interpretativa del juego que sumado a una batería de energía casi inagotable le permite sacar el máximo rendimiento a la impresionante concatenación de esfuerzos explosivos que es capaz de realizar sin mediar descanso. Su presencia tiende a empujar la salida e intentos de progresión rival hacia zonas donde él no esté, intentando esquivarlo bordeándolo.

Pero la influencia de su imponente físico no se queda ahí. Le saca bastante partido a sus 1’81 metros de altura interviniendo en el juego directo por alto, en ambos campos y áreas. Lee bien los puntos de caída del balón y mide bien cuándo atacarlo, así como sabe usar su cuerpo para ganar la posición al rival. Cuando lo consigue, la dirige bien, dándole continuidad al juego de su equipo y evitando, con frecuencia, segundas jugadas.

 

Van de Beek para Zidane

El Real Madrid de Zidane está plagado de hombres que juegan por delante de la línea de balón que, se prevé, lo harán juntos teniendo conductas excesivamente similares. Se acercan al balón priorizando el apoyo a la ruptura (Hazard, Benzema, Isco…) y son más reactivos que proactivos una vez la reciben. En este sentido, el perfil de Van de Beek resulta especialmente interesante, dotándole al ataque de ese extra de agresividad y profundidad que puede necesitar. No solo porque rompa hacia puerta cuando el Madrid logre instalarse cerca en la frontal y este nutrido grupo de atacantes busque entrar en la acción, iniciando el movimiento contrario, bajando para aproximarse al balón, sino porque su magnífica lectura de las zonas vacías y de las compensaciones que estas requieren, les permitirá abandonar la zona de recepción siendo inmediatamente poblada por Van de Beek, obligando así a los rivales a tomar más decisiones en la dotación de vigilancias y seguimiento de marcas. Lo cual dejará solos en muchas ocasiones a sus compañeros. Tendrán más espacios y tiempo para moverse. Así pues, cuando estos reciban, el movimiento del holandés puede provocar en los atacantes del Madrid lo que una gota de lluvia provoca cuando cae por un cristal de un coche al llegar a otra: que, al hacerlo, les permita moverse (más y en mejores condiciones).

Asimismo, el movimiento de Van de Beek no solo tendrá influencia directa en quienes juegan por delante, también en quienes lo hagan por detrás y a su altura. Más allá de aportar una profundidad interior que ahora mismo ningún otro centrocampista de la plantilla puede ofrecer y que vendría especialmente bien a la línea ofensiva, Modric (cada vez más por su edad), Kroos, Valverde o Casemiro son jugadores que necesitan movimientos por delante de balón para asociarse o caminos despejados para romper en conducción, para dividir así la presión obligando a los rivales a saltar sobre ellos.

Aquí la movilidad de Donny puede multiplicar las posibles salidas y ampliar zonas de recepción por delante, gracias a lo bien que lee cómo generar espacios con su movimiento llevándose consigo las marcas. O lo que es lo mismo, puede ejercer de limpiaparabrisas, al limpiar el camino, para quienes llegan por detrás suyo.

Por eso Donny Van de Beek para Zidane puede ser, al mismo tiempo, la gota en el cristal para quienes juegan por delante, y el limpiaparabrisas para quienes lo hacen por detrás.

 

*artículo de principio de temporada reflotado por el anuncio de De Telegraaf sobre el traspaso de Van De Beek al Real Madrid