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Timeo danaos et dona ferentes

Timeo danaos et dona ferentes

Escrito por: Máximo Cogollos3 marzo, 2016
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Temo a los griegos hasta cuando traen regalos”. Laocoonte pronunció esta frase hace miles de años para advertir a los troyanos y que así no aceptaran el presente de los griegos conocido como Caballo de Troya. Pues lo mismo sigo pensando desde hace unas fechas, cuando el periodismo patrio recibió con aplausos y parabienes la destitución de Rafa Benítez y el ascenso como entrenador de la primera plantilla de Zidane. Eso mismo pensé cuando el madridismo aceptó el intercambio de Paz por Honor que representó la Caída de Mourinho. Sí, he escrito madridismo y no Madrid, directiva o club. Porque aquello, para vergüenza de todos, fue una capitulación general.

Me gusta utilizar frases famosas porque, en mi opinión, nada hay más cierto que aquello de que la Historia siempre se repite. Despojada de la escenografía, cualquier situación actual tiene su propio reflejo en situaciones históricas anteriores. Después de todo, sin ningún tipo de adorno, todo se basa en lo mismo, hombres corrientes enfrentándose a situaciones extraordinarias.

Napoleón Bonaparte dijo “la vitoria tiene cien padres y la derrota es huérfana”. Nada más cierto. Veamos este momento de crisis (eterna crisis) del Madrid. Observo cómo los verdugos están prestos a buena cuenta del reo. Veo a la prensa acudir a la ejecución de su más odiado enemigo, Florentino Pérez, como esas asquerosas mujeres que aparecen en las escenas que representan a reos momentos antes de ser guillotinados. ¿Y sabéis qué? Esto es ya inevitable. Ya he visto el argumento de la película demasiadas veces. Y los malos ganan.

Veréis, contrariamente a lo que parece, las decadencias no suceden de modo repentino. Los habitantes de Europa no se acostaron un día vestidos de romanos y al día siguiente eran campesinos en plena Edad Media. Los procesos son paulatinos, los cambios son inapreciables de un día para otro. Pero son constantes y, con el paso del tiempo, el declive se va acelerando. Los que tienen mi edad saben de lo que les hablo: Sí, me refiero al tipejo que nos saluda desde el espejo cada mañana.

Viriato muerte

Hace tres años el madridismo capituló ante los medios y sus niños bonitos de la plantilla. Desde entonces todo ha sido una muerte dulce, interrumpida con un glorioso episodio de “mejoría de la muerte”, que fue el doblete de hace dos temporadas. Nadie me quitará la idea de que en esos triunfos hubo más de la filosofía inculcada por Mourinho que del buen hacer de Carlo. Hay momentos únicos en el que la decisión justa marca la diferencia entre la Gloria y la Ignominia. Sinceramente, creo que el momento "o Mou o nosotros” fue uno de ellos. Es fácil echar la culpa a un solo hombre. Fácil y cómodo. Sobre todo cuando ese hombre no somos nosotros mismos. No digo que ese hombre, Florentino, no tenga su parte proporcional de culpa. Señalo el hecho de que hubo muchos más que ayudaron a que la situación desembocara en la dimisión de Mourinho.

Me espanta el fenómeno de “adoración al Líder Supremo” porque termina derivando inevitablemente en fanatismo. Por ello no pienso que Mourinho fuera un hombre único o el mayor genio del fútbol. Creo que era un muy buen entrenador y una persona de gran intuición. No le hizo falta ser Einstein para darse cuenta de los problemas que carcomían al club. Básicamente eran una plantilla acomodada y una prensa que les facilitaba ese acomodo. El trato implícito era la protección de los acomodados mientras el Madrid sería los Washington Generals y el Barcelona los Harlem Globetrotters. Esto casaba mal con Mou porque es un triunfador arrogante y un rebelde. Él no sirve como corderito para ir al matadero. Por eso había que quitarlo de en medio. El segundo año, tras la conquista de la Liga más espectacular de la Historia, que además supuso la rendición de Guardiola, el status quo del actual sistema se tambaleó. Era un nuevo Viriato que se enfrentaba a la todopoderosa Roma. Y como sucedió con su compatriota luso, hubo que utilizar a traidores, sólo que esta vez Roma sí les pagó. La propaganda, que no información, hizo su trabajo.

Ancelotti era perfecto. Tenía una personalidad delbosquiana, manipulable y fiel a los Amos del Cotarro. Era mejor, infinitamente mejor entrenador que el Marqués, e incluso tuvo algún acto de rebeldía, como la primeriza suplencia de Casillas. Como buen italiano, que sabe reconocer a kilómetros de distancia el territorio donde manda La Camorra, rectificó y obtuvo el perdón de los mafiosos. No su apoyo, porque era una víctima colateral e inevitable para su objetivo: La Caída del Presidente. Los éxitos del primer año fueron consecuencia directa de la inercia de los años de Mou. Era un grupo ganador, con los retazos que quedaban de insumisión. Lo demás ha sido el lento y paulatino descenso al Infierno de los Mediocres, que si no existía en la obra de Dante debería de existir.

La incorporación de Benítez quizá haya sido la última posibilidad de retomar el control de la situación frente al dominio de Los Amos del Cotarro. Lamentablemente el enemigo lo teníamos en casa: los Dueños del Vestuario. Lo malo para ellos es que en esta ocasión, sin su cabecilla “El Bendecido”, Roma no piensa pagar traidores.