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La Galerna de los Faerna
El sábado lo hacemos

El sábado lo hacemos

Escrito por: Nacho Faerna28 febrero, 2019

Prácticamente todo el mundo está de acuerdo en que ayer jugamos mejor que el Barça. Como yo no entiendo de fútbol, doy por buena esa afirmación. Mi impresión, en tanto que madridista lego en la materia, es que perdimos el partido antes de jugarlo; esto es, que daba igual que jugáramos bien, mal o regular: el Barça se había vuelto del Camp Nou con un pie en la final de Copa. El primer síntoma que percibí fue precisamente al terminar ese partido de ida. El empate a uno es un buen resultado para el Madrid, decía de nuevo prácticamente todo el mundo. Un ignorante como yo no va a enmendar la plana a un montón de gente que sí que sabe de qué va esto del fútbol, así que, también para no ser tomado por gafe, no dije que a mí ese empate me daba más miedo que la nueva novia de Courtois. Eres un madridista happy, me repetí delante del espejo. No estás aquí para traer malos augurios, musité mientras me aseguraba de que mis calcetines rojos de la suerte estuvieran limpios para la gran ocasión. Por mí, que no quedara.

En el fútbol, el fútbol es muy importante, pero no es lo más importante. Los intangibles, de los que algunos se burlan porque nunca se han estremecido al leer unos versos sin rima, son los que ganan muchos partidos; diría que los partidos decisivos se ganan sobre todo con intangibles. A otros equipos eso les podrá sonar a chino, pero no al Madrid. Los noventa minuti de Juanito, el miedo escénico acuñado por Valdano o el minuto noventa y tres de Ramos apelan a intangibles, no a tácticas ni dibujos. Son palabras que meten goles, que ganan títulos. Las maldiciones son también intangibles, y cuestan goles y títulos, como aquella de que los equipos alemanes eran imbatibles. Durante años esa idea prendió y creció en nuestras cabezas y fuimos incapaces de ganar una eliminatoria a un equipo de la Bundesliga. Requirió mucho esfuerzo extirparnos esa mala hierba, pero desde entonces no volvimos a tener miedo a ningún nibelungo. ¿Se acuerdan de este otro intangible?: el Madrid sólo gana Champions en blanco y negro. ¿Dónde está ahora? Las intangibles maldiciones se combaten con intangibles conjuros. Parole, soltanto parole. Nada más, y nada menos, que palabras. Son ellas las que nos convencerán de que no hay ninguna necesidad ni fatalidad que nos obligue a perder sistemáticamente contra el Barça.

Decía que el Madrid perdió el partido antes de jugarlo no porque no pudiera ganarlo, sino porque decidió no hacerlo. Y no es que el espíritu de Bartleby se apoderara de nuestros jugadores; no me cabe duda de que preferirían haber ganado. Simplemente, decidieron no hacerlo. Parece ilógico, pero así fue. Aceptaron su destino con resignación. El destino de la costumbre. La costumbre arraigada en los últimos años de perder abultadamente contra el eterno rival en nuestro propio campo. Ya ganaremos la Champions, la cuarta consecutiva, para olvidar esta derrota. Haremos lo imposible, que lo posible está al alcance de cualquiera. Huele a Décimocuarta, sentenciamos mirando aún incrédulos el 0-3 en el marcador. Esta línea de pensamiento está instalándose