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Réquiem a destiempo

Réquiem a destiempo

Escrito por: José María Faerna7 enero, 2016

Tengo ya dicho por aquí que la cháchara de los entrenadores está tan sobrevalorada como decía Joseph Beuys que lo estaba el silencio de Duchamp. Y no solo porque, en general, de las cosas verdaderamente interesantes que podrían contar –por qué cambio a este, por qué a este otro no lo convoco, por qué al de más allá lo sigo poniendo aunque lleve una mala racha– les está vetado hablar con franqueza por razones obvias. Es casi tan raro que un entrenador diga cosas interesantes hablando de fútbol en público como que un futbolista farfulle algo medianamente articulado en los canutazos a pie de campo del final del partido (aunque aún lo es mucho más que algún periodista pregunte algo inteligente antes de esa sopa de sobre dialéctica que les dispensa el crack sudoroso de turno. Se lo tienen merecido: periodismo deportivo, pensamiento navarro, oxímoron).

Esa es una de las razones por las que Rafa Benítez me cae bien. Siempre tuvo el recto propósito de hablar de fútbol en las ruedas de prensa y la virtud de decir cosas que solían tener sentido. Al principio con ingenuidad y entusiasmo, y en los últimos tiempos con la melancolía de quien sabe que a nadie le importa un carajo lo que diga de interesante. Se admiten apuestas sobre lo que tardarán los del oxímoron en preguntarle a Zidane si Cristiano es el mejor del mundo, y cuánto, y si más o menos que él. Yo que Florentino ficharía al Doctor Bacterio y le encargaría un cristianómetro de bolsillo para regalárselo por Navidad a la prensa acreditada como detalle corporativo, así podrían medir con pie de rey el grado de adecuación y/o entusiasmo aplicado en su ditirambo por el pobre infeliz de turno en el banquillo. Ya puede cantar Krahe en bucle que “es mísero y sórdido/y aun diría tétrico/someterlo todo al sistema métrico”, que a la peña del oxímoron no la sacas del nivel concurso de mingas. A Rafa Benítez se le ocurrió responder con algo de sentido común a esa pregunta tan enjundiosa recién aterrizado en Valdebebas y le aplicaron el cristianómetro como quien pone una lavativa. Eso te pasa en el fútbol español por ser elegante, sale más a cuenta el sentido recto y lineal como un pelotazo a la grada, tipo “¿sería mucho pedir que no preguntarais gilipolleces?”.

El caso es que hace tiempo que yo me había propuesto escribir a favor de Rafa Benítez y solo es culpa de mi poca perspicacia haberlo demorado tanto que ya solo llegue al réquiem. A Rafa le olía la cabeza a pólvora desde el verano y el único atenuante que podía invocar en mi favor era mi confianza en que el club no iba a hacer esa cosa tan ordinaria de despedir al entrenador en enero, como si fuéramos un equipo de provincias. Ya se sabe que en lenguaje diplomático “sí” quiere decir “tal vez” y “tal vez” significa "nunca", y en lenguaje futbolístico “el entrenador tiene el respaldo de la junta directiva” significa que le quedan dos telediarios. Ingenuamente, yo había pensado que “tenemos un problema y trajimos al entrenador para arreglarlo: este entrenador es la solución y no el problema” significaba “tenemos un problema y trajimos al entrenador para arreglarlo: este entrenador es la solución y no el problema”, pero solo era una actualización de la semántica del sistema operativo.

Una de las cosas más amargas del caso de Rafa es que nunca ha tenido quien lo defienda. Quienes lo han hecho estos meses aplicaban una genérica solidaridad madridista, pero nunca se vio en esas defensas mucha convicción. Ahora se dice mucho que es una pena, pero que en realidad fue un error nombrarlo (de hecho, si destituyes a un entrenador en enero admites apenas implícitamente que cometiste un error trayéndolo). Yo sostengo que el error no fue traer a Benítez sino echar a Ancelotti, una cabeza que nadie había pedido. Para gustos están los sabores y los entrenadores, pero tanto uno como otro tenían capacidad profesional acreditada a la altura del banquillo del Madrid. En realidad, buena parte de ella les sobraba, porque, a diferencia de otros clubs, el Madrid pide de ellos un desempeño limitado: plantear los partidos, hacer la alineación y dirigir los entrenamientos, sin voto ni apenas voz en altas, bajas y renovaciones. No hace falta licenciarse en Políticas, leer a Marx ni abrazar el materialismo histórico para saber que si no gestionas un presupuesto pintas más bien poco. Si yo fuera un poco más listo me habría dado cuenta de que el único refrendo válido para un entrenador del Madrid puesto en la picota por el sindicato del oxímoron (vale decir, en corto, para un entrenador del Madrid) es que el presidente diga: “El mundo es un lugar incierto y poco puede decirse de su futuro. Pero hay dos cosas que sí puedo afirmar porque solo dependen de mí: una, que en septiembre seguiré siendo el presidente, y otra, que este caballero al que yo he contratado seguirá siendo el entrenador”. Aunque, bien pensado, las ciencias adelantan que es una barbaridad y para junio siempre es posible que esté lista una nueva versión del sistema operativo.

Otras tres cosas pueden tenerse por seguras, y así lo hubiera dicho Billy Wilder por boca de James Cagney desplegando dedo tras dedo: una, el Madrid de hoy tiene una plantilla tan buena o mejor que la de cualquier candidato a mejor club del momento, tres meses mágicos de 2014 no me dejarán por mentiroso; dos, estamos a cuatro puntos del líder en la Liga con toda la segunda vuelta por delante; tres, estamos en octavos de Copa de Europa. Estas tres afirmaciones son impermeables al reseteo del sistema operativo. A partir de ellas todo habría sido posible con el espíritu laborioso que Rafa Benítez traía acreditado, aunque cunda la sospecha de que quizá esa plantilla tan buena no tuviera una disposición tan industriosa como la de su ex-entrenador. A partir de ellas todo sigue siendo posible con un Zidane en la banda que tampoco gestionará presupuestos ni tendrá voto, aunque quizá si algo más de voz, en altas, bajas y renovaciones. A lo mejor el fulgor inextinguible de una volea encantada que seguirá cayendo del cielo de Glasgow por los siglos de los siglos no obra el milagro de inyectar amor por el trabajo a esa plantilla tan buena, pero le insufla buenos galones de eso que antiguamente se llamaba vergüenza torera. Soy madridista y, por tanto, propenso al optimismo. Rafa Benítez y Zizou también, por cierto, y en tiempos de turbación eso tiende a tranquilizarme.

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El mayor de los Faerna es historiador del arte y editor, ocupaciones con las que inauguró la inclinación de esta generación de la familia por las actividades elegantes y poco productivas. Para cargar la suerte, también practica el periodismo especialista en diseño y arquitectura. Su verdadera vocación es la de lateral derecho box to box, que dicen los británicos, pero solo la ejerce en sueños.

4 comentarios en: Réquiem a destiempo

  1. pues sí... absolutement d´accord

    ADIOS, RAFA

    Te echaron, Rafa. No vales dos duros.
    No supiste ,a tiempo, hincar la rodilla,
    decir que Cristiano es el que más brilla
    (aunque sólo sea ante equipos oscuros)

    Viniste al Madrid jugando a futuros
    y aquí es el presente a toda pastilla
    el decir que es todo una maravilla
    y hablar de historia o de turbios conjuros

    Llegaste cual solución a un problema
    quisiste pronto imponer tu sistema
    pero fue el SISTEMA quien se te impuso

    Viniste a sumar. Y eso es un abuso.
    Donde cada cual a su modo rema,
    pedirles correr es hablar en ruso

    http://balonalaolla.blogspot.com.es/2016/01/adios-rafa-te-echaron-rafa.html

    a mí también me dolió...)

  2. Sostener que el error fue echar a Ancelotti...hombre ganar a nuestro rival por excelencia 1 de 8 partidos con derrotas muy severas y perdiendo 2 títulos, amén del balance final de la temporada en la que no se ganó nada, pues pienso que fue un acierto necesario. Otra cosa es si fue acertado el fichaje de Benítez, creó que sí, si se hubiese limpiado ese vestuario.
    Saludos.

  3. La única defensa que tiene un técnico, son los resultados. Ese es el mejor chaleco antibalas que se inventó para los entrenadores. Tanto ganas, tanto vales.

  4. Una de las cosas importantes que debe revisar Florentino, es el discurso y la política comunicativa del Real Madrid. Un señor no puede salir a decir que el entrenador está ratificado por el club, tiene toda la confianza, es la solución y no el problema..., y a las semanas de esto, echarlo. Acabas comiéndote tus propias palabras. No hace falta mentir para no decir la verdad.

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