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Real Madrid, ¿y el fútbol?

Real Madrid, ¿y el fútbol?

Escrito por: Álvaro Pérez21 octubre, 2019
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Hace ya un par de temporadas que, tras levantar la tercera Copa de Europa consecutiva, Zidane nos dejó. Y dio las mismas razones que daba el conocido como aficionado vinagre partido tras partido de Liga de esa misma temporada. El grupo de jugadores, técnico y club normalizaron la derrota. La autodefensa y las dos Champions anteriores eran el discurso más repetido por los mismos: "no se puede ganar siempre". Esa era la explicación. Que no dejaba de ser cierta, pero también insuficiente para el Real Madrid o cualquier otro club con una estructura deportiva seria. Luego, como hemos mencionado al inicio, Zidane se fue alegando la falta de fútbol, dejando entre líneas que la plantilla ya no daba más de sí, que necesitaba cambios y que veía la necesidad de resetear.

Florentino, el club, por su parte, dejó clarísimo tras un verano pobre en fichajes, que ellos no lo veían así. Es más, dejaron marchar a Cristiano Ronaldo y se le dio el '7' a Mariano. Y sobra explicar como fue la operación Mariano con toda la historia del Sevilla y demás. Pero no es el tema. El club, eso sí, trajo a Julen Lopetegui por recomendación de Sergio Ramos y el núcleo español del vestuario, y dejaba caer que el proyecto había virado: ya no podemos fichar a los mejores del mundo, por lo que ficharíamos a los futuros mejores del mundo. Parecía que Julen y el proyecto podían casar.

Lopetegui pidió fichajes (Thiago Alcántara y Rodrigo Moreno). Futbolistas, además, muy asociados con la idea de fútbol del técnico. Piezas importantes de su Selección Española. La mejor desde aquella que ganaba, por cierto. El club, que está en todo su derecho, no le trajo ni a uno ni a otro. Thiago ni se planteó y por Rodrigo pedían una millonada. Pero tampoco trajo alternativas. Y no, no podemos contar a Mariano como alternativa de Rodrigo. Son futbolistas totalmente distintos. E insisto en que no vamos a hablar en este artículo de por qué se ficha a Mariano.

La temporada comenzó con una Supercopa ante el Atleti que perdimos. Faltó gol, pero el Real Madrid fue bastante superior al Atleti en ese partido. Como pasó en las primeras jornadas del Liga, el equipo sabía qué quería, cómo transicionar, como llegar al gol, pero si no la metían Karim Benzema o Gareth Bale, no entraba. Se empezaron a perder puntos y en el Real Madrid esto se paga. Resultadismo puro, como exige el aficionado. También estuvo el tema de Vinicius Jr. Julen Lopetegui soltó aquello de la cocción y no contó casi nada con el joven brasileño, que jugaba, como hoy Rodrygo Goes, con el Castilla. Parecía un pulso al club y al Real Madrid, si no eres José Mourinho, no le ganas. Porque seamos sinceros, el único que ha tenido plenos poderes ha sido Mourinho. Y, aun así, tuvo que irse por problemas con el vestuario.

La despedida de Lopetegui fue coronada con una reflexión repetida esta misma temporada por Florentino Pérez: tenemos no sé cuantos aspirantes al Balón de Oro, por lo que los resultados no están a la altura de la plantilla que tenemos. Y llegó Santiago Solari.

El técnico argentino hay que reconocerle valor a la hora de alinear a los jóvenes. Era evidente que, salvo Karim Benzema y, por tramos, Sergio Ramos, el resto de jugadores llamados a hacer grandes cosas no estaba a la altura. Pero, bajo este contexto, detectó que los que más desconectados estaban eran Marcelo, Isco y Gareth Bale, y por éstos entraron Reguilón, Valverde y Vinicius Jr. El Real Madrid ganó en físico y solidez defensiva. En resumen, subió el nivel competitivo. Era lógico, ya que, al menos, jugaban jugadores que se encontraban en un buen estado de forma. Luego, surgió la conexión Vinicius-Benzema y se entregó a ellos. Normal. El equipo encontró en esta pareja de ataque una vía "simple" para, por talento, agarrarse en el día a día. En Liga se normalizó la situación, aunque era demasiado tarde. Pero el techo del equipo era bajito, "conformista". Se competía porque Valverde aportó piernas, Reguilón no exponía tantísimo a Sergio Ramos y porque la ya mencionada dupla Vinicius-Benzema se encontraba en estado de gracia.

Pero llegó el momento clave de la temporada: Clásicos en Liga y Copa y una eliminatoria de Champions League contra el equipo de moda en Europa, el Ajax. Los Clásicos dictaron sentencia sobre la capacidad de determinación en ambas áreas de los dos equipos: Ter Stegen-Luis Suárez fueron demasiado para Courtois-Vinicius/Benzema. Al menos en duelo directo. Sentenciados en Liga y eliminados de Copa, quedaba la Champions. Primer partido, el de ida, en Ámsterdam. Exhibición defensiva de Sergio Ramos y acciones individuales de Vinicius Jr y Karim Benzema para ganar 1-2 en campo rival. Parecía suficiente, pero para la vuelta el equipo perdía al mejor de aquel partido, a Sergio Ramos. Y llegó la vuelta, en el Santiago Bernabéu. El FC Barcelona dejó claro el nivel de determinación en las áreas del Real Madrid. Bien, pues este partido, ante el Ajax, dejó clarísimo el techo a nivel de juego, estructural del equipo: el baño del equipo holandés fue absoluto en todos los aspectos. Jamás estuvimos cerca de competir ante un equipo que, a nivel de juego, estaba 2-3 escalones por encima. No bastaba con "meter piernas" y confiar en que Vinicius y Benzema la hicieran una y otra vez. De hecho, Vini se lesionó y el equipo se acabó derrumbando. Nos metieron cuatro y eliminados. Y Solari tuvo que irse, lo había perdido todo en una semana.

Marzo de 2019, parecía increíble, pero volvía Zidane. Deportivamente no tenía demasiado sentido, pues se marchó hacía menos de un año, dando una explicaciones y nada, con respecto a éstas, había cambiado. Pero llegó su presentación y parecía tenerlo todo clarísimo. Iban a haber cambios porque ya sabía qué tenía que cambiar. Durante sus primeros meses y hasta que acabó la temporada, sin nada ya en juego, volvieron al XI los jugadores que había sentado Solari, Isco y Marcelo. Bueno, no todos. Gareth Bale estaba sentenciadísimo por ZZ desde hacía ya bastante tiempo. Como Dani Ceballos y Marcos Llorente. Eso sí, Zidane también dio entrada a los partidos a Brahim Díaz, quien dejó muy buena imagen: desequilibrio, capacidad para jugar por ambas bandas e inteligencia y calidad para decidir dentro del área. Eso sí, el equipo siguió jugando a nada, sufriendo ante todos. Justificado o no, era injusto juzgar a Zidane por lo que pasara en aquellas jornadas de una Liga ya decidida. Eso sí, se esperaba que ya trabajara de cara a la siguiente temporada. El Real Madrid no solo necesitaba fichajes, también necesitaba trabajo táctico. Mucho trabajo. El equipo no tenía estructura defensiva, ni sabía qué hacer con el balón. Bueno, sí, dársela a Karim Benzema y a ver qué pasaba. La lesión de Vinicius nos privó del brasileño durante un mes. Y tras recuperarse, tampoco parecía Zidane tenee demasiada prisa por ponerle a jugar.

Llegó, por fin, el verano de 2019. Esperadísimo por todo el madridismo y por el propio Zidane, que tenía un nombre super clave para su sistema en la cabeza: Paul Pogba. Que hoy, viendo la importancia de Fede Valverde, podemos entender por qué quería tan ciegamente al francés. Llegaron Eden Hazard (un año tarde), Luka Jovic, Militao, Mendy (por Reguilón, ojo) y Rodrygo Goes (ya fichado con anterioridad). Salieron Dani Ceballos y Reguilón, cedidos, y se vendieron a Mateo Kovacic y Marcos Llorente. Se intentó lo mismo con Gareth Bale, James Rodríguez y Mariano, pero fue imposible. Seguramente esto último privó al Real Madrid de un intento real por Neymar Jr. Esto y que Zidane tenía claro que, por encima de todos, el prioritario era Paul Pogba. La cuestión es que el tiempo acababa, lo de Neymar era imposible y, podemos sospechar, el club tampoco tenía tan claro lo de Pogba. Que sí, que podemos decir que el United no vendía y ya está, pero se entiende que, en su momento, tampoco querían vender a Cristiano Ronaldo o David Beckham. O la Juventus al propio Zinedine Zidane.