Las mejores firmas madridistas del planeta
Inicio
Opinión
"Presidente, (no) toque la plantilla"

"Presidente, (no) toque la plantilla"

Escrito por: Pepe Kollins26 diciembre, 2017
VALORA ESTE ARTÍCULO
1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas

Por más contundente que resultase la derrota contra el Barcelona, la Liga no se perdió este sábado. A falta de dos partidos para llegar al ecuador del campeonato, la trayectoria del Real Madrid en este primer tramo de temporada ya estaba siendo muy decepcionante. De dieciséis partidos no se han ganado siete. El nivel del equipo nunca ha llegado al del curso pasado, con un especial déficit por lo que respecta a la faceta ofensiva. Pese a que en la mayoría de los partidos se ha dado una sensación de aparente control del juego y el equipo tampoco parecía sufrir –al menos en exceso– en labores defensivas, la ausencia de gol y hasta, en no pocos partidos, de ocasiones, ha resultado alarmante. Más allá de fallos puntuales o del bajo rendimiento de algunos defensores –que también se daban en años anteriores– hacía mucho tiempo que no recordábamos a un Real Madrid con tan poco desborde y pólvora.

Los números evidencian esta percepción. El año pasado, en la jornada 17 –y también con un partido menos por la disputa del Mundialito–, el equipo blanco llevaba encajados los mismos goles pero había marcado hasta quince más. Ningún aficionado hubiera dado crédito si antes de comenzar la temporada se les hubiera dicho que en la clasificación de máximos goleadores de Primera División no iba a aparecer, a estas alturas del campeonato, ningún jugador del Real Madrid entre las veinticuatro primeras posiciones, que sus tres delanteros titulares sumarían tan solo ocho goles –prácticamente la mitad, entre los tres, que el máximo goleador– o, menos aún, que les sugiriésemos que Cristiano Ronaldo llevaría una media de un gol cada 267 minutos en Liga o que la de Karim Benzema fuese de 442 minutos. Las estadísticas son de una contundencia tal que la lógica dicta, precisamente, que lo normal es la posición que ocupamos  en la clasificación.

ningún jugador del real madrid está entre las 24 primeras posiciones de la tabla de máximos goleadores de liga

Y es que aunque algunos sugieran que estos son los mismos futbolistas que vienen de ganar cinco títulos en 2017, en absoluto es así. Este verano se prescindió de James y Morata, dos jugadores que aportaron treinta goles y quince asistencias el curso pasado. Además, la plantilla se estructuró en base a Gareth Bale, como segundo jugador franquicia, sin ponderar que su historial médico era, cuando menos, inquietante y que aún estaba recuperándose de una grave lesión en el tobillo que, incluso, le había obligado a adaptar su forma de apoyar el pie. Tampoco pareció valorarse que Cristiano iba a cumplir 33 años y que Benzema apuntaba desde comienzo de año –pese a algunas exhibiciones cada vez más esporádicas– un declive en su rendimiento. La prueba de que no se tuvieron en cuenta estos factores fue que el club no fichó a nadie o simplemente cambió a Mayoral (inédito la temporada pasada en el Wolfsburgo) por Mariano (que ahora brilla en la Ligue francesa). Así que por lo que respecta a la parte ofensiva –que está siendo la principal vía de agua- hemos partido sin Bale (cuyas bajas entraban dentro de lo probable), sin Morata, sin James, con Cristiano con un año más a sus espaldas y Benzema en caída libre. Y las consecuencias son las que son.

Resultaría hipócrita por mi parte hacer excesivos reproches al club. Para empezar porque yo mismo expresé, de inicio, mi beneplácito por la confección de la plantilla escudándome, como otros muchos, en la presunción de que esta obedecería a un cambio de sistema, de tres a cuatro centrocampistas, lo cual justificaba la ausencia de algún delantero. Pero me equivoqué, como se equivocó el club, los mismos dirigentes y el mismo cuerpo técnico, por otro lado, responsables de la plantilla espectacular y compensada que el curso anterior tanto nos hizo disfrutar.

Creo, por tanto, que la planificación este verano fue un error (que yo mismo comparto) del mismo modo que creo que los responsables de la misma gozan de sobrado crédito como para que el madridismo siga confiando en ellos. No obstante, quisiera puntualizar una objeción que no responde solamente al momento actual sino que creo está referida a una tendencia que perjudica al club desde hace décadas: la creencia de que cuando algo va bien conviene no modificarlo.

Toda organización, en cualquier ámbito productivo, requiere de un componente de cambio regulador como garantía para la sostenibilidad del proyecto. Sí, la estabilidad es un elemento clave para crecer, pero difícilmente se puede consolidar algo sin hacerlo evolucionar. En un equipo de fútbol no resulta diferente. Los cambios estimulan la competencia entre jugadores, refrescan una ambición que es normal que decaiga ante la acumulación de éxitos, ofrecen alternativas diferentes ante unos rivales que se adaptan a tu modus operandi y mantienen el vitalismo de un grupo que, de no renovarse, acabara acusando el envejecimiento global de sus principales actores.

Florentino Pérez dispone de un bagaje de experiencia y conocimientos de los que yo carezco, pero se trata del mismo presidente que en el año 2006 dimitía de su cargo, lastrado por una plantilla devaluada a la que, en la rueda de prensa de su despedida, seguía calificando como “los mejores jugadores del mundo”. Y no, aquellos jugadores ya no lo eran y de ahí que tuviera que dimitir. Es probable que este verano el club no tuviera más remedio que vender a una serie de atacantes que no aceptaban un rol secundario (aunque otra posibilidad era hacerles ver que sus opciones aumentarían). Pero no incorporar a nadie en su lugar implicaba que quedabas supeditado al rendimiento de un tridente de ataque –la BBC- que daba severos síntomas de no poder mantener su nivel sin disponer de los relevos adecuados. A priori parece, nuevamente, un error de lectura en torno a las expectativas sobredimensionadas de unos héroes que, mal que le pese a algunos, también envejecen o se lesionan.

Esta dinámica de fidelidad ciega hacia el jugador legendario no es exclusiva de Florentino sino más bien de una gran parte del madridismo. Si un sector de la afición entona el “con todo lo que nos ha dado” cada vez que se sugiere el relevo de algún gran jugador que ya encara su decadencia –sin que ello tenga que privarles de su merecido reconocimiento-, los presidentes hacen su propia versión de este deje inmovilista renovando compulsivamente sus plantillas con cada serie de triunfos, sin atender al recorrido particular de cada jugador. Resulta difícil asimilar la renovación de Karim Benzema en septiembre de este año por cuatro temporadas más, como fue absolutamente incomprensible que Calderón hiciera lo propio con Raúl González en 2008.

Precisamente estas dos personas, ese mismo año, protagonizaron una anécdota, captada por la televisión, que sintetizaba esta problemática. En los actos de celebración del campeonato de Liga, frente a la entrada de la mítica discoteca Buddha –que en aquellos tiempos constituyó una segunda Valdebebas para algunos jugadores –el gran capitán le espetó a Calderón: "Presi, no toque la plantilla". Esa ha sido la norma del club desde tiempo inmemoriales. No relevar a los que han ganado hasta que certifiques, sin ningún género de dudas, que ya te privan de ganar.