Entre mis futuras opciones para ocupar los próximos años de mi vida excluyo en las páginas de este bienintencionado lugar el de pitoniso. Que conste esta intención en el acta de La Galerna, cuyo notario Bengoechea es buen amigo. Y que también lo sepan ustedes, pacientes lectores.
En cambio, creo procedente calmar los ánimos de los madridistas con una reflexión arborizada de nuestros equipos principales masculinos.
Y créanme que tenemos razones para optar por la vía optimista. Ambos tienen varias cosas en común. Por ejemplo, mantienen cierta estructura de hombres cualificados por sus éxitos, desde Vinicious, Mbappé, Bellingham y Courtois hasta Tavares, Campazzo, Deck y Andrés Feliz, cuya última campaña y el principio de la que llevamos está resultando sobresaliente.
Tampoco los fichajes han estado mal, lo que asegura lo imprescindible: la materia prima, y que me disculpen los aludidos, que sólo es una metáfora recurrente.
Me dirán que ambas plantillas tienen alguna carencia. ¿Y qué equipo no las tiene? ¿Cuál de los últimos dominadores no han visto peligrar su éxito? Acordémonos de Luis Enrique, que en unas cuantas ocasiones declara la dependencia del hilo de las circunstancias. Ambos conjuntos tienen, pues, proyecto nuevo, porque además los entrenadores también lo son.
Veteranos, meticulosos, conocedores al dedillo de su deporte, con más éxitos pasados el portugués y con más recientes Pedro Martínez, el entrenador del curso pasado en Europa, lo mires por donde lo mires. Hoy, todos quieren imitarlo.
O sea, que, por el lado del banquillo, el asunto está bien pergeñado. Así, tenemos buenos músicos y reconocidos directores, cada uno con su interpretación que coincide en ámbitos que tienen que ver con la intensidad y la defensa.
Me dirán que ambas plantillas tienen alguna carencia. ¿Y qué equipo no las tiene? ¿Cuál de los últimos dominadores no han visto peligrar su éxito?
¿Que el Madrid de fútbol defiende mal? Lo llevo oyendo desde que tengo uso de razón, y si no, recuerden angustias pasadas por encontrar un central definitivo. Pero ninguno sirvió, ni siquiera Cannavaro, por mentar al más sonado. (Aquí me han salidos dos versos con rima asonante para un romance, que podría llamarse “Romance del central”).
Y cuántas veces, a estas alturas de curso, la flagelación era una práctica habitual de la feligresía. Y cuántas veces llegó después una Liga de Campeones. Incluso, el año pasado no estuvimos tan lejos de eliminar al Bayern. El hecho es que el equipo conserva una capacidad proverbial de sorprender al rival, o sea, de enchufarle un par de golitos cuando nadie lo espera, cuando parece que la jugada no tiene el camino propio.
Así que paciencia, que los equipos requieren de un tiempo de adecuación a las nuevas peticiones de quienes los dirigen. Aunque no les voy a mentir: el equipo de fútbol es más copero que liguero, pero la competición más importante se decide en el mano a mano.
En cuanto al baloncesto, que es más lo mío, Pedro, (otra vez Pedro, lo cual, tras Ferrándiz, augura éxitos) ha tenido un gran comienzo, ganando la Supercopa de Europa de baloncesto es una Fase Final con tres de los cuatro mejores más el anfitrión – que tampoco era manco – de la temporada pasada. Pedro Martínez es conocido por su elevado índice de exigencia, y su proposición actual requiere un engranaje complejo y engrasado. Lo que vemos es prometedor y hay que sonreír cuando se materializa. Que, por ahora, sucede con frecuencia.
Anímense ustedes, que queda mucho y bien intenso para ser felices.
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Ambos conjuntos tienen la calidad suficiente para triunfar en las máximas competiciones (evidentemente, aquí no meto la MLN por razones obvias). Otra cosa es conseguirlo, que es difícil y que aquí los rivales no se chupan el dedo (incluso alguno al que todos conocemos, además de no chuparse el dedo hace cosas ilegales... constantemente)