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No soy un portanalista

Portanálisis: "Una mirada irónica sobre la prensa deportiva diaria"

No soy un portanalista

Escrito por: La Galerna18 agosto, 2017
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No soy un portanalista. Soy un tipo lleno de miserias sentado frente a un ordenador como si hoy fuese capaz de escribir algo que resolviese algo, como si fuese capaz de apuntar algo que consolase algo. Cada día me siento aquí y escribo sobre las primeras planas de la prensa deportiva como si lo que dijesen importase un ápice, como si no fuera todo hojarasca en contraste con las cosas que de verdad cuentan, la vida, la libertad, la justicia. Qué puta mierda. Qué miseria. Qué dolor. Qué asco. Qué furia. Qué sinsentido.

No puedo. No puedo seguir y apenas acabo de empezar. Qué desarmantemente insignificante es este o aquel gol, este o aquel arbitraje, este o aquel titular de prensa. Vacuidad. Ruido. Levedad sonrojante. Pensar que escribo como si importase, pensar que de hecho me importa y que a veces dedico palabras agrias o sarcásticas (el sarcasmo, valiente valentía) contra personas que seguramente creen hacerlo bien, contra personas a quienes hoy siento como hermanos, porque todo hombre es hoy mi hermano mientras no sea uno de esos hijos de puta. Relaño es mi hermano. Es mi hermano y le quiero. Piqué es mi hermano y tiemblo de rabia a su lado mientras escribe su tuit y habla de barbarie, te abrazo, Gerard, te amo.

Hay una foto de una niña que. Hay una foto de una niña.

Pedíamos que no hubiera imágenes y hacíamos bien en no pedirlas. No quería ver pero he visto y quiero gritar con mis ojos porque no tengo garganta suficiente. Comprendedme porque cada día escribo aquí un montón de mierdas engoladas y dicto sentencias sobre lo que está bien y lo que está mal de lo que hacen mis hermanos, en particular de hermanos que habitan la ciudad herida en su rambla (Cambrils también en la madrugada con noticias inciertas, con heridos) y que yo sólo quiero abrazar, extender mis brazos alrededor de Barcelona y desencajarme de dolor contigo, ciudad que amo, personas que amo, equipo de fútbol que amo.

Ahí fuera hay unos bastardos que han devastado el centro de una ciudad que amo, han sajado vidas que eran las más importantes de la historia para otros y por tanto lo eran para mí, han trepanado la parsimonia ociosa de un paseo veraniego, hedonismos de media tarde, bostezos, cervezas, existires, para convertirlo todo en una amalgama de aire y casquería. Os odio, hijos de Satanás, odio vuestros ojos de tarado y el ademán atildado con que tratáis de vestir de piedad vuestra barbarie, porque es eso, Gerard, lo clavaste esta vez: barbarie. Odio ese grito de puta libertina con el que reclamáis alguna grandeza para Alá cuando matáis, qué sabréis de Alá, qué sabréis de nada, tarados de los cojones. Alá ha pedido una excedencia en su no existir porque la ocasión lo merece para venir a deciros que sois escoria, que se avergüenza de vosotros, que micciona encima de vuestros cráneos de orate.

Y ya no puedo decir nada más porque no soy un portanalista, no soy ni siquiera eso y mira que es poco, soy casquería también sólo que bien ensamblada por el momento. Sólo soy la sombra de un hombre que quiere ser sombra, soy un aullido de horror, soy furor lacrimógeno, soy espanto.

Un beso trémulo, Barcelona, Cataluña. El beso de un hombre tan abochornado de serlo que aún cree poder emitir un dolor digno.

 

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