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Madridismo portátil

Madridismo portátil

Escrito por: Jesús Bengoechea25 octubre, 2019
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A la Ciudad de la Raqueta del encomiable Koki Martí me llegué ayer con motivo del acto de lanzamiento de la marca Dynabook, antaño Toshiba. Todo ordenador Toshiba es ahora Dynabook, es solo un cambio de marca pero el producto responde a las mismas líneas de calidad, un poco como cuando el Bernabéu cambie de nombre para seguir siendo lo mismo, cosa que pasará algún día para escándalo exclusivo de los puristas. Nadie se escandalizó ayer en la Ciudad de la Raqueta, todo lo contrario: el evento resultó sumamente disfrutable y para nada ajeno al madridismo si atendemos a la identidad de los premiados en la gala, amén de otros destacados exjugadores de la institución que no recogieron ningún premio aunque merezcan muchos.

Pedja Mijatovic y Fernando Hierro compartieron el premio a las Leyendas Blancas. Al segundo, por estado de forma y ausencia de michelines, le seguiría sentando de miedo la camiseta de jugador del equipo, al tiempo que al primero le sentaría muy bien la camiseta de director deportivo, a la diestra de JAS. Estuvieron encantadores y locuaces en la recogida de sus galardones, Pedja hablando del gol de Amsterdam y Fernando hablando del gol de Pedja. Hay que decir, en honor a la verdad, que fueron superados en desparpajo -si bien no en elegancia y apuesta presencia- por los galardonados con el premio Leyendas Atléticas, que recayó ex aequo en Luiz Pereira, Milinko Pantic y Manolo. Pantic aceptó a regañadientes (y entre risas) recibir el premio de un “vikingo” como el director de Dynabook, y después procedió a ejercer de traductor de Pereira, de quien recordó no entender nada en sus primeros tiempos en el Atleti, cuando Milinko aún no hablaba español como lo hablan los balcánicos (esto es, mucho mejor que usted y que yo pero sin artículos) y no metía cuatro goles en el mismo partido para luego perderlo (esto es, cuando aún no era del todo del Atleti).

Por cierto que Luis Miguel Beneyto me recordó la gloriosa anécdota del día en que Pereira se enfrentó a la presión ofensiva de Cruyff en el Calderón. Tras parar el balón, e indicar al holandés que se acercara con la típica señal del índice, dejó al mito azulgrana sentado en el césped con un doble regate que despertó un murmullo que aún se puede oír, si se aguza el oído, en las ruinas junto al Manzanares. Hay fantasmas a millares que aún pueblan la piedra desmantelada del recinto a la espera de su oportunidad en el Cielo, lo que les faltaba.

El premio más importante, con todo, recayó en el club-persona con más Copas de Europa del planeta: igual que hay clubes-estado hay clubes-persona, aunque puede que Paco Gento sea el único. Cualquier día alcanza al Milán en número de Champions porque las leyendas son así. Su hijo Paco, que es un hombre bueno en el buen sentido de la palabra, recogió el premio en su nombre.

El baloncesto blanco encontró cabida entre los premiados en dos grandes figuras de la historia de la sección: el extraordinario Emiliano, que habló con cautivadora falta de pretensiones, y Jorge Garbajosa, exjugador del club y actual presidente de la Federación Española de Baloncesto, a quien se condecoró en representación de los logros recientes del deporte de la canasta en nuestro país. Garbajosa nunca ha ocultado su sentimiento atlético y dijo mostrarse emocionado ante la presencia de Pereira, Pantic y Manolo. Así de grande es el madridismo, amigos: acoge en sus filas durante dos años a un atlético convicto y confeso porque tiene cosas mejores que hacer que decretar cazas de brujas contra sentimientos ajenos que nunca llegan a incomodarnos, ora porque no los podemos entender, ora porque son demasiado modestos como para servirnos de auténtica némesis. (Garbajosa, por cierto, fue precedido por una muy atinada intervención de Pedro J Ramírez, que se autonombró “telonero” del exbaloncestista como si fuera Gary Moore con Queen en Wembley 86).

Otros madridistas ilustres presentes en el acto fueron Joe Llorente, Javier García Coll, Edwin Congo, Pedro Luis Jaro y el mismísimo Miguel Porlan Chendo, a quien no pude saludar por entretenerme en exceso con unas croquetas que habrían hecho las delicias de ya saben ustedes quien. Otros que me distrajeron fueron Juanjo, de Los Secretos, y su encantadora mujer Estefanía, amén de los galernautas Ramón y Barney. Hay que dar por bien empleados a los amigos hasta cuando te distraen de saludar a Chendo, sobre todo si el despiste tiene lugar en el muy placentero ágape posterior a este muy entretenido acto de lanzamiento de Dynabook (otrora Toshiba), marca a la que también yo deseo lo mejor.