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Madrid y su Real, la puerta abierta a la concordia

Madrid y su Real, la puerta abierta a la concordia

Escrito por: Daniel Calle12 diciembre, 2018
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Hace algo más de seis años llegue a Madrid y, supongo que como cualquier joven de provincias, pisé la capital con la ilusión del que sale de casa para progresar en la vida. En Madrid estaba todo, desde los estudios hasta la esperanza de descubrir nuevos retos. Nada más llegar me enfrenté a la impresión que supone pasar de un pueblecito pequeño a la inmensidad. No era fácil.

Madrid me acogió como hace con miles de españoles que ven en la capital el lugar de unión entre todos. Madrid es el centro geográfico y sentimental, es el inicio y final de todo. Cuanto más estás en Madrid más compruebas que es una ciudad abierta a todos, sean de donde sean, tengan la cultura que tengan y la dirija quien la dirija.

No he venido aquí a contarles mi vida, que no interesa a nadie, sino a explicarles la razón por la que todos debemos sentirnos orgullosos de Madrid, una ciudad altamente preparada para cualquier evento y para cualquier situación por muy peligrosa que pueda parecer. La final de la Libertadores lo demostró. Madrid es la capital del fútbol y lo es gracias al Real Madrid, que es el principal motor de la ciudad. Y es hora de reconocerlo.

La final de la Copa Libertadores se tuvo que jugar en América, pero se vino a Europa no por el deseo irrefrenable del poder económico del fútbol (véase Tebas) o el capricho de un Florentino Pérez que cometió el delito de poner el mejor escenario posible a una situación de difícil solución. No se jugó en Buenos Aires porque unos locos lo impidieron. El fútbol es algo muy grande, pero no tan decisivo como para que te claven cristales en los ojos, para que te quedes sin respirar o para que te pongan un cuchillo al salir del estadio. Y todo eso, tristemente, ocurrió en El Monumental.

Madrid es la capital del fútbol y lo es gracias al Real Madrid, que es el principal motor de la ciudad. Y es hora de reconocerlo.

En estos tiempos de demagogia barata, hasta ofrecerse para albergar la mejor final de clubes de la historia, y encontrar así una solución que parecía no llegar nunca, era un delito. Allí donde no había paz, con dos equipos enfrentados y sin ofrecer ninguno seguridad, Madrid se presentó como una solución neutral y lógica. Estaba lejos, sí, pero España es un país hermano de la Argentina, con fuertes vínculos históricos. Y fue Madrid porque está el Real.

El club más grande de la historia no solo puso su estadio, que también, sino a todos sus trabajadores al servicio del gran espectáculo. Todos deben ser reconocidos, porque la noche de este domingo no tuvo que ser fácil. Cuando se habla del Real Madrid conviene recordar que se habla de un conjunto de personas que se ponen manos a la obra para garantizar que un partido de fútbol salga a las mil maravillas. Del primer socio, su presidente, hasta el último, pasando por trabajadores de todo tipo. Y así fue. Ni fuera ni dentro del campo hubo incidente alguno, demostrándose que Madrid es una ciudad perfecta para grandes eventos y que su Real es el mejor embajador.

El Real Madrid hizo de la dificultad oportunidad, y de la división unión. Ofrecer el Santiago Bernabéu fue un ejemplo de compromiso con el deporte y también con las aficiones que tanto espectáculo dieron durante todo el día en la capital de España. El Madrid encontró una solución y la llevó a la práctica de forma perfecta, cumpliendo la obligación que había adquirido. Es hora de reconocer la seguridad que ofrece Madrid y su Real. Ni la ciudad ni el club fallan.

Cuando ese antimadridismo se lleva las manos a la cabeza porque el Real Madrid acepta albergar una final de la Libertadores y no una de Copa, primero debería dejarse de engañar y segundo aceptar la realidad. El Santiago Bernabéu ha sido el que más finales de Copas de España ha acogido. Lo hizo en la dictadura y en la democracia, fueran cual fueran los finalistas. Recientemente recibió a las aficiones de Sevilla y Getafe, de Zaragoza y Espanyol y hasta de Deportivo de La Coruña y Atlético, que ganaron la Copa al propio Real Madrid. Lo celebraron, como no podía ser de otra forma. Y el Bernabéu aceptó que allí lo hicieran.

El problema es que si me invitas a tu casa y no solo te la destrozo sino que te insulto y me río de que me la hayas cedido, lógicamente el problema es mío, no del propietario de la casa. El madridismo, dueño del estadio, acepta todo... menos que le insulten. Conviene ya entender que el Bernabéu no se puede dejar para atacar a los símbolos que a todos nos representan, así como al propio Real Madrid. Y si no se entiende eso, no se entiende nada.

El madridismo, dueño del estadio, acepta todo... menos que le insulten.

Cuando sonaba el himno de Argentina, el Bernabéu retumbó de emoción. Lo disfrutaban los miles de argentinos que llegaron, pero también los muchísimos españoles que acudieron a ver el partido. Si hubiera sonado el de España, hubiera pasado igual. Se llama respeto. El Bernabéu es el mejor escenario, pero no traga con todo. Fiesta y fútbol sí. Ataques e insultos no. Y eso es Madrid y su Real. Eso. Y los que vinimos de fuera nos sentimos agradecidos.