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Los valores del Real Madrid

Los valores del Real Madrid

Escrito por: Manuel López26 agosto, 2019
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Seguro que en próximos días, a raíz del triste empate cosechado en el último partido liguero frente al Real Valladolid en nuestro estadio, sonarán y se escribirán numerosos artículos de opinión señalando que lo que le falta al equipo es un mediocampista (¿Pogba?), un artista (¿Neymar?) o incluso un delantero que acompañe al acertado Karim.

Todo ese debate, seguramente maridado con el calor sofocante de la tarde del sábado en Madrid, o el infortunio de la pérdida de balón de Kroos que dio lugar al gol del digno visitante en las postrimerías del encuentro, ocultarán y silenciarán lo que, a mi juicio, sucede en nuestro Club.

Nos falta, sencillamente, alma. Alma entendida como emoción, sentimiento, convicción y orgullo por la incomparable tarea de defender al Real Madrid. No me refiero, naturalmente, a gestos vacíos como besarse el escudo o manifestaciones verbales reiteradas y obsoletas., haciendo mención a la grandeza del Club, que ya la conocemos, sobre todo, los madridistas.

Nos falta, sencillamente, alma. Alma entendida como emoción, sentimiento, convicción y orgullo por la incomparable tarea de defender al Real Madrid.

Esta ausencia de alma no empieza y acaba en el terreno de juego.  Se extiende de arriba a abajo de la estructura del Club, con algunas excepciones en puestos de relevancia menor, residentes en Raúl o Álvaro Arbeloa.

No podemos permitir que prosiga el camino iniciado hace algunos años que va equiparando nuestro Club a un oscuro ministerio, en el que en lugar de profesionales orgullosos de representar al Madrid, asoman oficinistas deseando acabar su jornada para iniciar su asueto.

 

Este duro y triste análisis no es en absoluto impetuoso o irreflexivo, ni guarda relación alguna con el resultado de la última jornada del presente campeonato liguero.

Echemos la vista atrás; nuestro equipo no compite en el campeonato doméstico desde antes de la última liga ganada la temporada 2.016 – 2.017. Ese título fue un oasis en el desierto liguero, que se inició tras la exitosa victoria de la temporada 2.011 – 2.012, con Mourinho en el banco y 121 dianas en 38 partidos, más de tres goles de media por partido, récord de la historia de La Liga.

Es importante destacar que no reprocho que el equipo no gane, sino que no compite. No pelea, no se vacía en cada partido, no se ven arrebatos de furia, no enamora; nos adentramos en la puerta principal del ministerio antedicho.

no reprocho que el equipo no gane, sino que no compite. No pelea, no se vacía en cada partido, no se ven arrebatos de furia

Siendo eso grave, no es lo peor. La circunstancia más sangrante es que aun comprobando esa realidad cada jornada desde hace años, la ausencia de imputación y asignación de responsabilidades es total. ¿Recuerdan el ministerio?

Los jugadores siguen siendo los mismos (salvo, curiosamente, el mejor, causalmente el más constante en el esfuerzo y con gen un ganador perfectamente ligado al Real Madrid, que se marchó a Italia y aún seguimos sin saber el motivo), y sobre ellos, no es que se tomen decisiones coherentes con el descrédito del equipo, sino que se verifican incomprensibles renovaciones, como la de Nacho este último verano.

Pero es que tampoco el socio reacciona. Ni el abonado fiel que acude cada jornada al Bernabéu, llueve, truene o haga 35 grados a la sombra. Eso es lo verdaderamente preocupante. El año pasado se despobló el estadio, lo que demuestra la desafección  con el equipo y Club, pero no se recuerda ninguna reacción asimilable a las que se vivían unos años atrás, cuando el aficionado empapaba el césped de almohadillas grises tan duras como el ladrillo. Nada. Silencio, conversación entre los correligionarios y hasta la siguiente jornada, a la que, con probabilidad, ya no acudirán al estadio.

El año pasado se despobló el estadio, lo que demuestra la desafección  con el equipo y Club, pero no se recuerda ninguna reacción asimilable a las que se vivían unos años atrás, cuando el aficionado empapaba el césped de almohadillas

Todo ello viene provocado porque el Madrid  no muestra su esencia que le llevó a la cumbre. El esfuerzo, la ilusión y el talento. Carecemos de una imagen en el Club que muestre cabreo, indignación y vergüenza por la constante pérdida de puntos en el Bernabéu, jornada tras jornada. No se gana a ningún con equipo con resultado holgado en el campeonato liguero desde hace años, y no pasa nada. Se empata o pierde con Betis, Levante, Valladolid, Eibar, etc… y no pasa nada. Y si el repuesto a Cristiano son Mariano o Vinicius Jr. (sic), no se critica, se aplaude y la prensa afín compara a este último con los mejores. ¿Recuerdan el ministerio, en el que nadie dice al Ministro que quizás la decisión no sea la correcta?

Necesita el Madrid recuperar su alma, recuperar personas que se levanten cada mañana sabiendo que su destino es el mejor posible; trabajar para el Real Madrid. Gente que con su actitud dé ejemplo a los más influyentes y visibles: los jugadores. Hacerles ver que no se les exige victoria, sino entrega, respeto y defensa de nuestro Club, dentro y fuera del campo. Las victorias llegarán porque su calidad no se discute si portan nuestra elástica.

No puede olvidarse que el fútbol es deporte, pero el Madrid es la institución que mejor representa el esfuerzo y el talento y  es una fuente de ilusión para muchos, por lo que no puede permitirse esa reiterada y pavorosa inacción ante una senda equivocada.

Es por ello que denuncio que la solución no es si se ficha o no a Neymar. La cuestión es que se necesita gente emocionada por trabajar en y para el Real Madrid, en cualquier departamento del Club. Personas que no consientan la falta de esfuerzo y constancia, y que piensen siempre en engrandecer al Club, dejando de lado sus objetivos o egos personales.

se necesita gente emocionada por trabajar en y para el Real Madrid

Y por supuesto, jugadores. Jugadores con “sangre en el ojo”, que interioricen que ponerse la elástica blanca excluye la falta de esfuerzo, que es innegociable. Y que su objetivo es ganar desde el respeto y la competitividad. Que el empate no vale, y por ello, de manera natural, deben rebelarse en el campo contra acciones tan frecuentes como las protestas airadas de nuestros adversarios a los colegiados o las pérdidas de tiempo con el empate en el marcador, que son permanentemente ignoradas por nuestros jugadores, mientras que los aficionados nos enojamos sin poder hacer nada.

Por el bien del Club, se necesita inyección urgente de personas comprometidas, ilusionadas y decididas a no apartarnos más de nuestra esencia.