Las mejores firmas madridistas del planeta
Inicio
Opinión
La prensa y la Grada Fans

La prensa y la Grada Fans

Escrito por: Jesús Bengoechea16 noviembre, 2018
VALORA ESTE ARTÍCULO
1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas

Manuel Matamoros es mi amigo. Conviene empezar por ahí antes de tomar posiciones sobre una persona (y su obra) cuyo nombre no significa mucho para el madridismo planetario pero está sujeto a cierta polémica en el seno del madridismo madrileño. Si uno dice que su amigo es cojonudo sin empezar por confesar esa amistad, corre el riesgo de que se atribuya al afecto por el sujeto esa declaración. Confesando que le tengo en muy alta estima no desactivo la hipótesis, ya lo sé, pero al menos impido que quien la esgrima se haga el listo. Sucede además que causa y efecto juegan con frecuencia al equívoco y yo no digo que Manuel sea un hombre extraordinario porque sea mi amigo, sino que es mi amigo porque.

No solo y sí en compañía de otros, pero siendo él destacadísimo ideólogo, Manuel ha posibilitado que el Real Madrid tenga una Grada de Animación que anima, como su propio nombre indica, pero siempre bajo la premisa de la ejemplaridad. Lo hacen muy bien y nunca, nunca dan razones para el sonrojo, seas de derechas, de izquierdas o las dos cosas para tener más votos. Nadie en los medios ha ponderado suficientemente al Real Madrid por desterrar la violencia (física y conceptual) del Santiago Bernabéu, dotando al club de una animación apolítica y sana donde caben todos mientras se comporten como es debido (caben incluso quienes no siempre se comportaron como es debido pero acrediten ser capaces de hacerlo de aquí en adelante, pues no solo en la legión debe aplicarse el lema “nada importa tu vida anterior”), de manera que, igual que los medios se resisten a aplaudir a Florentino ese mérito, la más atomizada opinión del madridismo madrileño tuitero se resiste a otorgar a Manuel el reconocimiento que merece como uno de los artífices de este éxito. No todos los tuiteros que opinan sobre la cuestión social en el madridismo son así, claro. También está el que está a favor y el que no sabe no contesta, pero el que está en contra hace más ruido, un ruido no siempre ajeno al insulto que ha desaparecido del Bernabéu para refugiarse en nicks iracundos, un ruido no siempre renuente a caer en la más burda amenaza y en la intimidación.

Manuel y los suyos han sufrido eso en las redes sociales (insulto, intimidación y amenaza) más que nadie que yo conozca. Su delito es haber dejado fuera del mapa de la animación en el Bernabéu a sujetos que no hacen más que dar la razón a Manuel y a los suyos con su ominoso acoso 2.0. En su reacción al quedarse fuera dan la razón al hecho de que estén fuera, por mucho que cobardemente se escondan bajo sobrenombres y se parapeten tras fotos de aguiluchos o esqueletos. Es posible que, en este proceso de limpieza, hayan pagado algunos justos por unos cuantos pecadores. Es fácil, imagino, excederte en la criba cuando trabajas en el marco de una coacción que potencialmente (y a veces de facto, hay casos) afecta a tu integridad física. No ilustraré esta exposición con ejemplos reales para no dar ideas.

Si el madridismo madrileño tuitero ha sido injusto (y en algunos casos criminal) con la Grada de Animación, qué decir de los medios madrileños. Para dichos medios, la Grada de Animación es en lo social lo que Bale es en lo deportivo: un sujeto pasivo al que propinar patadas cuyo destinatario último es el culo de Florentino. Sucede que tanto la Grada como Bale se están hartando a ganar Copas de Europa, lo que obliga a sus detractores (los de ambos) a hilar finísimo en sus críticas. El lector más o menos avezado habrá deducido sin dificultad que donde dice “hilar finísimo” debe leerse “batir registros históricos en la emisión de sandeces y mentir sin decoro”.

En su afán por hundir la Grada (y en el afán último de hundir a Florentino) no debería extrañar pero extraña que los medios se hayan dado la mano con el madridismo madrileño tuitero más salvaje. Supongo, o más bien quiero suponer, que destacados prohombres de Prisa como Relaño o Robinson no apoyan la violencia física ni verbal per se, lo que no les ha impedido hacer guerra común con quienes preferirían un Bernabéu donde solo animasen los de siempre y en el que animaran como siempre, con las consignas políticas de siempre. Son consignas que sobre el papel no deberían gustar a Relaño o Robinson, pero uno puede -vuelvo a suponer- pasar por encima de remilgos éticos y estéticos cuando el trofeo que aguarda al final es la cabeza de nuestro hombre. Hay que corregir a Churchill: lo que hace extraños compañeros de cama no es la política (aquí debería deshacerlos), sino el ataque a la Grada de Animación del Real Madrid, ahora llamada Grada Fans.

la Grada de Animación es en lo social lo que Bale es en lo deportivo: un sujeto pasivo al que propinar patadas cuyo destinatario último es el culo de Florentino.

Primero, aunque seguro que en rigor no fue lo primero, llegaron aquellas manifestaciones despectivas de Michael Robinson respecto a la falta de espontaneidad de la Grada Fans, reforzados por editoriales de Relaño que por pura casualidad (?) coincidieron en el tiempo. La Grada, que lo hace muy bien, tiene la falta de espontaneidad que manifiesta cualquier grupo humano que sigue las indicaciones de una persona a cargo de su tarea, pues no de otro modo se anima. Hay un señor con un altavoz. Hay un jefe de columna. ¿Qué quiere Robinson que haya? ¿Un colegio Montessori donde cada niño va descubriendo por sí mismo los caminos de su creatividad? A lo mejor Robinson prefiere que cada uno cante lo que quiera y a destiempo. A lo mejor prefiere que canten cosas relativas a la cámara de gas, como pasaba antes. Aun en el supuesto de que la Grada adoleciese de falta de espontaneidad, y aun en el supuesto de que ese fuese un problema, me parece a mí que lo que su existencia ha posibilitado (y desterrado) compensaría con mucho ese inconveniente, pero qué voy a decir yo si soy florentinista y amigo de Matamoros.

Estas acusaciones, elevando al grado de gravedad lo que deberían ser cuestiones de segundo rango, a fin de tener algo que criticar, son el equivalente en lo social al golf de Bale en lo deportivo, a saber: memeces como pianos de cola esgrimidas para socavar la resistencia de la presa (la próxima y la última).

Ocurre, como decíamos antes, que cuando las acusaciones sobre cuestiones opinables se quedan inevitablemente cortas no queda otra salida que la de invención, la de acusar con mentiras, a menos que uno quiera deponer su actitud de acoso. Pero no quiere.

Así, hace ya tiempo que muchos medios, yo diría que con Prisa y Cope al frente, propenden a acusar a la Grada Fans de pitadas a determinados jugadores del Madrid que cualquier persona que haya asistido al partido habrá escuchado procedentes de diferentes zonas del campo y no desde una en concreto, no desde luego desde la Grada Fans. Manolo Lama, por ejemplo, pero sin ser el único exponente, acusó al club de orquestar a través de la Grada pitos contra Casillas, y parece obstinado en seguir una política de insidias en esa línea. Lo hizo entonces y lo hace ahora.

En el último partido de Liga en el Bernabéu, frente al Valladolid, se escucharon silbidos contra Sergio Ramos. Fueron, como siempre que el Bernabéu tiene la fea costumbre de abuchear a los suyos, manifestaciones espontáneas y dispersas de desaprobación (y de estupidez, si nos atenemos a la pírrica ayuda que para un jugador propio puede suponer el ser silbado por madridistas). Lama volvió a señalar a la Grada, y el que Manuel Matamoros compareciese esa misma noche en el programa de EsRadio de Juanma Rodríguez para negar que fueran silbidos llevados a cabo desde ese fondo por encargo del club no ha servido para que nadie se retracte. Más bien al contrario: otros periodistas siguieron la línea marcada por Lama, asumiendo como un hecho incontestable la autoría física de los abucheos por parte de la Grada Fans, así como la autoría intelectual del palco. Lo dicho: cuando la realidad es demasiado trivial como para hacer mella, solo cabe mentir. Esto, siguiendo el paralelismo deportivo con Bale, ya no es como lo del golf. Esto ya es como lo de la hernia.

Lo que yo he venido hoy a contar aquí es lo que mis oídos (estaba en ese partido y sé que la música de viento contra Ramos no venía de ese sector), mi lógica y mi información me dicen, a saber: que la gente pita espontáneamente a quien quiere y cuando quiere, que a veces esos pitos se dirigen a jugadores que constituyen (cuando juegan con la Selección española) la única posibilidad de acceso a la noticia por parte de los medios, y que cuando sucede esto último los propios medios no pierden un segundo en atribuir a la Grada Fans el ataque. El objetivo de la insidia es doble: ganar puntos de cara al jugador para el logro de eventuales entrevistas y/o primicias (defendiéndole enfáticamente) y erosionar la imagen de la propia Grada y de quien se supone que esta detrás de los silbidos: el mefistofélico Florentino Pérez. Y da igual que Manuel Matamoros aparezca en esRadio o en la CNN negando que la Grada tenga nada que ver con esa espontánea manifestación de descontento. Las cosas son como Manolo Lama dice que son y no como son, que para eso asiste a Manolo Lama el derecho a no revelar la identidad de sus fuentes, como asiste a los periodistas que le siguen en la calumnia el derecho a no revelar que su fuente es Manolo Lama.

A mí, por lo demás, me asiste el derecho a proclamar que las fuentes de Manolo Lama son inexistentes (en este tema desde luego, como mucho malicio que también en otros). También me asiste el derecho a opinar que Manuel Matamoros, con ayuda de otros, entre ellos el propio club, ha concebido y desarrollado una Grada Fans que debe ser un orgullo para el madridismo y que se dedica de hecho a tapar con sus cantos de ánimo los silbidos de otros madridistas. Incluso aquellos madridistas que parecen incapaces de enorgullecerse del palmarés reciente de su equipo deberían, al menos, llevar la frente bien alta respecto a lo logrado por su club en lo social.

Dicho esto, voy a aprovechar que estoy en Madrid para tomar una cerveza con Manuel, que para eso me precio de pocas cosas pero sí de tener el mejor gusto a la hora de elegir a mis amigos.