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Isaac Fouto no convence

Isaac Fouto no convence

Escrito por: Jesús Bengoechea13 julio, 2019
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Como editor de La Galerna, agradezco mucho a Isaac Fouto que se prestara a ser entrevistado por un medio como el nuestro, que a buen seguro no iba a plantearle un cuestionario fácil. Su disponibilidad revela tanta amabilidad como arrojo.

Ahora, tras leer la magnífica entrevista que le hace Andrés Torres, y que hoy publicamos, corresponde realizar un análisis de la misma que se deslinde de dicho agradecimiento. La gratitud no debe estar reñida con un análisis objetivo de lo que se desprende de su encuentro con Andrés, que en términos de explicaciones otorgadas es poco satisfactorio.

Son entendibles pero discutibles las razones que Fouto arguye para que Cope no denunciara la alineación indebida de Chumi en el partido copero que enfrentó al Barcelona y Levante, creando un agravio comparativo con el caso Cheryshev del Madrid ante el Cádiz. Una alineación indebida que dio con los huesos del equipo blanco fuera de la Copa gracias a la denuncia de Fouto y la Cope, suerte de la que se libró el Barça por la inacción que, por contraste con el Madrid, se ejerció en dicha cadena al tenerse noticia del asunto, o al menos en parte por dicha inacción.

Fouto insiste en que no tenían certeza suficiente de la irregularidad, pese a que contactaron con fuentes federativas, y que al no estar seguros prefirieron no dar la noticia. Se entiende pero escama.

Se entiende pero escama porque existe una desproporción entre los beneficios y las consecuencias negativas de esa extremada prudencia, que raya el exceso de celo. No hacía falta decir, una vez el balón echara a correr, “Atención porque el Barça ha cometido alineación indebida con la alineación de Chumi”. Bastaba con decir “Atención porque el Barça, aunque no lo tenemos claro, ha podido cometer alineación indebida. Investíguese”. La clave no estaba en la rotundidad sino en el timing.

De haberse expresado esa simple duda razonable durante el desarrollo del partido, se habría dejado la puerta abierta a una reacción del Levante y a la posibilidad de que el Barça pagara en efecto, en términos deportivos, por su irregularidad. Asentir días más tarde, fuera de tiempo ya para reclamaciones, a la denuncia posterior de Vicente Ruiz en El Mundo, con un pasmoso “Ya lo sabíamos” no sirve para nada por estarse ya fuera de plazo. Para nada salvo para irritar justificadamente al madridismo.

No obstante, donde verdaderamente fracasa Fouto es en su defensa del colectivo arbitral ante las escandalosas estadísticas sobre expulsiones reveladas en la propia Galerna (y antes en su cuenta de Twitter y la de MaketoLari) por Juanpa Frutos.

Durante la entrevista, Torres le da los datos ligueros de los últimos 15 años. En los últimos días han sido actualizados por Frutos, incluyendo además ahora el resto de competiciones nacionales, y resultan aún más chocantes. Pero lo que Andrés cuenta a Fouto es suficientemente elocuente, y Fouto responde a las apabullantes cifras con ejercicios de voluntarismo cuyo único argumento de base es la necesidad de creer en la bondad humana para que la existencia sea llevadera. Pero no es una cuestión de dilucidar si la gente (en este caso los árbitros) son buenas o malas personas. Es cuestión de dilucidar si pitan sin condicionantes o si, por el contrario, lo hacen mediatizados por las preferencias de sus jefes. Hay evidencias de lo segundo y Fouto no las despeja, aunque lo intente denodadamente.

En los quince años anteriores a 2004, Madrid y Barça prácticamente empataban en saldo de expulsiones. En los quince años posteriores (e introducimos ahora los datos de Frutos para todas las competiciones nacionales) el saldo pasa a ser de +77 para el Barça y de -12 para el Real Madrid. Lo que hay en medio es la reelección sorpresiva de Villar como jefe de todo el tinglado, con la inesperada ayuda de Laporta y en contra del sentido del voto inicialmente expresado. Todo es de una elocuencia máxima aunque Fouto se niegue a verlo.

Primero, Fouto trata de escudarse en el tikitaka del Barça, pero se queda planchado cuando Torres le explica que el Madrid también tiene un saldo desfavorable de expulsiones comparado con equipos objetivamente más duros y que no practican el tikitaka. El Atleti hace quinientas faltas más que el Madrid pero le expulsan al mismo número de jugadores, cosa que tampoco llama la atención de Fouto, quien lo atribuye al expertise del Atleti en el mandoble. Suponemos que tampoco le escandalizarán once goles en fuera de juego en una Liga que se decide por un punto o la ausencia de penaltis cometidos por Mascherano en cinco años de desempeño profesional en el FC Barcelona. La sensación leyendo la entrevista es que no hay dato, por sonoro que sea, capaz de hacer que Fouto se inmute porque para Fouto, por definición, los árbitros pitan sin condicionante alguno y discutir eso está muy feo. “Yo de datos no sé”, llega a alegar en un momento dado. Cabe preguntarle, con todo el respeto, si no sabe o si en realidad prefiere no saber.

“Villar ni siquiera se sabía los nombres de los árbitros”. Esta es la respuesta de Fouto para descartar la existencia de presiones espurias a los colegiados, cuando lo mollar del asunto es precisamente que no hacía falta que Villar dijera nunca nada a nadie porque el contexto ya gritaba a los cuatro vientos qué es lo que había que hacer. Bastaba con mirar alrededor. Bastaba con mirar los premios recibidos por árbitros que beneficiaban escandalosamente al Barça y los castigos (tras declaraciones públicas condenatorias de Arminio) para aquellos que ocasionalmente beneficiaran al Madrid. Villar no decía nada por la sencilla razón de que no hacía falta hacerlo. No necesitaba saberse el nombre de ningún colegiado. De su nombre y de sus eventuales “problemas familiares” ya estaba al tanto Arminio, y si ocasionalmente había que intervenir porque el sistema flaqueaba ya intervenía el vicepresidente Joan Gaspart, a la sazón persona cuya animadversión hacia el Real Madrid es pública y notoria.

“Si la conclusión de esto es que Villar le decía a un árbitro que pitara a favor de este o en contra del otro, de verdad que no”. O sea, una especie de “Esto no es lo que parece” que apela, en ausencia de nada mejor, a los buenos sentimientos. Y no dudamos que Fouto los tenga. Pero debe comprender que hay dudas razonables, capaces de sobrepasar la necesidad de creer en una imparcialidad sin mácula del colectivo.

Personalmente, no creo que los árbitros sean corruptos en el sentido estricto o literal del término, aunque estoy abierto a discusiones semánticas. Creo que entre 2004 y 2019 han ejercido su labor de manera absolutamente condicionada por un caldo de cultivo en el que primaba la certeza de que un error en contra del Barcelona (o a favor del Madrid) suponía un serio escollo en su carrera. Creo que las estadísticas de Juanpa Frutos muestran esta realidad de manera transparente, porque no hay otro modo de explicarlas. Representan una muestra estadística de 30 años que además sirve en bandeja el contraste entre los primeros 15 y los siguientes 15. Un ecuador temporal siniestro, ese de 2004, marcado por la “accidentada” reelección de Villar merced a las malas artes de sus amigos.

Los árbitros, pues, y sin que esto les exima de su responsabilidad personal, son víctimas de un contexto institucional. Probablemente no prevariquen en el sentido estricto del término, aunque vuelvo a estar abierto al matiz semántico. Simplemente, saben lo que les conviene pitar, y lo tienen tan claro que sus ojos se esfuerzan por ver aquellos que les conviene haber visto. Ningún árbitro vio nunca un penalti de Mascherano, y no lo vio porque verlo le resultaba increíblemente incómodo.

Igualmente, y sin que esto implique ninguna acusación relativa a su honestidad personal, Fouto no ve la expresividad de las cifras que le enseña Andrés porque verla resulta increíblemente incómodo para quien tiene el objetivo loable de defender al estamento arbitral. Digo loable y digo bien, aunque todo es susceptible de ser puesto en una gráfica de plausibilidad. Defender la limpieza de la competición, por ejemplo, es más plausible aún que defender a los árbitros. Hablo de defender un sistema en el cual los árbitros no tengan que pensar, en esa décima de segundo decisiva, qué es lo que les conviene y lo que no les conviene haber visto. Eso sí que es loable.

Gracias, Isaac, por tu tiempo y tu amabilidad. Ojalá algún día pueda darte las gracias también por convencerme.

Editor de La Galerna (@lagalerna_). @jesusbengoechea