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Un hombre que llora

Portanálisis: "Una mirada irónica sobre la prensa deportiva diaria"

Un hombre que llora

Escrito por: La Galerna13 julio, 2015
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Prosigue la montaña rusa de emociones a raíz de la salida de Iker Casillas. La emotividad, junto a las muy enconadas opiniones, fluyen en las filas de acólitos de los dos equipos donde jugó el cancerbero: el Real Madrid y la prensa. De igual modo que según el Evangelio (ayuda, Padre Suances) no es fácil servir a Dios y al dinero, tampoco lo es representar a la vez a esas dos entidades.

Ambas escuadras lloran a este Iker que llora, sin que falte tampoco quien llora ante la imposibilidad de poder llorar lo que debería. Es lo que tienen los adioses a los que se llega por el camino equivocado, sin que esto implique que lo erróneo del camino sea achacable a una sola de las partes, asunción que ayer condenaba Siro López en su primera colaboración en estas páginas. Gracias, Siro.

despedida iker portada marca

as portada lagrimas iker

No somos sospechosos en La Galerna de haber mantenido una postura indulgente con el Iker Casillas de los últimos tres años, ni nos hemos privado de recalcar (porque era necesario) su evidente declive y la necesidad de tomar medidas al respecto. Tampoco nos han dolido prendas en denunciar la utilización en beneficio propio -y de modo lesivo para la estabilidad del proyecto deportivo- de su estrecha relación con la prensa, así como su deficiente ejercicio (?) de la capitanía.

Nada de esto tiene que ver con el ensañamiento que las redes sociales, o buena parte de ellas, mostraron ayer -en el comentario en directo o en reflexiones posteriores- respecto a las palabras y las lágrimas de Iker en su adiós. Nos vais a permitir que hoy utilicemos esta sección, cuyo fundamento es la crítica a la prensa, para criticar a buena parte de quienes critican a la prensa.

No se ríe uno de un hombre que llora. No denigra uno a un hombre que llora. Ante el espectáculo enmudecedor de un hombre crecido roto en llanto no queda más que guardar un respeto y una distancia, sin que importen las causas por las cuales llora, sin que importe si merece nuestra compasión el relato de los hechos que le hacen llorar: lo merecen las lágrimas en sí mismas. Un hombre que llora delante de otros sucumbe de modo tan abrumador a la impudicia que constituye el llanto que merece siempre (siempre) el beneficio mínimo de poder llorar sin ser importunado: nadie cede en público a algo tan biológico por capricho. Podría llorar por impostura pero, francamente, no pensamos que sea el caso.

Por lo demás, el entender que el hombre que llora es poco ejemplar, o ha llevado a cabo actos condenables, no resta argumentos en favor de ese respeto por su llanto, sino que los añade: quién sabe si un porcentaje inasignable de sus sollozos no contendrán un margen de arrepentimiento, acaso inadvertido para él mismo.

Tras estas consideraciones para la atomizada oferta de opinión tuitera, vamos con la habitual dosis de criticismo con las grandes cabeceras. No sabemos si As cerró su redacción demasiado pronto como para no poder hacerse eco a tiempo del homenaje que finalmente sí tendrá lugar hoy en el Bernabéu (aunque todo parece sujeto a confirmación de última hora en estas fechas): el hecho es que el Diario de la Ouija hace caso omiso de la noticia, quizá por no permitir que ningún feliz acontecimiento arruine tu noticia favorita, a saber, la intrínseca mezquindad de Florentino.

Marca, por su parte, sí refleja la "reacción" del Madrid organizando a última hora el homenaje de hoy. Bien por los amigos de la hernia. Lo que no podemos aplaudir es la lágrima textual (¿podemos llamarla así?) que brota del ojo de Iker en la foto. Qué horterada, oigan. ¿A quién se le ha ocurrido? No hay ninguna contraindicación en el hecho de consignar la parte más humana de la noticia, siempre y cuando ello no haga aflorar el demonio kistch que los lugares comunes aparejan. Solo falta un corazón de Hello Kitty con la elástica vikinga. Cosas así son las que estropean cualquier intento de mostrar una emoción legítima sin despeñarse por el precipicio de lo edulcorado. Bien pensado, no obstante, es tan solo la traca final en esa mascletá de azúcar tan estomagante que han mantenido Iker y los periódicos, la misma que en gran medida ha contaminado la percepción que gran parte del madridismo tiene del portero. Nos gustaría pensar que en adelante, ahora que ya no ocupará (¿o aún sí?) los titulares de la prensa, le dejarán ser la leyenda que es sin más glucosa añadida de la imprescindible, es decir, ninguna. El grandioso mito del madridismo y del fútbol mundial que da nombre a esta publicación va por la calle con una gorra para que nadie le reconozca: el hábitat natural de la auténtica leyenda es el de la discreción.

Que te vaya muy bien, Iker. Ojalá, ahora sí, te dejen ser el emblema sobrio y tranquilo que mereces (porque con todos tus errores mereces mucho, muchísimo) representar para el madridismo. Pero atención, porque si siguen empeñados en que no lo seas -y no es descartable considerando las distintas modalidades de prensa para las que eres carnaza- tendrás que ser tú quien haga por serlo.

Y sí, lo habéis adivinado: nosotros somos esos que lloran por no poder llorar lo que deberían.