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Hay que quererles (o no)

Portanálisis: "Una mirada irónica sobre la prensa deportiva diaria"

Hay que quererles (o no)

Escrito por: La Galerna12 mayo, 2017
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Hola, queridos amigos. Prosigue la resaca de la maravillosa clasificación para Cardiff sellada en el Calderón, a pesar de que según el editorial del director de la Ouija en realidad en el Calderón ganaron los dos. Ya sabéis: el Madrid porque se clasificó y el Atleti porque ganó el partido. Nunca en la historia de la Champions League se le había dado tanta relevancia a una victoria tan fútil. El marcador de 2-1 no le sirvió de absolutamente nada al Atlético de Madrid, abochornado por la lección de fútbol deparada por su odiado rival durante 160 de los 180 minutos que duró la eliminatoria. Pero al día siguiente lo que correspondía era lo nunca visto: felicitar al que había sido eliminado porque al menos había ganado el partido. Nosotros nos sentiríamos tratados con condescendencia si nos sucediera algo así, pero en virtud de la mística del perdedor que ha construido a su alrededor el Atleti va a ser tratado con suavidad por la prensa y por la gente. Una vida donde nadie te exige nada, como si estuvieras jubilado. Eso es lo que tiene el Atleti, y todavía los hijos colchoneros preguntan a sus padres que por qué.

-¿Que por qué, hijo? ¿No ves el chollazo? ¿No ves que nos acaba de eliminar por cuarto año consecutivo nuestro rival más enconado y la prensa nos pinta como los ganadores? ¿No vez que no nos haca falta ganar, y ni siquiera competir dignamente, para instalarnos no ya en la paz mental, sino directamente en la euforia? ¿Y aún me preguntas que por qué somos del Atleti? Por comodidad, hijo, es evidente. Por comodidad.

La bellísima foto de la jugada antológica de Benzema que la Ouija nos trae hoy a su portada contrasta de tal forma con la de la víspera del partido (con el faldoncillo del Frente Atlético incluido) que parece mentira que estemos hablando de la misma publicación. Pero hoy Relaño quiere recuperar a tres o cuatro de los madridistas que, hastiados de su línea habitual, ya no hojean el As ni cuando desayunan en la barra del bar. Hoy toca un poquito de Benzema para ver si conseguimos que se olvide que anteayer desafiamos todos los récords de iniquidad del mercado blanqueando a un grupo ultra y violento que, sin duda envalentonado por nuestro apoyo y el de otros medios, causó incidentes de consideración (más de veinte heridos) contra madridistas que habían acudido a su estadio. No cuela, señor director de la Ouija. Lo de anteayer no se nos olvida. La jugada de Benzema la llevaremos los madridistas en el alma hasta el fin de nuestros días. Usted en cambio se la puede introducir por donde más convenga.

Por su parte Marca trae a su primera plana, oportunamente, al héroe de la Séptima, que se ganó a la Juve de Zidane (cómo es la vida) en choque de trenes europeos que se replicará en Cardiff el 3 de junio. Mijatovic marcó, por su significado intransferible y la refundación deportiva del club que trajo consigo, el que acaso pueda calificarse como el gol más importante de la Historia del Real Madrid. Mijatovic, a nuestro juicio y aunque llegara de la mano de Ramón Caderón, hizo un muy buen trabajo como Director Deportivo del Madrid, que haría bien en recuperarlo para su organigrama.

Pedja se muestra optimista de cara a la potencial gloria de Cardiff y nosotros también. Si perdemos esa Final, con todo, vamos a ser masacrados por la prensa más esquiva -o directamente antimadridista- que en su país de origen sufre club de élite alguno. Somos en eso ligeramente diferentes al Atleti, que tanto orgullo tiene de suspender el examen porque lo importante es presentarse, que tanto se precia de no llevarse a la chica porque la fealdad y la falta de encanto son bellas en el fondo, que tanto se jacta de palmar porque tiene en todo caso garantizado el aplauso. Nosotros no tenemos garantizado el aplauso ni cuando ganamos. Es más, sabemos que ganando vamos a cosechar más y más feroces críticas que el Atleti perdiendo. A veces dan ganas de pasar al otro lado del río para ponerse las zapatillas de andar por casa que se ponen ellos mientras señalan a nuestros zapatos de tacón de aguja y nos espetan que no tiene mérito caminar sobre ellos.

No lo pueden comprender, pero hay que quererles.

O no.