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Gracias y hasta siempre (pero la Historia continúa)

Gracias y hasta siempre (pero la Historia continúa)

Escrito por: Paul Tenorio12 julio, 2018
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(Alfredo Di Stéfano: “Ningún jugador es tan bueno como todos juntos”)

 

En verano de 2009, un Real Madrid que llevaba seis años consecutivos eliminado en octavos de final de Champions pagó 96 millones de euros por Cristiano Ronaldo. No sólo el mundo del fútbol se escandalizó, sino el planeta en general. Hasta en el Congreso se plantearon la inmoralidad y la ingeniería financiera del fichaje. Incluso el clero puso el grito en el cielo por ese Cristiano. Si levantabas una piedra, saltaban tres o cuatro economistas advirtiendo al mismísimo Florentino Pérez del lodazal contable en el que estaba sumergiendo al Madrid. Nueve años, 450 goles, 4 Champions, 4 Balones de Oro, 3 Mundiales de Clubes, 3 Supercopas de Europa, 2 Ligas, 2 Copas del Rey y 2 Supercopas de España después, Cristiano Ronaldo abandona el Real Madrid traspasado a la Juventus por 100 millones de euros. Vista con la perspectiva que da el tiempo, no puede concluirse que la operación haya resultado tan desastrosa.

Nadie podrá cubrir en varias décadas el amplio cráter que deja Cristiano Ronaldo en el área del Santiago Bernabéu. Porque se marcha no sólo el mejor goleador que ha existido desde la noche de los tiempos, lo que equivale a decir que se va uno de los tres mejores futbolistas de la historia, siendo el gol, hasta donde sabemos, la suerte suprema del fútbol. Abandona el Madrid también un profesional ejemplar y  un competidor atroz. Mitad genio mitad máquina, Cristiano Ronaldo educó, cuidó y nutrió su talento innato, porque el portugués no es sólo trabajo, como le han concedido sus críticos de forma despectiva, sino también talento. Y esto le llevó hasta límites inexplorados en el fútbol. Ha sido también Cristiano esa genética ganadora que supo inculcar al vestuario. Y hasta un corazón gigantesco, que gustaba en Navidad de regalar tablets y smartphones a los empleados más humildes del club sin hacer publicidad de ello. Con sus extravagancias, que las tenía y de todos los colores, y sus rabietas a veces un tanto infantiles. Pero la figura más grande que se ha puesto la camiseta blanca junto a Alfredo Di Stéfano. Así que no, nadie podrá ocupar su lugar a corto ni medio plazo. No existe de momento ese futbolista. Aunque sospecho que el propio Cristiano 2018/19 no habría podido suplantar al Cristiano que, durante los últimos 9 años, le dio al Madrid lo más exquisito de su carrera. Los mejores años de su vida. Y de las nuestras como madridistas.

El final tenía que llegar, y hace ya varios años que parecía no estar muy lejos. Cristiano se ha querido marchar del Real Madrid alegando una falta de cariño que no es más que un eufemismo: se va por dinero. Quería ser el mejor pagado por encima de Messi (40 millones anuales) y Neymar (37 millones anuales). En sus legítimas aspiraciones económicas,  influidas por un Barcelona hipotecado a las exigencias de Leo y también por la burbuja en la que el dinero del petróleo está encerrando al fútbol, ha influido muy posiblemente su duro encontronazo judicial con la Agencia Tributaria Española, que le va a dar un estacazo descomunal para evitarle el banquillo de los acusados y quién sabe si la cárcel. En Turín, aunque cobrará lo mismo que le ofrecía el Madrid (unos 30 millones netos anuales), encontrará una fiscalidad mucho más amable con el futbolista y el 100% de sus derechos de imagen, quizá alimentados con suculentos contratos con el grupo Fiat de la familia Agnelli. Se va a Turín a ganar más dinero, decisión respetable y muy humana.

Florentino Pérez, que ha demostrado una vez más su longitud de miras, no ha querido colmar las pretensiones económicas de un jugador legendario que le ha hecho campeón de Europa otras cuatro veces, pero que tiene más éxitos a su espalda que en el horizonte. A sus 33 años, a medio camino de los 34, Cristiano ya se dosificaba más tiempo del que pisaba a fondo el acelerador. Aunque en su máxima expresión seguía siendo imparable, en el arranque de la temporada recién concluida ya dejó entrever ciertos síntomas de desgaste y nos enseñó por primera vez su lado irrelevante. El presidente blanco, obligado por la grandeza del club que preside a aspirar permanentemente en la excelencia y forzado por los nuevos tiempos que corren a planificar el futuro con más lucidez que nunca, sabía que no podía acometer el fichaje de una estrella mundial (Neymar es la primera opción, aunque hay más) si concedía a Cristiano sus deseos. Además, entiende también como todo buen gestor que un contrato de cuatro años no se firma por lo que has hecho los últimos nueve, aunque algo influye, sino especialmente por lo que proyectas hacer en los próximos cuatro. Y ahí Cristiano se había convertido en una inversión de riesgo.

El Madrid no retiene a nadie contra su voluntad. Jamás lo ha hecho ni lo hará, nada hay más improductivo que un trabajador descontento, especialmente si es del que más esperas y al que más pagas. Y Cristiano, por su asombrosa hoja de servicios, merecía un puente de plata el día que quisiera coger el camino de salida. El club se lo ha tendido. Se habla de que está mal vendido por 100 millones de euros, cuando el pago de esa cantidad por un jugador camino de los 34 años no es sino una prueba concluyente de lo buen futbolista que es y ha sido. Además, nadie sino la Juventus puso esa cifra encima de la mesa, y con los reparos de algún directivo bianconero. Sólo Qatar o China se acercaron a las pretensiones económicas del futbolista, que no evidentemente a las deportivas. No eran una opción para un jugador que aún no quiere ni debe jubilarse. Haber pedido 200 millones por su traspaso habría sido quitar ese puente de plata y levantar un alambre de espino, y es algo que en el club no iban a permitir que sucediera por un jugador amortizado desde su primera temporada. Otra cuestión que se le ha criticado al Madrid es venderle a un rival directo, pero convendremos en que el Granada, el Southampton o el Stuttgart no eran los destinos más ilusionantes para Cristiano Ronaldo. Dadas las circunstancias, la venta es una buena operación para la entidad merengue. Por supuesto, también se compara la despedida de Cristiano con las de Iniesta o Torres, cuyos casos no tienen nada que ver porque se han marchado a un retiro dorado al no ofrecer ya rendimiento de élite. Respecto a una posible despedida en el Madrid, podría haberla tenido si hubiera anunciado en firme su decisión antes de disputar el último encuentro en el Bernabéu, pero el incendio habría sido tal que seguramente el equipo no habría acabado la temporada levantando la decimotercera Copa de Europa.

Probablemente, Cristiano, que perderá más sin el Madrid que el Madrid sin Cristiano, como siempre sucede, se ha equivocado. Podría haber encontrado un término medio con Florentino y haber seguido un par de temporadas más en el Madrid, aspirando a más ganando un poco menos. Pero para el Madrid, el divorcio sí podría haber llegado en el momento idóneo. Quizá uno o dos años antes de que se produzca el declive del jugador, que podría haber seguido dando alegrías a la afición madridista y alcanzado la cifra mágica de los 500 goles. Pero, sin duda, ha sido mejor así que si el adiós se hubiera producido uno o dos años después de que su rendimiento se desplomara.  Todos podemos intuir que Cristiano nunca hubiera aceptado de buen grado su suplencia. Ni que sus compañeros decidieran progresivamente chutar y jugar entre ellos con más frecuencia para darle a él cada vez menos el balón. Un Cristiano en decadencia podría haber provocado terremoto de dimensiones bíblicas tanto en el entorno mediático que juzga cada día al Real Madrid como en la grada del Bernabéu y en el propio vestuario.

Otra cuestión que se le ha criticado al Madrid es venderle a un rival directo, pero convendremos en que el Granada, el Southampton o el Stuttgart no eran los destinos más ilusionantes para Cristiano Ronaldo.

Nadie meterá 50 goles el próximo año en el Real Madrid. No parece demasiado aventurado asegurarlo. Pero a lo mejor sí hay dos futbolistas que puedan meter 30 y 15. Con Cristiano Ronaldo se acaba un modelo de juego donde los movimientos en fase ofensiva del equipo estaban orientados a que el portugués finalizara las jugadas. Concretamente, uno de cada tres disparos del Real Madrid en estos 9 años los efectuó Cristiano. Gareth Bale, Marco Asensio, Isco y quienes vengan asumirán más responsabilidad a la hora de buscar la portería contraria. Probablemente el Madrid será menos letal en ataque, pero también menos previsible. La pérdida es grande. Lopetegui no tendrá a su disposición al futbolista que hacía al Madrid salir 1-0 al terreno de juego, a  uno de los motivos por los que Zidane decidió irse en mayo. Porque Zidane, que es inteligente y sabe lo muchísimo que le debe a CR7, no aceptó que el club no pusiera toda la leña en el fuego por retenerle. Pero era una pérdida la de Cristiano que inexorablemente iba a llegar pronto aunque no se hubiera dado este desencuentro.

El madridismo nunca le tuvo un cariño especial para ser quien ha sido en el Madrid, es cierto. Y es la espina clavada que siempre ha tenido el 7. Son sus goles lo que se ha venerado y por los que siempre gozará de un lugar privilegiado en el club deportivo más exigente, ambicioso y exitoso del planeta, sentando a la derecha del gran Alfredo Di Stéfano y mirando desde arriba al resto de leyendas blancas. Porque fueron muchos, muchos goles. 450 veces levantó al público