
Michael Keeping fue el tercer técnico extranjero de la historia del club y el segundo inglés tras el periodo de Robert Firth en plena II República. Su llegada al club blanco se debió principalmente a la necesidad de un entrenador que manejase el concepto táctico de la WM. Por dos razones. La primera, que a partir de 1948 fue una imposición de la Federación Española, mediante circular, para que todos los equipos jugasen así en beneficio de la selección de cara al Mundial de Brasil 1950. Y la segunda, que tanto el Barça de Samitier, como el Sevilla de Encinas, o el Valencia de Pasarín lograron éxitos ligueros los años anteriores gracias a la utilización de dicha idea de juego. La apuesta por Keeping era arriesgada y no funcionó.
Alexander Edwin Michael Keeping nació en Milford on Sea (Inglaterra), el 22 de agosto de 1902, y en su etapa de jugador se desempeñaba como defensa izquierdo. Comenzó su carrera en el Milford on Sea de su localidad natal y de allí pasó al Southampton. Primero en el conjunto juvenil y luego en el primer equipo, ya con ficha profesional. Poco a poco, se fue haciendo un hueco en la zaga como defensa por el perfil izquierdo, haciendo gala de una gran velocidad, aplomo, dominio del balón y precisión en el pase al extremo de su banda.
En 1926 estuvo cerca de ser internacional, primero en el mes de febrero y luego en una gira por Canadá. Con los ‘Saints’ se mantuvo hasta 1933, cuando por un tema de falta de dinero en el club fue vendido al Fulham. En el cuadro capitalino pasó varias temporadas y jugó de forma ocasional hasta 1941, momento en el que se produjo su retirada de los terrenos de juego. Al colgar las botas se unió al negocio familiar con sede en Milford on Sea. Se trataba de un taller mecánico que había abierto su padre Fred Keeping, un antiguo ciclista que participó en los Juegos Olímpicos de Atenas de 1896, logrando una medalla de plata en la carrera de 12 horas.
Sin grandes experiencias previas en el banquillo, Mr. Keeping recibió a finales del mes de enero de 1948 la llamada del Real Madrid. El británico había realizado, eso sí, los cursos para entrenadores en la Escuela Inglesa Oficial de Preparadores. Su contrato era de un año con la posibilidad de ser prorrogado. Al aterrizar en Madrid, cayó bien a los aficionados merengues por su aspecto pintoresco, pero no hablaba español y le hacía de intérprete Barinaga, que pasó varios años en Inglaterra tras marcharse como refugiado durante la Guerra Civil junto a otros niños vascos.
Entre las primeras decisiones del inglés, se encontraba la programación de cuatro sesiones, semanales siempre que los desplazamientos lo permitiesen, y también adelantar el horario de los entrenamientos, que normalmente eran a las 11 de la mañana. El entrenador inglés era un hombre bondadoso y gracioso, que tenía una gran obsesión por la preparación física y hacía correr durante largo tiempo a los jugadores alrededor del campo. En alguna ocasión, incluso, los hacía ir al trote desde Chamartín a Cibeles. Luis Molowny declaró años después en una entrevista que si le preguntabas algo te respondía “Diguimi in inglis”. Luego, en el túnel animaba y levantaba la voz expresando un “vamos chicos. Trabajad duro todo el ‘tempo”’. Es bueno para prima, es bueno para banca”. El inglés en una de sus sugerencias llegó a pedir a Bernabéu traer un orador prepartido, un animador, a lo que máximo mandatario madridista se negó.
El motivo clave de la contratación de Mr. Keeping era que conocía a la perfección la idea de juego de la WM. Un sistema que no fue creado por Herbert Chapman, pero que el inglés perfeccionó en su etapa dorada en el Arsenal. Se trataba de una táctica con dos defensas bajando entre ellos al medio centro, mientras que los dos medios alas se centraban para rellenar su hueco y marcaban a los interiores contrarios. Arriba, los dos extremos y el delantero se mantenían adelantados. Mientras que los dos interiores componían una segunda fila para iniciar las jugadas de ataque y ayudar a contener a los atacantes rivales. La WM (los delanteros formaban la W y los defensas la M) surgió como consecuencia del cambio del fuera de juego a mediados de los años 20, que indicaba que solo era necesaria la presencia de dos jugadores entre el jugador que recibía la pelota y la línea de gol. Keeping lo implantó con celeridad en el equipo blanco, pero no terminó de dar los frutos deseados.
A principios de 1948, el Real Madrid atravesaba un mal momento, transitando por el undécimo puesto de la tabla a solo dos puntos de las posiciones de descenso. Jacinto Quincoces dejó el cargo y su segundo, Baltasar Albéniz, que se mantuvo después con Keeping, estuvo de interino durante un par de encuentros hasta una dura derrota contra el Barça. Bernabéu, la directiva y la secretaría técnica, encabezada por Hernández Coronado, buscaron una solución de urgencia porque el principal objetivo a esas alturas del campeonato era evitar estar la campaña siguiente en Segunda División.
Keeping pisó Madrid por primera vez el 28 de enero de 1948. Llegó en un vuelo procedente de Londres y nada más descender conoció a Bernabéu y a otros directivos. Sus primeras palabras fueron: “¿Dónde está el sol de España?”. Y a continuación: “¿Aquí no existe racionamiento?”. En la entrevista que le hizo Ramón Melcón para Marca, en el hotel en el que se iba a hospedar con Barinaga de traductor, también preguntó sobre el sistema de juego en el fútbol español y la labor del mediocentro. En ambas respuestas se le incidió que todavía no había uniformidad a la espera de que se estableciese por ley la WM. Respecto al mediocentro, él declaró que “debe ocuparse preferentemente de marcar. Lo interesante es encontrar el hombre que sepa adaptarse al puesto”. Avisó que tampoco pensaba hacer una “revolución que pudiera ser peligrosa para el equipo” y se extrañó de que Barinaga jugase en diversos puestos del equipo porque “los cambios no suelen dar muy buenos resultados en el rendimiento del jugador”.
El partido de la jornada 18 contra el Celta en Chamartín lo vio en el palco. No le fueron nada bien las cosas a los blancos, que cayeron de manera rotunda por 1-4. El inglés, tras ver por primera vez a los suyos, declaró que “Hay mucho tiempo por delante y soy optimista. El Madrid ha estado lento, pero me gusta su clase”. La semana siguiente inició la preparación por primera vez con un entrenamiento a las 10 de la mañana de cara al viaje a San Sebastián. La sesión consistió de cuatro vueltas a buen tren al campo, salto a la comba, un partido de baloncesto y sprints abundantes. En Atocha, contra la Real, los madridistas empataron a uno, pero según algunas crónicas, como la de Pueblo, mereció ganar. Los jugadores estaban contentos y veían mejoras.
Sin embargo, los resultados deseados no llegaban. Salvo un triunfo ante el Sevilla a domicilio, se perdió en casa contra el Gijón y fuera frente a Español y Atlético de Bilbao. En campo propio, también firmaron después tablas con Atleti y Valencia. Keeping opinaba que “no puedo emplear una varita mágica para salvar al Real Madrid” y pedía refuerzos en verano porque “habrá que reemplazar en el equipo el material viejo por uno nuevo y capacitado”. Quedaba una sola jornada y el Real Madrid tenía opciones de caer a la promoción. Visitaba el Real Oviedo el coliseo blanco y Pruden fue el héroe con dos goles para dar la salvación definitiva. El técnico inglés lograba así el objetivo, aunque avisaba que el equipo madridista solo tenía “cuatro jugadores verdaderamente profesionales: Azcárate, Pont, Ipiña y Barinaga”. De los demás, declaró que les “falta bastante para ser considerado como tales”.
La Copa, que comenzaba tras la Liga, fue más de lo mismo. Aunque la realidad es que lo importante había sido salvar la categoría, porque hubo miedo en la institución, afición y jugadores. Llegaron refuerzos como Montalvo y Pachicho, y se pasaron dos eliminatorias ante el Córdoba y el Málaga. Pero en octavos de final contra el Español de José Espada se perdieron los dos partidos. El buen sabor antes de las vacaciones fue la conquista de la Copa Eva Duarte, un precedente de la Supercopa. El 13 de junio en Chamartín derrotaron al Valencia por 3-1 con dianas de Montalvo, Macala y Chus Alonso. El entrenador británico se marchó pronto a su tierra para ponerse manos a la obra en la misión de conseguir varios refuerzos.
El Real Madrid regresó el 10 de agosto a los entrenamientos de cara al curso 1948-49. En el club existía preocupación por un rendimiento como de la campaña anterior y se lanzaron a por fichajes. Keeping recomendó y negoció con varios atacantes de la Liga inglesa, como el anglochileno Jorge Robledo del Barnsley y George Dick del Blackpool. Sin embargo, el único que llegó y que demostró no tener la categoría esperada fue el escocés John Watson, que jugaba en el Fulham. Los fichajes estrella procedían desde el Celta: Pahiño y Miguel Muñoz. También se firmó, entre otros, a Olmedo, Narro, Marcet, el guardameta Adauto y a Mariscal en noviembre, una vez iniciado el curso.
Keeping continuó moldeando la WM en el equipo, siempre traducido por Barinaga, porque seguía sin hablar español salvo algunas palabras. El inglés comenzó la temporada con cambios. En defensa la pareja formada por Clemente y Azcárate y cuatro jugadores vitales en su sistema: Muñoz, Narro, Olmedo y Barinaga. En punta, el dueño del nueve iba a ser Pahiño. Al equipo le costó arrancar, con un solo triunfo en cuatro jornadas, aunque el calendario no era sencillo, con la visita a Valencia, donde perdieron, y al recibir a Barça y Atlético de Madrid, que se llevaron ambos la victoria de Chamartín por 1-2. Sin embargo, desde la jornada 5 el equipo subió muchos enteros. Ipiña y Molowny entraron en el once y se notó. Fue uno de los mejores momentos de la etapa Keeping, con 10 partidos invicto, logrando ocho triunfos y dos empates.
El cuadro blanco iba líder, se llenaba el coliseo merengue y la gente disfrutaba con el juego y algunas goleadas. Keeping llegó a un acuerdo para renovar su contrato, que expiraba en noviembre, hasta final de temporada y se había resuelto una pequeña crisis interna entre el inglés y el secretario técnico Hernández Coronado. Las tiranteces venían sobre quién debía hacer las alineaciones, llegando a un punto en común ambos con la mediación de Bernabéu. El inglés se marchó feliz a su tierra para pasar las fechas navideñas tras el gran homenaje al capitán Ipiña, donde se ganó 5-0 al Benfica. En unas declaraciones previas, más en su lengua que en español, había afirmado que el equipo hacía “buen fútbol, aunque a veces a ráfagas” y que siempre era “cosa buena los goles”. Antes de volver a la capital de España, en los primeros días del nuevo año, hizo una escala en Copenhague para negociar el fichaje de la figura danesa Carl Aage Praest, que no se llegó a consumar por cuestiones económicas.
La vuelta del parón navideño no fue la deseada, al caer en la visita a Les Corts de la jornada 14 por 3-1, pero las victorias posteriores ante el Valencia, el Atleti en el Metropolitano y el Atlético de Bilbao en Chamartín enderezaron la situación, y colocaron a los madridistas líderes con dos puntos por encima del Barça. Los entrenamientos del inglés eran feroces, como reconoció en una ocasión Macala: “El que más palizas nos ha pegado ha sido Keeping. En los años que llevo yo con él he corrido más que en toda mi vida”. Las sesiones tenían mucha carga física e intensidad, y estaban dando resultado. Después, una derrota en Valladolid y un triunfo con el Sevilla, hasta que hubo una desconexión fatal. La plantilla pareció quemada, aburrida y saturada. Algunos lo achacaron al alto ritmo que pedía Mr. Keeping en los partidos y las sesiones de entrenamiento.
El Real Madrid se vino abajo y se dejó prácticamente todas sus opciones ligueras con una racha negativa de tres partidos. Primero, se perdió en Sarriá, luego ante el Real Oviedo y por último en Balaídos. En el choque ante el Celta el técnico inglés, desesperado por cambiar el rumbo, hizo debutar oficialmente a Watson. El escocés no dio la talla y decepcionó. También fue un partido con mala fortuna por la lesión del arquero Bañón, que obligó a ponerse bajo palos primero a Macala unos minutos, y luego la segunda mitad completa a Barinaga. El equipo bajó al tercer puesto de la tabla y, pese a ganar al Depor y el Gimnástico de Tarragona y empatar con el Alcoyano, ya no logró alcanzar al Barça ni superar al Valencia, que concluyó como subcampeón. Míster Keeping, al que le gustaba hablar del juego con los periodistas en compañía de Hernández Coronado, achacó algunos malos resultados a que se hacía “mucho juego personal, con pases imprecisos, retención de la pelota y así se malogran oportunidades”.
La directiva, pese al chasco en el final del campeonato, quedó satisfecha con Keeping y su labor en su primera temporada completa en la casa blanca. Para continuar con su proyecto, le ofreció la renovación por dos años más y el británico firmó. Se quería así dar también un estímulo para la Copa, que comenzaba en unos días. El inglés fue entrevistado por el Semanario Gráfico de los Deportes de Marca, manifestando que “me quedaré dos años más en este Club, al que creo (y le hablo con una experiencia dilatada en el fútbol europeo) un Club modelo, sencillamente”. No descartó gestiones para fichar ingleses en verano: “Si pudiera ser, no lo dude usted, volvería con dos, tres jugadores ingleses. Ingleses, o de donde los haya, y todo lo buenos que el Madrid requiere…”. Por último, se mostró contento con sus muchachos: “Sí, señor. Creo que es sensible en ellos una gran diferencia y nada tengo que reprocharles de su disciplina. Ya sabe usted los dos lemas en que apoyo mi enseñanza: el fútbol es noventa minutos de ardua concentración y un profesional no es un hombre como los demás. Querría que estas dos máximas se les metieran tan dentro, tan dentro, que jamás la olvidaran”.
En el torneo del KO, el plantel no pudo recuperar el ánimo bajo tras lo acaecido en el final de Liga y el Atlético de Bilbao apeó a los blancos a las primeras de cambio. Dos empates en Chamartín y San Mamés obligaron a un encuentro de desempate en Les Corts que tuvo color vasco. Dos tantos de Zarra y uno de Venancio despidieron a Bañón en su último encuentro oficial como merengue unas semanas antes de caer enfermo por una dolencia en la pleura. El último encuentro del curso fue la celebración de la IV edición del Trofeo Teresa Herrera, que conquistó el cuadro madridista al vencer por 2-1 al Racing de París en Riazor. Keeping, que a finales de mayo tras caer en la Copa regresó a Inglaterra, no viajó con el resto de la expedición, encabezada por Santiago Bernabéu, y el encuentro desde el banquillo lo dirigió su segundo Albéniz.
La pretemporada del curso 1949-50 dio el pistoletazo de salida para la plantilla blanca el 11 de agosto. No se trajo ningún refuerzo de Inglaterra y las principales novedades fueron las del portero vasco Juanito Alonso y ‘Fifo’ Navarro. También se incorporaron Toni del Sabadell (al igual que Navarro), el defensa García y Cabrera, que volvió del Málaga. Entre las bajas, varios nombres reseñables como Ipiña, que había colgado las botas, Chus Alonso y el escocés Watson que no había dado la talla. Se esperaba a Bañón para octubre, pero con el paso de las semanas se certificó lo grave de su enfermedad para seguir en activo.
Fue una campaña con cambios en lo que a las decisiones de la parcela técnica se refiere, porque se le limitaron algunas atribuciones al técnico inglés en beneficio de Hernández Coronado. Una de ellas fue la sorprendente idea de hacer dos equipos, uno para actuar en Chamartín y otro a domicilio. El A lo forman Adauto; Clement, Pont; Mariscal, Muñoz, Narro; Macala, Olmedo, Pahiño, Toni y Arsuaga y el B Adauto; Azcárate, García, Barinaga, Muñoz, Juanco; Soto, Toni, Marcet, Montalvo y Cabrera.
Se forjaron importantes ilusiones de cara al nuevo año futbolístico después de que hubiera grandes opciones de ganar la Liga previa. El campeonato pintaba blanco hasta otro desvanecimiento en la segunda vuelta. El equipo ganó con el equipo A ante el Sevilla, pero cayó con rotundidad por 3-0 en Riazor y la idea de Coronado se dio por terminada. En uno de los mejores partidos de la era Keeping, se goleó al Barça por 6-1, con tres goles de Pahiño. Fue el primer partido que tuvo a Albéniz ocupando el cargo oficial de primer técnico. La razón fue que al inglés se le había quitado la licencia tras no acudir a unos cursillos de entrenador que organizó la Federación en Burgos.
El equipo marchaba por la Liga con puño de hierro, apabullando también al Real Oviedo y al Atlético de Madrid en Chamartín. Fuera costaba más ganar, pero con la media inglesa de victoria en casa y empate en la carretera se iban sumando puntos importantes. El club blanco había visitado Gibraltar para un amistoso en octubre y Mr. Keeping fue entrevistado por el Gibraltar Chronicle. El técnico inglés afirmaba que “el Real Madrid es el mejor Club del mundo”. También se mostró sorprendido cuando llegó a España al ver la “afición tan enorme que existía por el fútbol”. En su opinión “está organizado muy bien en todos sus aspectos” y cuando sus amigos del Fulham visitaron el año anterior Chamartín le dijeron que “era el más bonito y mejor estadio de cuantos conocían”. Por último, respecto al presente curso, se manifestaba confiado en “ganar la Liga y la Copa”.
Antes del inicio de la segunda parte del campeonato, a principios de 1950, el inglés acudió acompañado de un intérprete al nuevo cursillo de entrenadores organizado en Madrid para poner de nuevo en orden su licencia. Mientras tanto, su equipo comenzó dubitativo, con solo una victoria en Les Corts en cinco jornadas. Pese a ello, mantuvo el primer lugar tras perder en Oviedo y el Metropolitano, empatar contra el Valencia y sacar una victoria por la mínima en Málaga. En la jornada 22, el equipo merengue visitó Balaídos en un partido clave por el liderato. Los dos equipos sumaban 26 puntos y el triunfo vigués por 5-2 hundió a los madridistas. El técnico inglés, sin embargo, continuaba teniendo fe: “Pensamos ganar los cuatro partidos que faltan”. Sin embargo, tras un empate con el Español y una rotunda derrota por 6-2 en Bilbao, la Liga se escapó definitivamente. En apenas tres semanas se pasó de ser primeros igualados con el Celta a la sexta posición. Las últimas dos jornadas, ganando al Gimnástico de Tarragona y al Real Valladolid solo sirvieron para terminar cuartos en la tabla en una Liga con color colchonero. De nuevo el cuadro dirigido por Keeping pinchó al final.
La Copa se encajó como se pudo porque la selección debía viajar a Brasil para disputar el Mundial. En primera ronda, el Nástic no fue rival, principalmente en Tarragona, y en cuartos se hizo lo más difícil, que era ganar al vigente campeón de Liga. Un pletórico 6-3 en Chamartín demostró el poderío blanco en casa pese a la baja de Pahiño. Molowny y Macala. Con un doblete cada uno hicieron olvidar al gallego. Keeping se mostró “muy satisfecho. Buen partido. Gran fútbol y bonitos goles. Todo el equipo muy bien. El primer tiempo, excelente. La segunda parte, mala suerte para hacer goles. Hemos debido sacar cinco goles de diferencia”. En la vuelta, en el Metropolitano, se aguantó el empuje inicial de los rojiblancos en la derrota por 1-0. En semifinales, se infravaloró al Real Valladolid, al que se había goleado en la última jornada de Liga por 1-4. En el feudo blanco, Montalvo tiró un penalti fuera y los de Pucela se marcharon felices con un empate a dos. En el campo de Zorrilla, los merengues no lograron conseguir el mismo resultado liguero y tras perder por 3-1 el Real Madrid terminaba otra campaña sin títulos.
En cuanto a los partidos amistosos internacionales, hubo buena cosecha e incluso notable nivel de juego en los triunfos ante la selección mexicana por 7-1, Racing de Avellaneda por 5-1 y San Lorenzo de Almagro por la mínima. El último choque fue ante el Hungaria en junio. Un equipo formado por jugadores huidos de la dictadura comunista en Hungría y que estaban exiliados en Italia. En ese equipo figuraba Ladislao Kubala, que dejó muestras de su calidad y marcó dos tantos. El Real Madrid venció por 4-2 y Bernabéu pensó en incorporar a la estrella magiar. Sin embargo, las negociaciones no cuajaron por varios aspectos, uno de ellos, que el jugador pidió a su cuñado Daucik como entrenador. El club blanco rechazó la opción porque tenía a Mr. Keeping con contrato y Kubala acabaría días después en Barcelona.
El entrenador inglés no contaba con demasiada aprobación en el vestuario, a tenor de una publicación en el diario Imperio. El periódico había entrevistado a varios jugadores madridistas antes de empezar la Copa, aunque sin dar sus nombres. Uno de ellos, con el status de internacional, manifestó que “nos mata con sus entrenamientos. Cuando nos entrena Albéniz rendimos mucho más”. Añadía que “si el Madrid tiene la suerte de que al míster lo entretengan en Gibraltar, puede ser campeón de Copa”. Por último, un ruego: “¡Por lo que más quiera! No se le ocurra decir que tengo agujetas de tanto dar vueltas al campo. Lo leería el míster, y mañana me doblaría la ración de carreras en castigo”. Otro de ellos le dio la razón: “Mr. Keeping es un inglés que todo lo arregla con vueltas al campo. Que un jugador tiene que coger fondo: diez vueltas al campo. Que acaba de pasar unas anginas: cinco vueltas al campo. Que hay que dar mayor rapidez al equipo: siete vueltas al campo. ¡Nos marea!”. Un tercero lo criticó por el idioma: “No hay quien le entienda. Ha dicho que el que quiera entenderle que aprenda inglés, porque él no piensa aprender español”. Sobre el rumor de que le estaban preparando la cuenta en la entidad blanca, el cuarto y último de ellos respondió: “¡Ya era hora!”.
En el club, durante el verano, aguantaron a Keeping, al que le quedaba un año de contrato, y el inglés se presentó a los entrenamientos de cara a la temporada 1950-51. Sin embargo, cada vez había menos confianza en su trabajo y apenas duró un par de meses en el cargo. El comienzo liguero fue una auténtica montaña rusa con goleadas a favor y también en contra. Prácticamente no hubo algo intermedio. En el debut, los blancos vencieron por 6-2 al Español y una semana después recibieron en contra el mismo resultado en Atocha. En la jornada 3, contra el Barça, fue peor. Un 7-2 demoledor. Keeping habló en un correcto español para Mundo Deportivo: “Muy bien la delantera del Barcelona. Sus jugadores pasan corto y raso y con balón sin efecto, para ser bien controlado. Y tiran bien a gol. No le marcarán otros equipos siete goles al Madrid”.
El equipo recuperó el aliento con las victorias ante el Valencia por 3-2, el Lleida por 1-6 y el Alcoyano por 7-0. Hasta que llegó la visita a Riazor. Los gallegos apabullaron a los blancos por 5-0 el 22 de octubre. La derrota y unas declaraciones del británico afirmando que él no preparaba al equipo, y que molestaron a Hernández Coronado, le dejaron en la cuerda floja. Se le apartó momentáneamente de la dirección y se le mandó a Vigo hasta que el club tomase una determinación sobre su futuro inmediato. En la ciudad gallega su función fue realizar unas gestiones sobre unos jugadores que pensaba el Madrid incorporar la campaña siguiente. Su despido, finalmente, se hizo oficial nueve días más tarde del partido en La Coruña. Su bagaje final resultó decepcionante, al no cumplir con lo que se esperaba de él.
Su carrera posterior discurrió principalmente por los Países Bajos, teniendo un cargo directivo en el H.B.S y entrenando al Heracles Almelo. También tuvo un breve paso a comienzos de los años 60 por el Poole Town inglés, renunciando más tarde por motivos familiares.
Falleció a los 81 años el 28 de marzo de 1984.
Fotografías: archivo de Alberto Cosín
Capítulos anteriores:
1.- Entrenadores del Real Madrid: Mr. Firth
2.- Entrenadores del Real Madrid (II): Kinké
3.- Entrenadores del Real Madrid (III): Berraondo
4.- Entrenadores del Real Madrid (IV): Quincoces
5.- Entrenadores del Real Madrid (V): Quirante
6.- Entrenadores del Real Madrid (VI): Albéniz
7.- Entrenadores del Real Madrid (VII): Fernández
8.- Entrenadores del Real Madrid (VIII): Cárcer
9.- Entrenadores del Real Madrid (IX): Fleitas Solich
10.- Entrenadores del Real Madrid (X): Ipiña
11.- Entrenadores del Real Madrid (XI): Encinas
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