Verano de 1978. Restaurante del hotel Arcipreste de Hita. Hipólito Rincón, de 21 años, que acababa de fichar por el Madrid procedente del Recreativo de Huelva, es el primero en aparecer en el salón donde se celebra la cena posterior a la presentación del equipo, así que no lo piensa y se sienta en una silla al azar. Será la última vez que lo haga. Juanito, el siguiente en aparecer, no duda en acercarse y le dice: “Pero vamos a ver, ¿tú te has sentado alguna vez aquí? Si no te has sentado ninguna vez aquí y no has venido nunca, ahora te vas atrás y, donde se quede libre, ese será tu sitio respetado por todos los demás”.
Mismas fechas de 2019. El Real Madrid es vapuleado por el Bayern de Múnich en un amistoso (3-0) cuando Rodrygo, que disputa sus primeros minutos de blanco, anota un golazo de falta que no duda en celebrar. Tampoco habrá siguiente ocasión. Nacho, Marcelo y alguno más, al finalizar el partido, le trasladarán al joven brasileño una enseñanza que se le quedará grabada para siempre: “En el Madrid, cuando se va por detrás en el marcador, no se celebran los goles. Se coge la pelota rápido y a por el siguiente”.
Dos protagonistas diferentes, dos vestuarios antagónicos, dos épocas totalmente incomparables. Pero el mismo espíritu y los mismos valores asociados al Madrid: educación, respeto, disciplina, ambición por la victoria.
La fidelidad no se mide por el número de besos al escudo, gesto cada vez más sospechoso, sino por asumir su historia, no salirte de sus ritmos y su exigencia, y abandonar cualquier pretensión de imponer tus propias reglas. Nadie, y parece mentira que haya que recordarlo, le hace ningún favor a la institución jugando en el Real Madrid. Es al revés. Siempre y sin ningún género de dudas.
Sospechamos que la conversión de las megaestrellas en empresas puede causar algún nublado de mente o malentendido en algunos, pero ahí deberían de estar primero los compañeros, después el entrenador y, finalmente y si los cortafuegos anteriores no han funcionado, el propio club para recordarlo. Porque, si no, el malestar traspasa el césped y llega a la grada, inflamable como pocas veces después de dos años hambrienta de títulos y empachada de vanidades, faltas de actitud y escaso respecto por el escudo.
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Courtois y Bellingham son los jugadores que veo yo para mandar ahí ahora mismo, aunque Bellingham no lleve mucho tiempo, que la antigüedad en el Madrid siempre ha sido importante para la capitanía y ser los líderes históricamente.