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Así se construye un relato

Así se construye un relato

Escrito por: Antonio Vázquez3 julio, 2020
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Una de las críticas más recurrentes del antimadridismo es la omnipresencia mediática del club más laureado de Europa. Es bastante probable que a todos y cada uno de nuestros lectores alguien, durante una discusión futbolística, le haya escupido el argumento de que en la prensa sólo se habla del Madrid como una de las grandes prebendas de nuestro equipo. No pretendo negar esta afirmación, o al menos la primera parte de la misma. Cierto es que en internet, radio y televisión, la cuota de protagonismo blanco es muy superior a la de cualquiera de sus rivales. Lo que es totalmente cuestionable es que esta sobreexposición en los medios de comunicación sea beneficiosa para los intereses del club. Más bien ocurre justo lo contrario. El caudal de información y, sobre todo, de opinión que se vierte diariamente en la prensa deportiva sobre el Real Madrid es descomunal, pero no hay que olvidar el nimio detalle de que gran parte de esta corriente se dedica a cultivar una crítica feroz hacia todo y todos los que tengan que ver con el 13 veces campeón de Europa. En realidad, es una práctica muy sencilla y fácilmente detectable. Consiste en recalcar que en el Madrid, pase lo que pase, todo está mal. Esta práctica se aplica en exclusiva con el equipo blanco, no ocurre lo mismo con cualquiera de sus rivales, por más que se les quiera equiparar en importancia deportiva o institucional.

Pongamos algunos ejemplos prácticos para evidenciar mejor la existencia del relato mediático imperante para menoscabar el prestigio del Real Madrid. Por ejemplo, ¿alguien recuerda una retransmisión deportiva a nivel nacional en la que un equipo o seleccionado español estuviera enfrentándose a un rival extranjero y hubiera un error arbitral que favoreciera los intereses de la escuadra española que generara indignación? Lo normal, aunque cuestionable desde el punto de vista ético, es que suceda lo opuesto. Narradores y comentaristas se jactan sin ambages del beneficio producido por un fallo del colegiado. La excepcionalidad sólo llega cuando esa escuadra española viste de blanco, tiene un escudo redondito con una corona en el pecho y muchas Copas de Europa a buen recaudo en sus vitrinas. Encontrar muestras para corroborarlo es sencillo, pero el pico de obscenidad quizás se alcanzó en la eliminatoria de Champions contra la Juventus del año pasado, y el ya celebre penalti de Benatia a Lucas Vázquez que evitó la prórroga. Aquello se catalogó de inmediato de “escándalo mundial”, como si la infracción no fuera evidente y no tuviéramos aún en el recuerdo verdaderos escándalos arbitrales considerados a nivel mediático como grandes hazañas deportivas.

El supuesto trato de favor arbitral hacia el Real Madrid es una fuente inagotable de la que bebe el periodismo deportivo nacional. El ‘modus operandi’ en este caso viene a ser el siguiente: las decisiones que benefician a los blancos se discuten hasta la extenuación, las que le perjudican o benefician a sus rivales se obvian o tratan muy de pasada y si el gran beneficiado es el F.C. Barcelona, el principal rival, siempre cabe el recurso de recurrir al viejo “los equipos grandes no se pueden quejar de los árbitros”. Que existan inapelables datos históricos que refuten la teoría de la ventaja arbitral madridista no impide que el mensaje cale y sea un mantra para los antimadridistas. El monstruo ha crecido, muy bien alimentado, y hoy en día incluso se catalogan como robos decisiones dudosas o directamente correctas, si estas son a favor del Madrid. En este mundo fantástico que poco tiene que envidiar al de los elfos, los orcos y los enanos que creó Tolkien, un equipo que ha ganado dos de las últimas once ligas es al que más ayudan los árbitros. Mientras, el que se ha adjudicado ocho triunfos en ese mismo periodo, con temporadas completas sin sufrir una sola expulsión y disfrutando de saldos favorables de penaltis o tarjetas rojas imposibles de explicar desde cualquier tipo de análisis estadístico es el que se pone la etiqueta de perjudicado.

Lo asombroso de esta corriente de opinión adversa es que no hace concesiones ni ante actos honorables, a los que cuesta encontrar mácula. Recordemos aquellos reproches por carecer de un equipo de fútbol femenino, incrementados cuando se decidió tener uno. O la reacción habitual ante numerosas muestras de solidaridad en diferentes crisis sanitarias. Sin ir más lejos, durante la pandemia que todavía sufrimos. El Madrid, de una forma que considero bastante elegante, donó una gran cantidad de dinero y puso sus instalaciones a la disposición de las autoridades. Es decir, prestó ayuda cuando la ciudad y la región más lo necesitaba y el gesto trascendió porque así lo quiso la presidenta de la Comunidad, no porque el club buscara presumir del mismo. Pues bien, esto se ha tratado de forma breve y superficial en la prensa, cuando no se ha hecho directamente mofa insinuando que el único campeonato que iba a ganar el Madrid era el de la solidaridad. Por cierto, ¿alguien recuerda el terremoto de Lorca? Los tres equipos más importantes de España se pusieron a disposición de la localidad para recaudar fondos mediante un partido amistoso. Sólo uno cumplió con su palabra. Ni este gesto de generosidad, ni tantos otros, ni la ausencia de aquellos que prometieron arrimar el hombro fueron muy comentados. En todo caso, esta tendencia es la habitual. Basta con acudir a cualquier anuncio oficial del club en materia de solidaridad a través de Twitter y leer buena parte de las respuestas. No recomiendo hacerlo porque regodearse en la miseria humana no suele ser un ejercicio reconfortante. La realidad es que los antis no descansan ni en las circunstancias más excepcionales.

Ateniéndonos sólo a los acontecimientos de esta misma temporada, podremos ver la deformidad desde la que se percibe al Real Madrid si empleamos la óptica de la mayoría de los medios nacionales. En los últimos meses hemos leído y escuchado mucho más sobre que Gareth Bale es poco profesional porque le gusta mucho el golf y porque abandona el Bernabéu (con permiso del club) antes de que finalicen los partidos de su equipo cuando está en la grada que sobre la descomunal retahíla de problemas en el principal rival de nuestro equipo. Imaginad que habría pasado si hubiera sido el Real Madrid el club donde el capitán usara sus redes sociales para criticar a la directiva, si se hubiera despedido al entrenador cuando el equipo lideraba la liga y estaba vivo en Europa, si se hubiera pagado la cláusula de rescisión de un delantero de uno de los equipos más humildes de la Liga en plena competición y sin margen de maniobra para el equipo ‘robado’, si un jugador llegase tarde a los entrenamientos en reiteradas ocasiones o si el club hubiese tardado sólo unas horas en acogerse a un ERTE que ha hecho que durante dos meses todos los españoles pagásemos buena parte de la nómina de los empleados del club que no son jugadores profesionales. Podría seguir glosando posibles debates periodísticos durante muchas más líneas, pero sería en vano. Nada de esto afecta al Real Madrid, una entidad donde siempre se escarba hasta encontrar algún punto de fricción, alguna supuesta rivalidad intestina, algo que convertir en polémica para ocupar portadas, artículos, editoriales o infinitas tertulias conformadas por antis sin careta, equidistantes que siempre acaban en el mismo bando y madridistas moderados o caricaturizados como bufones. La imaginación se impone a los hechos para mantener girando la rueda.

Hay muchos aficionados al Real Madrid que consideran que la batalla por el relato mediático se ha perdido en los últimos años, y que señalan al presidente como culpable de no hacer más por evitarlo. A todos ellos quiero recordarles que el propio Santiago Bernabéu ya se quejaba de este dispar e injusto trato hace varias décadas. Señalaba el origen de la inquina mediática en los triunfos europeos que cimentaron la leyenda del club más grande del mundo, y la envidia que provocaron en sus rivales. Tanto cariño le tenía Don Santiago a la prensa, que una vez declaró que su último deseo era proferir a los periodistas un insulto grave en su lecho de muerte. Entre la España de los años 50 y la de ahora media un abismo. Una de las cosas que se mantienen inalterables entonces y ahora es el escrutinio despiadado al que está sometido el Real Madrid por parte de los medios. Probablemente sea ésta otra señal de la incomparable grandeza del club, aunque a muchos nos cueste asumir que aquellos que deberían buscar la verdad y ser notarios de los hechos tal y como ocurren, se instalen en una parcialidad tan evidente como despreciable.