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El principio de algo

El principio de algo

Escrito por: Antonio Valderrama - 20 octubre, 2026
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A veces las cosas suceden sin una explicación clara. Suceden, sin más. El Madrid, de nuevo, parece un equipo de fútbol con cara y ojos. ¿Cómo ha ocurrido? Nadie lo sabe, sólo que ha pasado después de alcanzar el punto más bajo durante la segunda parte del partido en Roma. En un momento dado de pura zozobra, Mourinho desbarató el innombrable doble pivote conformado por Tchouameni y Valverde y barajó sus cartas de un modo natural, podríamos decir incluso que orgánico: dos señores con un conocimiento básico de la esfericidad de la pelota se pusieron al timón, los costados del equipo se abrieron como las alas al viento de la canción de la Jurado y las cosas, de un modo misterioso pero cierto, empezaron a carburar.

Quizá también tenga que ver la salida de Vinícius, que no se sabe si no está o entre todos lo hemos echado. Sin él, el ataque del Madrid se distribuye en torno al eje del 9 con dos extremos muy abiertos y prácticamente ambidiestros que no sólo ocupan mejor los espacios sino que afirman la estructura defensiva del equipo. Y si no que se lo digan a Cucurella. Diomandé corre por tres y con Endrick aporta algo de eso que llamábamos, en tiempos, «los intangibles»: hambre, avidez, voracidad, pundonor, llámese como se quiera. Es algo que se nota en la presión lobuna y específica a la que acuden varios tíos de blanco, un hostigamiento no coordinado de modo colectivo sino casi en modo comando y que incide cuando el balón sale desde la defensa contraria hacia su centro del campo; en la transición del adversario, ese punto frágil en el que si se roba la pelota se produce un desequilibrio muy aprovechable por la rapidez de los delanteros del Madrid.

También influye la presencia de Valverde en la banda derecha. Nacido para box-to-box, es por esa autopista cuando su proyección leviatanesca adquiere toda su dimensión: encuentra más y mejores opciones de hacer «ocasiones de valor gol» en el lateral que en la media, es impresionante, desde allí se multiplica y aparece en todas partes con la puntualidad e inevitabilidad de la Hacienda pública.

Diomandé corre por tres y con Endrick aporta algo de eso que llamábamos, en tiempos, «los intangibles»: hambre, avidez, voracidad, pundonor

El cambio se nota incluso en el insufrible Mbappé, que a veces parece una IA en la que se hubiera agotado la prueba gratuita y entonces empieza a tener serias dificultades técnico-motrices para realizar las más sencillas acciones con el balón. Sin embargo en otras, como contra el Sevilla, mete un golazo auténticamente de Playstation y evoca a Ronaldo Nazario. Uno tiene la tentación de pensar que ciertamente, no hay nadie en el mundo capaz de hacer cosas de ese tipo, pero luego para mientes en la estadística y se le enfría el entusiasmo. Como sea, con Diomandé y Endrick en las bandas y Güler y Bellingham con el pulmón añadido de Valverde como lateral-carrilero, ni siquiera se nota mucho que el Madrid juegue con 10 casi todo el tiempo, sobre todo en lo que los modernos llaman la «fase defensiva». Es un equipo reconocible, con un patrón de juego y sobre todo, de crecimiento, al que se le pueden sumar Espí, Brahim o Carreras, y donde Pitarch aterrizaría en paracaídas trayendo grandes dosis de ayuda humanitaria en forma de balance y equilibrio.

Con Mbappé y Bellingham (sin contar a Vinicius, que no puede jugar) el Madrid se presenta, pues, en Barcelona, en un buen momento, quizá el mejor, hasta ahora, desde que empezó la temporada. Un buen momento basado en una asimetría funcional que como todo, en el Madrid, parece obra de un genio enloquecido. Además, la remontada europea en Roma, la consagración de Güler como el capo del equipo y la eclosión de Diomandé disparan extrañamente la confianza del madridismo, que tampoco es que necesite que le toquen las palmas. Honestamente, no se me ocurre una manera mejor de llegar al Camp Nou, especialmente ahora: de underdog total y con el club en guerra abierta (¡por fin!) con el patrón Tebas y sus innúmeros secuaces.

De las situaciones así suele emerger siempre lo mejor del Real Madrid, que es el club de lo inesperado y el equipo de las hierofanías.

Primero viene la Copa de Europa y luego hay que ir a la madriguera de los malos. A priori, la semana reluce como el Jueves del Corpus: nada más excitante, en el horizonte del hincha madridista, que la posibilidad, remota pero cierta, de ejercer de ángel vengador y exterminador. Está el lumpen-periodístico agitado porque no expulsaron a Güler contra el Sevilla cuando, en realidad, tendrían que haber echado al de rojo: por ir agarrando al turco durante 10 metros, impidiéndole acompañar el contragolpe, y después por simular una agresión. Al final, como pasa con la propaganda, la indecencia y la desfachatez tienen más éxito cuanto más burda y descarada se muestran. La liga de Tebas es un puro delirio, el jardín de las delicias que pintó el Bosco. La única forma de imponerse en la sentina es llenarse de mierda hasta el cogote.

Por eso me gusta el cambio de actitud del equipo. Como con la vieja historia del huevo y de la gallina, nunca se podrá saber qué fue antes, si la decisión de Mourinho de probar algo nuevo o el clic en la mente de sus soldaditos. Todo lo que se puede hacer debe hacerse: repetir lo mismo es asumir la muerte, acomodarse a la idea del fin. ¿Y acaso hay algo menos madridista que eso?

 

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Madridista de infantería. Practico el anarcomadridismo en mis horas de esparcimiento. Soy el central al que siempre mandan a rematar melones en los descuentos. En Twitter podrán encontrarme como @fantantonio

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4 comentarios en: El principio de algo

  1. Pues que queréis que os diga, sin Vinicius voy a mirar con menos ilusión al Real Madrid de lo habitual. Vinicius es todo lo que queremos que sea el madridismo, nada de rickelmismos ni buscar la valoración positiva de los antimadridistas. Si Mourinho deja a Vini en la banca, el antimadridismo habrá ganado, habrá ganado su discurso de que Vini no es el mejor jugador del mundo y de que es un compañero tóxico que hace jugar peor al Madrid. El Real Madrid no puede ceder, Vinicius debe seguir siendo titular, hay que confiar en él para que vuelva a darnos noches mágicas.

  2. Totalmente contigo Diego, pero que corra algo más y que cuando le quiten el balón salga como un cohete tras el y no se quede andando

    Contigo siempre Vini pero como expongo en lo que antecede

  3. Llevamos esperando a Vini dos años y medio y cada día jugaba peor el equipo. ¿Cuánto tiempo más hay que esperar? dos años y medio más? ¿Cinco? ¿Y si sigue sin funcionar? Quizás la culpa no es de Vini, sino de que él y Mbapé son incompatibles. O uno u otro.

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