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El galés entre el centeno

El galés entre el centeno

Escrito por: Mario De Las Heras30 octubre, 2019
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Uno no sabe cómo ni cuando puede empezar. Y terminar. Cualquier suceso puede desatarlo. Me refiero al baleing, el acoso al que se somete a Gareth Bale de forma periódica. Algún gusto deben de encontrarle a un impulso tan impredecible. Aunque es verdad que no se necesita mucho para desatarlo. Puede bastar un mal día en la oficina. En realidad, es una suerte (para los acosadores) que exista Bale. Es una forma de desahogo. Bale es para ciertas (demasiadas) personas lo que el fútbol para ciertos (demasiados) espectadores: alguien (algo) sobre quien desfogarse de las incomodidades de la vida.

Que discutes con la mujer, pues le dices cuatro barbaridades a Bale y tan fresco. Que el jefe te hace la cusqui, pues a por el galés sparring. Que tu carrera profesional da pena, pues a rascar en Bale a ver si toca premio. Bale es un rasca y gana para ciertos (demasiados) profesionales de la información. Bale es una bañera de burbujas para todos ellos. Se meten todos dentro. Desnudos. El último brote de baleing ha sido a raíz de un viaje a Londres, por el que se ha vuelto incluso a hablar de lo de China. El delirio.

He visto hace un momento como desde la bañera brindaban en multitud, en un clima preorgiástico, porque Bale, a su llegada a Madrid, no se había parado a firmar un autógrafo a un niño que se lo pedía. Yo ya he dejado de mirar, pero intuyo (no hace falta un talento superior) que se van a revolcar en el suceso. Yo he visto más bien a Bale con mucha prisa por salir del atosigamiento que todo el mundo sabe que no le gusta, pero eso no importa. Ellos lo atosigan. En esto consiste también el baleing.

Y si no es por una cosa es por otra. En el baleing el golf tiene un papel esencial, es curioso. El golf, el gusto del galés por el golf, podría decirse que es el motor del baleing. El baleing arranca en el golf, que es como ver a todos esos acosadores subidos al cochecito eléctrico y conduciéndolo a toda velocidad entre soeces gritos a través de los verdes campos. Y mientras tanto Bale no se inmuta. Bale dijo el otro día que no sabía quién era el primer ministro británico. Cuando le dijeron que era Boris Johnson, respondió: “¿Pero ese no era alcalde?”.

Ese nivel de desconexión a mí me resulta admirable. Y por supuesto envidiable. Ojalá yo pudiera abstraerme de ese modo y solamente prestar atención a las cosas que me interesan. Esto le hace un jugador idóneo para cualquier club. Un deportista ideal. Es un futbolista profesional al que fuera de su trabajo sólo le distrae el golf. Ya quisieran todos los entrenadores y equipos y aficionados tener a un jugador que sólo tiene una afición. Pero parece todo lo contrario.

Es un futbolista profesional al que fuera de su trabajo sólo le distrae el golf. Ya quisieran todos los entrenadores y equipos y aficionados tener a un jugador que sólo tiene una afición

Hay jugadores a los que les gusta ir a menudo con prostitutas, sin embargo nunca nadie habla de ello ni de ellos. De los puteros. Sólo hablan del golfista. Hay otros a los que les gusta jugar al póker. Y juegan a menudo. En cuanto tienen oportunidad. Pero sólo se habla del golfista. Hay algunos, no pocos, futbolistas implicados en casos de abusos sexuales, pero sólo se habla del que juega al golf. El golf como la tauromaquia de los antitaurinos. El golf como una peste de la que sólo parecen estar a salvo los horteras.

Y luego está lo del idioma. La serenata del baleing. La de silencios en español de Bale que daría yo por no escuchar las verborreas de algunos. El léxico cuidado de esos eruditos. La redacción y la sintaxis de algunos acosadores que son incapaces de llenar un tuit con corrección.

Pero claro, Bale no habla español y es despreciable, entre otras cosas, porque no se ha parado a firmarle al niño un autógrafo. Pero si ni siquiera lo ha visto, al niño. Lo ha mirado sin verle, cegado por el agobio del baleing atroz. Yo lo estaba observando y me ha recordado a Salinger huyendo de Nueva York para refugiarse en Cornish. Yo también me hubiera ido a Cornish. O a jugar al golf.

Mario De Las Heras
Ha trabajado en Marca y colaborado en revistas como Jot Down o Leer, entre otras. Escribe columnas de actualidad en Frontera D. Sobre el Real Madrid ha publicado sus artículos en El Minuto 7, Madrid Sports, Meritocracia Blanca y ahora en La Galerna.

19 comentarios en: El galés entre el centeno

  1. La foto de la temporada, o de la pretemporada, fue la del "cuestionado" Bale musculado y en perfecta forma (lo cual indica autocontrol frenta a la nevera. entrenamiento por cuenta propia y Dios sabe qué más, junto al "esperanzador" Hazard , retornado de las vacaciones hecho una bola. Así somos.

  2. "Hay jugadores a los que les gusta ir a menudo con prostitutas (y hacen bien, si es lo que les apetece)". Querido Mario, siempre