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Conspiranoias

Conspiranoias

Escrito por: Antonio Escohotado25 octubre, 2018
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Nunca habría dicho que la prensa deportiva española tuviera un equipo de fútbol favorito por activa (aprecio) o por pasiva (malquerencia), pues tal cosa requiere para empezar cuando menos la mitad más uno, y para terminar una persistencia superior a este año o el pasado, digamos un lustro como mínimo, y mejor una década. Además, si el objeto de malquerencia fuese el Real sería absurdo que tantos articulistas y comentaristas sintieran repulsión ante el equipo más laureado del país.

En mis años mozos cabía afirmar -como los culés hasta la Transición- que el Madrit ganaba con trampas, aprovechando el centralismo dictatorial; pero desde 1978 nada análogo cabe alegar, y si el sentimiento predominante en los media deportivos fuese antimadridista estaríamos ante un absurdo objetivo, indicador de móviles subjetivos no tanto absurdos como moralmente chungos, ecos de un resentimiento que detesta el mérito en general. Aunque dicha actitud existe innegablemente, y hace un par de milenios desea convertir a los primeros en últimos, quizá siga siendo conspiranoia infundada alegar que domina nuestra prensa deportiva.

¿O no? Cordial siempre, Alfredo Relaño me ha invitado dos veces a cenar, y en ambas le sorprendió que no deteste “visceralmente” a Florentino, y tampoco sea un hincha merengue incondicional, como los del Betis o el Atleti. Hoy, gracias a Google, compruebo que hasta cinco periódicos nacionales dan por seguro que Lopetegui “está fuera”, pase lo que pase en el Clásico, y la conspiranoia se me torna algo menos inverosímil.

En efecto, lo que le pasa al Real puede imputarse a directiva y jugadores, solo en muy remoto lugar al míster, que desde su llegada chilla sin pausa “¡presionad!”. Pero omitirlo es sin duda lo más capaz de desestabilizar al conjunto; todos saldrán perdiendo si el proceso recomienza con otro, y recuerden las invectivas y burlas con las cuales fue recibido Zidane.

Acaba de venirme a la memoria otro joven periodista, Castaño, que tras ver eliminada a la Juventus de penalti se sintió lo bastante contrariado como para negar lo justo de esa sanción, y añadir que el Madrid había ganado “cobardemente”. Sin embargo, solo el Madrid atacó tras ver igualada la eliminatoria, y cuando Isco comentó cuán distinta era “la vara de medir”, su respuesta fue todo menos revisar el criterio expuesto. Al contrario, le recriminó que devolviese con “ingratitud” el favor de “haberle tratado tan bien”, entendiendo por ello sus sugestiones de echar a Zidane por no alinearle.

Minutos después de terminar el partido con los checos, Marcelo se negó a comentar “los rumores” sobre Lopetegui, y ante la insistencia dijo algo parecido a “no sé por qué siempre me pones mal, quizá sea envidia, no saber jugar al fútbol o cualquiera sabe”. La respuesta fue repetir hasta cuatro veces: “¿Por qué me faltas al respeto llamándome envidioso?”.

Este anodino episodio se convirtió en centro del post partido en el canal retransmisor, cuya directora sugirió ”tomar medidas” contra agresiones a “los medios de información”, como si las cuentas particulares de Marcelo y dicho periodista fuesen asimilables al pintoresco delito de odio. Fue esa la gota que colmó mi vaso de confianza en la ecuanimidad de la prensa, fundada en el convencimiento de que las conspiranoias son memeces, pues alguna excepción confirma la regla, y la empanada de asuntos recién mencionados podría sugerirlo.

Los mismos medios que preconizan no recurrir a la figura del entrenador como cabeza de turco, tratándose del Leganés, el Almería o el Depor, se permiten en el caso madridista no solo el consejo inverso, sino profetizar sostenida y unánimemente el cese del actual. Pero si no se trata de animadversión “visceral”, dispuesta a detectar cobardía en el arrojo, o robo ante un penalti flagrante, ¿acaso piensan los expertos que echar al míster contribuye a enderezar la mala racha de resultados?

Prefiero dejarlo en pregunta, recordando de paso por qué los gremios se vieron sustituidos por sindicatos, al progresar materialmente el mundo. Los gremios mandaban de modo indirecto aunque inapelable sobre los precios fijando cuotas de producción, número de empleados en cada taller y, sobre todo, excluyendo cualesquiera innovaciones no autorizadas por ellos. Desde 1625, y en Inglaterra, ese control férreo empezó a relajarse dando paso a la empresa moderna, articulada sobre todo en proteger las innovaciones con un derecho de patentes, y en recobrar la libertad de contratación.

¿Les interesa saber cuál fue el golpe de gracia a sus pretensiones de monopolio? Fue recordar que el derecho romano prohibía la colusión –el contrato en perjuicio de terceros-, ir mostrando cómo el gremialismo iba de una colusión a otra. Cuando se sugiere que Marcelo desafía la corrección política ¿no les suena el asunto a cierto gremio en trance de denunciar a un empresario levantisco? He ahí que los empresarios ganaron; pero la tropa dispuesta a parasitar derechos adquiridos sigue reagrupándose aquí y allá.

Antonio Escohotado
Escritor de una veintena de obras de referencia, como Historia General de las Drogas, Caos y Orden o Los Enemigos del Comercio. Su hijo Jorge administra sus RRSS. @aescohotado

16 comentarios en: Conspiranoias

  1. Cuanto razón tienes. A nadie nos extraña que a Relaño le sorprenda que alguien no odie visceralmente a Florentino, porque él piensa que es razonable en su odio, y que todos deberían sentir lo mismo. Es un pobre hombre, y la verdad es que yo hace tiempo que dejé de discutir de conspiranoias, porque acepté que si no la hay, se le parece bastante.