En 2011, en un bar de Iturrama y entre cañas y bufandas, un grupo de madridistas convirtió las “quedadas” en algo serio: la Peña Pamplona Blanca. Lo que empezó como risas en la barra y partidos compartidos tuvo pronto brillo propio —Ignacio Zoco llegó incluso a ser socio honorífico— y en 2017, tras el empujón de sus socios, la peña estrenó local propio.
Hoy es punto de encuentro, con previas a megáfono, sesiones de DJ a cargo de Carlos Lima y viajes al Bernabéu que muchos recuerdan como su “primera comunión” madridista. Entre anécdotas de vestuario, presentaciones de libros como el de Paco Buyo y amistades tejidas por Europa (incluida doña Rosa, a la que regalaron un pañuelo de San Fermín), Pamplona Blanca ha aprendido a conjugar pasión blanca con la fiesta navarra.
No os oculto que para mí está siendo también una absoluta fiesta hacer estos artículos y conocer a madridistas de todo el mundo, conversaciones que se plasman aquí por escrito y en algunos casos tienen seguimiento en el canal de youtube @coliseun1 de nuestro querido madridista Mike Tend, que os invito a escuchar también. Y hablando de fiestas: los Sanfermines —blanco, pañuelico rojo y mucha juerga— son la excusa perfecta para que la peña celebre su madridismo a ritmo pamplonés, respetando tradición y contagiándose de la energía de la ciudad. Con todos vosotros nuestros representantes navarros, ¡¡ mecha preparada y… CHUPINAZO!!
¿Cuándo y cómo se fundó la Peña Pamplona Blanca? ¿Hay alguna anécdota interesante sobre su fundación?
La Peña Pamplona Blanca se fundó en el año 2011. En un bar del barrio de Iturrama, en Pamplona, se reunían madridistas a ver los partidos de nuestro equipo… y así empezó todo. Como anécdota, comentar que a ese local asistía Ignacio Zoco cuando venía a Pamplona. Para los madridistas más jóvenes que aún no se hayan empapado de toda la historia de nuestro equipo, Ignacio Zoco fue una leyenda del Real Madrid en los años 60. A Zoco se le hizo socio honorífico de la peña y disfrutaba viendo al Real Madrid en ese bar en compañía de la gente. Igualmente, en el bar de enfrente se reunían aficionados del F.C. Barcelona, con el consiguiente pique sano con ellos en ciertos partidos.
La idea de fundar la peña surge de la relación entre los aficionados allí, al crear ese buen ambiente y sentimiento hacia los colores de nuestro equipo. Posteriormente, hacia el año 2017, y ante el número creciente de peñistas, se planteó la opción de buscar un local en el que reunirse de manera más privada, idea que salió adelante con mucho esfuerzo y sacrificio de los socios, y a día de hoy somos una peña referente en Navarra y conocida en España, con buena relación con muchas peñas de España y del extranjero, creciendo cada día más.
2 - ¿Cuál es la misión o el propósito principal de la peña?
La misión como peña es seguir creciendo y extendiendo el madridismo en Navarra y sobre todo en nuestra ciudad, dado que en la zona sur de la provincia existen peñas muy conocidas que el trabajo lo están haciendo muy bien, y con las cuales existe una excelente relación.
3- ¿Cuál es el mejor recuerdo que tenéis como peña en relación con el Real Madrid?
Como recuerdo relacionado con el Real Madrid podríamos hablar de los viajes que se realizan al Bernabéu, donde para muchos socios es su primera vez y lo viven de una manera especial.
4- ¿Alguna vez habéis podido interactuar con algún jugador o leyenda del Real Madrid? Contadnos esa experiencia.
Como experiencia de interactuar con jugadores del Real Madrid, la primera de la que podríamos hablar es en 2017, cuando Paco Buyo asistió a nuestra peña a presentar su libro Mi vida en una parada ante los socios.
También, durante los actos del décimo aniversario de la peña, en 2021, estuvimos tratando de localizar a jugadores, tanto canteranos como del primer equipo que tuvieran orígenes navarros, localizando entre otros a Ismael Merchal, quien debutó en 1997 con Fabio Capello, y posteriormente jugó en primera con el Málaga, Sporting de Gijón y Nàstic de Tarragona; y a Iñaki Arteaga, quien compartió vestuario con Raúl González Blanco en las categorías inferiores. Vinieron a alguna charla coloquio con los peñistas y nos contaron sus experiencias aquellos años, anécdotas interesantes como la residencia donde vivían en aquella época… Nada que ver con la actual de Valdebebas. De hecho, Arteaga se hizo socio de la peña y acude a ver los partidos cuando el trabajo se lo permite.
5- ¿Qué actividades realizáis regularmente para mantener la conexión y pasión por el equipo?
Como actividades, abrimos el local todos los partidos del primer equipo, tratando de conectarlas, dependiendo del horario, con alguna comida, tardeo o cena, intentando reunirnos en el local el mayor número de personas y poder relacionarnos también en lo personal. Nuestro secretario, Carlos Lima, es un reconocido DJ en la zona de la Ribera del Ebro en Navarra, y prepara buenas sesiones los días que coincide bien. Asimismo, tratamos de realizar algún viaje al año al Bernabéu, así como tratar de conseguir entradas puntuales para socios que realizan viajes a Madrid.
6- ¿Cómo celebráis los días de partido? ¿Hay alguna tradición especial que sigáis siempre?
Sobre la celebración en días de partido, dependiendo de la importancia de éste, se organiza una previa, conforme a lo contado en el punto anterior, con el objeto de calentar el ambiente en el local para el partido. David García y Carlos Lima, miembros de la junta, anima con el megáfono en estas ocasiones. Se abre una hora antes mínimo… Aunque depende del partido.
7-¿Cómo vivisteis aquel día tan especial en Sevilla el 6 de mayo de 2023, con la Final de Copa entre Osasuna y Real Madrid? ¿Qué significó para la peña asistir a la final?
Aquel día y los días previos se vivieron de manera muy especial; por una parte, en Pamplona tuvimos varias entrevistas con varios medios sobre el evento, habiendo sido Javier Holguín, nuestro presidente, junto a otros peñistas, entrevistado en la ETB el mismo día del partido. También hubo entrevista de la prensa escrita, con la consiguiente publicación.
En Sevilla también tuvimos presencia. El Real Madrid nos proporcionó cuatro entradas y acudieron ocho socios. En Sevilla, en Alameda de Hércules, donde nos reuníamos los madridistas, comenzamos a sacar nuestras banderas y bufandas de Pamplona Blanca, y en seguida la gente venía a preguntarnos y a conocernos como peña en zona hostil como es Pamplona. A la hora del partido, los que no acudieron al campo estuvieron por la misma zona y en muy buen ambiente vieron la final. Lo pasaron genial todos los que fueron.
8-¿Qué significa para vosotros ser una peña del Real Madrid en Navarra, donde puede haber divisiones de lealtad futbolística, o incluso dobles adhesiones? Y ¿Cómo manejáis esta identidad madridista dentro de una región con un club tan importante como es Osasuna?
Javier Jaurrieta, socio fundador y tesorero, uno de los aficionados más veteranos de nuestra peña y con muchas historias que contar, define la fundación de la peña con un “acto de valentía” debido al ambiente de antimadridismo que se respiraba en la ciudad en tiempos pasados. Él, entre otros socios, ha vivido en el Sadar muchos partidos en los años 80 entre Osasuna y Real Madrid, donde la hostilidad, la violencia verbal y lanzamiento de objetos se percibía mucho más que ahora. Igualmente, hace años, en la sede apareció alguna pintada insultando, pero por suerte cada vez hay menos gente así, o al menos no lo manifiestan.
Es cierto que hay mucho aficionado a Osasuna, pero cada vez los madridistas en nuestra ciudad están saliendo más “del armario” y se ven más camisetas. De hecho, muchos aficionados que nos conocen acaban haciéndose socios debido al ambiente que se forma en los partidos.
9-¿Cuáles son los futuros planes para la Peña Pamplona Blanca? ¿Algún evento emocionante en el horizonte?
A día de hoy, seguir creciendo en socios y en asistentes a la peña. Fomentar el hacer actividades aprovechando nuestro local y realizar más viajes organizados, tanto fuera como dentro de España.
10-¿Cómo veis el futuro del Real Madrid desde la perspectiva de la peña?
Esta temporada ha sido dura después de tantos éxitos en tan pocos años. En un futuro veremos las 6 Champions en 12 temporadas como una barbaridad que a día de hoy no apreciamos, igual que los 14 Roland Garros de Rafa Nadal, los 5 tours consecutivos de Indurain o los 12 más 1 títulos de Ángel Nieto en motociclismo. Pero es cierto que con Xabi Alonso y los fichajes se ha levantado mucha ilusión, y con el Barcelona en la cumbre, hay muchas ganas de revancha tras el año pasado.
11-¿Alguna vez habéis tenido alguna anécdota divertida o imprevista durante un viaje a un partido?
Sobre esto hay muchas anécdotas. Volviendo a la pregunta anterior, en Sevilla todo el mundo venía a hablar con nosotros preguntándonos, porque no entendían que hubiera madridistas en Pamplona. De hecho, incluso con los osasunistas que nos encontrábamos y veían nuestras bufandas nos preguntaban. Había algún madridista infiltrado que lo confesó; de hecho, a día de hoy es socio nuestro.
Los viajes por Europa son una pasada, te lo pasas como un enano y vas conociendo a buena gente y madridistas de verdad residentes en otros países, como Ana, canaria afincada en Londres y presidenta de la peña London Central, y vas haciendo relaciones sociales. De hecho, en Liverpool Carlos conoció a @Jero Freixas y a @Josedecabo, conocidos influencers dentro de la red social Instagram con millones de seguidores en el mundo.
En otros viajes, muchas anécdotas, puedes conocer a gente peculiar como doña Rosa, una madridista de unos 90 años que era socia del Madrid desde los años 70, vivía en Estados Unidos, y no faltaba a los clásicos. Le regalamos el pañuelo de San Fermín de la peña.
12-¿Ha habido momentos graciosos o inesperados en las reuniones de la peña?
Otra anécdota buena es salir en la TV dos socios que fueron a ver un PSG Real Madrid en París en 2022, y las risas en el local simultáneas fueron grandes, apareciendo junto a un aficionado que se parecía bastante a Paco Buyo.
También en un Eibar-Real Madrid en 2018/2019, que el Eibar estaba ganando 3 a 0, y en la peña el ánimo estaba decaído, y de repente enfocaron a Javi, el presidente, y a Pablo, secretario de aquel momento, con la cara de póker y junto a un aficionado que se parecía muchísimo a Tomás Roncero… Todo fueron risas en aquel momento y el mejor rato de la tarde… Porque el Eibar jugó muy bien y ganó merecidamente.
13-¿Qué mensaje os gustaría enviar a los seguidores del Real Madrid en todo el mundo?
A los seguidores del Real Madrid en el mundo, decirles que han elegido el mejor club del mundo para seguir, que los que hemos conocido son madridistas de verdad. Carlos Lima y Javier Severiano son nuestros mejores embajadores en los viajes por Europa, y han conocido a gente espléndida; peñistas, socios, madridistas en general de todo el mundo. En concreto, Pedro, un chico venezolano que vive en Londres desde hace más de 10 años, le conoció Carlos en un viaje a Liverpool, coincidiendo también en un viaje para ver el Arsenal. Es un importante peñista de la peña White Hearts, de Londres, de reciente creación, y que además ha fundado un equipo de futbol allí. Pedro vive el madridismo de una manera increíble. Desde aquí le mandamos un saludo, que seguro que va a leerlo.
Queremos indicar también que la peña utiliza la red social Instagram, con el perfil @pm.pamplonablanca.
Fotografías: Peña Pamplona Blanca
En capítulos anteriores:
Buenos días, amigos. Encabezado por El Chiringuito de Josep Pedrerol, seguido por el Universo Marca y completado entre otros por las terminales mediáticas cataculés, prosigue el vergonzoso linchamiento público a Vinícius Jr.
El que una serie de medios la hayan tomado contra el brasileño no debería ser materia que nos preocupara si no fuese porque son seguidos por muchos miles de personas, y al linchamiento moral de imprenta y antena sigue el sociológico, que de momento es moral también, hasta que un día ocurra un desastre que ojalá se pueda evitar. De momento, la cosa se circunscribe a cánticos vejatorios y ruidos guturales. Con ser grave, no es nada en comparación con lo que puede llegar a ser si esto no se detiene ya.
Vinícius es uno de los cuatro únicos futbolistas en activo que han ganado dos Champions Leagues marcando en ambas finales. No atraviesa por su mejor momento, pero hace meses era generalmente considerado el mejor del mundo incluso, a regañadientes, por sus recalcitrantes odiadores. Algunos siguen con sus insultos racistas, como se vio en Oviedo. A otros les ha valido con la escasa inteligencia que portan para dejar atrás los gritos simiescos, sabedores de que están mal vistos, y han preferido ahondar en la herida del pequeño trauma personal de Vini con el Balón de Oro a base de cantarle lo del balón de playa, portando los suyos a la grada.
Qué gracioso y qué simpático. Qué enorme mérito tratar de escapar de tu mediocridad hinchando un balón de playa para ahondar en el pequeño trauma de uno de los mejores deportistas del planeta. Qué fina, qué artística ironía. Grandes genios del humor, desde Noel Coward a Oscar Wilde, pasando por Gila y PG Wodehouse, estarían orgullosos de ellos.
Los medios señalan, las masas les siguen y queda la última vuelta de tuerca: los medios haciéndose eco de lo que hacen las masas y celebrándolo. Celebrándolo incluso periodistas por quienes sentíamos estima personal.
A la subdirectora de Mundo Deportivo, como veis, le hace muchísima gracia lo del balón de playa. Tanto que no solo titula su artículo como veis, sino que lo adorna con párrafos como el siguiente.
“France Football debería crear un Balón de Platino para premiar la carrera del ocho veces Balón de Oro Leo Messi o la de Cristiano Ronaldo (5), como Vinicius debería ostentar de por vida el título de ‘Balón de Playa’ que no tiene nada que ver con su calidad innata para jugar al fútbol, sí por su actitud retadora, chulesca y despectiva en los terrenos de juego que además incita a un debate nocivo para nuestro fútbol y nuestra sociedad”.
La temporada lleva dos partidos, en los cuales Vinícius no había sido noticia por ningún asunto extradeportivo. Vinícius no había jugado jamás en el Tartiere (no solo en este año: nunca). Y sin embargo fue recibido con silbidos, insultos y (parcialmente) cánticos simiescos. A ello respondió con un feo gesto, mandando a Segunda a un sector de la grada. Pero la palabra clave es esa: RESPONDIÓ.
Para Cristina Cubero, sin embargo, parece que quien empezó la guerra fue Vinícius, ya que habla de su actitud presuntamente “retadora, chulesca y despectiva” como si no tuviera un contexto, como si partiera de cero. De las actitudes por supuesto versallescas de Lamine Yamal sobre esos campos de Dios no tiene, al parecer, nada que decir.
“Vinicius volvió a ser protagonista por sus gestos en el Carlos Tartiere enviando a una parte de la afición del Oviedo ‘a Segunda’ en un gesto tan feo como innecesario”, dice Cubero. Feo sin duda. Innecesario lo será en tanto en cuanto la ofensa no necesite una respuesta, porque el primer ofendido había sido Vinícius. Qué curiosa es la hipocresía a través de la cual se supone que uno puede ir a un estadio a acosar a un futbolista, pero luego hacerse el ofendidito si dicho deportista se reafirma al marcar un gol a tu equipo o brindar una asistencia. Estas cosas han ocurrido desde que el fútbol es fútbol, pero la ejemplaridad solo es exigida, como sabemos, al futbolista que viste de blanco, sometido a la vigilancia implacable de un ejército de monjas y monjes de nuevo cuño.
“Vinicius necesita a su lado a un Carles Puyol que le afee los gestos inmaduros, un capitán que le transmita valores y le enseñe, como hizo con Gerard Piqué”. Esta es buenísima, Cristina. Esperamos que a Carles Puyol le vaya mejor en otras iniciativas, porque si hay que guiarse por su éxito en inculcar valors a Piqué, estamos aviados.
Prosigue Cubero: “Provocar sólo te lleva a perjudicarte a ti mismo y al equipo. Xabi Alonso tiene un problema tan grande como padece el Real Madrid como club y entidad basada en la proyección de unos valores”. ¿No será que el problema lo tiene una sociedad enferma de envidia con el que triunfa, o sea, con el Real Madrid, y que ahora es Vini pero antes fue Cristiano y antes Guti y antes Míchel y antes Juanito? ¿No será que esa envidia, pecado capital español por excelencia, es capaz de alcanzar las más repugnantes cotas de racismo, homofobia o simple crueldad cuando se concreta en su vertiente antimadridista, que es la más conspicua de todas?
Con todo, lo más desolador del artículo es su culminación: “Pero el problema nos afecta a todos como sociedad cuando el brasileño quiera justificar sus actitudes enarbolando otras banderas. Avisados estamos”.
Pues sí. Avisados estamos de que hay quienes quieren trivializar la lucha contra el racismo porque Vinícius les cae mal.
Os dejamos con las portadas de la jornada. Pasad un buen día.
Hay momentos en la vida que se graban a fuego en la memoria, no por su grandiosidad o su dramatismo, sino por la forma en que, sutilmente, lo cambian todo. Para muchos, ese instante puede ser un primer amor, el nacimiento de un hijo o la primera vez que se suben a un avión. Para mí, el momento exacto en que me convertí en madridista está ligado a una tarde lluviosa, una habitación de hotel de 20 metros cuadrados y un comentario de un narrador de fútbol que, sin saberlo, definió una pasión para el resto de mi vida.
Era un sábado de marzo o abril de 1987. A mis 14 años, mi mundo giraba alrededor del balón, pero de una forma puramente visceral, práctica. Mi vida era jugar, no ver ni leer fútbol. Destacaba en el equipo colegial, participaba en campamentos en verano y además jugaba en cualquier patio, campo, pasillo, parque o plaza donde pudiese correr un balón. Todos los días, todo el día. No me detenía a analizar las noticias de los clubes ni a seguir las ligas europeas. No había la cobertura de hoy en día ni la información inmediata digital. Si me preguntabas por mis ídolos, mencionaba nombres globales como Platini, Zico o Maradona, referencias que llegaban a Venezuela a través de la magia de los mundiales, cada cuatro años. Pero más allá de eso, yo era un completo neófito en el fútbol de clubes. La información, escasa y tardía, llegaba en ráfagas a través de los programas de televisión del estado, que cada sábado por la tarde transmitían partidos de "Fútbol Español" y, los domingos, "Fútbol Italiano". No había anuncios ni adelantos; el partido era una sorpresa, una caja de pandora que se abría al encender el televisor.
Ese día, la lluvia había arruinado mis planes de jugar en un escampado que había visto al llegar al hotel. Habíamos viajado para una boda familiar y el agua torrencial me tenía atrapado. Mi única alternativa era la televisión. Con cero entusiasmo, encendí la pantalla. El partido que se desarrollaba ante mis ojos no me generaba ninguna emoción. Veía el juego, pero mi mente estaba en el campo encharcado que no podía pisar. Y entonces, ocurrió.
Se trataba de una frase de Reyes Álamo, el comentarista de la TV. Con un tono que mezclaba humor y asombro, soltó una frase que resonó de forma distinta en mi oído: "Este jugador pareciera que tiene 6 pulmones". El comentario era tan vívido, tan elocuente, que mi curiosidad se encendió de inmediato. ¿Quién era ese ser de otro planeta que podía correr de esa manera? Clavé mi mirada en la pantalla, esperando la siguiente jugada de ese misterioso futbolista.
"Este jugador pareciera que tiene 6 pulmones". El comentario era tan vívido, tan elocuente, que mi curiosidad se encendió de inmediato. ¿Quién era ese ser de otro planeta que podía correr de esa manera?
Y no tardó en llegar. Una nueva escapada por la banda izquierda, con la misma energía incansable. Era Rafael Gordillo. Lo que vi no era la estampa de un atleta perfecto, sino todo lo contrario. Un jugador desgarbado pero irreverente, con las medias caídas que apenas cubrían sus tobillos, corriendo de forma frenética, pero con mucho sentido de juego. Su entrega era absoluta, su energía inagotable. Ese sutil detalle, ese comentario jocoso sobre sus "pulmones extra", me hizo ver algo más que un partido de fútbol. Me hizo ver una pasión pura en movimiento.
A partir de ese momento, mi relación con el fútbol cambió para siempre. La curiosidad se convirtió en una búsqueda. Dejé de ser un neófito. Los lunes, la prensa escrita se convertía en mi primer objetivo. Buscaba la tabla de posiciones, los resultados, cualquier mención al Real Madrid o a ese jugador con el número 6 en la espalda. Pronto, la búsqueda se transformó en coleccionismo. Empecé a comprar ejemplares de la revista Don Balón y, como una confirmación de mi recién descubierta fe, me hice con mi primera camiseta réplica del Real Madrid. Por supuesto, llevaba el 6 de Gordillo, de manga larga y con esos ribetes violetas que la hacían única, preciosa. Jugar con camisa larga en el trópico venezolano representaba un reto adicional, pero para mi lo más importante era el orgullo de llevar el escudo del Real Madrid, el sudor a mares era un mal menor.
Cada vez que veía a Gordillo jugar, sentía una conexión especial. Su entrega, su coraje, su forma de entender el juego. Hay una jugada que tengo grabada en mi memoria, como una película que se repite en bucle: Rafael punteando el balón para superar a un rival por la banda, volviendo a tocarlo sutilmente justo antes de que otro rival lo detenga en su barrida, saltando para evitar el contacto mientras cae y, en el aire, ya está ubicando visualmente el siguiente pase. Todo eso con el uniforme blanco, las medias caídas y el césped húmedo y embarrado. Era la personificación del corazón, la garra y la inteligencia.
Era Rafael Gordillo. Un jugador desgarbado pero irreverente, con las medias caídas que apenas cubrían sus tobillos, corriendo de forma frenética, pero con mucho sentido de juego. Su entrega era absoluta, su energía inagotable
Han pasado casi 40 años desde esa tarde. Mi vida ha seguido su curso, pero el madridismo se ha mantenido como una constante. A diferencia de la inmensa mayoría de mis amigos y conocidos, mi amor por el Real Madrid no es heredado ni es producto de alguna época dorada que se vuelva moda. Puedo decir que he vivido muchas más alegrías que tristezas. Perdí la voz gritando los goles de Pedja, Raúl, Zidane y Ramos en las finales de Champions. Tuve el infinito privilegio de estar en el Santiago Bernabéu y en Cibeles en la última jornada de la "temporada del clavo ardiendo" en junio de 2007, sintiendo la historia a flor de piel. He llorado con las despedidas de Zidane y Kroos. He tenido el placer de ir a más de veinte partidos en vivo. La salida de Modrić aún no la asimilo. Tengo grabados en mi mente, como si fuera ayer, todos los partidos, los goles y las jugadas de la Decimocuarta. Sigo sonriendo desde el día en que presentaron a Kylian Mbappé, el siguiente capítulo de esta historia infinita. Y defenderé a Vinícius hasta el último de mis días.
Reconozco que hubo momentos difíciles. La primera década del siglo fue un calvario. Sufrí mucho cuando sentía que perdíamos partidos o ligas por no ser el mejor equipo, a pesar de que veía otra cosa en los terrenos de juego. Pero hoy, con la perspectiva del tiempo, siento una gran tranquilidad y orgullo al saber que nuestro archirrival estuvo pagando durante casi dos décadas al Comité Técnico de Árbitros buscando una supuesta neutralidad. Es una confirmación de que nuestra grandeza se ha construido desde la honestidad y el trabajo duro.
Hoy, gracias a Rafael puedo decir que “ser del Real Madrid es lo más bonito que se puede ser en esta vida”
Mi madridismo me ha enseñado a admirar a algunos rivales que respeto profundamente por su historia y su forma de entender el juego, como el Liverpool, el Bayern de Múnich, el Athletic de Bilbao o el Milan, clubes de verdaderos valores futbolísticos y humanos. Y al mismo tiempo, me ha llevado a sentir un profundo desprecio por otros que me parecen la antítesis de lo que el fútbol debe ser, como el Barcelona, el Atlético de Madrid, el Sevilla o el Manchester City. Es mi forma de vivirlo. Es mi madridismo.
Siempre estaré agradecido a Rafael Gordillo y a ese narrador, Reyes Álamo. Sin saberlo, esa tarde lluviosa, en una habitación de hotel en algún lugar de Venezuela, me abrieron la puerta a un mundo de emociones, de glorias y de una pasión que, a día de hoy, sigue tan viva como la primera vez que la sentí. Y todo, por un jugador que parecía tener 6 pulmones.
Hoy, gracias a Rafael puedo decir que “ser del Real Madrid es lo más bonito que se puede ser en esta vida”.
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El Real Madrid afronta el nuevo mes con buenas sensaciones. Segundo encuentro y segunda victoria. La última se produjo en Oviedo en un partido que el Madrid resolvió con solvencia. A pesar de una primera parte donde el equipo dominó a placer, la segunda cayó físicamente. A estas alturas es normal que pesen las piernas, hasta es una señal positiva de todo el trabajo físico que se está realizando en los entrenamientos. Con un poco de suerte, tras el partido frente al Real Mallorca ya contaremos con nueve puntos. Sería un balance fantástico para ir al primer parón de la temporada.
Estos días mucho se ha hablado de la alineación que sacó Xabi Alonso en Oviedo. Muchos creen ver en el once una propuesta meritocrática, yo no. Desde mi punto de vista estamos ante la clásica rotación. Si nos fijamos bien, salvo en la portería, todas las líneas sufrieron alguna novedad. Por ejemplo, Éder Militão necesitaba descanso y Antonio Rüdiger volvía a estar disponible. Vamos, decisiones como esta son lógicas si recordamos que el propio Alonso lleva repitiendo en las últimas ruedas de prensa que el equipo está todavía de pretemporada.
Sin embargo, como en el mundo del fútbol todo se analiza hasta el delirio, para muchos estos cambios en el once tienen un significado muy diferente. Entiendo que necesitan debates ficticios que obedecen a intereses espurios u obsesiones particulares. Entonces vemos cómo ponen a especular si Dani Carvajal está por delante de Trent Alexander-Arnold o cosas así. Sin lugar a dudas, la nota más esperanzadora fue la incursión de Franco Mastantuono. La joven perla argentina dejó suficientes detalles para tener confianza en él. Poco a poco se irá abriendo paso.
Respecto a Vinícius Júnior prefiero por ahora no ahondar mucho. Lo fundamental, dio una asistencia y marcó un gol. El carrusel de infamias, dimes y diretes a su alrededor vuelve a estar engrasado. ¿Acaso alguna vez ha dejado de estarlo? Creo que ya he dejado clara mi postura sobre este tema, pero tengo claro que en el futuro tendré que volver a tocarlo. Inevitablemente, la persecución a Vini es uno de esos asuntos cíclicos que ya se ha convertido en un tópico. Nada puede sorprenderme, esa película también la he visto.
Muchos creen ver en el once una propuesta meritocrática, yo no. Desde mi punto de vista estamos ante la clásica rotación
En los últimos años, especialmente desde la monopolización del género de superhéroes, todos tenemos la sensación de que la película que nos están contando ya la hemos visto. Hollywoodsufre una falta de inspiración alarmante. Las productoras parecen abandonadas a las fórmulas más efectistas donde las secuelas y los remakes son la norma. Ante la falta de imaginación, la repetición. Algo así vemos en la industria del deporte. Especialmente significativo en el periodismo deportivo que vive de comentar el periódico de ayer con tertulianos que repiten consignas.
No obstante, existen más órdenes de nuestra vida diaria que parecen obedecer a la rutina más castrante. Naturalmente, el mundo del fútbol no se salva. Partidos que parecen repetidos a otros que venimos viendo por años, resultados que parecen iguales a otros, jugadas cocinadas y árbitros clónicos. Padeciendo este lastre en forma de aburrimiento, ¿cómo nos animamos a seguir La Liga? Queridos amigos, no sé qué responder. Francamente, ¿qué hago siguiendo esto? Supongo que es la fuerza de la costumbre, que diría Jaime Urrutia en esa célebre canción de Gabinete Caligari.
Ese gran madridista que es Urrutia cantaba que “Si por costumbre amé,/por costumbre olvidé./La fuerza de la costumbre es mi guía y mi lumbre”. Excepcionalmente extrapolables son estos hermosos versos del genial compositor cañí. Porque como nos confiesa en la canción, desde pequeños los madridistas nos vamos acostumbrando a despreciar los premios tanto como los castigos. Al fin y al cabo, en nuestra España al Madrid lo castigan más que premian. Y si gana, en buena lid, algún trofeo… Pues será de forma vergonzante, que diría Alfredo Relaño. O robando, como sostendría cualquier tertuliano de todo a cien.
Si bien es cierto que el relato oficial nos cuenta que no nos quieren, el pueblo español nos ama con locura. Simplemente hay que ver cómo reciben en los aeropuertos a nuestros héroes. Sin ir más lejos, tras 25 años de ausencia, Oviedo recibió el pasado domingo a la expedición merengue entre aplausos. Las muestras de cariño, los baños de masas que se dan nuestros jugadores son dignos de destacar, pues la prensa nos niega el pan y la sal. Quiero decir, evidentemente los organismos españoles nos persiguen, pero el pueblo nos ama con frenesí. Al fin y al cabo, el auténtico equipo del pueblo es el Real Madrid.
Si bien es cierto que el relato oficial nos cuenta que no nos quieren, el pueblo español nos ama con locura. Simplemente hay que ver cómo reciben en los aeropuertos a nuestros héroes
Y es que el Real Madrid es el asidero de la España real. Hasta hace poco se decía que en España las únicas instituciones que funcionaban eran el Real Madrid y El Corte Inglés. Entre broma y broma, en los últimos meses podemos afirmar sin temor que es así. Yo iría más lejos y diría que la única institución fiable es el Madrid. Nuestro verdadero orgullo nacional. La única institución de consenso, la única figura no mancillada. Y esto, mis queridos amigos, a muchos no les gusta.
Por supuesto, ni yo soy el Quijote ni propongo luchar contra los molinos de viento. Es más, abogo por la resignación como actitud vital ante los improperios y las injusticias que nos acechan constantemente. Porque la experiencia me recomienda permanecer lo más alejado posible de emoción alguna. Rechazar un cambio es no caer en falsos ideales. El fútbol español está perdido, condenado a su suerte. Nosotros no podemos hacer nada.
Y, lejos de producirse, ningún salvador podrá redimir el fútbol en España. Los salvadores de la nada son los que se presentan con vanas propuestas que tienden a medrar y acabar por envilecer todo. No quiero amargarle la fiesta a nadie ni romperle la ilusión de un futuro mejor, pero es mi obligación ser realista y expresarme en estos términos. ¿Por qué? Porque esta película ya la he visto y siempre perdemos los buenos.
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Decía nuestro querido maestro, Antonio Escohotado, que “un país no es rico por sus recursos, sino por su educación. Educación significa que, aunque puedas robar, no lo haces (aquí nos estaba avisando de la ineludible condición de miseria del club cliente de Negreira). Si la acera es estrecha, te bajas y pides disculpas. Al pagar en un restaurante, dices gracias. La educación es el respeto ilimitado por los demás. La verdadera riqueza es educación y conocimiento, es empatía…”
La segunda victoria del Real Madrid de Xabi Alonso, más contundente que la primera, ha derivado, como no podía ser de otra manera, en una nueva crisis del club blanco, centrada esta vez en su delantero, Vinícius Jr.
Según Esteban, Vinícius tiene un problema social porque, sin haber jugado nunca ante el Oviedo ni haberse dirigido con anterioridad a su afición de ninguna manera, esta tuvo a bien recibirle con una sonora pitada que posteriormente se vio acompañada de insultos racistas de una parte de ella, manidas burlas con los ya cansinos balones de playa e imitaciones de los sonidos de mono.
Si yo quisiera analizar detalladamente una parada de Courtois, seguramente tomaría la opinión de Esteban como oro en paño a la hora escrutar la acción de nuestro Thibaut y le consideraría una autoridad máxima en la materia. Pero a la hora de encarar un problema social, permítanme que me quede antes con las palabras de don Antonio que con las de un exportero que, además de estar sesgado por su condición de colchonero, se aprovecha del altavoz proporcionado por el gremio de moralidad más cuestionable que puebla nuestro país.
Porque no, Vinícius no tiene un problema social, sino uno de incontinencia. Si le pinchan, reacciona. Si le atacan, se revuelve. Si le insultan, da una asistencia, marca un gol y a continuación manda el pertinente recado a la grada dirigido a quienes previamente se acordaban hasta del último miembro de su familia.
Porque no, Vinícius no tiene un problema social, sino uno de incontinencia. Si le pinchan, reacciona. Si le atacan, se revuelve. Si le insultan, da una asistencia y marca un gol
El verdadero problema social que no aborda, ya sea por interés o por pereza, el auténtico culpable de la situación que rodea a Vinícius es el de la sociedad española, que, más allá de haber comprado el relato facilón de lo malo que es Vinícius, como anteriormente lo fueron Bale, Cristiano Ronaldo o Mourinho, llega al punto de dejarse llevar por el mismo hasta alcanzar una cuota de odio tal que sólo el insulto, o en algunos casos incluso la imitación de un sonido gutural simiesco, es capaz de sofocar.
Quizá esté pecando de ingenuidad, pero me parece más preocupante que en cada estadio que visite el Real Madrid haya una afición entera esperándole con los insultos en el fondo de sus labios desde que el brasileño salta a calentar. ¿De verdad ha hecho Vinícius tanto como para merecer eso? ¿De verdad unos gestos reactivos que se han visto toda la vida en los campos de fútbol en los que hemos crecido son motivo suficiente para que gente, quiero creer que personas civilizadas, pierdan la compostura de semejante forma y sucumban a su odio más primigenio para proferir los insultos más hórridos que habitan en su corazón?
No hay mayor desprecio que no hacer aprecio, y para esto no hay nada más válido que el silencio. Sin llegar al odio, un servidor mismo puede sentir cierto desagrado hacia jugadores de los principales equipos rivales y no por ello me he visto en la necesidad de insultarles cuando he acudido al campo a ver partidos que nos enfrentaban.
No pretendo llevar este tema a las odiosas comparativas, pero en la pasada década tuvimos la desgracia de sobrevivir a un jugador que saldaba cada partido con una agresión, que jugaba al límite del reglamento, aprovechándose además de la benevolencia de quienes lo aplicaban, y jamás recibió un trato popular como el que recibe Vinícius.
Quizás esté pidiendo mucho y tenga que conformarme con pedir que, al menos, esperen a que Vinícius provoque en primer lugar. Igual hasta se llevan una sorpresa
Por poner un ejemplo más cercano, la estrella prominente del equipo rival tiene una actitud similar a la del brasileño, con gestos incluso más provocativos que los del madridista y actitudes bastante más chulescas, y en los medios de lo único que se habla es de sus peinados. Independientemente de la diferencia de trato mediático y la responsabilidad de la prensa sobre el que van a recibir estos en el campo, creo que como sociedad deberíamos aspirar a la riqueza de la que hablaba don Antonio. Esa que profesa una educación y empatía tal que no contemple clamar expresiones de odio de ningún tipo contra alguien que no nos ha hecho directamente nada. Me avergüenza también tener que decir esto, pero esa que nos permita seguir siendo seres humanos civilizados aunque nuestro equipo de fútbol esté disputando un partido.
Quizás esté pidiendo mucho y tenga que conformarme con pedir que, al menos, esperen a que Vinícius provoque en primer lugar. Igual hasta se llevan una sorpresa. Porque Vinícius sólo empezó a molestar cuando empezó a marcar goles y a ser determinante. Porque a muchos lo que les molesta quizás sea que Vinícius, y disculpen la expresión, no es de los que da la primera hostia, sino el que da la última.
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El domingo por la noche, Vinícius salió al campo en Oviedo y en apenas media hora dio un pase y metió un gol. Hizo unos gestos de autoafirmación, que por supuesto no los ha inventado él: en la historia del fútbol sobran los ejemplos de jugadores que se señalan a sí mismos tras marcar un gol. Da lo mismo porque ese no es el cuento. Nunca lo fue.
En Vinícius se está repitiendo lo que pasaba con Cristiano Ronaldo. Es la estrella del Madrid y presume de ello. Eso España no lo perdona. La España ruin de las hormiguitas sólo tolera a los modosos en apariencia.
Vinícius s la estrella del Madrid y presume de ello. Eso España no lo perdona. La España ruin de las hormiguitas sólo tolera a los modosos en apariencia
Es la misma historia de Messi, Iniesta, Xavi o Casillas. Quizá sea la reminiscencia del peso del sacramento de la absolución en la conciencia colectiva, quizá sea la proyección contemporánea del niño, no destaques, santo y seña del franquismo sociológico. El caso es que aquí no gusta que uno tenga su propia fe: la exhibición sin complejos de la propia fuerza, de un cuerpo apolíneo y de una naturaleza desmesurada, causa inmediatamente la condena pública.
Como España es un país de cobardes, que como pueblo no levanta la testuz ni ante las humillaciones más flagrantes, parece que compensara sintiéndose agraviada por un joven brasileño que es consciente de su suerte y se muestra sin escrúpulos tal y como es. Vinícius es una estrella y se conduce como tal. Eso es inaceptable para Fulanito Fulanítez, quien desde el sofá de su casa siente como una ofensa en carne viva la constatación de que en el mundo hay individuos con orgullo que aún se defienden.
Escribía Miguel Hernández en un poema inmortal que España era una raza que no soportaba ni yugos ni trabas: jamás medraron los bueyes en los páramos de España, dijo el malhadado poeta, sin saber que sus versos, hoy, en 2025, no significarían nada. Vinícius es más español que cualquiera. Ante el escupitajo y el insulto es dinamita propagada y, como los toros, cuando muere, lo hace de arrogancia,
y detrás de ellos, el cielo
ni se enturbia ni se acaba.
España quiere monaguillos como ídolos aunque luego se sepa que son gente zafia, como Lamine; mezquina, como Messi; o mamarracha, como Piqué. Lo que importa no es la verdad sino su apariencia. Vinícius es Aníbal cruzando los Alpes en elefante: cuando está bien es el mejor, y cuando está mal, un loco arrojándose a un volcán. Demasiada verdad para una sociedad tan acostumbrada a la mentira. Demasiado Real Madrid para un país donde la existencia de este club resulta un auténtico milagro.
Vinícius es Aníbal cruzando los Alpes en elefante: cuando está bien es el mejor y cuando está mal, un loco arrojándose a un volcán. Demasiada verdad para una sociedad tan acostumbrada a la mentira
A todo esto, el que aún censure a Vinícius, como madridista, o es tonto o no sabe ni por dónde le sopla el viento. Es lo mismo que cuando Mourinho pero repetido como parodia. Un millón de moscas criticando al águila: Vinícius y el Madrid pertenecen a una especie muy distinta y el entendimiento, aquí, es imposible. Da igual Oviedo que Valencia, Mallorca que Sevilla, Villarreal que Salamanca: es una guerra donde sólo cabe el aplastamiento. La historia del Madrid prueba que cuando no gana usando su corona de martillo, el único perdón que encuentra es el de la condescendencia. Y ese es el ambiente ideal del Atlético de Madrid, pero el Real siempre ha sido otra cosa. Debe ser otra cosa.
Los españolitos quieren que Vinícius pida perdón y se comporte, es decir, que viva como todo el mundo, como si un tigre pudiera hacerse a comer acelgas o el sol tuviera que salir por el oeste. Pero Vinícius es el Madrid y el Madrid fue concebido para ganar a toda costa; existe sólo por la posibilidad de la victoria, y firmar una tregua, o sea, un empate, es la mayor traición posible a sí mismo.
Lo de Vinícius y España es algo muy cultural pero es lo mismo que con Cristiano. Él era el mejor, era guapo y era rico y con toda lógica no tuvo ningún problema en decirlo. Pero en España sólo el que va de víctima puede decir lo que se le antoje. El Madrid es la proyección del mal para las mentes enfermas, El Poder Absoluto y, por lo tanto, de partida, es el malo. Nunca tendrá la razón y sus mejores futbolistas, es decir, los más peligrosos para los contrarios, son su materialización humana. Vinícius no debe pedir perdón. Si yo pudiera decirle algo sería que celebrara con más ganas. Que no parara de bailar y que, como la Pantoja, enseñe los dientes cada vez que celebre un gol. Porque eso, eso es lo que les jode.
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Vosotros no habíais nacido, pero hace muchos años, en vísperas de uno de aquellos mal llamados clásicos en la Ciudad Condal, Florentino Pérez y Sandro Rosell atendieron a la prensa conjuntamente. Un periodista local aprovechó su turno de palabra para hacer la siguiente pregunta al Presidente del Real Madrid. Hace como digo mucho tiempo, pero voy a parafrasear las palabras del reportero.
—Señor Pérez, el autobús de su equipo ha sido apedreado a su llegada al hotel. ¿Qué cree usted que la entidad que representa hace mal para merecer estos recibimientos?
Ahí, en realidad, estaba ya todo. El Real Madrid no solo no debe quejarse de ser agredido, sino que es responsable de ofrecer explicación a dichas agresiones. El tema de debate no es el apedreamiento, sino qué acto concreto o segmento de la nefanda historia blanca lo legitima esta vez. Porque se parte de la base de que dicha historia es negra y el apedreamiento está legitimado. Da igual si las piedras son literales o verbales, y es indiferente si llueven sobre el autobús, sobre la Quinta del Buitre en Pamplona, sobre Mourinho por ir a ver jugar a su hijo, sobre Bale por gustarle el golf o sobre Vinícius por no ser un negrito bueno que se deja fostiar sobre el césped y llamar mono desde la grada sin rechistar.
Vini es solo el último eslabón de la cadena de oprobio. Le denigran en los estudios de televisión y radio, le dedican cánticos xenófobos por esos campos de Dios, le expulsan después de prometerle falsamente que le van a proteger de dichos cánticos (hola, Richi), y se asume que la culpa es suya. La culpa es suya, debe reconocerlo, debe explicar por qué le pasa eso (como Florentino con el apedreamiento del bus) y debe poner los medios para que no vuelva a pasarle.
El Real Madrid no solo no debe quejarse de ser agredido, sino que es responsable de ofrecer explicación a dichas agresiones
¿Y cuáles son esos medios? Los que le recomienden los medios, valga el juego de palabras. En las tertulias patrocinadas por Tebas hay un montón de señores del Atleti (o similar) en los que reside la sabiduría. Ellos indicarán precisa y exactamente a qué altura de la rodilla debe caer la minifalda para que no se produzca la violación.
Decimos que son tertulias patrocinadas por Tebas y decimos bien. En la mente del presidente de la liga, siempre en impulsiva ebullición, se juntan hambre y ganas de comer. Por un lado, vive para perjudicar al equipo del que dice ser hincha y de cuyo máximo mandatario es mayor odiador. Por otro, aborrece al propio Vini desde que este se quejó públicamente de la nula protección de la liga ante los ataques xenófobos que sufría ya por entonces. Tebas respondió a esas quejas con la vehemencia acostumbrada, regañando a la víctima de manera también pública. No ha olvidado que uno de los deportistas más afamados del planeta, comprometido en la lucha contra el racismo, le señalara como parte del problema y no de la solución. Es rencoroso, y a la menor ocasión azuza a sus medios afines (es decir, la inmensa mayoría) para que resuciten la polémica de Vini como si realmente fuese la polémica de Vini, como si Vini tuviera que hacerse cargo de los gritos guturales en el gentío, como si tuviera que explicarlos mientras se flagela por no se sabe qué culpas, como si correspondiera a él el ponerles remedio. Tebas azuza a los medios y los medios azuzan a las masas. Es un plan sin fisuras.
No. No es la polémica de Vini. Es el eterno pecado nacional de la envidia plasmado en el rencor al mejor, que es el Madrid, y es ese rencor plasmado a su vez en el acoso preciso, concreto y pestilente a uno de los pocos elegidos que deberían ser tratados como los auténticos reyes del negocio.
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Buenos días, amigos. Hoy comenzamos con la portada del diario Marca, donde aparece Mbappé tapándole la boca a Vinícius y el titular: «Con Xabi se habla en el campo».
Parece querer decir que Vinícius habla fuera y no dentro del campo, por eso durante el tiempo que jugó fabricó un gol y dio otro. Suceda lo que suceda, la hoja parroquial de Tebas transmite al lector algo negativo relativo al Real Madrid.
Sin embargo, Marca nunca se hace eco de nada peyorativo de la Mugrienta Liga Negriera, ni siquiera los sonidos racistas proferidos de parte de la afición del Oviedo hacia Kylian o Vini. Tampoco la botella arrojada al césped tras el gol del brasileño. Solo se permite denunciar hechos reprobables cuando la víctima no guarda relación con el club de Concha Espina.
Tampoco se tiene en cuenta a la hora de analizar los motivos de la suplencia del 7 que el Madrid se encuentre en pretemporada. Ni siquiera se comenta que hubo más teóricos titulares que tampoco comenzaron de inicio en el Tartiere.
El tratamiento de los medios a Vinícius es nauseabundo en todos sus términos, pero el referido al racismo hiede. Dazn pone en liza un arsenal de cámaras y micrófonos capaces de captar cualquier gesto del brasileño que pueda ser malinterpretado o cualquier cántico ofensivo que le dedique la afición rival. Cánticos luego reproducidos en directo por individuos como Quirante. Pero, milagrosamente, toda esa tecnología no es capaz de recoger las ofensas racistas. E individuos como Quirante tampoco son capaces de contarlos.
De este modo, se crea el relato contra el jugador, la acefalía reinante en España lo asimila y las pruebas —casualmente siempre salen a luz después de las retransmisiones— que demuestran este acoso ya no sirven para revertir el estado de opinión creado por quienes quieren crearlo, que son los mismos que gestionan el dinero.
Por eso Marca no tiene problema alguno en contribuir al agravamiento del clima racista. Contra Vinícius, claro, porque si esta lacra afecta a alguien ajeno al Madrid le dedican la portada entera a denunciar el hecho (haya o no pruebas). Cuando afecta a Vini la culpa es suya.
🔥"Lo que pasó en el Tartiere es problema de Vinicius, estas situaciones sólo le pasan a él" https://t.co/wsNzDx1Mhh
— Radio MARCA (@RadioMARCA) August 26, 2025
As dedica su portada a Rodrygo, afirma con rotundidad que se queda en el Madrid y disputará la banda izquierda a Vinícius. Para la prensa todo es tajante hasta que sucede lo contrario y actúan como si nunca hubiesen defendido otra tesis. Nosotros no os vamos a asegurar lo que va a suceder, entre otros motivos porque no lo sabe nadie.
Solo hay un asunto en el que es posible mojarse sin riesgo de errar: el FC Barcelona siempre será tratado con cariño por organismos, estamentos e instituciones ligadas al fútbol para conseguir sus objetivos, con independencia de la legalidad vigente. Porque el Barça es el enchufado de los jefes.
Con Flick no se habla en el campo, Hansi no «educa» a sus jugadores con suplencias, porque el entrenador del Barça realiza cambios de alineación para tenerlos a todos enchufados. Su método es «gestionar esfuerzos en una campaña larga y estimular la competencia». «Flick ya ha alineado a sus 19 jugadores de campo en un Barça más coral y sin rezagados». Dicho así suena más bonito. De hecho puede leerse con la voz del NO-DO y queda estupendamente.
El trato dispensado por la prensa de su provincia al Barça no es comparable al que padece el Madrid en la prensa de la suya. Porque la sede social del diario no es lo capital, sino precisamente el capital, y si el origen del parné proviene de lugares con los mismos intereses, la línea editorial es la misma.
El protagonista para Sport es el Camp Nou. Dice que el Barça apura para obtener cuanto antes el certificado de final de obra y contar con luz verde del ayuntamiento. Es decir, el club de Laporta no se apresura por concluir las obras, sino para obtener el certificado. Del mismo modo que no intenta cumplir el Fair Play, sino conseguir el OK de Tebas. Puro ADN Barça. Es su manera de proceder.
Si el Barça fuese un alumno, no estudiaría para aprobar, sino que pasaría la víspera del examen de fiesta en Luz de Gas y después se valdría de su «diplomacia» para conseguir que el profesor falseara las notas.
Pasad un buen día.
De niño fui un delantero extraordinario, siempre que no le preguntes a mis compañeros de clase. Mi ingente capacidad goleadora dependía de un hecho ajeno al fútbol, pero no a la psicología de masas: jugar siempre con los mejores, algo que lograba con habilidad en cada partido en el recreo en el transcurso de las negociaciones previas. Hay quien desestima los éxitos obtenidos en esos breves partidos de patio de colegio, en beneficio del prestigio de las grandes competiciones juveniles oficiales. Craso error. El fútbol de verdad estaba ahí y de eso no me mueve ni —Ricardo— de Burgos Bengoetxea.
Aquellos eran partidos improvisados de 20 o 25 minutos. En ocasiones jugábamos en divertido desequilibrio, quince contra doce, y juro que he participado también en encuentros de una clase contra otra en los que competíamos 80 niños divididos en dos equipos en un campo de fútbol sala, y todos vestidos igual. El principal riesgo de estas competiciones no era marcar goles, o incluso evitar darle el balón a un rival, sino lograr terminar el partido sin haber impactado con la cabeza contra el cráneo de cualquier otro futbolista, fuera del equipo que fuera, y terminar ambos en las camillas de la enfermería viendo pajaritos piando en círculo.
La asignatura de la recuperación del balón la hemos superado con sobresaliente. Y, sin embargo, a los nuestros les sigue costando la genialidad individual al borde del área rival. Y que salga bien, claro
La inmediatez y la prisa lo cambian todo. En ese fútbol de emergencia no sirve de nada la posesión. El mejor Barcelona de la historia habría perdido todos los partidos contra nosotros entonces. Lo único que allí servía de algo era marcar más goles que el rival y hacerlo lo bastante rápido como para que la sirena del final del recreo no te dejara fuera de juego. La consecuencia era un fútbol netamente ofensivo, repleto de individualidades.
Me acordé de esta historia en los dos últimos partidos del Real Madrid. El sistema ha cambiado. Los nuestros juegan juntitos, no pierden el balón y, en caso de que ocurra, el esfuerzo defensivo se redobla en todas las líneas para recuperarlo cuanto antes. Felicísimo cambio que muchos hemos venido pidiendo jornada tras jornada durante la pasada campaña. El Madrid perdía balones arriba con extraordinaria habilidad y la mitad de la plantilla se sentaba a esperar que alguno de los defensas obrara el milagro de recuperarlo. El fútbol de hoy requiere otras maneras.
En cierto modo, el fútbol de ahora se parece mucho a mis partidos de escuela. La proximidad de líneas es inevitable cuando juegas en un campo de fútbol sala con equipos que duplican o hasta cuatriplican el número reglamentario de jugadores establecido en esta disciplina. Es más fácil ejercer presión en grupo cuando al contrario no le queda sitio, literalmente, para jugar, salvo enfrentándose cara a cara con los otros.
La asignatura de la recuperación del balón la hemos superado con sobresaliente. Con todo, sigue habiendo un problema cuando los equipos se instalan en bloque en su área. La posesión infinita, no arriesgar el balón, y recuperarlo rápido son útiles, pero no son cosas definitivas. El primer partido de liga del Real Madrid fue eficaz, pero durmió a las ovejas. Contra el Oviedo pudimos ver otras cosas.
Y, sin embargo, a los nuestros les sigue costando la genialidad individual al borde del área rival. Y que salga bien, claro. Franco, con felicísimo desparpajo, lo intentó cien veces, y la mayoría no salieron; entre otras razones porque, al pisar área ovetense, los jugadores contrarios tenían orden de aplacarlo de tres en tres, aprovechando que De Burgos estaba De Cañas. Rodrygo y Vini lograron llegar más lejos en esas tentativas individuales. Y alguien debería explicarme por qué Brahim ha dejado de arriesgarse al uno contra uno esta temporada; hoy es mucho más eficaz como jugador de equipo, sí, pero hemos perdido, confío en que momentáneamente, uno de los metales escasos del fútbol moderno: el talento de la individualidad. Quiero suponer que no lo intenta porque no se ve con la condición física o moral necesaria para salir con éxito del lance, pero haría bien el Madrid en llevarlo al taller cuanto antes, porque sospecho que, titular o suplente, volverá a ser determinante esta temporada, si vuelve a su mejor versión.
La viveza de Mbappé, que ha empezado el curso con el motor engrasado, y el recurso a Gonzalo nos dan esperanzas sobre cómo el entrenador logrará dar mayor dinamismo a nuestro esquema en el campo para afrontar la actitud ultradefensiva de gran parte de nuestros rivales más coñazo, futbolísticamente hablando. Y ya sé que nos falta aún por ver cómo se comportarán los nuestros con equipos de más categoría que nos jueguen de tú a tú, como dicen los comentaristas ahora, como si hubiera equipos que nos jugaran de tú a otro.
Una de las razones para ilusionarse con el equipo este año es que pocas veces se ve con tanta claridad la influencia de un nuevo modelo de juego y de un nuevo entrenador. Cada cosa en que pone el acento durante la semana se plasma en el campo, siendo la presión de los delanteros una de las más evidentes. Yo ahora estoy deseando que ponga el acento en las maneras de romper el muro cuando un rival se encierre en su propia área; sin contar solo con los zapatazos desde donde De Burgos perdió el silbato.
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Buenos días, amigos. Como madridistas que sois, y gente aplicada que hace sus deberes, todos sabéis que anoche el Real Madrid dio buena cuenta del Oviedo en su primera visita al feudo carbayón en 23 años. Fue un gusto volver allí, reencontrarse con un rival muy querido y (por qué no decirlo) endosarle un rotundo 0-3 que, tanto por el marcador como por las sensaciones, permite soñar.
“En modo killer”, titula Marca, y aunque la foto de portada nos hace intuir que se refiere a Mbappé, autor de un doblete esplendoroso, lo cierto es que es todo el equipo el que se encuentra en ese modo, a pesar de que el Sr. Tebas nos haya dejado sin pretemporada y los de Xabi anden con las fuerzas justas.
Fuerzas que el propio Xabi se encarga de recargar a base de rotaciones (el once inicial nos dejó cuatro cambios en comparación con el que vimos frente a Osasuna) y a base de cambios tempraneros (a la hora salieron Vinícius y Brahim y ambos, sobre todo el primero, inyectaron nuevos bríos a su escuadra). Sobre todos estos pormenores podéis leer la galáctica crónica de Genaro Desailly, así como las calificaciones del amigo Panga.
Si Vinícius pudo ser decisivo saliendo desde el banquillo fue, obviamente, porque había comenzado el encuentro sentado en él. Como es costumbre, se ha buscado maximizar la polémica, si bien Xabi explicó el asunto con tranquilidad pasmosa en rueda de prensa: cuenta con muchos efectivos y desea que todos se sientan protagonistas. La portada de Marca explica en letra pequeña el gran impacto del brasileño en el resultado final (robo de balón, que desmiente su injusta fama de holgazán defensivo) con asistencia a Mbappé, así como gol propio cerrando el electrónico.
Así como cuenta lo bueno, Marca no se desmarca y refiere también lo malo (la tarjeta amarilla por un presunto fingimiento que no vimos repetido en condiciones). No es normal que en portada se mencionen las tarjetas a los jugadores, pero hombre, ¿cómo va Marca a desaprovechar la oportunidad de abundar en la imagen de un Vini conflictivo? ¿Cómo va a desaprovechar el inefable reportero Sergio Quirante la ocasión de verbalizar para la audiencia los insultos que está recibiendo el brasileño? ¿Cómo no va DAZN a poner de relieve el pequeño rifirrafe del delantero con la grada (condenable por ambas partes), mientras todos los medios tradicionales ignoran, por ejemplo, los vergonzosos tocamientos de genitales del muy arrogante y maleducado Lamine Yamal? Nunca es el qué. Siempre en el quién.
El caso es que hay razones para soñar. Seguimos sin encajar gol, Courtois apareció cuando fue requerido (qué mano con el 0-2), Carvajal jugó 85 minutos a gran nivel, Güler volvió a sacar el tarro de las esencias y Mastantuono… Mastantuono nos tiene obnubilados. Qué personalidad, qué manera de comerse el campo, de pedir el balón a los compañeros, de rebañárselo al rival, de regatear, de fintar, de soltar porritas, de moverse por todo el campo. Es un absoluto sinvergüenza en el mejor sentido de la palabra. Es un gamberro serio. Es un genio en ciernes, y es nuestro.
Y luego está lo de Tchouaméni, que se antoja la piedra filosofal de Xabi. Es un centrocampista, es un defensa, es la peor pesadilla del rival. Es una presencia. Modera, reparte, juega, templa, roba (sensacional en el primer tanto), se impone y remata. Futbolista descomunal, diga lo que diga el piperío.
Y luego, claro, está lo de Kylian.
“Simplemente Mbappé”, titula As. No nos parece mal. El francés está en un momento realmente dulce, no solo en el apartado anotador, sino en su aportación general al juego. Se le ve en una línea que recuerda al Mbappé que fascinó al planeta en el PSG, o incluso en el Mónaco. Es como si se hubiese quitado años (amén de kilos) de encima. Su desborde, sus fintas y su cualidad letal le permiten aspirar no solo a meter al menos tantos goles como el año pasado, sino a que alguno de ellos tenga lugar en la final de Budapest.
Hablando de letal, no sabemos qué perra han agarrado hoy en el nordeste peninsular con la palabreja. A ver, señores, lo que es letal de toda letalidad es que ustedes se compraran el sistema arbitral durante un mínimo de 17 años y que no se haya hecho justicia en modo alguno, ni se haya purgado dicho sistema hasta donde debiera.
Mientras La Galerna siga existiendo, ese tema no morirá.
Pasad un buen día.