El estreno de Álvaro Arbeloa como entrenador del Madrid me ha hecho pensar en el famoso poema con que termina la película Interstellar, de Christopher Nolan: «Do not go gentle into that good night». Los versos son del poeta galés Dylan Thomas y evocan la idea de resistencia a un destino fatal. Leí a alguien decir que Arbeloa es lo más parecido a tener en el banquillo del Real a uno de nosotros mismos y es verdad. Puede que, desde Zidane, nadie se haya sentado en esa trituradora de almas que ame más al Madrid, pero Zidane era un ser superior. Arbeloa es uno di noi, un hombre normal que ha visto colmado, con el ejemplo de su vida, el sueño de millones de niños. En esta hora sublime en la que suenan las trompetas del Apocalipsis hay un hombre, un hombre de club, que ha dado un paso adelante.
Y que lo ha dado por amor.
El madridismo vive una de esas crisis nerviosas de las que puede salir una catástrofe o una Copa de Europa. La primera semana de Arbeloa al frente del primer equipo ha consistido en un resumen acelerado de todos los problemas con los que tendrá que lidiar en medio, además, de una situación, social e institucionalmente hablando, de descomposición. Que, en función de cómo se vayan desenvolviendo ciertos temas de importancia crítica para el futuro de la organización (que se están gestionando de forma opaca, siendo el Madrid, en teoría, todavía un club de naturaleza asamblearia) puede influir aún más gravosamente sobre el estado de ánimo de la afición y de la plantilla.
Es un panorama dantesco, un verdadero partido macho. Arbeloa tiene toda su carrera como entrenador por delante y corre un serio peligro de quemarse a las primeras de cambio. Es altamente improbable que nos hagamos una idea cabal de cuál es su «idea de fútbol» puesto que coge, a media temporada, una plantilla a la que no hay, verdaderamente, por dónde cogerla; un equipo con el ánimo por los suelos, jugadores aplastados por la realidad y la confianza seriamente dañada por unos resultados acordes a su nivel objetivo y a la calidad de la planificación deportiva del club.
En esta hora sublime en la que suenan las trompetas del Apocalipsis hay un hombre, un hombre de club, que ha dado un paso adelante. Y que lo ha dado por amor.
Y sin embargo, ahí está: luchando contra los elementos, como un buen hidalgo español, encarnando el hermoso verso del poema de Thomas: «rage, rage against the dying of the light».
Ya hemos visto, no obstante, algunas cosas de Arbeloa como técnico. Lleva «a Mourinho dentro» como él dijo en su primera rueda de prensa. Tiene un claro sentido de la escena, de lo dramático. Su pausa, ante la cámara, para observar las Copas de Europa al llegar al estadio una hora antes del partido, es un gesto, claro, pero es que el aficionado al fútbol sólo vive de gestos. El suyo, al hacerse cargo de este quilombo, de este coloso en llamas, es un gesto de Quijote.
Arbeloa es consciente del momento tan delicado por el que pasa la casa, un momento guerracivilista como no se recuerda, y quiere atraer la cólera del respetable hacia él, como la crítica de los medios y la responsabilidad de las derrotas. Es una idea inteligente y con un puntito de heroísmo pues, al fin y al cabo, con ese vestuario tendrá que llegar a junio. También tiene reflejos: se equivocó ubicando a Gonzalo, de inicio contra el Levante, por la derecha, y rectificó a tiempo sustituyéndolo por Güler. Por quien, a pesar de no haber salido aún de la guardería ni roto en un talón de Özil ni mucho menos, han pasado, ciertamente, los mejores ratos de fútbol del Madrid esta temporada.
Pero el sentido de club de Arbeloa no se limita sólo a la caseta que administra, de momento como interino aunque eso tampoco lo sabemos: desde el Madrid, siguiendo la costumbre, no han aclarado nada. Por más que se sobreactúe la pitada que recibieron presidente y jugadores el sábado al mediodía no fue, ni de lejos, la peor de las que se han presenciado en el Bernabéu. No está de más recordar que a Iván Campo lo mandaron al diván del psicólogo y el buen hombre acabó de titular en la defensa de cinco con que Del Bosque ganó la Octava en París.
Arbeloa uiere atraer la cólera del respetable hacia él, como la crítica de los medios y la responsabilidad de las derrotas. Es una idea inteligente y con un puntito de heroísmo pues, al fin y al cabo, con ese vestuario tendrá que llegar a junio
En el Bernabéu todavía, aunque débil, late un nervio democrático y el fútbol, de momento, sigue siendo un juego y no un entertainment americanizado. Los silbidos de la gente reflejan un malestar más profundo que como es normal se ceba con el hijo más querido; pues Vinícius, por méritos propios, se sienta a la misma mesa de Cristiano Ronaldo, Zidane o Benzema. Arbeloa todo esto lo sabe y sabe que, como en Las Ventas, un lance, un quite del perdón, un muletazo con la muñeca de seda, lo cambia todo. Él está ahora al mando y a mí se me viene a la cabeza la imagen suya, tras marcar un gol en un partido de la fase de grupos de la Copa de Europa de la temporada 2013-2014, regañando a la grada y pidiendo que los aplausos del Bernabéu fueran para Benzema, al que estaban crucificando.
Arbeloa debutó en el Madrid, como jugador, hace poco más de veinte años. Entonces, la situación era parecida: deportivamente hablando el equipo llevaba un año largo hecho unos zorros y el mandato del presidente Pérez presentaba síntomas de agonía. Es decir, no sólo es Mourinho: el Madrid tiene un entrenador que tiene un conocimiento anticipado de los posibles giros de guion. Lo que en las actuales circunstancias vale oro. «Grave men, near death, who see with blinding sight / Blind eyes could blaze like meteors and be gay / Rage, rage against the dying of the light».
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Vuelve la Champions League en este 2026 con la disputa de la séptima jornada de la primera fase de la competición. El Real Madrid se mide a un Mónaco en horas bajas que llega en mala dinámica en las competiciones francesas, aunque lo cierto es que en el torneo europeo está siendo competitivo y solo ha caído en su visita a Brujas. Los monegascos llevan 9 puntos y buscan clasificarse para disputar el playoff. Como bajas confirmadas están Lamine Camara, ganador con Senegal de la Copa África y que no llega a tiempo para el partido, y también Salisu, Minamino, Hradecky, Mawissa y Pogba, con diferentes lesiones.
El técnico Sébastien Pocognoli suele utilizar un dibujo de 4-3-1-2 o el clásico 4-4-2, pero no se descarta que para el Santiago Bernabéu realice algún cambio y busque un planteamiento más defensivo ajustando la táctica y buscando más equilibrio. Un probable XI sería el formado por Kohn en portería; Vanderson como lateral derecho, Caio Henrique en el lateral izquierdo, Kehrer y Dier como centrales; Teze y Zakaria en el medio, Akliouche escorado a la derecha, Golovin a la izquierda; en punta, Biereth y Balogun.
En los primeros minutos, motivados por el ambiente y el estado del Real Madrid, tal vez puedan subir líneas y presionar arriba por si sorprenden a un equipo blanco que haya salido dormido, pero el resto del partido se prevé un conjunto monegasco en un bloque medio bajo. La defensa en la frontal de su área, el mediocampo muy junto para no permitir espacios entre líneas y la delantera a varios metros de la medular del terreno de juego. Su idea es acumular hombres, cerrar huecos principalmente por el centro y mostrarse muy solidarios en coberturas. No habría presión intensa ni salidas de zona alocadas para que no se abran grietas en el entramado defensivo. El Real Madrid deberá tener paciencia, mover el balón con rapidez y tratar de desbordar por las bandas para desequilibrar la parcela defensiva.
Un equipo predecible en este apartado que no duda a la hora de sacar el cuero ya sea por bajo o buscando un balón en largo. Lo importante es hacerlo con rapidez y de forma directa. No marean la perdiz. Los dos medios, Zakaria y Teze, se colocan de manera escalonada, y los centrales buscan de forma inmediata a los delanteros que bajan a recibir. Por tanto, se saltan en muchas ocasiones la línea del centro del campo y la conexión es zaguero-punta.
En el caso de recibir una presión intensa de los adversarios, utilizarán el recurso de los balones largos, normalmente con Dier, un antiguo centrocampista, como ejecutor. El plan es que los atacantes peleen con los centrales, bajen el cuero y descarguen a los centrocampistas que vienen de cara o prolonguen para la velocidad de los jugadores de banda. Una premisa importante de Pocognoli será no generar pérdidas cerca de su área que puedan desembocar en ocasiones de peligro para su marco en pocos toques.
Los monegascos han demostrado ser un conjunto con debilidades atrás. Van a defender más por acumulación y juntar a muchos hombres que por fiabilidad y solvencia esta campaña. La pareja de centrales tiene experiencia, pero no viven su mejor momento. Ambos se complementan con un Kehrer más rápido y un Dier que tiene colocación y lectura. Por arriba también se manejan bien. Pocognoli pedirá mucho apoyo a su doble pivote, formado por dos futbolistas muy defensivos, de fuerza, músculo y robo. En las bandas disponen de dos jugadores brasileños: Caio, con más nivel que Vanderson. Si el Real Madrid tiene un buen día, puede dejar sentenciado el partido en pocos minutos si roba arriba y es eficaz de cara al marco, porque la parcela defensiva de los monegascos no vive un buen momento y reciben goles con facilidad.
El ataque del Mónaco pasa principalmente por la inspiración del ruso Golovin, del francés Akliouche y de lo que puedan generar sus puntas. El peligro está en la conexión que puedan tener Golovin y Akliouche, los futbolistas de más talento con balón. Son los generadores de juego, buenos en el uno contra uno y capaces de filtrar balones a los delanteros. El estadounidense Balogun es más rápido, mientras que el danés Biereth es más potente y poderoso por arriba. Por tanto, otro punto en el que intentarán hacer daño a los blancos será en los balones aéreos, tanto en jugadas de estrategia como en envíos cruzados laterales.
En el banquillo cuentan con Ansu Fati como revulsivo, empezó bien la temporada, marcando, pero se ha ido apagando y perdió la titularidad. Los laterales también tienen tendencia a subir, ya que los dos pivotes les guardan las espaldas. El Real Madrid deberá tener especial atención por arriba a Biereth y los dos centrales, que van bien por arriba.
Pocognoli apostará por un equipo muy junto, que defienda en bloque medio bajo y que no se complique para nada cerca del área. Su plan será aguantar atrás y tratar de salir rápido al contragolpe a ver si con velocidad sorprenden al equipo blanco. En su escenario ideal deben tener un excelente día en defensa, materializar con éxito las pocas llegadas que puedan tener al área blanca y organizar un verdadero plan de supervivencia ante el caudal ofensivo madridista. También buscarán cortar mucho el juego, que el Real Madrid no progrese y realizar faltas para que el cuadro de Arbeloa no coja ritmo de juego a lo largo del encuentro.
Akliouche es uno de los grandes talentos del fútbol francés surgido en los últimos años y ya ha sido recientemente internacional por los bleus. Es un futbolista que juega por banda con gran habilidad, visión, capacidad en el pase y eficaz en su juego. Tiene velocidad, desborde, atrevimiento y elegancia. Además, es trabajador sin balón, ayuda y cada vez se integra más en el juego colectivo. Mañana tendrá un bonito duelo con Fran García, porque muchas de las posibilidades del Mónaco de hacer daño pasan por los pies de este joven jugador que pronto saldrá del conjunto monegasco.
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Estas citas reflejan la mentalidad espartana de valor extremo, disciplina férrea y un profundo sentido del deber hacia Esparta.
Estas fueron las palabras que nos dijo a Jesús Bengochea y a mí, hace ya unos años, mi tocayo, en un restaurante del centro de Madrid. Hablábamos de la vida, del fútbol, de su carrera, del futuro. Pero no fue tanto el contenido de la frase lo que se me quedó grabado sino la forma de decirla: la cadencia de la voz, la serenidad, la absoluta seguridad con la que fue pronunciada. Esa manera de decirlo lo explicaba todo. Ahí estaba ya ante nosotros el entrenador del Real Madrid.
He tenido la suerte de conocer a Álvaro desde cerca, a través de amigos comunes que fueron al colegio con él. Tanto él como su familia siempre han sido generosos, cercanos, profundamente leales a su entorno desde la infancia y la adolescencia. Y lo siguen siendo hoy, quizá incluso más. En lo personal, siempre me han tratado como a uno más de los suyos. Y eso no se olvida.
Álvaro Arbeloa es el Real Madrid; el Real Madrid moderno, el club que ha inventado para nosotros nuestro presidente y el que nos quiere dejar. Álvaro es su espartano, quien encierra en sí mismo todos los valores del club: compromiso, sacrificio, identidad, competitividad y una idea muy clara de lo que significa defender este escudo.
Muchos dicen: “es el nuevo Mourinho”, “es un Mou 2.0” he llegado a escuchar. No. Álvaro no es Mourinho primero, ni segundo, ni tercero. Álvaro es Álvaro. Y eso es lo verdaderamente importante. Ha sabido absorber lo mejor de cada entrenador que ha tenido a lo largo de su carrera, pero sin perder nunca su propia personalidad.
Nunca se ha callado. No se calló como jugador y no se ha callado como entrenador. Eso le ha costado críticas, incomprensión y no caer bien en determinados sectores; incluso dentro del propio madridismo. Pero la realidad es que Arbeloa es exactamente la persona que este club necesita ahora.
Álvaro es el héroe que Gotham necesita. Nuestro Bruce Wayne y nuestro Batman. Un superhéroe dispuesto a pelear por todos: por los pro-Arbeloa y por los anti-Arbeloa. Le da igual. Va a ir a la batalla con todos. Es Leónidas y su fiel ejército caminando hacia las Termópilas, sabiendo que quizá no haya regreso, que no hay marcha atrás.
El día que dijo “sí” a esta petición del club, aceptando el reto tal y como se le planteó, estoy seguro de que no era exactamente como lo había soñado. Pero jamás habría dicho que no a su Real Madrid. Nunca habría dicho que no a su afición, a su presidente, a su entorno, a su equipo.
Máxima asociada a la formación espartana y a su obsesión por la disciplina.
Y en ese camino no está solo. A su lado está Julián Carmona, su segundo entrenador y amigo de la infancia. Juntos forman una dupla que, sin ruido, sin focos innecesarios, ha ido escalando desde abajo en las categorías del club hasta llegar a la cima de la montaña.
“Porque solo si has estado en el valle más profundo puedes comprender de verdad lo que significa alcanzar la cima más alta”. Esta idea define —y definirá— el camino de nuestro nuevo entrenador en el Real Madrid.
Pase lo que pase, con resultados buenos, malos o intermedios, Álvaro Arbeloa no va a dejar indiferente a nadie. Él sabe mejor que ninguno de nosotros dónde está. Conoce la situación del club, entiende a la afición, comprende todo lo que hay detrás: la presión, el ruido, la batalla mediática permanente, incluso esa lucha constante contra el propio poder que representa el Real Madrid.
Idea recurrente en Esparta: la calidad, el honor y la disciplina frente al número.
Vivimos en una especie de “Guerra de las Galaxias diaria” en la que somos el centro del universo y todos orbitan alrededor con una sola idea: ir a por nosotros. Hay quien cree que este es un momento de debilidad y por eso se atreve a atacar ahora. Curiosamente, cuando se ganaban tres Copas de Europa seguidas, permanecían escondidos en una galaxia más allá de las puertas de Tannhauser.
Mi tocayo no va a flaquear en este contexto, quien piensa eso es que no le conoce. No se va a esconder. De puertas para adentro será elegante, pero directo, de puertas hacía fuera, igual. Reflexivo, pero contundente. Escuchará, pero tomará decisiones. Algunas gustarán, otras no. Será querido y será odiado. Él lo sabe y lo acepta.
Paradoja central de la educación espartana.
Y cuando todo esto pase, cuando llegue mayo, el buen tiempo vuelva a Madrid y la ciudad se llene de ilusión camino de unos cuartos o unas semifinales de Champions, veremos cómo muchos de los que hoy critican —al entrenador, al presidente, al club— querrán subirse al caballo blanco que conduce a otra final de la Copa de Europa. Y se les dejará subir. Álvaro les dejará. El presidente les dejará. Pero todos sabremos quiénes estuvieron y quiénes no, quiénes son de verdad del Real Madrid y quiénes solo aparecen cuando huele a gloria.
Él aceptará a todos, porque conoce perfectamente la idiosincrasia del club y la de su afición. Esta Liga se va a disputar contra el Barcelona. Se puede ganar o se puede perder, pero hay algo seguro: se va a competir. Hay factores que condicionan el camino. El equipo, físicamente, no está en su mejor momento. Veremos qué sucede. Ha vuelto Pintus, que nunca debió irse, y eso ya marca un punto de inflexión.
Empieza una nueva etapa. Una etapa que, más allá del miedo o la duda, deberíamos vivir con ilusión. Porque siempre que en el Real Madrid se ha vivido un detonante de este calibre —como lo fue Mourinho, como lo fue Capello en su primera y segunda etapa— el club ha reaccionado. Y ahora estamos ante el siguiente gran impacto de las últimas tres décadas.
Estamos ante una mezcla de la exigencia de Capello, la calma y el cerebro de Carlo, el carácter y la raza de Mourinho y de algo más profundo: la esencia de alguien de la casa que se ha preparado toda su vida para este momento.
Así que, caminemos juntos, espartanos.
Hala Madrid.
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El poeta griego Simónides de Ceos definió a Esparta como la «domadora de hombres», pues conseguía que sus ciudadanos se mostraran sumisos ante las leyes y se mantuvieran preparados a conciencia para derrotar a los enemigos. Plutarco fue al detalle: «A leer y a escribir aprendían porque era necesario, pero el resto de la educación tenía como meta obedecer disciplinadamente, resistir las penalidades y vencer en la batalla».
Más allá de los mitos —parece no ser cierta la idea de que los espartanos dispusieran de un ejército permanente, sino que lo organizaban como el resto de civilizaciones coetáneas, sólo en campañas—, Nicolas Richer, autor de Esparta. Ciudad de las artes, las armas y las leyes, subraya una virtud de aquel legendario pueblo: su sistema social, organizado con el objetivo vital de que la eficiencia del individuo redundara en la del colectivo.
«No hay retroceso. Sin rendirse. Esa es la ley espartana» reza la descripción biográfica de las redes de un Arbeloa que no ha dudado en ponerse en primera línea ante los pitos del partido del Levante (respeto por el Bernabéu, pero defensa de sus jugadores) ni en tocar la tecla adecuada ante las carencias del equipo: el espíritu de Juanito.
Si el malagueño alcanzó una conexión tan profunda y duradera con la grada blanca fue sencillamente porque era uno más de la tribu. Sufría, celebraba, rugía y gritaba como ellos. Sencillamente, estaba tocado por la varita del talento y todo eso lo hacía sobre el césped. Juanito, chancero, cariñoso y cercano, olvidaba cualquier tipo de amistad cuando se vestía de corto. Se transformaba y la risa se le borraba de la cara y también a su rival. Ahí la camiseta era su adrenalina y no escatimaba un solo esfuerzo hasta el final.
La tarea del actual técnico blanco es ciclópea, y más si el madridismo se empecina en recorrer el camino de Caín. Pero todavía resta un hilo del que tirar, el preferido de Juanito, el de las señales
Podemos afirmar que la situación actual de su Madrid le entristecería, y sospechamos que comprendería la protesta, pero seguramente no hasta el punto de perseguir con pitos e insultos a tus propios jugadores durante noventa minutos. Tuvo toda la intención Arbeloa al convocar los 90 minuti del eterno siete, pues si repasamos las remontadas ochenteras comprobaremos que se producían tras un descalabro de dimensiones extraordinarias y sólo con los más fieles abonados a los milagros subidos en el barco (las ratas y el resto, dicho sea de paso, siempre volvían de tapadillo).
La tarea del actual técnico blanco es ciclópea, y más si el madridismo se empecina en recorrer el camino de Caín. Pero todavía resta un hilo del que tirar, el preferido de Juanito, el de las señales. Y es que aunque un cambio de entrenador a mitad de campaña suele ser sinónimo de año para olvidar, no sería la primera vez que un salmantino coge las riendas de un Madrid a la deriva por estas fechas y termina haciéndolo campeón de Europa. Por soñar…
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Buenos días. En primer lugar, queremos transmitir nuestras condolencias a los familiares y seres queridos de las víctimas del horrendo accidente ferroviario en Adamuz, que a esta hora se salda con decenas de muertos y cientos de heridos. Una tragedia terrible ante la cual la actualidad deportiva se antoja insignificante, y lo que procede es estar junto a quien lo necesita y depurar responsabilidades para evitar algo similar en el futuro.
A pesar de las circunstancias, trataremos de realizar el portanálisis de hoy como mejor podamos.
Vaya por Dios, por un solo día, el CTA no ha puesto una alfombra de flores al Barça para que ganara. El Barcelona sufrió una real sacudida precisamente contra la Real Sociedad y sucumbió por 2-1. Con partidazo de Joan García. Un varapalo, según reza Mundo Deportivo.
El diario del Count of Godó, Grandee of Spain, utiliza el titular para señalar los motivos, según ellos, de la derrota: el VAR, que les anuló tres goles y un penalti; y los palos, remataron cinco veces a la madera. Los culés están sorprendidos, indignados, alucinados. Es normal, nunca les había pasado. ¡Para algo pagaban!
Sin embargo, quienes no se han comprado nunca el sistema arbitral sí han experimentado estadísticas de ese calibre. No hace falta irse muy lejos para recordar una: en octubre, Soto Grado e Iglesias Villanueva anularon tres goles al Madrid contra el Barça. En Mallorca, Sánchez Martínez y Pulido Santa, otros tres. La campaña pasada, Quintero González y Figueroa Vázquez, tres contra Las Palmas. Gil Manzano y Estrada Fernández, tres hace tres temporadas frente al Elche. Y otros tres ante el Eibar anulados por Díaz de Mera y Martínez Munuera en la 2020-21. Gracias a @cabaislois por los datos.
Se asustan los de DAZN porque al Barsa le han anulado tres goles y tienen razón para sorprenderse porque es la primera vez que ocurre en la historia. Sin embargo, que se los anulen al Madrid no es noticia, le ha ocurrido 5 veces, la última precisamente contra el Barsa, el https://t.co/SaWHRQc1oA
— cabaislois (@cabaislois) January 18, 2026
Como era de esperar, los adalides del respeto arbitral rajaron de los colegiados. Primero el capitán De Jong y luego Flick en rueda de prensa. Las declaraciones del entrenador que tan bien habla castellano y catalán fueron curiosas: «Siempre hablo muy bien de los árbitros, pero De Jong tiene razón en sus palabras sobre el árbitro». Valiente y coherente.
Como coherentes se mostraron la culerada y el antimadridismo. Para estos individuos, la segunda imagen es fuera de juego claro y la primera, un robo.
Lo más curioso es que el colegiado fue Gil Manzano, al que invitaron para el Gamper. Un despiporre.
A nosotros lo que nos parece es que el sistema de fuera de juego semiautomático es un fraude. Por dos motivos: el árbitro de VAR puede elegir el frame que quiera, con lo cual, de facto, decide si es gol o no; y además no se muestra en la misma imagen el momento del golpeo del balón, por lo que ha de realizarse un acto de fe en el sistema más corrupto que se recuerda.
Lo que ocurre es que cuando de forma recurrente el afectado es el Madrid, no pasa nada. Cuando le roza al Barça, es un drama. Los de Laporta se sienten como quien entra a una peluquería con final feliz, paga y solo le cortan el pelo.
Sport lleva en su portada a Lamine Yamal con un gesto de contrariedad. «Se acabó la racha», titulan. Entendemos que el bueno de Lamine estará doblemente triste: por un lado perdió su Barça y por el otro cayó derrotada su selección favorita ante Senegal. Parece que a Marruecos el asunto no le salió tan bien como a Argentina.
Ríete ahora pedazo de escoria.
Marruecos palmando la copa África y tu equipo palmando en liga mientras te arrastras por el campo. Payaso.
Buen domingo noche se le ha quedado a Lamine Yamal de Playa. pic.twitter.com/hJy8zEXhzo
— CHOLISMO (JODÍ A GEY CHOLO) (@AmableMatamoros) January 18, 2026
As abre con la misma foto de Yamal, pero con destacado distinto: «Hay liga». ¿Cómo que hay liga, si el Madrid entero está para demolerlo? Los de Arbeloa no pueden estar solo a un punto del todopoderoso Barça, antes de ayer asistimos a quizá la mayor pitada de la historia por un sector del Bernabéu hacia su propio equipo. Si tenemos en cuenta que ha habido años que ha acabado más allá del segundo puesto que ocupa ahora y ha ganado Champions, por lógica, debería ir noveno o décimo.
No, está mal, el Madrid no puede estar solo a un punto, debe encontrarse a diez o doce, por mucho que Marca también lo afirme en su portada.
Esto no para. Mañana, Champions. Contra el Mónaco. Jugamos en el Bernabéu. Lo que no sabemos es si como locales o como visitantes de nuevo.
Pasad un buen día.
Ni perseguir un partido entero a Vinicius… ¡en el Bernabéu! Se lo pongo aquí, de entrada, porque arriba, el titular, sería muy largo. Vamos.
Sostiene el filósofo José Antonio Marina que no todas las opiniones son respetables. Y lo remata: “sí lo es el derecho a expresarlas”. ’Quícir’, las personas merecen respeto, la respetabilidad de sus opiniones depende de su calidad, la de la opinión.
Dice el filósofo que hay opiniones estúpidas, blasfemas, racistas, injustas... ¿Respete mi opinión? Pues depende de la opinión, resume Marina. Lo pienso desde niño, mis broncas me ha costado.
Así, admito, y es un decir pues quién soy yo para admitir o no al prójimo y sus cosas, que el Bernabéu pite al equipo y al presidente. Las frustraciones. Es más: celebro que los pitones sean madridistas, sus colores son otros y… No quiero ni pensarlo.
Pero no considero respetable pasarse dos horas largas abroncando a los jugadores de tu equipo y/o pidiendo la dimisión del presidente.
Comprensible es la pitada cuando los muchachos salen a estirar las piernas, cuando se retiran, cuando se anuncian las alineaciones, cuando el palco empieza a poblarse.
Y lo es porque lo último del Madrid ha sido todo muy gordo y el deshago, higiénico e inevitable. Además, una bronca bien pegada curte, sin la menor duda. Lo del sábado, no.
Vamos con el presidente: «Es que se ha equivocado», dicen los pitones. ¡Gracias a Dios, digo yo! ¿Se imaginan una persona que no se equivocara nunca? ¿Son ustedes conscientes de la tarea de Florentino en la presidencia del Madrid?
no me van a convencer: «Florentino dimisión» no es una opinión respetable. No es una opinión de calidad. No a tenor de lo vivido en el Madrid todos estos años
Creo que sí pues al menos hasta el sábado, el madridismo elegía tres personajes sobre todos los demás en la historia del club y mira que ‘demás’ hay muchos y extraordinarios: Bernabéu, Di Stéfano y Florentino.
Y los tres se equivocaron. Mucho más acertaron, pero sus malos momentos tuvieron. Y a los tres les pitaron porque el Bernabéu es un ser vivo y la capacidad de encabronamiento española, mundialmente conocida. Oigan, los hay que pitaban a Nadal…
Pitada, bronca. ¿Pero «Florentino dimisión»? ¿De verdad? Échele usted en cara que le faltó Zubimendi o una bruja de Zugarramurdi. Que la difícil transición del Equipo de Oro 2 no ha sido lo diligente y acertada que era menester. Que no debió asistir al Barça y ayudarle a burlar su ruina, asistencia que ríanse de las de Llull y/o Campazzo. De por qué firmó a Xabi si no le convencía. De su manera de tratar a los futbolistas. Y a los entrenadores...
¿De algo más? Pues sí venga, lo que se les ocurra. Pero no me van a convencer: «Florentino dimisión» no es una opinión respetable. No es una opinión de calidad. No a tenor de lo vivido en el Madrid todos estos años.
Como tampoco tiene calidad tirarse un partido casi entero pitando a los jugadores, los tuyos. Que tienen tela, sí. Muy marinera la tela. Con especial dedicatoria a Vinícius, Bellingham, Camavinga y Valverde.
Una tarde curiosa que me recordó aquel fallido partido en Miami: el Madrid va a jugar 20 partidos de visitante esta Liga. De momento, si la cosa sigue así igual serán 21, 24… El partido con el Levante no lo jugó en casa, de local. Así lo quiso mucha de su gente.
De todas maneras no me llamé a engaño: desde el mismo momento en que acabó el partido en Albacete se puso en marcha un cerco al madridista. Radios, televisiones, youtubers, periódicos tradicionales o digitales todos a una, ¿usted pitará al equipo ante el Levante, a Florentino?
Menos en el programa de cocina de Arguiñano, la pregunta se formuló día y noche. El ambiente estaba caliente. El entorno, gran palabra, se agigantó y colaboró decisivamente en la hoguera.
Radios, televisiones, youtubers, periódicos tradicionales o digitales todos a una, ¿usted pitará al equipo ante el Levante, a Florentino? Menos en el programa de cocina de Arguiñano, la pregunta se formuló día y noche
Que tuvo en Vinícius el otro gran protagonista. Ya se le persigue en su casa. Sí, él tiene sus cosas. Muchos de estos males del equipo igual no hubieran sucedido sin su desplante la tarde del Clásico.
Vinícius se equivoca, pero lo que vivió el sábado en Chamartín no es respetable. Contadísimos serán los futbolistas que vivieron una situación así desde que los ingleses inventaron este juego.
Florentino y Vinícius protagonistas en una tarde delirante en el Bernabéu. El estadio donde se celebraron éxitos sin parangón en la historia del deporte mundial.
Tiempos no tan lejanos en los que no se discutía modelo, estrategia, nada. El montaje más triunfal en la historia del balompié.
Y sí, de un tiempo acá el motor se ha gripado. Y pilotos, ingenieros, mecánicos, sexadores de trócola y demás no dan con la avería. Lo de acertar siempre, miau. No hay infalibilidad en el fútbol, en la vida.
Enfado lógico, bronca inevitable. Incluso eso, saludable. Lo demás, no. Lo demás también acabó en «able»: lamentable.
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La diligencia, a los muchos fordianos que además leen La Galerna, les evocará automáticamente a una de las mejores películas del célebre John Ford, y probablemente de la historia del western. Para los no tan aficionados a las películas del oeste, la palabra diligencia principalmente les suscitará cuidado, celo, eficiencia y prontitud en ejecutar una acción (así dice la RAE). Llevado al terreno madridista, diligencia es lo que seguramente ha faltado en el momento de tomar ciertas decisiones,fundamentalmente en el ámbito de la confección de la plantilla, la preparación física o en la gestión de ciertos egos y comportamientos de algunos jugadores. Esto, sumado a una considerable dosis de mala suerte en forma de lesiones, ha hecho que el Real Madrid se encuentre en la encrucijada en la que ahora está. No cabe duda, la directiva y la plantilla deben asumir su responsabilidad por no haber hecho las cosas como se debería y después rectificar. Ahora bien, la cuestión está en decidir cómo debe ser denunciada y castigada esa falta de diligencia.
Durante esta jornada en el Bernabéu se ha vivido el ambiente más hostil que se recuerda contra los propios jugadores, cebándose especialmente con algunos. Y aquí surge el debate: ¿es beneficioso para el equipo silbar a jugadores concretos durante todo el partido, como si en lugar de en su casa estuvieran jugando en el estadio de un acérrimo rival? ¿Realmente la gente piensa que así se logrará una reacción positiva a largo plazo?
En las escuelas de negocio, así como en los departamentos de recursos humanos de las más grandes empresas, se lleva tiempo hablando del Soft Leadership. Se refiere a un estilo de gestión centrado en las habilidades interpersonales y emocionales de los propios componentes de los equipos para, precisamente, motivar, colaborar y empoderar al grupo, fomentando un ambiente participativo y de confianza. Es la contraposición al rancio “estilo duro” enfocado más en la autoridad y las medidas coercitivas que tanto se llevaba en la empresa del siglo pasado. Los resultados de un estilo frente a otro están contrastados. Aun así, parece que en la grada del Bernabéu cierto sector sigue apostando por el método clásico. Lo curioso, es que muy probablemente muchos de los que han estado silbando e increpando a jugadores durante todo el partido, en su ámbito laboral y personal reclamen para sí mismos una tolerancia frente al error mucho mayor de la que hoy ayer concedieron ellos.
A tenor de lo anterior me pregunto también ¿a cuántos de los que hoy pitaban a Vinicius (o a otros) durante todo el encuentro, la última crisis del Euribor les pilló con la hipoteca a tipo variable? ¿Cuántos de ellos decidirían esperar en 2016 a comprar vivienda porque estaban convencidos de que iba a seguir bajando? Es más, apostaría que un gran número de ellos que cuentan ya con una edad compraron un video “Beta” allá por los 80. Por eso, volviendo al concepto de “diligencia”, ojalá todos fuéramos tan diligentes en nuestro trabajo y día a día como hoy se le exige ser al Real Madrid.
Señores indignados de la grada: ningún jugador o directivo está por encima del Real Madrid, pero ningún aficionado tampoco. Cuidemos lo nuestro. Dejemos de dar motivos a los rivales para que se sigan frotando las manos. En la vida se cometen errores. Todos los directivos actuales han logrado previamente el éxito en sus carreras profesionales y en el camino habrán cometido cientos de ellos. Se trata de aprender, corregir y seguir intentándolo. No tiene sentido, cual “Nerones”, prender fuego a la ciudad para disfrutar viendo cómo se quema desde dentro mientras se “aprietan” una bolsa de pipas.
Es un tópico eso de que quien no conoce la historia está condenado a repetirla, pero si algo nos gusta a los filósofos, a pesar de todo, es alertar para no repetir errores. Y, precisamente, entre las páginas de nuestro pasado, se conserva un episodio tan absurdo como fundamental: la Batalla de Karánsebes, donde se demuestra que la estupidez puede tener una influencia decisiva. Por no extenderme, lo resumiré contando que el ejército austriaco, presa de la confusión, la oscuridad y el pánico, creyó ver otomanos donde solo había compañeros de filas. Entre gritos y disparos erráticos, las tropas se diezmaron a sí mismas antes de que el verdadero enemigo llegara al campo de batalla. Al amanecer, miles de soldados yacían muertos por fuego amigo. Ayer, bajo la fría luz de la tarde madrileña y ante un rival presente, el Bernabéu decidió escenificar su propia versión de aquel desastre, demostrando que no hay imperio lo suficientemente grande como para sobrevivir a su propia neurosis.
Lo que ha ocurrido en el feudo blanco, con la sinfonía de pitos, los pañuelos contra el palco y la hostilidad visceral dirigida hacia sus propios jugadores —focalizada especialmente en Vinicius—, no es un acto de exigencia histórica como a muchos les gusta repetirse para justificar su ira. Es, desde un punto de vista estrictamente científico, un suicidio ritual. Quien silba a su equipo mientras el balón está en juego, ignora los principios más elementales de la neurobiología: el cerebro no procesa la hostilidad del propio entorno como un estímulo para la excelencia, sino como una amenaza directa a la supervivencia. Esto activa la amígdala y dispara los niveles de cortisol, y bajo este estado bioquimico, el lóbulo frontal —encargado de la creatividad, la toma de decisiones y la visión espacial… CASI NADA PARA UN JUGADOR DE FÚTBOL— se inhibe. El aficionado que silba cree ejercer su «soberanía de cliente», pero en realidad está saboteando el producto que tanto dice amar. Es como la paradoja del padre que golpea la mano del cirujano exigiéndole que no tiemble. El resultado, como hemos visto, sobre todo en la primera parte, es un equipo atenazado, impreciso y roto.
no es un acto de exigencia histórica como a muchos les gusta repetirse para justificar su ira. Es, desde un punto de vista estrictamente científico, un suicidio ritual
Esta dinámica de autoboicot revela una crisis filosófica, más profunda de lo que parece, en el seno del madridismo actual: la transformación del aficionado en cliente. El cliente exige garantías y devoluciones inmediatas; el aficionado, en su concepción clásica, ofrece soporte incondicional precisamente cuando la garantía falla. Los pañuelos blancos dirigidos ayer al palco presidencial en medio del partido son el síntoma de una masa social que ha perdido la tolerancia a la frustración, comportándose como una turba que quema el palacio real porque la cosecha ha sido mala en invierno, sin entender que el fuego solo garantiza el hambre para los años venideros.
Si el madridismo quiere salir de esta espiral, debe comprender que el estadio es un santuario, nuestro templo, no un tribunal. La historia del Real Madrid se forjó en las remontadas imposibles, donde la grada empujaba el balón hacia la red con su propio aliento. Ayer, el aliento se utilizó para que fuera el rival el que jugara con 12, olvidando que en el fútbol como en la guerra, destruir la moral de la tropa es la forma más rápida y estúpida de perder una batalla antes incluso de iniciarla. Y como aprendieron en Karánsebes, si disparas a tus propios hombres en la oscuridad, cuando amanece solo encuentras cadáveres propios y un enemigo que sonríe sin haber gastando una sola bala.
Buenos días. Tal y como empiezan muchos chistes, tenemos una noticia buena y una mala. La buena es que el Real Madrid, como ya sabréis, venció al Levante por 2-0 en liga, lo que afloja mínimamente la soga que le oprime el cuello después de perder dos títulos (Supercopa y Copa) en apenas cuatro días.
La mala es que fue una victoria “a domicilio”, como titulaba su crónica en La Galerna Jesús Bengoechea. Lo malo, sí, es que dicha victoria tuvo lugar en un Santiago Bernabéu que, en aquelarre absolutamente inédito en muchas décadas, no dejó de abuchear a los propios jugadores (especialmente a Vinícius) durante los más de noventa minutos de encuentro. En uso de su libertad de expresión, claro, pero con las consecuencias que pueden deducirse fácilmente de una actitud semejante: jugadores atenazados y, en particular, un Vinícius que (exceptuando los insultos racistas, o tal vez sin exceptuarlos del todo) se sintió casi tan mal como en Mestalla.
Resulta curioso que haya madridistas que piensen que esa iniciativa (sostenida, y lo repetimos porque es importante, durante el partido completo) puede ayudar en algo al equipo que se supone es el suyo. Hacer notar tu malestar es siempre legítimo, y por supuesto que hay razones para ese malestar, pero lo inteligente sería limitar el alcance de las protestas al comienzo y/o final y/o fases concretas del partido. Hacer que tu equipo sienta que está jugando fuera un partido que juega en casa nos parece la antítesis de lo que puede conseguir alguien que ama a dicho equipo. Nos parece, con el debido respeto, que el Bernabéu desbarró.
Lo que no es que nos parezca, sino que lo sabemos fehacientemente porque son hechos, es que Marca miente hoy en portada sobre los acontecimientos de ayer en el templo blanco, en particular sobre las declaraciones posteriores en rueda de prensa de Álvaro Arbeloa.
Sí. Aparte de asemejarse a algunas pinturas negras de Goya, la primera plana del diario marquista miente sobre lo dicho por el técnico del Real Madrid. Lo que Marca dice que Arbeloa dijo sobre los pitos lo dijo en realidad y en concreto sobre los gritos de “Florentino dimisión”, lo cual es muy distinto. No dijo “Los pitos no son de gente que no quiere a Florentino, sino que no quiere al Madrid”. Cambia el sujeto de la frase por “los gritos de Florentino Dimisión” y el titular pasa a ser cierto, pero de lo contrario es solo una falsedad, muy probablemente diseñada para enrarecer la relación entre el entrenador y la grada. Obligado por la cortesía con el público a la que no se siente ceñida La Galerna, el entrenador blanco dijo en cambio que el público estaba en su perfecto derecho de silbar.
Marca, tergiversando y malmetiendo desde 1938.
“Pitada y alivio”, titula As bajo una foto correspondiente a la celebración del gol de Raúl Asencio. En la foto vemos también a Mbappé y Güler. En total, tal vez los tres mejores jugadores de un partido que cambió radicalmente cuando Arbeloa, en el descanso, decidió dar entrada al campo al turco y a Mastantuono. A partir de ahí, hubo fluidez y el marcador se quedó corto para lo que debió haber sido. Se registraron multitud de ocasiones para una goleada que no se llegó a producir. La tuvo Mbappé para el doblete (antes convirtió magistralmente un penalti que él mismo provocó, a pase de Güler), la tuvo Bellingham para en lucimiento de Ryan y la tuvo Vinícius también. Lamentablemente, no pudo dar un disgusto a los miles de odiadores que la acosaron en las gradas, haciendo felices a millones de antimadridistas.
Así respira hoy, por ejemplo, el antimadridismo versión colchonera. Enhorabuena a todos los que han hecho posible esta felicidad.
“Hemos ganado”, suelta el cabestro. Que cada cual se haga ver la cuota que le corresponde en el logro de la felicidad de esta gente.
Los de la prensa cataculé, claro, rozan también el paroxismo orgásmico con el autosabotaje que se hizo ayer la masa social blanca. Pena para ellos que el Madrid ganara.
Hoy, a las 21 horas, juega el equipo cliente de Negreira en Anoeta, y aunque no queremos siempre albergamos la mínima esperanza de un pinchazo. La esperanza puede ser muy lesiva. Los de Flick están jugando bien y cuentan con el favor del sistema, con el mascarón de proa arbitral al frente.
Pasad un buen día.
Primera parte horrorosa del Real Madrjd contra el Levante. Indistinguible de la agonía de los últimos tres meses, en los que pareció que jugábamos una y otra vez el mismo partido como en el día interminable de la película de Bill Murray "Groundhog Day".