Las mejores firmas madridistas del planeta

Finalizó el mercado de invierno como se esperaba desde Concha Espina, haciendo caso omiso de las urgentes necesidades que acumula este equipo en defensa y en el centro del campo. Esta decisión parece obedecer más a un plan de acción previamente establecido y a una ya manida creencia de que con lo que se hizo en verano debería ser suficiente para acometer la temporada completa. Refuerza esta creencia el hecho de haber salido victorioso en la temporada 2023-24, cuando en una situación similar se decidió no fichar y Rüdiger y Nacho, más un voluntarioso Tchouaméni, se bastaron para completar una temporada que acabó siendo histórica, culminando la misma en la final de Wembley en la que se volvió a tocar el cielo.

Carvajal

Sin embargo, una prueba exitosa en un año concreto no debería ser muestra suficiente para hacer de la misma un axioma general en el que basarse uno a la hora de tomar decisiones que pueden repercutir en el devenir de una temporada, y más viniendo de una como la pasada. El Real Madrid tiene un problema en su defensa. Actualmente no cuenta con centrales sanos. Militao volverá en abril, Rüdiger arrastra un problema crónico en su rodilla, el nivel de Alaba parece estar lejos del necesario para rendir en la élite y tampoco parece ser capaz de mantenerse sano con regularidad, Asencio lleva jugando con una pequeña lesión desde hace meses y la fisionomía de Huijsen tampoco parece ser capaz de aguantar varios partidos seguidos sin resentirse.

Entiendo que para el club debe de resultar difícil plantearse el fichaje de un central teniendo cinco en nómina, tres de ellos muy bien pagados. Sin embargo, ante una situación anómala como es la de tener esta plaga de lesiones atrás, era preciso lanzarse al mercado para dar un respiro al equipo y permitir que los centrales que se vayan recuperando vayan entrando en dinámica sin necesidad de forzar su físico al extremo, como se ha venido haciendo casi por obligación en los últimos meses.

Imagino que el club tiene pensado realizar fichajes para la zaga en este verano ante la presumible salida de Alaba y la más que probable de Rüdiger, pero existía la posibilidad de realizar en este mercado algún fichaje que no comprometiera los planificados para el mercado estival. El caso de Mario Gila es el más evidente. Es un central de la casa que lleva 3 años y medio jugando en la Lazio y que el año pasado se consolidó como titular indiscutible jugando a un nivel muy alto. Su fichaje, al tener el equipo blanco el 50% de sus derechos aún, no hubiera resultado en exceso costoso y su salario no hubiera desestabilizado en demasía la escala del club. Tampoco amenazaría el presumible fichaje de un central top en verano, puesto que sería fácilmente asumible que su rol fuera igualmente el de tercer o cuarto central del equipo. En resumen, podría consistir en adelantar un fichaje que perfectamente se pudiera tener planificado para verano (se baraja también la vuelta de Jacobo Ramón, tras su periplo por Italia en el Como, pero Gila está más consolidado).

Entiendo que para el club debe de resultar difícil plantearse el fichaje de un central teniendo cinco en nómina, tres de ellos muy bien pagados. Sin embargo, ante una situación anómala como es la de tener esta plaga de lesiones atrás, era preciso lanzarse al mercado

Este fichaje permitiría no tener que reubicar continuamente a centrocampistas en la defensa, lo que a su vez repercute en la solidez de un equipo que ni encuentra una pareja de centrales que se termine de asentar como titular, ni un centro del campo que podamos reciar de carrerilla. Es complicado que el Madrid adquiera solidez y automatismos si el estado físico de los jugadores no permite siquiera que los mismos se hallen siempre en el campo ocupando los mismos roles.

Algo similar ocurre con el lateral derecho. El estado de Carvajal tras su lesión parece un misterio y Trent no termina de volver. El Madrid tenía a tiro otra oportunidad de mercado en su propia casa con la vuelta de un Alex Jiménez que ha brillado tanto en Milan como en el Bournemouth, y que perfectamente pudiera haber sido otro fichaje adelantado de verano con el que complementar a Trent si es que Dani acaba saliendo (o incluso si no lo hace, pero va adquiriendo cada vez menos protagonismo en el campo). Además, su polivalencia le permite jugar en ambos lados, lo que le da más valor si cabe teniendo en cuenta la incertidumbre alrededor de Mendy (por su físico) y Fran García (que parecía estar dispuesto a salir en este mismo mercado invernal).

Mario Gila: un central de Primera División

El club vikingo no ha creído conveniente realizar esas dos operaciones en invierno a pesar de que no comprometían apenas la economía del club y la relación entre el costo y la mejora defensiva no podía ser más favorable. Es el tercer año en el que se realiza este all-in en la defensa. El resultado del primero fue fabuloso, pero lo normal, teniendo en cuenta el bagaje de este equipo es que estemos más cerca de repetir lo sucedido el año pasado, cuando el equipo se vino abajo defensivamente y Rüdiger tuvo que sacrificar su físico continuamente como parece estar haciendo Asencio actualmente por las necesidades del equipo.

En esta situación, no resta sino agarrarnos a que de nuevo el “efecto Pintus” traiga consigo una mejora física que permita a nuestra defensa asentarse con constancia o confiar verdaderamente en una cantera a la que nuestro entrenador conoce mejor que nadie. Si un central como Asencio, que era la tercera opción tras Joan Martínez y Jacobo Ramón, terminó consolidándose en este equipo, ¿por qué no van a poder hacer lo mismo jugadores como el propio Joan, Aguado, Fortea, Cestero, Pitarch o Manuel Ángel, entre otros? La calidad la tienen. El resto, es cuestión de ir adquiriéndolo poco a poco como hizo Raúl Asencio.

 

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Nota: LaLiga ha decidido remunerar con cincuenta euros a aquel que denuncie a alguien que piratee el fútbol. 

 

Es muy curioso cómo las noticias nos siguen sorprendiendo a pesar de seguir siendo las mismas durante siglos. En la Roma de Tiberio, cuando el imperio comenzaba a mostrar las grietas de su propia obesidad administrativa, surgió un grupo de ciudadanos conocidos como los delatores. Estos no eran guardias ni magistrados, sino vecinos comunes que, incentivados por una parte de los bienes del acusado, denunciaban a sus iguales por traición.

Por traición… Irónico, ¿verdad? La sociedad por tanto no colapsó por los bárbaros, sino mucho antes, cuando la confianza se pudrió desde dentro y el hombre de al lado dejó de ser compatriota para convertirse en oportunidad.

Ahora es Javier Tebas el que ha decidido resucitar esta arqueología de la infamia en los bares de España. El mecanismo siempre ha sido el mismo, desde Tiberio hasta la Stasi: romper la cohesión social horizontal —la confianza entre vecinos— para proteger al poder vertical. Démonos cuenta de que, al ofrecer 50 euros a quien denuncie la emisión de un partido pirata, el presidente de LaLiga no está lanzando una campaña contra la ilegalidad audiovisual, sino que está firmando el acta de defunción moral de su propia competición. Porque, cuando una industria necesita convertir a sus clientes en policías para proteger su producto, el problema no es el robo, es la irrelevancia.

Así que rasquemos la superficie de esta medida desesperada. Porque el chivatazo remunerado es la cortina de humo perfecta, un truco de ilusionismo diseñado para que miremos al señor que decodifica la señal y no a la luna que se está eclipsando sobre la pantalla. La narrativa oficial nos dice que el fútbol patrio muere porque la gente lo ve gratis. La realidad, mucho más técnica y dolorosa, es que LaLiga ha sido sometida a una lobotomía financiera en los últimos años.

Y es que el gran pecado original se llama CVC, un acuerdo vendido como la salvación y que, en realidad, operó como una hipoteca inversa sobre producto futuro. Al ceder un porcentaje significativo de los derechos audiovisuales durante cincuenta años a cambio de liquidez inmediata, los clubes españoles no recibieron una inversión; recibieron un adelanto de su propia herencia a un interés… usurero.

Imaginen a un agricultor que para comprarse un tractor tenga que entregar el 10% de su cosecha al banco hasta el 2076. Ese tractor se oxidará, se estropeará o quedará obsoleto en quince años, pero la deuda seguirá ahí medio siglo. Mucho se podría decir de este acuerdo en términos económicos y legales, pero hay más que me gustaría exponer antes de acaparar más texto.

Y es que a este empobrecimiento estructural se le suma la rigidez cadavérica del Fair Play Financiero; y si el CVC era el pecado capital, esta es la gran mentira de Tebas.

la oferta de los 50 euros es, en última estancia, la confesión de un fracaso. Es admitir que el producto ya no genera lealtad, sino picaresca

Mientras en la Premier los equipos mantienen la soberanía total de sus ingresos, lo que les permite reinvertir cada libra que generan, los equipos españoles inician cada temporada con una mochila llena de piedras que lastra su capacidad para competir en el mercado de fichajes. Y para entender esto, y por qué la Premier navega en yates mientras LaLiga achica agua en botes salvavidas, hay que mirar la sala de máquinas, no la antena parabólica. Porque ellos entienden el fútbol como una industria de riesgo capitalista donde se permite inyectar dinero para hacer crecer el valor de la empresa —y por ende, del espectáculo—, y Tebas ha optado por un control económico preventivo que roza la asfixia soviética. Al impedir que los clubes gasten un euro que no hayan generado previamente por sí mismos, se ha creado un círculo vicioso de mediocridad: como no podemos invertir, no traemos buenos jugadores; como no tenemos buenos jugadores, el espectáculo es pobre; como el espectáculo es pobre, generamos menos; y como generamos menos, el límite salarial del fantástico Fair Play Financiero baja aún más en el siguiente ejercicio.

No anda Tebas tan lejos de Florentino

Es la pescadilla que se muerde la cola. Tebas se jacta de tener la liga más saneada del mundo, lo cual es cierto, del mismo modo que el cementerio es el lugar más tranquilo de la ciudad. Ha confundido la solvencia contable con la vitalidad industrial. De nada sirve tener las cuentas inmaculadas si tu producto es tan malo que tienes que sobornar a la gente para que vigile a otros.

Y en la cúspide de este sistema de austeridad para la plebe, el sueldo presidencial sigue subiendo ajeno a la gravedad. Resulta antropológicamente fascinante cómo las estructuras de poder, cuando entran en fase de decadencia, tienden a blindar a sus líderes mientras exigen sacrificios en la base.

La sociedad romana no colapsó por los bárbaros, sino mucho antes, cuando la confianza se pudrió desde dentro, y el hombre de al lado dejó de ser compatriota para convertirse en oportunidad

Esto recuerda, por no perder la costumbre, al síndrome de Versalles: subir el precio del pan —suscripción— mientras se ignora que no hay harina. Así que en definitiva, la oferta de los 50 euros es, en última estancia, la confesión de un fracaso. Es admitir que el producto ya no genera lealtad, sino picaresca. Un bar lleno de gente viendo el fútbol debería ser un templo de comunión, el último reducto de la comunidad física en un mundo digital. Convertirlo en escenario de sospecha, donde el cliente mira de reojo al dueño calculando si la denuncia pagaría la cena, es destruir el tejido social que sostiene al mismo deporte.

Lo que necesita LaLiga es liberar las cadenas financieras que impiden a los clubes obrar con libertad, recuperar la propiedad de su futuro y, sobre todo, recordar que la dignidad de un vecino vale infinitamente más que los cincuenta euros que vale la traición.

 

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Tengo el máximo respeto por Álvaro Benito. Comenta el fútbol como nadie y fue un jugador excepcional al que una maldita lesión retiró demasiado pronto. No dudo un ápice de su madridismo, aunque a veces tenga que solaparlo, legítimamente, en beneficio de la pluralidad de sus televidentes, que pueden ser madridistas o no, y él se debe a todos ellos en el ejercicio de esa profesión.

Hace un par de días me pasaron un video de Álvaro hablando muy enfadado. En este caso, sí parecía hablar desde un indisimulado madridismo, y eso fue precisamente lo que me preocupó. Es decir, me preocupó pensar que muchos madridistas puedan pensar como él. Es mas: sé que muchos lo hacen.

Visiblemente enojado, decía Álvaro: “Realmente no sé a qué se espera temporada tras temporada para decir: oye, que este no es el camino. ¿Que por ahí puedas ganar algo? Con los jugadores que hay, no se va a dar. Que los milagros que sucedieron hace dos años, tres años, que fue maravilloso vivirlo, pero que están más cerca del milagro que de un buen trabajo. Tienen más que ver con el talento individual y la resiliencia y cosas que no te van a funcionar en el medio y largo plazo”.

No solo respeto, sino que entiendo perfectamente que haya críticas a la confección de esta última plantilla, o a la del año pasado. Comprendo muy bien que haya madridistas que estén disgustados por el juego actual del equipo, y son muy libres de atribuir la responsabilidad a los jugadores, los técnicos, la directiva o múltiples combinaciones de porcentajes de todos ellos. No me resulta raro, por ejemplo, que muchos aficionados afeen a Florentino su renuencia a echar mano del mercado de invierno cuando casi todos los demás lo hacen y se antoja un recurso plausible. Todo esto me parece bien.

Lo que no puedo entender, y de hecho me irrita sobremanera, es la cualidad parece que retroactiva de todas estas consideraciones, que pretenden extrapolarse retrospectivamente para exlicar un pasado glorioso bajo la pretensión de que a lo mejor no fue para tanto. O a que fue resultado exclusivo de la casualidad, la épica, el “milagro”, el “talento individual” o “la resiliencia”, por citar las palabras del propio Álvaro, que además descarta expresamente el que todas esas glorias fueran fruto “de un buen trabajo”.

La “resiliencia” y la “calidad individual” no te llevan a ganar la champions por sí solas. No se gana la champions sin que todos los que han tenido algo que ver (jugadores, técnicos, directiva) hayan hecho un trabajo extraordinario

Esta suerte de revisionismo histórico madridista no lo ha inventado Álvaro Benito. Lleva ahí mucho tiempo, quizá desde siempre, y reconozco que me saca de quicio. Sobre el presente, digan lo que quieran, critiquen cuanto estimen oportuno. Pero dejen en paz ese pasado en el que fuimos tan felices. No traten de aguarlo con reflexiones a toro pasado. No se acerquen a lo pretérito con el afán de enmendarle la plana a la alegría. Primero, porque no es cierto. Segundo, porque es mentira. Tercero, porque es lo que quiere el antimadridismo: que acabemos hablando de nuestras propias hazañas históricas en un tono casi despectivo o al menos indulgente. Nah, fue la épica. Nah, fue la resiliencia. Nah, fue un milagro y solo un milagro.

Y un carajo. No sé si me explico.

Celebración Real Madrid PSG

Soy el primero que enfatiza el componente épico y a veces casi sobrenatural de todos los episodios de los años de la 14 y de la 15. Soy el primer fascinado con el componente literario de todo ello. Puedo subrayar incluso el papel que la suerte, vicaria terrenal de Dios o del destino, puede desempeñar en la forja de una trayectoria inimaginablemente exitosa. Pero dejar caer que esos factores  fueron los únicos, o ni siquiera los principales, supone una injusticia que, además, hace el caldo gordo al relato de nuestros enemigos.

No creo que Álvaro Benito se deslice voluntariamente por esa pendiente. No creo que sea su intención. Simplemente, sucede que los madridistas tendemos a caer en la trampa anti con una facilidad pasmosa y sin  darnos cuenta.

La mejor temporada en la historia del Real Madrid

No se gana una Champions League de “milagro”, y menos dos, y menos aún dos que forman parte de sendos dobletes Liga-Champions. La “resiliencia” y la “calidad individual” no te llevan a ese destino por sí solas. No se gana todo eso (y más) sin que todos los que han tenido algo que ver (jugadores, técnicos, directiva) hayan hecho un trabajo extraordinario. ¿Que por qué sé que hicieron un trabajo extraordinario? Porque consiguieron su objetivo, sencillamente, y quien lo consigue triunfa, y si triunfa es porque lo ha hecho bien. No hay mejor forma (de hecho, no hay otra forma) de ponderar la eficacia en la realización de un trabajo que la consecución del fin del mismo.

No se ganan Copas de Europa “a pesar” de este o del otro. No existe tal cosa. Bien hecho está lo que bien acaba. Hasta el último de los esfuerzos que precedieron a la 14 y la 15 fueron hechos con esos objetivos en mente. Conseguir esos logros compulsa por definición lo apropiado del trabajo llevado a cabo. La flauta suena una vez, y aquí ha sonado tantas veces que solo queda concluir que las notas emitidas por ese instrumento no han sido ni mucho menos las únicas (ni las más importantes) variables implicadas. Sí trabajas para ganar y ganas, y además esto te ocurre con reiteración, lo has hecho bien. Me sonrojaría seguir extendiéndome en algo tan evidente.

El Madrid se apunta, por ejemplo, la 15 en parte porque resiste, sí; en parte por fuerza mental; en parte por suerte; en parte por calidad individual; en parte de forma milagrosa. Pero se apunta la 15, sobre todo, porque un puñado de excelentes jugadores excelentemente contratados y excelentemente dirigidos juegan muy bien. La noche de Joselu ante el Bayern, por ser más específicos, no es solo la noche de Joselu ante el Bayern, o sea, no es solo un feliz imprevisto. No es solo la dichosa irrupción de un héroe accidental, por mucho que esta intrahistoria tan atractiva también nos guste. Es la noche de un sensacional equipo de fútbol, fichado por un sensacional equipo directivo, jugando de manera memorable contra otro extraordinario equipo de fútbol, y venciendo.

Critiquen todo lo que quieran la coyuntura actual, aun a sabiendas de que antaño también criticaron la que condujo a esos dos dobletes liga-Champions. Pero no traten de llenarse de razones cuestionando los porqués de un pasado fabuloso que no está ahí para demostrar sus tesis sobre el presente, ni para satisfacer sus ganas de tener razón. El Madrid portentoso de Florentino es el resultado de un plan bien diseñado y bien ejecutado. No quieran atribuirlo al azar ni a sus derivadas. Esa es justamente la tesis que el antimadridismo quiere hacernos abrazar, y tiene un inconveniente aún mayor.

Un inconveniente muy simple: es mentira.

 

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Buenos días, galernautas. Seguro que en épocas de tristeza, ansiedad, agobio, zozobra o resaca reglada os ha ocurrido que solamente anhelabais que os dejaran tranquilos, reduciendo el contacto humano al mínimo o a su más absoluta inexistencia. Murphy, ese legislador inexorable bendecido con el don de la inoportunidad, movía sus hilos para que, en esos momentos, surgieran obligaciones o situaciones que no te permitieran permanecer en tu solitaria paz y te vieras arrastrado a lo de siempre: una visita a Ikea, la familia política o echar una mano en una mudanza.

En esta época oscura en que nos hallamos, nuestro Real Madrid ha logrado hoy lo imposible. Claro que sabemos que deberíamos estar más que acostumbrados a las proezas del club más laureado de la historia, pero justicia obliga: uno diría que, si hojea la prensa presuntamente deportiva, el Real Madrid aparece —cuando aparece— como un rumor lateral, un pie de foto, una sombra en el rabillo del ojo, sea o no de Andújar Oliver. En su lugar, los diarios que Sant Pep de Santpedor definió como “Central Lechera” (no vale reírse) se solazan con el club de Henry Cherry y el Frente Atlético.

Marca y As no escatiman epítetos para glosar la goleada endosada por los rojiblancos al Betis. Parece ser que el nuevo fichaje del Malakito, Ademola Lookman, gustó, marcó, asistió y, ya puestos, subió la compra a una vecina anciana que tenía la cadera regular. Veremos si mantiene ese rendimiento o si se une a la lista de jugadores de gran perspectiva que acabaron en el olvido. Vienen a la mente nombres como Kosecki, Dobrowolski, Avi Nimni, Raphael Wicky, Pilipauskas o aquel central brasileño con apellido de sicario calabrés: Andrei Frascarelli. No quisiéramos rebajar ese soufflé, pero Lookman era la estrella de un equipo al que el Real Madrid venció con un golazo ortopédico de Ferland Mendy.

Por su lado, los diarios cataculés siguen a sus negociados. Curioso resulta que un club con vocación de universalidad como es el cliente de Negreira tenga, a la vez, una proyección tan sumamente aldeana. Es algo que deberemos entender algún día, igual que —aunque no podamos— cómo hay gente del Atlético de Madrid, cómo es posible que vayan a cumplirse tres años de la revelación del asunto Negreira y continúe sin pasar nada o de dónde pretende sacar el Barcelona los 30 millones con los que sufragar el fichaje de Marcus Rashford, asunto este que sostiene el frontispicio de Sport.

Con estoica calma posamos los ojos en el diario del Conde de Godó, Grande de España. Hansi Flick aparece en actitud de ir a aplicar una sesión quiropráctica a Fermín. Nos cuentan que el club cliente de Negreira es más que una familia. No resulta creíble, pues, en ese caso, Gavi habría sido enviado a Hermano Mayor, cosa que, por lo que sabemos, aún no ha ocurrido.

Pasad un excelente día. Seguid el ejemplo del Real Madrid e intentad pasar la jornada tranquilamente, cumpliendo ese anhelo universal tan simple como complicado: que nos dejen en paz.

 

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Buenos días. Mr. Chip es un señor que te cuenta estadísticas. Ya sabemos lo que es la estadística. Según George Bernard Shaw, “es la ciencia que, si yo no tengo automóvil y mi vecino tiene dos, me demuestra que cada uno de nosotros tiene un automóvil”.

Sin embargo, no siempre es así de insidiosa esta ciencia. A veces no hace daño a nadie, y las estadísticas futboleras que suele transmitir Mr. Chip son más bien inocuas, a despecho de intrascendentes. Dices “ah, mira”, y pasas al siguiente post en un scroll absolutamente desapasionado.

Sucede que a veces Mr. Chip intenta trascender los meros datos numéricos y opina. Es ahí donde, con harta frecuencia, el scroll se frena y el usuario de X entra en combustión. Sucede porque, cuando Mr. Chip opina, suele opinar fatal.

¿Qué es opinar fatal?, se preguntará tal vez el lector, arrastrado por el relativismo de los tiempos. ¿Acaso no tiene derecho todo el mundo a tener una opinión, incluso los que te cuentan el número de paradas con guante negro vs. guante rojo de Vlajodimos? Ya lo creo. Lo que sucede es que emitir una opinión supone asumir el riesgo de que otro tenga una opinión contraria a la que acabas de exponer, y desee utilizar su propia libertad de expresión para contrarrestar la tuya, tan sagrada que te permite sembrar el mundo de memeces teñidas de injusticia.

En este caso, Mr. Chip se vale de unas estadísticas (su fortaleza, el ámbito del que sería sabio por su parte no salir más) para hacerlas desembocar en una conclusión abracadabrante: el Barça “dignifica” la Copa del Rey, y además lo hace por contraste con el Madrid, quien en velada alusión (siempre según Mr. Chip, que en realidad se llama Javier González Cifuentes o lo que sea) se conoce que no “pelea todos los torneos de principio a fin de la temporada”.

Es realmente magnífico. El club que se compró el sistema arbitral durante un mínimo de 17 años sobornando a su cúpula (y esto incluye a los árbitros de Copa, por supuesto) es el que “dignifica” la competición. Por contra, el principal damnificado por dicha compra del sistema arbitral se ve que no es digno de la Copa. No bastaba con elevar a los altares al club cliente de Negreira. Había que hacerlo por contraposición al Real Madrid, eterno malo de esta historia. La competición, por cierto, se llama Copa de SM el Rey, egregia persona que es invariablemente abucheada por la afición del club dignificador de Copas cada vez que tiene la fortuna de llegar a la final.

Sucede que al club dignificador de Copas cada vez lo tiene más calado todo el mundo, en especial a su mandatario actual, a la sazón el hombre que cuadriplicó los emolumentos de Negreira y que todavía se permite hablar de árbitros, afirmando que benefician al Real Madrid. Incluso un tipo tan poco sospechoso de tener inclinaciones blancas como el pésimo exárbitro y lamentable comentarista arbitral Iturralde González no se ha reprimido y le ha contestado.

 

Nunca pensamos que algún día daríamos la razón a Iturralde en algo, si bien hay un matiz importante. No nos parece casual que el comentarista se atreva a llamar “sinvergüenza” a Negreira pero, sin embargo, no aplique ese o similar calificativo al propio Laporta. Todos estos antiguos trencillas que comentan se centran en el chivo expiatorio (Negreira) que dirigía el entramado corrompido, pero jamás califican como tal al corruptor. Siempre es como si Negreira se hubiera corrompido solo. Pero hacen falta un corruptor y un corrompido, ambos, para que se consume un acto de corrupción, cuanto más si dicho acto se prolonga durante un mínimo de 17 años. Sinvergüenza Negreira, bien, pero ¿cómo calificamos al que pagó a Negreira?

Como muestran sus portadas afines, en cualquier caso, el club dignificador de Copas (aka el club cliente de Negreira) anda muy ufano con su clasificación para semifinales de dicha competición, y alardea en su portada de su máxima estrella, ese buen jugador aupado por un hype inmenso llamado Lamine Yamal. Van a ganar la competición, dignificándola de nuevo. Que se prepare SM el Rey Felipe para el maravilloso ejercicio de dignificación que le aguarda en la final.

Os dejamos con la prensa deportiva madrileña y con este consejo: sobornar y dignificar, todo es empezar.

Pasad un buen día.

PD: Del juego de palabras de la portada de Marca hablamos otro día. O no.

 

 

 

 

Master of Puppets es mi disco favorito de Metallica. La canción que le da título, la de la mejor escena de Stranger Things, mi predilecta. Pues bien, justo después de ella en el álbum, la banda californiana factura un tema hipnótico con una letra de inspiración lovecraftiana. La atmósfera que crea es disonante e inquietante. El título es The Thing That Should Not Be.

Su traducción es “la cosa que no debería existir” o “lo que no debería ser”. A esta última interpretación me agarro para considerarla la canción oficial del actual Real Madrid. Cuanto ocurre ahora mismo en el club es lo que nunca debería ser.

Aplicando una mirada lejos del apasionamiento y la crispación actuales, parece atinado afirmar que pocos o ningún área del Club es lo que debería ser. El primer equipo de fútbol acumula más bochornos en un mes de los que caben en una temporada. Los jugadores, excelentes muchos de ellos cuando les da la gana, no se comportan como futbolistas. Juegan al fútbol, sí, pero no parece que les guste o mucho menos les obsesione. Un futbolista, según la opinión de quien esto escribe, es un tipo que juega partidos de fútbol, es pagado, normalmente no poco, por ello, y, casi de manera exclusiva, piensa, respira, sueña y habla fútbol durante sus 16 horas de vigilia. Las ocho de descanso, como ocurre con los pilotos de aerolíneas, también son trabajo, porque es su obligación estar en condiciones lo más cercanas posibles a la perfección para poder seguir entrenando y jugando al fútbol. Ése y no otro debería ser el comportamiento de un futbolista.

Notables figuras de la plantilla se comportan como gente que ve el fútbol como un medio para ganar notoriedad y dinero, pero demuestran vocación de estrellas del reggaetón, del trap o de cualquier subgénero de ese horror llamado, de manera tan cursi como ambigua, música urbana. No lo parecen con respecto a su descanso, ni parecen obsesos del fútbol. De hecho, su única preocupación parece ser ellos mismos, su imagen y la viabilidad de la multinacional que cada uno de ellos constituye.

Lo anterior colisiona con el mantra tan falaz como demagógico de que en su tiempo libre cada uno puede hacer lo que quiera. El deporte de élite exige foco en la actividad durante las 24 horas del día. Si un viaje relámpago a donde sea no garantiza un nivel de descanso y reposo que permita afrontar con garantías el entrenamiento del día siguiente, no debe hacerse. El ocio nocturno, ya sea en la propia casa o en lugares de esparcimiento, también debe estar supeditado a ese reposo y al entrenamiento del día siguiente, de manera que no se llegue a la sesión de preparación como un personaje salido de una película de Sam Peckinpah.

su única preocupación parece ser ellos mismos, su imagen y la viabilidad de la multinacional que cada uno de ellos constituye

Parece sencillo, pero la sensación es que no parece fácil de llevar a la práctica con la actual plantilla.

Toda sociedad o grupo humano razonablemente evolucionado se basa, entre otros principios y de manera teórica, en el principio de autoridad. Si esa autoridad es deslegitimada o cuestionada, la anarquía y el caos reinarán hasta que aparezca otra figura de autoridad. Sin entrar en la manera en que esa figura haga valer su potestas e imperium, pues es más cuestión del estilo de cada uno, nadie podrá guiar a un grupo a menos que cuente con plenos poderes para liderar, decidir o, llegado el caso, sancionar comportamientos o actitudes que, a su juicio, puedan resultar perjudiciales para el colectivo. Así, quien ejerza esa autoridad, deberá venir respaldado sin fisuras por quienes gestionan el club, al menos hasta unos límites razonables.

Y cuando esa autoridad no existe —o, peor, existe pero aparece desautorizada— el vestuario deja de ser un equipo y pasa a ser una suma de agendas.

La directiva del Real Madrid, y en este caso estoy perorando como socio raso, da una inexplicable sensación de ausencia. Florentino Pérez llevó en el año 2000 un club en ruinas al siglo XXI, lo convirtió en una entidad moderna y profesionalizó la gestión del mismo como si de una gran empresa se tratase. El éxito del modelo lo pueden ver, de manera indistinta, en la sala de trofeos o en las cuentas anuales. En ese sentido, no podemos esgrimir crítica alguna.

un futbolista piensa, respira, sueña y habla fútbol durante sus 16 horas de vigilia. Las 8 de descanso, como ocurre con los pilotos de aerolíneas, también son trabajo, porque es su obligación estar en condiciones

No obstante lo anterior, la cúpula del club bien pareciera arrastrar ciertos traumas derivados de contrataciones y fichajes de nulo rendimiento y elevado coste, así como de situaciones en las que determinados elementos llegaran incluso a agotar sus contratos sin haber aportado absolutamente nada en ninguna parcela mientras seguían cobrando en tiempo y forma unos elevados emolumentos. En estos casos, resulta normal que estas experiencias hayan suscitado reticencias a la contratación de nuevos activos. La experiencia, y esto es lo más chocante, pues la directiva cuenta con sobrado bagaje al respecto, enseña que no hay riesgo cero en ninguna contratación.

Situaciones como la actual, en la que se combinan lesiones muy graves, incertidumbre en cuanto a las secuelas de las mismas sobre los jugadores que las han sufrido y especial ensañamiento de la suerte sobre la línea defensiva, obligan a la adopción de decisiones extraordinarias, aun a coste de aumentar el nivel de riesgo a asumir en una eventual nueva contratación.

Como ocurre en toda gran empresa, las estructuras se agigantan y la eficiencia se ve menoscabada por pasar cada proceso por mil pares de manos diferentes, por muchas personas, cada una de ellas ávida de justificar su nómina. ¿Quién es quién en el club? ¿Quién propone y quién ejecuta? ¿Hay alguien que pueda responder a esa pregunta?

Vinculado al anterior aspecto, la comunicación del Real Madrid parece no existir. No parece que se haya juzgado necesaria una política de comunicación oficial. Y no, no se antojan suficientes Real Madrid TV, los comunicados oficiales ni el manejo más o menos afortunado de las cuentas de Instagram o Twitter o como diablos se llame ahora. ¿Acaso los portavoces oficiosos del Real Madrid son Josep Pedrerol y José Félix Díaz? ¿Por qué motivo se “externaliza” esa función? ¿Quién puede responder a estas cuestiones?

Durante las alineaciones, en el Santiago Bernabéu Stadium atruena Enter Sandman, también de Metallica, un temazo que eleva espíritus y encanalla y cuya letra convierte en siniestra la historia infantil de que el hombre de arena es quien trae sueños a los niños. La existencia de Mr Sandman queda demostrada de manera irrefutable dejando trocitos de sí en los ojos de los infantes, por mucho que nos esmeremos en llamarlos legañas. Ojalá el club pruebe mi error al verlo como se ha expuesto y nos vuelva a dar material para soñar y nos saque de esta pesadilla lo antes posible.

Mr. Sandman, bring me a dream and take the thing that should not be.

 

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Se me reconoce como una voz del oficialismo, aunque realmente nunca lo he sido. Ser oficialista es dar la razón en todo a los que mandan, con independencia de quienes sean y lo que hagan. Yo me reconozco como florentinista, pero no por dar la razón siempre a Florentino Pérez, sino por reconocimiento a quien creo que ha sido el mejor presidente de la historia del fútbol y, sobre todo, por gratitud, por haberme hecho disfrutar de lo que jamás imaginé que iba a llegar a celebrar como aficionado. Eso, como ya he señalado, no me priva de resaltar mi discrepancia cuando así lo considero, y es este sentido crítico el que, precisamente, da valor a la alta consideración en la que tengo al presidente del Real Madrid, ya que no es regalada, sino debida al puro mérito.

Esta introducción viene a colación de la gestión de la plantilla desde hace unas temporadas. Efectivamente, juzgo a quien llegó a confeccionar el plantel de mayor calidad y perdurabilidad que recuerdo como aficionado al fútbol. El que derivó en seis copas de Europa en apenas once años. Un modelo que fue evolucionando, porque el deporte y el negocio también se transformaron. Pero un modelo que, en los últimos tiempos no se ha mostrado eficiente, generando diferentes desequilibrios en la actual plantilla.

Militao y Rüdiger

Hoy me quiero centrar en uno en concreto, que es el de la defensa del Real Madrid. Sin duda, la línea más crítica del equipo, a pesar de que el centro del campo no parece disponer de ningún jugador que pueda dirigir el equipo con solvencia.

Arbeloa dispone en la actualidad de un grupo de diez defensas para cuatro posiciones, lo cual debería ser más que suficiente para cubrir las necesidades del equipo. No es así. En el último partido los dos laterales eran dos centrocampistas reconvertidos y terminamos con un central que también era un jugador de medio campo. No era una situación nueva. La temporada pasada, el mayor hándicap fue jugar con una defensa con Lucas Vázquez, Asencio, Tchouameni y Fran García.

¿Cómo se ha llegado a esto? Pues por un cúmulo de factores, entre los que habría que destacar una mala preparación física/médica (somos, por mucho, el equipo con más lesionados de España en los últimos cinco años y uno de los que más de la élite europea, sino el que más), de mala suerte, pero también por una mala gestión de los recursos.

Carvajal sufrió una de las lesiones más graves que existen, se rompió el ligamento cruzado anterior, el ligamento colateral externo y el tendón poplíteo de la pierna derecha. Las primeras valoraciones no podían garantizar que pudiese volver a andar correctamente. Menos de un 30% de los deportistas que sufren este cuadro pueden volver a practicar deporte y ninguno de los que lo hacen rinden al mismo nivel. El Carvajal que vimos antes de aquella lesión ya no existe. Dos jugadores más, Alaba, que se rompió el cruzado y Mendy, que tiene un problema congénito, que se ha ido agravando con el tiempo. Son dos lesionados crónicos que probablemente no pasarían una revisión médica. Resulta prácticamente imposible que jueguen dos partidos completos seguidos sin lesionarse. Y quizás ni uno. En cualquier caso, su rendimiento, hoy, no es apto para un equipo profesional de élite.

Hasta aquí queda reflejado lo achacable simplemente al infortunio. El problema mayor viene de los que están lesionados por estar sometidos a una presión que era evitable.

Rudiger padece, desde hace dos años, una artrosis en la rodilla, la misma en la que sufrió antaño una rotura del ligamento cruzado, lo cual no ha impedido que el equipo lo exprimiera durante este periodo, haciéndole jugar una barbaridad, tras limitar a tan solo dos el número decentrales. El alemán ha perdido la velocidad que antaño le caracterizaba, y sus lesiones son persistentes.

Militao se rompió el ligamento en las dos rodillas y también tiene afectado los meniscos en las dos. Pura mala suerte. Pero esta circunstancia tampoco impidió que, al poco de reaparecer, jugara dos partidos la misma semana, en varias ocasiones durante el mes de noviembre, pese a que hay un protocolo médico que dicta que tras un cruzado debes pasar un año con un solo partido por semana. Consecuencia: ahora se ha roto, por lo menos, para cuatro meses.

Asencio lleva un mes jugando con una fisura en la tibia. Un mes es el tiempo que debería estar reposando sin jugar para curarse (de hecho, algo más, seis semanas). Está jugando todos los partidos a riesgo de romperse de gravedad. Contra el Rayo, no pudo soportar el dolor y fue cambiado al descanso.

Es imposible no preguntarse por qué no se ha fichado, en este mercado invernal, a algún jugador que permitiese dosificar a estos jugadores cuya situación ya era, de por sí, límite. Nadie habla de fichar a una estrella, ni a un joven prometedor, solo a un defensa con oficio, que gane duelos, cosa que hoy no tenemos en la plantilla. Y si no se quiere fichar, pues un cedido. Joselu fue un jugador que nos permitió ganar una Champions, igual que Chicharito nos permitió llegar a semifinales. O como anteriormente lo posibilitó Adebayor con una Copa del Rey. Todos cedidos. Todos importantes.

Radicalizar un modelo eludiendo fichar a jugadores de perfil medio, o buscar una cesión, provoca que tu plantilla se desequilibre. Pero en este caso, cuando tienes cinco jugadores con graves problemas físicos en tu defensa, se puede considerar una osadía. Se debió acometer hace dos temporadas y también esta, lo cual igual nos permitiría contar ahora con Militao todo el curso y también con un Rudiger en plenas facultades.

No queda ahí la cosa. Trent Alexander es un nuevo fichaje de esta temporada. Gran jugador, pero que ha sufrido múltiplesproblemas de lesiones. En las dos últimas temporadas en el Liverpool se ha lesionado 6 veces, en los cinco meses de la actual ya lleva tres, lo cual suma 263 días de baja en dos años y medio.  Sorprende su elección, dado el panorama físico de la defensa.

Huijsen apenas se había lesionado en su carrera hasta llegar al Madrid (solo una de forma leve, cinco días). En media temporada de blanco suma ya cuatro lesiones, lo que da cuenta de la presión que soporta a su corta edad, y quizás, hasta el momento, de una preparación física no adecuada.

Este es el panorama crítico de la defensa del Real Madrid. El club pudo, cuando menos, mitigarlo en esta ventana de fichajes, pero decidió postergar la decisión a verano. Ahí sabremos el coste deportivo de este aplazamiento.

 

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El Real Madrid atraviesa uno de esos limbos futbolísticos que rara vez un club de su identidad puede vivir. Y no me refiero al juego del equipo o a la racha de resultados, me centro en el calendario. Por diferentes razones, este mes tenemos huecos suficientes para centrarnos en lo importante: entrenar, recuperar a jugadores y organizarnos. Siendo sinceros, salvo excepciones, a nadie le interesa la Copa del Rey. Por el contrario, todos tenemos marcado en rojo el próximo partido de la Champions.

En esta vida, cuando la energía no sobra, es de vital importancia dosificar esfuerzos. Es de primero de columpios conocer las habilidades que se poseen y también las debilidades. La realidad es que el equipo tiene suficiente material humano para ganar La Liga. Sé que tenemos la defensa en cuadro y que no vamos sobrados en el centro del campo, pero también soy consciente del nivel del resto de equipos que conforman el campeonato liguero. En cambio, en Europa tendremos que sudar la camiseta para conseguir algo. El último partido en Lisboa frente al Benfica de José Mourinho nos volvió a resituar.

El próximo domingo 8 tenemos un partido dificilísimo frente al Valencia. Jugar en Mestalla siempre es como ir a la consulta del dentista y, en nuestra situación actual, tortura china total. Tendremos bajas sensibles, como Vinícius Júnior que se cae de la convocatoria por acumulación de amarillas, o Jude Bellingham por lesión.

¿Y qué me mantiene enganchado al Real Madrid? Pues el mismo Madrid. Me da igual todo lo demás, disfruto con el simple hecho de su existencia

Arbeloa tiene la responsabilidad de configurar el once con la entrada de un Brahim que viene de hacer un papel excelente con Marruecos. Imagino que Carreras partirá de nuevo en el lateral izquierdo y Eduardo Camavinga volverá a sumarse como interior. Otra posibilidad sería dar minutos a Dani Ceballos, pues es importante que jugadores de refresco asuman un papel protagónico en encuentros como el de Mestalla. Resumiendo, será apasionante ver cómo el míster prepara un partido de esta dificultad con algunas bajas tan sensibles como las mencionadas.

Y hablar de pasión en semanas tan grises como estas últimas que atravesamos resulta hasta terapéutico. El fútbol tiene bastante de pasión. Para vivir la experiencia completa, debes estar un poco loco de amor por este juego. Y, qué duda cabe, si eres sincero, únicamente sigues este deporte si te mueve algo más que el simple disfrute de ver a unos señores detrás de una pelota. Eres de un equipo y te identificas con él. Y ese fenómeno de identificación, ese mimetismo con unos colores, acaban por convencerte de que perteneces a un colectivo y, como dirían en Argentina, le haces el aguante siempre.

Y esa parte irracional del aficionado muchas veces duele y no la entendemos en frío. ¿Por qué sufrir viendo a tu equipo atravesar una mala racha? ¿Por qué participar directa o indirectamente de un negocio del entretenimiento que tiene más de carnaza a la masa que de limpieza deportiva? Pues porque somos personas y las personas sienten y padecen por motivos a veces que nos exceden. Ya le dijo alguna vez Bob Dylan a Joan Baez que las cosas que merecen la pena son las que percibimos con el corazón. Esta perogrullada esconde una enseñanza que muchas veces aparcamos en pos de grandes palabras, o mostrándonos intransigentes con grandes causas  que en último término no son más que humo sobre el agua.

 

Aprendimos por Elvis que solo los tontos acaban enamorándose enloquecidamente. En cambio, los hombres sabios nos advierten que no es un buen negocio. Sin lugar a dudas, el amor o la pasión tiene reglas imposibles de ser sorteadas. Quien más quien menos ha experimentado en primera persona las mieles del éxito. Quien más quien menos ha padecido un fracaso. Por ello, el amor no deja de ser una experiencia humana que nos alcanza a todos para bien, para mal o para normal.

Yo estoy bastante asqueado del fútbol e imagino que no soy el único. Sin ir más lejos, tenemos el triste espectáculo de Joan Laporta sacando pecho por el Caso Negreira. Los que tenemos cuenta en Twitter tenemos que leer todos los días a hinchas del Barça que se ríen del tema y celebran con orgullo la coima y la picaresca. Hasta alguien tan aparentemente racional como Josep María Minguella se descuelga pidiendo al respetable que se olvide del tema y que  sería sanísimo que “en el ámbito futbolístico español se hablase más de tácticas, técnicas y fichajes que no de pseudo arreglos arbitrales”.

En este panorama repugnante en lo tocante al contexto y deprimente en lo relativo al equipo, ¿qué me mantiene enganchado al Real Madrid? Pues el mismo Madrid. Me da igual todo lo demás, disfruto con el simple hecho de su existencia. El Madrid es uno de esos refugios contra la tormenta que la vida me dio. Su camiseta blanca, su escudo redondito y su historia me alimentan más que cualquier otra cosa que el fútbol me pueda querer meter por el hocico. Encuentro suficientes razones en la actualidad para ilusionarme con el futuro inmediato como para entregarme en armas. Porque, de lo contrario, apaga y vámonos.

 

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Hay noches en la Euroliga que no se juegan solo en la pista, sino que se cocinan en los sótanos de la prensa local, en el feed de las redes sociales o en las polémicas que, por desgracia, no siempre devoran a quienes las provocan. El encuentro en el OAKA —una de esas catedrales delirantes que solo el baloncesto europeo es capaz de ofrecernos— entre el Panathinaikos y el Real Madrid se preveía como el partido estrella de la jornada en la competición. Cualquier visita a Grecia constituye habitualmente una tarea, ejem, hercúlea —disculpen ustedes la tentación—, pero además, en el caso de este Pana, la cuerda se tensa aún más cuando el pintoresco presidente ateniense decide intervenir en la narración pública de la crisis del equipo. Las recientes declaraciones exigiendo la dimisión de hasta el apuntador tras la derrota frente al Aris habían alimentado de manera considerable el morbo. Giannakopoulos transforma cada tropiezo en espectáculo, como el capricho de un Dionisio moderno que tratara de convertir su indignación en estímulo y presión.

Por su parte, el Madrid de Scariolo llegaba en una trayectoria de solvencia ascendente, incluso a pesar del pequeño borrón de la derrota de París. Sin estridencias grandilocuentes, el míster italiano está construyendo un bloque cada vez menos ciclotímico a partir de una sólida base defensiva, reforzada por el rescate para la causa de algunos jugadores —Garuba debería regalarle a Sergio un ejemplar de Pedro Salinas, concretamente La voz a ti debida—, y de unos formatos ofensivos más cohesionados.

Un par de tiros acompañados de aspavientos consiguieron granjearse esa protección arbitral que se concede a aquellos veteranos que saben cómo reclamarla. No cambió el partido, pero sí el tono: el Panathinaikos dejó de desangrarse

El Panathinaikos salió al parqué con una idea clara, casi obsesiva: cerrarse por dentro para que Tavares no respirase. De este modo, los cuerpos acumulados en la pintura fueron una invitación explícita a que los blancos resolvieran desde fuera. De inmediato, la apuesta se confirmó como demasiado temeraria. El Madrid, extraordinariamente concentrado, apuñaló desde el triple con un rotundo 4/4 inicial: el balón circulaba con limpieza, las ventajas se castigaban con frialdad quirúrgica y los guarismos de rebotes ofensivos humillaban el planteamiento de los griegos. Entre todos, Mario Hezonja destacó de manera especial, no tanto por el acierto como por la serenidad. A Hezonja se le ha reprochado durante años cierta irregularidad mental y una tendencia a alternar momentos sublimes con decisiones precipitadas. En el primer cuarto apareció el Hezonja maduro que recientemente tanto ha alabado Scariolo: firme en los pies, paciente en la ejecución, consciente de que el partido no pedía heroicidades sino continuidad.

Los atenienses, mientras tanto, se aferraban a las individualidades de Shorts, con dispar fortuna. Ataman gesticulaba en la banda muy poco para lo acostumbrado, y sus muchachos atacaban a impulsos desordenados hasta que apareció Sloukas. El viejo zorro, conocedor de todos los pliegues del oficio europeo, salió a apagar el incendio con su colmillo. Un par de tiros acompañados de aspavientos consiguieron granjearse esa protección arbitral que se concede a aquellos veteranos que saben cómo reclamarla. No cambió el partido, pero sí el tono: el Panathinaikos dejó de desangrarse.

El Madrid, al entrar la segunda unidad, bajó inevitablemente el nivel. El juego se volvió más trabado y los pívots empezaron a cargarse de faltas. Garuba cometió dos personales seguidas que cortaron su ímpetu, Tavares se vio obligado a dosificarse por algo similar y Len, voluntarioso y bastante más útil de lo esperado aportó minutos de resistencia, al principio sin alardes, si bien ganando confianza poco a poco. Para entonces el encuentro ya no fluía, sino que se disputaba. El Real trató de no soltar el hilo y supo alcanzar el descanso con una ventaja de ocho puntos arriba, merced a una buena serie de tiros libres.

El segundo tiempo nos dejó un guion más propio de épocas pretéritas. Los árbitros tiraron el listón a la basura y regresó la permisividad de siempre en Grecia, provocando la disolución de los merengues. A base de contundencia defensiva, el Panathinaikos obtuvo la remontada en el electrónico, con varias canastas muy dolorosas en el último segundo de posesión de Hernangómez, Osman y, sobre todo, Grant. En el otro aro, cada penetración madridista conllevaba varios palos no pitados, y si el equipo se mantuvo en el encuentro fue gracias a un colosal Len, asistido inteligentemente por Lyles. Con empate a 75, el ucraniano logró un 2+1 que fue neutralizado por un robo sobre Abalde muy probablemente ilegal —el realizador no tuvo a bien mostrarnos ninguna repetición—. Aún quiso Hezonja colocarse la capa del héroe forzando una última falta que dejaba al Madrid en ventaja (80-81) a falta de ocho segundos. Falsas esperanzas: Grant colocó la puntilla vestido de Jordan.

La rabia no debe empañar la realidad: el Madrid se va de Atenas con una derrota pero con un nuevo jugador valioso para la rotación. Si no es flor de un día, habrá valido la pena. La Copa del Rey se antoja una oportunidad imprescindible para recibir la dosis de seguridad que necesita el interesante proyecto de Scariolo. En dos semanas, saldremos de dudas.

 

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Buenos días, amigos, y bienvenidos todos a una nueva y confiamos que inspiradora sesión portanalítica. En esta temporada de gran incertidumbre, en la que no sabemos si el Madrid le va a meter 6 al Mónaco o si va a caer en Copa con el Albacete, podéis contar al menos con una certeza: La Galerna estará cada mañana diseccionando las portadas de la prensa patria, con muy eróticos y revitalizantes resultados. (Os aseguramos que el autocorrector había puesto “sépticos” en lugar de “eróticos”. No en vano el autocorrector nos acompaña también desde hace más de una década en este privilegio y conoce el percal).

Comenzamos con Mundo Deportivo. El Diario de Godó, Grande de España, celebra someramente el pase a semifinales de Copa del Rey del club cliente de Negreira con un indiscutible y por tanto certero “A semis”. No tenemos nada que objetar. Sí nos opondríamos con alguna fuerza a que hubieran titulado, por ejemplo, “A la final”, por cuanto dicho titular se habría dado de bruces con la tozuda realidad. No nos habría extrañado, por otra parte, dado que si hay algo que entra en conflicto permanente con el Barça y su entorno es precisamente la realidad. Por ejemplo, deberían reconocer, y no lo hacen, que no se aproximan ni por asomo a la grandeza del 15 veces campeón de Europa, y que no han logrado hacerlo ni siquiera untando ignominiosamente a la cúpula arbitral española durante décadas (de 17 años consecutivos hay facturas). La realidad les sienta fatal.

Mundo Deportivo no hace, pues, un alarde de imaginación cuando titula “A semis”, pero al menos se amolda a la realidad, lo que ya sorprende positivamente. Tiene además el diario de Godó, grande de España, la decencia de reconocer que el Albacete estuvo cerca de forzar la prórroga (Gerard Martín sacó un balón de la línea en el último minuto), si bien no tanta como para admitir también que a Cancelo le perdonaron vergonzosamente la expulsión por doble amarilla.

Sport personifica en Lamine Yamal la victoria culé en tierras manchegas, y no se priva de recordarnos que en ese mismo campo fue eliminado el Real Madrid de la competición. También ahí aciertan pero tiene menos mérito, ya que con esa parte de la realidad (la que tiene que ver con los fracasos vikingos) no tienen por contra el menor problema, por lo que sea.

Sí deberían en cambio atesorar las suficientes dosis de realismo y humildad (la cualidad favorita de Pep Guardiola) para admitir que el equipo que pagó a Negreira rozó al menos una suerte parecida a la de los blancos, tan dolorosa y humillante. ¿Qué habría pasado si Gerard Martin no hubiera sacado esa pelota, o si el inefable Munuera (o Munuese) hubiera o hubiese tenido los arrestos de echar a Cancelo? La línea que separa el éxito del fracaso, y aun del oprobio, es bien fina, como nos recordaban los Kinks en esa obra maestra llamada Celluloid Heroes.

And those who are successful

be always on your guard.

Success walks hand in hand with failure

along Hollywood Boulevard.

Para héroes, de celuloide o no, Endrick. El brasileño esta causando sensación en Francia, cedido como está por el Madrid en el Olympique de Lyon, y tal realidad nos comunica un sabor agridulce. Dulce porque el futbolista es nuestro y está llamado a recorrer en el Madrid un camino de gloria. Agrio porque podría estar aquí con nosotros ahora, sin que nadie se atreva a aventurar las razones por las que no lo está. Se dirá que tenía que curtirse fuera, pero siempre quedará la duda, viendo que Mbappé lleva 36 goles y el siguiente es Vinícius con 7, si no podría estar ya mismo aquí, enjugando esas distancias siderales.

Marca nos trae a Lookman, el flamante fichaje del cholismo, que no ha tenido suficiente con gastarse 350 millones en dos veranos y ahora incrementa su gasto, esta vez de manera invernal, para poder seguir siendo el modesto equipo del pueblo y para que nadie en absoluto le reclame resultados deportivos que sigan a esos fichajes. Si Lookman fracasa, nadie se enojará, como nadie se ha enojado con tantos y tantos fracasos que le han antecedido en forma de contrataciones millonarias, sin que nadie de la prensa, en su mayoría encamada con Gil Marín, haya levantado jamás una ceja ante las millonadas gastadas en balde (no en Balde, jugador culé al que por lo demás tampoco nos extrañaría ver algún día en el Atleti, precedido por Gavi).

Aparte del pésimo juego de palabras marquista ("nuevo look", por Lookman, ¿lo pilláis?), digamos que el Atleti guarda también una relación peculiar con la realidad. A diferencia del club que se compró el sistema arbitral, la admite, si bien digamos que no le afecta. Es un club autosatisfecho y autorreferencial que es feliz en la permanente contemplación de su propia esencia, tan presuntamente modesta y viril. No necesita ganar nunca, aunque invierta en jugadores como si no hubiera un mañana, o sea, como si lo necesitara.

También confesaremos que, de manera compatible con este comentario, nos habría gustado que el Madrid utilizara la ventaja de fichajes de enero para apuntillar una plantilla terriblemente lastrada por las lesiones. También nosotros haríamos bien en hacernos ver nuestra propia relación con la realidad.

Pasad un buen día.

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