Las mejores firmas madridistas del planeta

Y sin embargo

 

El otro día se despidió Sabina de los escenarios en Madrid. Al menos eso dijo. La última vez que fui a verle en vivo fue cuando sufrió aquel ataque de pánico que él mismo llamó “un Pastora Soler”, con la consiguiente espantada. Después de aquel día me prometí que, aunque me seguiría declarando seguidor, lo mejor para “nuestra relación” era no volver a verle en directo. Aun así, pensar que ya no será posible volver a oírle cantar en vivo me da cierto vértigo. Supongo que será un efecto de lo inexorable del tiempo.

Es difícil quedarse con una canción de Sabina, pero yo tengo predilección por la de “Y sin embargo”. Creo que además sirve para explicar muchos de los sentimientos que en la vida se tienen hacia las personas o las cosas. En estos días, por ejemplo, me describe perfectamente en qué punto estamos el Real Madrid y yo. Hoy (solo hoy) le cambiaría por cualquiera y, sin embargo, mañana muy probablemente, con él soñaré. O, más bien, me hará soñar.

Los últimos resultados y sobre todo el juego y la actitud del equipo me han hecho dudar de gente que hace pocos meses jamás pensé que lo haría. He llegado a dudar de la capacidad de Xabi para dirigir al equipo, de que Huijsen valga para ser el central del Madrid para los próximos diez años, de ciertas actitudes de Vinícius, de que Bellingham pueda marcar una época; incluso he llegado a dudar de cosas antes impensables, como es el compromiso de Fede Valverde.

En sí dudar no es malo. Gracias a la duda, Descartes planteó gran parte de su teoría, e incluso los matemáticos se sirven de ella y de las hipótesis que resuelven esas dudas cuando aplican el método de la inducción matemática. Realmente, dudar ayuda muchas veces. Aun así, hay algo de lo que yo no me permito dudar nunca: del Real Madrid.

Hoy (solo hoy), al Madrid le cambiaría por cualquiera y, sin embargo, mañana muy probablemente, con él soñaré. O, más bien, me hará soñar.

Puede que haya personas que no estén a la altura en determinados momentos, pero lo que es seguro es que el Real Madrid saldrá a flote. Siempre lo ha hecho. Y por lo general, mucho antes de lo que los rivales, e incluso muchos de los seguidores, lo esperan. Por eso no hay que hacer saltar todo por los aires. No tiene sentido ahora abogar por prácticamente desmantelar el club y quemar el estadio como algunas “facciones” madridistas parece que apuestan. Aquello sólo se hizo una vez, y fue porque había una guerra y hacía falta madera para calentar los hogares.

No hay que caer en el tremendismo. Se ha construido una plantilla con muchos de los mejores jugadores del mundo en su posición, encajarlos será sólo cuestión de tiempo. Ojalá llegue a ser Xabi el que lo logre. Pero si no es él y si se termina por no contar tampoco para la causa con ciertas estrellas actuales, tampoco pasará nada. En realidad, son muchas más las cosas que unen a las diferentes “facciones” que las que las separan. Todas saben que el Madrid ha trascendido siempre a sus estrellas. Además, estos momentos suelen ser buenos para discriminar quién tiene actitud para hacer historia (aptitudes tienen todos) de los que simplemente pasan un tiempo para ganar algún título.

Las fases de dudas son duras. Probablemente esta sea una de las más difíciles que recuerdo en los últimos años. Pero tranquiliza saber que el Madrid siempre vuelve, nunca nadie le ha visto hacer un “Pastora Soler”.

 

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Tras el nefasto encuentro ante el Celta, el Real Madrid se prepara para el partido de Champions contra el Manchester City.

¿Puedes acertar todas las cuestiones preparadas por fcQuiz?

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Buenos días. El actual Real Madrid es un generador de expectativas no correspondidas, un azuzador de ilusiones no satisfechas, un pirómano de fuegos fatuos. Este Madrid es como esa persona que gusta mucho, un día te guiña un ojo y al otro no te saluda. Como quien pasa la noche contigo de copas bailando sobre tu centro del placer para desaparecer cuando el volcán está a punto de entrar en erupción.

El Madrid de Xabi Alonso —y de Bellingham y de Valverde y de Vinícius y de… — una jornada gana al Barça, aplasta al Valencia o vapulea al Athletic, y a la otra empata, y gracias, con el Elche, no es capaz de anotar frente al Rayo o sucumbe vergonzosamente ante el Celta en casa.

Si fuera una etapa del Tour, este Real Madrid sería una rompepiernas. Te hace oler el pan recién horneado y no te permite catarlo. Este Real Madrid es una mayonesa que se corta. Este Real Madrid es desesperante. Porque parece que no, pero luego sí; porque parece que sí, pero al final no. Este Madrid es luz y contraluz, y todo lo contrario.

La situación es límite, como titula As, diario que afirma que «El club exige a Alonso una reacción inmediata. El duelo ante el City se considera clave para el futuro del técnico». Encuentro de Champions que Marca define como «Una final para Xabi».

No es que el Madrid deba enderezar el rumbo, sino que no hay rumbo. Todavía no sabemos cuál es la apuesta de Xabi. No tenemos ni idea de cuál es su idea de juego. No sabemos si prioriza la meritocracia a la jerarquía. Si prefiere la disciplina o la contemporización. Y tenemos tantas dudas porque en diferentes momentos ha tomado distintas decisiones ante situaciones similares.

Xabi no está desempeñando su labor como se esperaba, pero no es el único responsable. Rara vez hay un solo artífice de una crisis. No falta quien echa de menos una plantilla más compensada, la presencia de ciertos perfiles de jugador y critica la sobreabundancia de otros. Sin embargo, tampoco es posible desdeñar la responsabilidad de los futbolistas en el desaguisado actual.

La calidad de esta plantilla, salvo algunas excepciones, es alta. Unos tipos que son capaces de jugar con la intensidad mostrada hace apenas unos días en San Mamés, no pueden arrastrarse como ante el Celta el domingo y, para más inri, empezar a tomarse en serio el partido solo cuando reciben un gol en contra.

Es menester exigir a esta plantilla compromiso. Deben recordar siempre que defienden la camiseta del Real Madrid, el mejor club del mundo y el equipo con más aficionados del planeta. Han de saber que esto va en serio, que no podemos estar al albur de que les guste o no el entrenador de turno. Su obligación es ofrecer el máximo dentro de sus posibilidades físicas, técnicas, tácticas y psicológicas.

Si alguien no está dispuesto a darlo todo, solo ha de decirlo.

La situación es límite, además, por la sangrante lista de bajas. Ni con Pintus ni sin Pintus. Ni con Carlo ni con Xabi. La situación de la zaga es dantesca. El último mazazo, la baja para varios meses de Militao cuando se encontraba en un gran momento de forma.

A todos estos problemas hay que sumar el componente ambiental, es decir, jugar en la atmósfera del actual —el mismo que el anterior, y el de más atrás— CTA. Contra el Celta el Madrid habría perdido aunque hubiese arbitrado el mismísimo Santiago Bernabéu, pero del mismo modo que señalamos la falta de actitud de los jugadores o la ausencia de rumbo del entrenador, es menester seguir denunciando la excepcional, por anómala, situación del corrupto arbitraje español. La omisión de una parte de la realidad no es de recibo, aunque urja mejorar la situación propia.

Xabi Alonso sabe que se la juega ante el City el miércoles. Y los jugadores deberían saber que, en caso de debacle, detrás del técnico irían ellos. El club, además, ha de tomar las decisiones correctas.

La prensa del FC Barcelona se debate entre el «Ultimátum» a Xabi de Sport y la «Champions en casa» de Mundo Deportivo. El club de Laporta no atraviesa ninguna situación idílica, y menos en Europa, donde juega con una red más pequeña. El problema es que el Madrid se ha empeñado en resucitarlo.

Pasad un buen día.

 

Desconozco el dato exacto de asistencia que tuvo en la noche del domingo el Bernabéu, imagino que prácticamente lleno, como en cada partido. Lo siento mucho por todos ellos. Pero no lo siento porque viesen a su equipo perder, en el fútbol se puede perder, como en todos los deportes. El problema no fue perder, sino el cómo. El Real Madrid venía de hacer seguramente su mejor partido de la temporada liguera hace apenas cuatro días en San Mamés, un contexto a priori complicado donde los haya para ganar con solvencia, y los de Xabi Alonso lo hicieron, porque la sensación una vez acabó el partido es que se quedó corto ese 0-3. Pues bien, el domingo vimos todo lo contrario.

Se podrá discutir si el Real Madrid habría jugado mejor con Trent en el lateral derecho, y no el invento al que ni el propio Asencio le encontró sentido, así como la importancia que tuvo la baja de Camavinga en el centro del campo. También el cómo le superó el partido a Quintero González, árbitro del encuentro, pero creo sinceramente que sería hacerse trampas al solitario. Da igual los que jueguen y da igual la persona encargada del arbitraje si no se tiene intención de querer ganar el partido. Y contra el Celta el Real Madrid no quiso, por el motivo que sea, pero no quiso hacerlo.

Personalmente, esto de escribir mensajes en las redes de apoyo al entrenador, fotitos en Instagram y todas estas chorradas que hacen hoy en día los jugadores de fútbol cinco minutos antes de entrar al reservado de una discoteca nunca me ha valido de nada, pero, tras la última derrota, menos aún. Xabi Alonso llegó al Real Madrid para no cometer los errores de Ancelotti en cuanto a mimar en exceso a los jugadores, y sin embargo está terminando con los mismos vicios que el italiano.

No les gustaban las charlas de casi dos horas en la sala de vídeo de Valdebebas y las bajó significativamente de duración. El “capitán” Valverde se quejó por jugar en una posición que no es la suya y ahora tiene que meter ahí a un central con tal de que el uruguayo no se enfade. Rodrygo, al que desde el principio se notó que no contaba para él, ha pasado a ser el jugador número doce indiscutible, porque es muy amigo del vestuario. Pero es que ya para rematar la situación del todo, se tomó la decisión de dar dos días libres tras la victoria en Bilbao, dando como resultado un único entrenamiento antes del Celta, decisión que ya hemos visto las consecuencias tan positivas que ha traído a cambio.

Se puede perder, como en todos los deportes. El problema no fue perder, sino el cómo

La personalidad con la que llegó Xabi al club blanco podría o no ser la adecuada para triunfar aquí, desgraciadamente creo que ya no podremos comprobarlo nunca. Cuando cambias, estás muerto. Los jugadores del Real Madrid han ido ganando pequeñas batallas de vestuario que te acaban dictando sentencia si ya de por sí la base en esa relación con el cuerpo técnico estaba coja, y, como ya hicieron con Carlo Ancelotti anteriormente, ni por esas se están dejando la vida en el terreno de juego.

Ahora es tarde, el tolosarra está a merced de unos jugadores con los que nunca ha llegado a conectar del todo, porque ya no puede volver a sus orígenes, el cambio del cambio sería confirmar perder el poco respeto que parece mantener del vestuario merengue.

¿Y ahora qué? Pues ahora a esperar a que acabe el partido que enfrenta al Real Madrid contra el Manchester City el miércoles en el Bernabéu, no queda otra. Y digo que no queda otra porque no da tiempo a entrenar muchos cambios tácticos si llevas ya meses sin conseguirlo, por lo que lo único que le resta al madridista en esta agónica espera hasta el día 10 es esa, la de ver si sus jugadores tendrán la intención de moverse o no dentro del campo.

Desde fuera, y sin tener la más mínima información al respecto, hay que reconocerlo, el proyecto tiene un altísimo porcentaje de ser un fracaso. Da la sensación de que tienen días buenos, como lo que mostraron en San Mamés, para enseñar de lo que son capaces, pero rápidamente, en cuanto llega otro partido, el objetivo pasa a ser el de hacer el ridículo, para también confirmar que no será de la mano de este entrenador. La culpa parece clara que es en un porcentaje mucho mayor de los jugadores, pero Xabi Alonso está viendo morir en primera persona el proyecto más ilusionante de su carrera y, de momento, no parece estar encontrando la manera de rescatarlo con la dignidad que merece.

¿Y ahora qué? Pues ahora a esperar a que acabe el partido que enfrenta al Real Madrid contra el Manchester City el miércoles en el Bernabéu, no queda otra

Les has empezado a dar días libres, les permites que ya no se presione arriba para que los niños no se cansen tanto, en rueda de prensa sigues y sigues con lo de estar todos juntos y mirar hacia delante, para nada. Al final, un proyecto puede o no funcionar por muchos factores distintos, pero que lo fuese a hacer sin mantener hasta el final sus ideas, sí que es algo que reconozco que no esperaba. El vestuario estaría enfadado “menos feliz” a principio de temporada, pero ganaban. Ahora tenemos más fotos de risas, pero sin hacerlo. De no ganar este miércoles a un Manchester City que nada tiene que ver con el del año pasado, serán dos victorias en los últimos ocho encuentros del Real Madrid. No ha existido todavía un técnico que sobreviva ante tal mala racha de resultados.

Xabi, vuelve a ser tú

Por todo ello, haciendo un poco el papel de portavoz de al menos un sector de la afición madridista, le traslado al todavía técnico del Real Madrid que a la afición no le va a valer de nada que una vez te despidan lleguen las pullas al vestuario, al club o a la situación que se encontró, porque la realidad es que no se está atreviendo a cambiarlo. Que, si no te gusta Vinícius, no le pongas. Si a Valverde le quieres en el lateral derecho, pues que juegue en el lateral derecho. Si crees que hay algunos jugadores, o todos, que se están riendo al verte gesticular como un loco en la banda para no hacerte ni caso, lo denuncies públicamente, porque luego será tarde.

El aficionado del Real Madrid es lo suficientemente inteligente como para saber lo que está pasando, que le traten de tonto es lo peor que les puede hacer un entrenador. Porque sí, de los jugadores por desgracia te lo esperas, en mayor o menor medida, pero te lo esperas. Ahora bien, del entrenador, no.

No sé lo que debe esperar la gente del encuentro de este miércoles, sinceramente. Pero lo que parece bastante claro es que si el objetivo de los jugadores es que cambien a la persona que los dirige, es el partido propicio para dictar sentencia y que esto acabe sucediendo. Lo que sí tendría muy claro si yo fuese a día de hoy Xabi Alonso, es que moriría matando. Ya llevan un mes y medio dejándole claro los futbolistas que ni cediendo en todas sus peticiones van a dejarse la vida por él, por lo que, puestos a morir, que muera con la personalidad que esperaba de él la afición del coliseo blanco. El miércoles sobre las 23:00 de la noche conoceremos la sentencia.

 

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Laporta dice que ellos, el Barcelona, siempre han sido el equipo de la libertad. De la llibertat, se entiende, dicho a boca llena y con acento profundo, a lo Eugenio. Y que los otros, el Madrit, han sido el del poder. Laporta, de poder, sabe un huevo. En su primera etapa como presidente consiguió que su equipo luciera en la manga de sus camisetas el logotipo de la TV3, la cadena del gobierno autonómico catalán, que por aquella época, en manos del PSC, lanzaba el Estatut que acabó dando lugar al Procés. No sólo eso: cada vez que el Madrid andaba por allí, en la grada del Camp Nou aparecía, de la forma más natural, una pancarta gigante y perfectamente industrial que lucía el mensaje, bien visible para los ángulos de cámara de las televisiones de todo el mundo, Catalonia is not Spain.

Ahora es un poco lo mismo. El PSC gobierna en Cataluña, el PSOE en España y Laporta consigue que desde La Moncloa se autorice, con uno de aquellos inapelables ukases de los zares rusos, que jamás se explicaban al pueblo y que tenían una incontestabilidad jupiterina, la inscripción de sus jugadores, aunque, a todas luces, sea evidente que su club incumple todas las normativas económicas que, en teoría, se aprobaron para garantizar la igualdad de todos los equipos ante la ley.

Pero como todo el mundo sabe una cosa es el dato y otra, el relato.

Jan puede decir estas cosas porque es un tío con gracia, salero. Tiene esa poca vergüenza catalana, chocarrera, original, que bordea la disonancia cognitiva y sale adelante con la picardía mediterránea de toda la vida. Las puede decir, también, porque estamos en un país, España, donde el Poder hace luz de gas a la población y la convence, a diario, de que lo blanco es negro y lo negro, blanco.

Luz de gas, por cierto, se llamaba una discoteca de moda en Barcelona allá por su primer mandato donde Laporta paraba mucho y se dejaba fotografiar empapado en champán. Eso fue antes de que se metiera en política con un partido que fundó en el ámbito de ERC y con el que logró ser diputado en el Parlament pre-Procés y concejal del ayuntamiento de Barcelona en los tiempos de Xavier Trias.

En un mundo ideal, el Barça sería un club apestado, descendido por la pavorosa deuda que arrastra, investigado por la DEA por sus extravagantes líneas de financiación y con todos los títulos que ha ganado desde los años 90 suspendidos cautelarmente

Jan habla así porque puede hacerlo. El Sistema está montado en torno a la mentira, de la cual el Barcelona es su quintaesencia. En un mundo ideal sería un club apestado, descendido a primera regional por la pavorosa deuda que arrastra, investigado por la DEA por sus extravagantes líneas de financiación y con todos los títulos que ha ganado desde los años 90 suspendidos cautelarmente. Sin embargo, son el modelo de virtud por excelencia. El laportismo es una filosofía de la impunidad que encarna esa aventura intelectual que es el victimismo desde el poder y que ha informado la política nacionalista catalana desde Jordi Pujol. Es, como si dijéramos, su exhibición bufonesca.

Pero, desde luego, no vivimos en un mundo ideal. España es quizá lo más opuesto a esa quimérica idealización que es, como la perfección, de naturaleza imposible.

Cuando Laporta, como buen indepe, habla de llibertat, es para echarse a temblar. La llibertat a la que siempre aluden es a la del cabrón apaleado o la puta que pone la cama, grandes figuras del sabio refranero español. O sea, que lo mío es mío y lo tuyo, también. Desde luego que, en eso, tiene toda la razón del mundo: el Fútbol Club Barcelona es el gran equipo de la llibertat. En cambio, lo del Madrid y el Poder es bastante matizable. Si Florentino tuviera toda la mano que dicen que tiene, ¿llevaría el Bernabéu sin dar conciertos dos años ya?

El único presidente del Madrid vinculado directamente con el poder fue el coronel Antonio Ortega, durante la guerra, acabó ejecutado por garrote vil y su efímero rastro institucional, borrado de la Historia oficial del club.

El laportismo es una filosofía de la impunidad que encarna esa aventura intelectual que es el victimismo desde el poder

Lo que pasa es que el Madrid, con su increíble gen ganador, es la acción correctora prescrita por la Historia para esa asimetría en la que vive España por la cual los catalanes se quedan siempre con el ancho del embudo. El Real, con su grandeur y su inapelable sentido del Destino, corrige esa desigualdad que hace zozobrar el país desde la Restauración. Es la venganza de la gran provincia nacional, o sea, de la que no tiene una nacionalidad histórica inventada para sajar, sangrar o matar al resto de españoles, pero tiene, ay, al Madrid. Al Madrí de los obreros españoles enterrados en tardes de domingo a los que cantaba Manuel Vilas. Una venganza simbólica, naturalmente, pues se trata de fútbol, la forma más refinada de hacer la guerra por otros medios que el hombre occidental ha inventado. Y eso es intolerable, siempre lo ha sido.

Madrid es el secarral, el poblachón manchego, la corte de señoritos andaluces y de funcionarios como la describía Pla, que, como Laporta, tenía también mucha gracia, como buen catalán-catalán que era. ¡Cómo va a tener Madrid un club de fútbol mejor que nosotros! ¡Cómo va a tener Madrid el mejor club del mundo!

 

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215 euros. ¿Qué es el dinero comparado con la felicidad de un hijo? Grada Alta Lateral Oeste. Sector 103, fila 20. Lo que viene siendo una de las mejores entradas que uno puede comprar un día de suerte en la lotería de la aplicación del club. De una en una. Por casualidad. Por perseverancia. Quitándole horas al sueño. Jamás he podido comprar dos entradas juntas desde que dejé de ir a las taquillas. El futuro digital no era esto. O sí.

Así voy año tras año consiguiendo alimentar a duras penas (la economía manda) el madridismo de mi prole: un regalo de cumpleaños, de Navidad; aunque ya no haga falta. El motor madridista está en marcha y no hay vuelta atrás. No tuvieron opción. Cuando cumplieron la edad para no asustarse de los rugidos de la grada, fueron sometidos concienzudamente a la liturgia de los toreros en una tarde de faena: pantalón, medias, camiseta, chándal, bufanda y bandera. Al Bernabéu. Tuvieron más suerte que yo, que me tocó esperar décadas para despedir por primera vez al equipo desde la grada camino de una final de Champions.

Ellos vieron a Ronaldo en sus mejores años, a Isco, Kroos, Modric, Marcelo, Benzema, Carvajal, Ramos. Ahora se tienen que conformar con la evanescencia de Rodrygo, con los días nublados de Carreras, Valverde, Huijsen, Camavinga... con la intermitencia de Vini, con la falta de dibujo en el centro del campo, con las decisiones de Alonso. Seamos justos: ya no tenemos lo que tuvimos. Es irrepetible y no volverá. Y no es sólo un organizador lo que nos falta. Nos falta un jerarca que le dé una voz a Vini, un empujón a Trent y que recupere a Güler tras dos pases malos. Un jugador conectado con el entrenador. ¿Ven a alguno? Pues eso. No hay nadie mirando a Xabi desde el campo. Piensen en Arbeloa, en el Alonso jugador, en Ramos, en Juanito... en Pirri, ¡coño!  No. Hoy va cada uno a lo suyo. No vemos un equipo. El entrenador está solo.

Mal el Madrid. Qué mal presiona esta colección de estrellas planetarias. Tres presiones deficientes sobre la salida de balón en el primer tiempo contra el Celta, tres mano a mano concedidos frente a Courtois. En uno de ellos, además, se nos rompe Militao. Serán meses. El enfermo tenía mala pinta desde el minuto uno. El ataque, romo. Tiki taka desesperante, balones al pie esperando el destello que a veces no llega de Mbappé o de Vini. El Celta, comodísimo en su autobús y esperando el error, sacando el balón con mucho criterio en las recuperaciones. A partir del minuto veinticinco, posesiones largas del Celta en campo enemigo. Sin presión, sin una mala patada. Dos faltas del Real Madrid en el primer tiempo. Algunos jugadores desquiciados, aburridos. La mayoría, hoy, no merecieron vestir la camiseta.

Mal el Celta. Eso de "hacer tu partido" debería ser compatible con el deporte. No me malinterpreten, adoro a Bordalás y Giráldez hace lo que puede con lo que tiene. No censuro ver minutos y minutos de Radu acomodando el balón, la parsimonia, el amago, aguantando la presión del público. Eso lo arregla un árbitro en un pis pas con una tarjeta admonitoria. Censuro minutos y minutos de estridor premortem, espasmos cadavéricos, estertores y retortijones en el suelo de jugadores moribundos, tras cualquier mínimo roce o encontronazo. A esta hora no hay cifras oficiales de muertos entre los jugadores del Celta. Giráldez se pasó el partido haciendo aspavientos exagerados. Eso también te lo arregla un árbitro, si quiere, claro.

El árbitro. Alejandro Quintero. Otro sicario del CTA. Un terrorista del silbato. Permisivo con el Celta. Arrogante con el Real Madrid. Qué valientes son los árbitros en el Bernabéu, qué protegidos se sienten manipulando los partidos siempre con el viento a favor del inefable CTA. Cuatro minutos de descuento en la primera parte, con lesiones, asistencias, paradas del juego y Radu multiplicando los segundos. Cinco de alargue en la segunda... con siete cambios, tangana, innumerables pérdidas de tiempo. Existe premeditación. Ese silbatazo en un contraataque con Mbappé yendo hacia la portería rival para señalar una falta a favor del Madrid... se le ha visto el plumero a Quintero tantas veces hoy...

Para rematar la faena, tarjetas alevosas, omisiones reglamentarias de árbitro y de VAR con Bellingham sangrando por un golpe en la cabeza... ¿no se paraba el juego por golpes en la cabeza? Si ven a cámara lenta el brutal impacto del codo de Borja Iglesias sobre la cara de Bellingham no habría sido exagerada una tarjeta naranja. El VAR lo vio, a cámara lenta y con sonido Dolby Atmos. Jueguen. La jugada se saldó, sin embargo, con amarilla para Bellingham.

No habríamos ganado jamás este partido por méritos propios. El equipo fue un desastre y el entrenador fue incapaz de arreglarlo con buenas decisiones. Quintero solamente se aseguró de que no sucediera. Los árbitros CTA lo tienen super entrenado. Recuerden al hijo de Negreira: "vais sobrados, sabéis perfectamente lo que tenéis que hacer". Cuando el partido entró en una fase de desorden, en ese caos imprevisible que tanto nos gusta en el Bernabéu y que nos ha solucionado papeletas innumerables veces, emergió Quintero y lo paró como "buenamente" pudo. Se graduó. Y se ganó arbitrar la final de Copa o alguna otra prebenda, estén atentos a sus próximas designaciones.

Puede que piensen que con el Real Madrid en ebullición no es buena idea hablar de ciertas cosas, mentar la bicha. Yo pienso lo contrario. Hay una crisis de las gordas, indudablemente. Hay egos indolentes y muy poco interés por la competición. Algunos partidos les dan pereza. Hay ruido con la renovación de Vini, con la banda derecha y hay lío en el vestuario con Xabi. Ojalá nos lleve a ganar dos Champions, pero en lo personal y ante la pasividad de algunos futbolistas, no le voy a perdonar nunca no haberle dado media oportunidad a Endrick por la derecha ni haber ignorado a cantera en momentos de necesidad. Sentó a Vini el peor día para hacerlo. Le sobraron motivos en otros momentos. Xabi está tomando malas decisiones y de forma extemporánea. Y sí, tampoco Mastantuono hizo nada para merecer los minutos que tuvo.

Las crisis siempre pasan por los equipos como un vendaval y regeneran el grupo produciendo unión y catarsis cuando se corta la infección. Suelen limpiar el egoísmo, la vagancia, la hipocresía y nos alivian a los madridistas por un tiempo en que dejamos de odiarnos entre nosotros. La crisis pasará y el equipo volverá a ganar. Es inevitable.

El interregno que todos aventuramos en 2018, después de la huída de Cristiano, se aplazó de forma inexplicable. Sólo Carletto fue capaz de llevarnos a sumar otras dos Champions estirando el chicle, mientras veíamos a un Ramos desnortado cometer el mayor error de su vida. Para colmo, en agosto de 2022, Casemiro tomó una inesperada decisión cediendo el cerrojo del mediocampo a Fede Valverde, un joven centauro que funcionó sólo tal vez por la supervisión del dúo Kroos-Modric y por el aura de Ancelotti, capaz de insuflar confianza y seguridad en sí mismo hasta a los personajes de Woody Allen.

Los títulos de 2022 y de 2024 se los debemos a esa pareja, más Courtois, Vinicius y Carvajal, pero sobre todo a Ancelotti, “el alineador” que supo cabalgar la bestia de veinticinco cabezas que es ese vestuario. Qué poco valoramos la sabiduría de las canas… y qué previsible el batacazo de Xabi después de los de López Caro, de Benítez, de Lopetegui... Los entrenadores de pizarra no han funcionado nunca. Miren a Capello, a Zidane, a Ancelotti, a Mourinho. Son muy diferentes, pero Xabi (¡ay!) se parece más a Benítez que a cualquiera de ellos.

Xabi tiene los atributos y el temple para dominar la bestia. Pero la bestia es la bestia y se alimenta de presas vivas. Es bastante obvio que el entrenador ha elegido a Mbappé como caballero para sus duelos, alterando los equilibrios del vestuario. Es su apuesta frente a un ciclotímico e indomable Vini y a la incógnita todavía de Güler. Y esa decisión le está trayendo consecuencias. La bestia gruñe, se queja, y Mbappé sabe porqué. Kylian es inteligente, por eso no hay día que no busque el abrazo de Vini o que no quiera ser el amigo de todos en el césped. Contra el Girona le quiso regalar un gol a Rodrygo de forma sólo comprensible si en su cabeza Xabi le estuviera susurrando: “ayuda a Rodrygo”. El entrenador es el único madridista a día de hoy que cree recuperable al desaparecido Goes.

No ha dado con el once. No hay en la plantilla once jugadores de los que se fíe. Creo que todo el rasgar de vestiduras y arrastrar de cadenas se resume en algo tan sencillo como eso. Un equipo que llene el campo, para abajo y para arriba. Xabi fue como un niño entrando en FAO Schwartz, la tienda de juguetes más famosa de New York. Hay tantos muñecos, tanto donde elegir, que empezó experimentando en el Mundial de Clubes hasta la primera cogida. La cornada le ha hecho reflexionar y dejar de arriesgar. El fútbol es tan sencillo… once sanos, juntos para arriba y juntos para abajo. Pero tiene que tomar decisiones de las que dejan víctimas. De las que señalan culpables. De las que abren puertas. Hay jugadores que no le respetan. Es muy obvio.

El clásico se ganó por intensidad, el choque contra el Valencia por juego y el duelo de San Mamés por las dos cosas. Por fin habíamos tenido una semana en la que los agentes dobles del madridismo de redes estuvieron recogiendo cable por toda la basura que habían excretado las últimas dos semanas. Finalizado el partido contra el Celta, ya volvemos a la normalidad, a la videobasura habitual, al populismo y a la autodestrucción.

Existe un fenómeno tan estadísticamente interesante como innegable: ¿se han dado cuenta de la cantidad de seguidores atléticos y de otro pelaje que cubren en los medios la actualidad del Real Madrid? Cortegana, Lama, Burgos, Angulo.... Alguno de ellos fue a mi clase en la facultad. Sé de lo que hablo. No hay ser humano capaz de consumir todo el montón de mierda de los que dicen tener información "de dentro" cuando nadie de dentro se les acerca a una distancia a la que les pueda oler.

Pero sí creo que la película acabará mal para algunos futbolistas de la plantilla. Probablemente es necesario. Si el club aguanta a Xabi y piensa en un proyecto de tres años, no veo buenas perspectivas para los que vienen saliendo retratados con reiteración en los últimos dos meses. Si tiramos la liga en diciembre o caemos con estrépito en Champions, ni Xabi estará a salvo. Ay los turrones... vienen tres partidos que van a determinar el futuro para muchos: City, Alavés y Sevilla. Recuerden, Benitez se comió el turrón, pero no llegó a la cabalgata de Reyes.

Cómo me gustaría tomarme una cerveza con Xabi para que me contara lo que no le puede contar a nadie de ese vestuario...

“En un partido que no debería sorprender que acabara con la trayectoria de Xabi Alonso (y quizá no sería mala cosa), el Madrid perdió ante el Celta dos puntos, a Militão y dos jugadores de campo. También perdió media Liga y el crédito que había ganado en Bilbao” (La Galerna). “El Madrid ha entrado en pérdida, el Bernabéu ha entrado en pánico y Xabi Alonso ha entrado en zona de peligro extremo” (AS). “Entre San Mamés y el City, el Madrid decidió tirar la Liga” (Marca). El Madrid volvió a entrar en crisis el domingo por la noche en el Bernabéu. Sin fútbol ni ideas, con escasa actitud, con errores y desesperado con el árbitro” (El Mundo). “Una hora en la inopia y media de juego muy vulgar expusieron todos los agujeros de un Madrid ramplón que se desploma en Liga”. (El País).

Los comienzos de las crónicas del desastre ante el Celta ya no elucubran ni presuponen, sino que describen y son una fotografía real y cruda del peligroso alambre en el que vive el Madrid. Los números, como las miradas, nunca engañan: de ganar 13 de sus primeros 14 encuentros, a hacerlo sólo en dos ocasiones de las últimas siete; de acumular cinco puntos de ventaja sobre el Barcelona en Liga, a ser perseguidor a cuatro de distancia. Pero es que las sensaciones tampoco arrojan ningún rayo de luz, sino al contrario: jugadores desconectados, el técnico abandonando su filosofía —primer paso para lo primero— y la rabia y el orgullo mostrados el día del Barça como excepción que confirma la debacle.

Llegados a este punto, y con el City a las puertas, sólo queda comenzar a tomar caminos rupturistas, acaso drásticos, y apelar a la conjura del Madrid de la Séptima si no se quiere tirar la temporada desde ya a la basura.

Aquel año, el equipo comenzó como este, con sensaciones positivas después de ganar la Supercopa de España al Barcelona en el Bernabéu (4-1 después de perder 2-1 en el Camp Nou). Sin embargo, por si les suena, el inquilino del banquillo, Jupp Heynckes, jamás logró hacerse con el mando de un vestuario infestado de estrellas (Illgner, Hierro, Roberto Carlos, Redondo, Seedorf, Raúl, Suker, Mijatovic) y egos.  En Liga, sin continuidad ni empaque, se sostuvo hasta las Navidades. Terminaría cuarto a 11 puntos de los azulgranas. Pero, en Europa, la transformación apuntaba a lo paranormal, con una autogestión del vestuario que alcanzó su éxtasis en la previa de la final de la Champions.

Ya saben: Heynckes, superado, llegó a plantear su renuncia a un Lorenzo Sanz desbordado, mientras en las habitaciones de los jugadores se cocía la conjura, muy al estilo a los años de Molowny, cuando el canario permitía cierta autogestión a los Camacho, Santillana, Juanito y compañía (y a ver quién se oponía). Y la cosa salió histórica, con una copa que iluminó a toda una era.

La única duda es si la actual plantilla, además de pose en las redes sociales, tiene el suficiente cuajo para no haber olvidado el escudo que representa. Conjura o muerte. Me temo que no queda otra.

 

Buenos días. Si los jugadores del Real Madrid no hacen su trabajo, no vemos por qué nosotros debemos hacer el nuestro.

Os dejamos, eso sí, con las portadas del día.

Que la jornada sea propicia en otros ámbitos.

El Real Madrid atraviesa uno de los peores momentos que recuerdo en los últimos años, incluso superior a la temporada posterior al adiós de Cristiano Ronaldo. Hay ocasiones en las que los equipos tocan fondo, pero esto va más allá. Hemos fracasado como Club. Ni la directiva, ni el entrenador, ni los jugadores están ahora mismo al nivel que exige una entidad como esta.

Tengo la sensación de que Florentino Pérez se ha dedicado en los últimos tiempos más a lo extradeportivo que a lo rigurosamente deportivo. Llevamos mucho tiempo reclamando que la plantilla está descompensada. En todas las líneas tenemos déficits. Dejando a un lado la portería, donde tenemos al mejor portero del mundo, la defensa carece de un líder absoluto como en su día fue Sergio Ramos. Los fichajes de Carreras y Trent son un salto de calidad, pero las lesiones no nos están dejando disfrutar del inglés. Huijsen está muy verde todavía para el fútbol de primer nivel.

El centro del campo es el verdadero drama. No tenemos peloteros de los de verdad, de los que mueven un equipo como lo han hecho hasta ahora Kroos y Modric. Arda Güler todavía tiene que comer mucho para poder sentarse en esa mesa y, hoy por hoy, tengo muchas dudas de que lo vaya a conseguir. En la delantera, gracias a Mbappé vamos salvando la temporada. Vinicius no es el futbolista al que le "robaron" el Balón de Oro y Mastantuono es todavía una incógnita. De Rodrygo mejor no hablamos.

En definitiva, el Real Madrid tiene un problema estructural enorme y esto no se soluciona relevando del puesto a Xabi Alonso para traer un entrenador que dé golpes sobre la mesa. Puede ser un parche pero no algo acertado a futuro. A lo mejor estamos en una etapa de transición como la que pasamos con José Mourinho, pero me duele en el alma vernos así.  Volveremos. No se cuándo, pero volveremos.

El triunfo en Bilbao parecía devolver al Real Madrid a la senda acostumbrada: triunfos, potencia ofensiva, renacimiento. Pero fue un espejismo. Hoy en casa, ante su gente, el Madrid sufrió un golpe de realidad en toda regla: 0-2 ante el Celta. La ilusión se hizo cenizas. El partido de San Mamés ya no sirve como coartada, resulta una simple quimera.

Porque lo que exhibió el equipo de blanco es una doble tara estructural —y gravísima— con mayor peso que cualquier baja o error puntual. Primero: el aparato ofensivo —ese del que tanto presumíamos— no tiene respuestas contra defensas cerradas, impenetrables. Segundo: la retaguardia, cuando no hay engranaje, demuestra que no defiende absolutamente nada, es más, son unas madres en el primer domingo de mayo.

El Celta, con sangre fría y sin virtuosismo deslumbrante, hizo lo justo: metió dos veces la pelota, ambos goles de Williot (uno un taconazo, otro un golpeo frío al final) tras dos arreones de descontrol blanco. Pero sobre todo, lo preocupante no es solo perder 2-0: lo alarmante es que el Madrid no ofreció alternativas. Nada.

Ese es el drama: no hubo plan B, ni plan C. Y la noche del Bernabéu se convirtió en un espejo de carencias ofensivas: poca imaginación, escasa movilidad, nula capacidad para romper líneas. Con la pelota, con el espacio reducido, el Madrid simplemente se asfixió. Sin verticalidad, sin ideas.

Y lo que es peor: con la desesperación defensiva a flor de piel. El equipo concedió espacios, sufrió espalda, se desordenó, facilitó contras. No es solo cuestión de acierto del rival: es incapacidad propia. Cuando un conjunto con este potencial, con este escudo y con esta plantilla, cae así, la culpa no puede depositarse en la casualidad.

Afirma el refrán que “nadie da lo que no tiene”. Pero aquí ocurre lo contrario: hay mucho más de lo necesario. Esta plantilla del Real Madrid es extraordinaria. Reúne talento, experiencia, juventud, títulos, historia. Jugadores curtidos en mil batallas, con Copas de Europa en sus vitrinas, con personalidad. Y sin embargo, y esto hiere, parecen inermes, desconectados, sumidos en una mediocridad inadmisible.

No es un cónclave de futbolistas amateur: estamos hablando de campeones de Europa. Hombre por hombre, esta plantilla exige ambición, exige rigor, exige dignidad. Pero lo que se vio ayer fue dejadez, falta de coraje, ausencia de plan. ¿Es eso lo que merecen los que pagan, y mucho, por ir al Bernabéu?

Cuando un equipo de este nivel no encuentra soluciones ofensivas ante un bloque defensivo, no sabe abrir espacios ni generar peligro, y además defiende con desorden, hay dos opciones: o la plantilla está rota (no es el caso), o la cabeza no funciona. Y la cabeza, ese cerebro colectivo que dirige, planifica, estructura, ha fallado una vez más.

Porque un grupo así no puede quedar tan desnudo ante una estructura modesta como la del Celta. Y menos aún en su casa.

Lo que acaba de suceder no puede atribuirse solo a jugadores que "no rinden hoy". No. La responsabilidad principal recae en quien debe sacar rendimiento de esos jugadores, en quien debe edificar identidad, plan, estructura: el entrenador. En este caso, Xabi Alonso.

Xabi tiene, desde luego, obligación: no privilegio. Con esta plantilla, su deber es exprimirla, sacarle provecho ante bloques cerrados, dotar al equipo de recursos ofensivos alternativos, reforzar la solidez defensiva, encender carácter, imponer autoridad. Pero todo eso brilló por su ausencia.

Y no hay excusas que valgan. No me vale el tan manido “los jugadores quieren echar al entrenador”, porque no es verdad, no se puede alegar solo rotaciones, no se puede alegar la elección de su alineación defensiva (con un lateral derecho de circunstancias) como ejemplo de improvisación. No hay plan para derribar muros, no hay lectura táctica, no hay control cuando el rival aprieta.

Que se recuerde lo que hizo Carlo Ancelotti con muchos de estos mismos jugadores: plantó equipo, identidad, convicción, estructura. Y esto no es nostalgia: es evidencia de que con cabeza, músculo táctico y respeto al oficio se puede exigir más. Ancelotti, que para muchos estaba acabado, al borde del abismo mediático, que se dijo de él que el equipo ganó Copas de Europa a pesar del entrenador, sacó lo mejor de esa plantilla. Y aún así mucha gente pedía su cabeza con dos títulos en el zurrón de la temporada. Ahora, el listón está más bajo: basta con dignidad, basta con coherencia.

Pero lo vivido ante el Celta revela que ese listón se ha hundido bajo toneladas de apatía.

No faltan nombres en esa plantilla. Courtois, Carvajal, Militao, Alaba, Bellingham, Camavinga, Vinicius, Fede Valverde, Rodrygo, Tchouameni, Arda Güler, Dani Ceballos, Fran García, Brahim, Rudiger y Mendy, nada menos que 16 jugadores con al menos una Copa de Europa en el Real Madrid, con goles, con carácter, aquellos que levantaron la 14.ª y la 15.ª Copa de Europa con este escudo. Tiene al actual Bota de Oro Europea y al actual Bota de Oro del Mundial de Clubes, jugadores que conocen lo que es ganar, sufrir, celebrar, callar, levantar trofeos importantes. Hoy, muchos de ellos parecieron extraños en su propia piel: sin reflejos, sin orgullo, sin reaccionar.

Ese escudo no se respeta con inventos, con faltas de intensidad, con rendiciones prematuras. Se respeta con entrega. Con fiereza. Con exigencia. Y sobre todo con dignidad colectiva.

Porque al final, tener futbolistas de élite, sin una dirección eficiente, no vale de nada. El talento solo es útil cuando lo gestionas, cuando lo diriges, cuando lo haces útil en colectivo. Y eso supone disciplina, oficio, hambre, liderazgo. Todo eso brilló por su ausencia.

Y si el problema ya fuera grave por sí solo, tuvo compañía. El árbitro designado para la noche, Alejandro Quintero González, recién llegado a Primera y con escasa experiencia, resultó ser el verdugo sin espada, el facilitador del naufragio. Su arbitraje roza lo calamitoso.

Permitir que el Celta perdiese todo el tiempo del mundo, cortar sistemáticamente el ritmo del Madrid, conceder una permisividad insultante al rival, y por otro lado, y esto escuece aún más, sancionar con rigor exagerado al equipo blanco. Amarillas veloces, expulsiones por acumulación en menos de un minuto… todo ello convirtió el Bernabéu en una trampa, en una encerrona reglamentaria disfrazada de justicia.

¿Y lo peor? Que este árbitro —con esa actuación— sale reforzado. La maquinaria del arbitraje le pone en vitrina: internacional inminente, potencial silbador de una semifinal de la Supercopa de España, viajecito incluido a Arabia Saudí y ascenso meteórico en el escalafón negreiril. Mientras tanto, los culpables no son quienes permitieron ese circo, sino quienes lo consintieron: el sistema, el CTA corrupto que lo avala. Y nosotros, otra vez, ajo y agua.

Si, el Real Madrid perdió un partido porque no generó, porque no ordenó, sin siquiera sensación de peligro. Si, pero también el Real Madrid perdió un partido en casa por un arbitraje descaradamente desequilibrado, hay motivos para la indignación.

Hay una máxima que siempre defendí: el entrenador del Real Madrid, por definición, mientras esté en el banquillo blanco es el mejor entrenador del mundo. Es una cuestión de fe, de respeto al escudo, de dejar trabajar. Pero, amigos míos, esta fe empieza a diluirse con escenas como la del domingo, sobre todo cuando escuchas al entrenador decir que “sólo se han pedido tres puntos”, “Falta mucho y podemos remontar”. No señor, el mensaje que hay que sacar en estos momentos es que te has equivocado, que estás muy enfadado y que no va a volver a ocurrir porque se van a tomar medidas desde esta misma noche. Ése es el mensaje que hay que mandar a la afición, no los paños calientes de los manidos “tres puntos” de cada partido. Así no, sin autocrítica verdadera, no, sin un verdadero acto de contrición, no.

Ver a esta plantilla, y lo que representa, desdibujada, sin alma, sin reacción, sin vergüenza, ante un equipo modesto, en su estadio, con su gente… es demasiado. No por un juego pobre en una noche concreta, sino por la evidencia de que los partidos del Valencia en casa y contra el Athletic el miércoles pasado, fueron unos verdaderos espejismos. El rumbo del equipo está perdido, y con rumbo perdido cualquier capitán, por bueno que sea, señala al horizonte equivocado.

Al club, a los dirigentes, al cuerpo técnico, a los propios jugadores, se les reclama el deber de tomar decisiones. No mañana, ahora. Porque cada día que pasa sin reacción, sin críticas, sin exigencia, cimenta la mediocridad. Y eso, no es patrimonio de este club.

El Bernabéu no merece humo. No merece excusas. Merece dignidad. Merece repuesta.

Me despido con un cabreo de los gordos, pero reafirmándome en mi frase de salida: Ser del Real Madrid, es lo mejor que una persona puede ser en esta vida. ¡Hala Madrid!

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