Buenos días, amigos. El Barça se toca, Sport se toca, Marca se toca, el Atleti se toca (en ocasiones, dos veces), todo el mundo se toca, de uno u otro modo. Y todo el mundo orbita en torno al Madrid, bien por amor, bien por odio, bien simultaneando ambos sentimientos.
Sport se toca por el hecho de que el Madrid está tocado. Es natural, la biblia del victimismo culé encuentra mayor placer cuando el Madrid gana que cuando quien vence es su equipo. Es parte de la idiosincrasia del FC Barcelona, lo explica Tomás Guasch con la maestría habitual en su «Mira, chato» de hoy.
Ver jugar últimamente al Madrid es tan divertido como asistir en directo a la reproducción del guisante lágrima, para llorar, los resultados blancos en liga son insatisfactorios (el mal juego no es la única causa), es innegable, y necesita mejorar en numerosos ámbitos. El Barça, por el contrario, está desplegando un juego avasallador, ha desarrollado una química con la competición ciertamente efectiva, los que realmente saben de fútbol dan por descontado que ganará todo (del mismo modo que lo hicieron incluso en la etapa de Xavi). Sin embargo, el Madrid se encuentra apenas a una victoria y un empate de distancia. Vaya, por lo que se lee, pareciera como si los de Flick aventajaran en 18 puntos, al menos, a los del negligente Ancelotti.
Precisamente el técnico culé ilustra el faldón sportiano: «Flick calmó los ánimos de un vestuario indignado. Frenó a los suyos, muy molestos con el árbitro del Barça-Betis». Quizá los blaugranas se encuentren tan enojados con el colegiado porque no relejó la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad en el acta. Y no es la primera vez que un árbitro no plasma en el acta lo ocurrido.
Vinícius, perdón, Raphinha perdió los papeles durante el partido, se encaró con el asistente, lo insultó, al acabar el partido siguió erre que erre con el trío arbitral, se marchó al vestuario sulfurado hasta tal punto que empujó a su capitán Ter Stegen. El brasileño se comportó como cuando te tomas cinco litros de Red Bull. Gil Manzano no recogió los hechos en el acta, por lo que sea, probablemente porque se le olvidó, tened en cuenta que un colegiado de primera división tiene muchas cosas en la cabeza. Y además también han de organizar su vida personal, quizá simultaneó la redacción del acta con la confección de la lista de la compra y se le fue el santo al cielo.
Seguramente, aquel día que pitó el final del partido contra el Valencia cuando el balón rematado por Bellingham se dirigía a gol (¿tenía prisa por hacer la compra y quería irse antes de acabar el partido para evitar los habituales atascos?), y acto seguido expulsó al inglés por recriminarle semejante boludez tenía menos tareas pendientes y sí recogió en el acta la apreciación, que no insulto, de Jude. Marca, vaya a saber usted por qué, ha tratado ambas situaciones de manera diferente.
Marca también se toca, aunque no en su portada, sino de puertas adentro. Se toca con el Atleti. A tenor de la reacción de los chicos de Gallardo, los rojiblancos al fin ganaron la Champions.
Mama, Chicho me toca. Ay.
As ilustra su frontispicio con una foto de Mbappé envejecido con inteligencia artificial. Ah no, perdón, es Hulio Batista, que afirma que Kylian puede ser el factor X en la eliminatoria contra el Arsenal. «Batista habla del duelo entre dos exequipos y ve decisivo al francés. El Arsenal es un rival superpeligroso», recoge As.
Queremos ponderar la correcta grafía tanto de «exequipo» como de «superpeligroso». Es poco habitual encontrar a alguien que escriba bien los prefijos, lo acostumbrado en estos casos habría sido leer «ex equipo» y «súper peligroso», o incluso con un guion en medio.
As también dedica un espacio, el ático, para el equipo que alberga neonazis: «El Atleti se agarra —¿sinónimo de “se toca”?— a la liga». Barrios logró el gol de la victoria en el 93 y Julián Álvarez marcó un penalti con un solo toque. Creemos que Cerezo y Gil Marín deberían subirle el sueldo al Cholo al menos tres millones de euros al año después de semejante hazaña.
Mundo Deportivo elige para su portada a dos futbolistas azulgranas: Gavi y De Jong. La palabra que utilizan para definir al sevillano es «espíritu». Con Gavi siempre se revienta el eufemiómetro, porque los medios regados no pueden calificar honestamente al violento jugador del Barça. Con Frenkie lo que ocurre es que la prensa ha sido cómplice cuando el Barcelona le ha hecho mobbing porque le interesaba que se fuera. Y ahora se refieren a él con «compromiso».
El diario de Godó, grande de España, también se toca, en los bajos: «El Atleti gana en el descuento y está a 3 puntos del Madrid». Si no meten al Madrid en la ecuación no hallan placer. Es un fenómeno psiquiátrico muy interesante.
En los bajos del periódico también podemos leer la buena noticia de ayer: el nuevo triunfo en baloncesto del Madrid frente al Barça. Y van ocho seguidos. Eso sí que da placer, y no que tu filial venza en el descuento y se acerque al equipo que te obsesiona.
El Barça se toca, Marca se toca, Sport se toca, todos se tocan, pero quien acaba triunfando y rematando la faena de verdad suele ser el Madrid. Los títulos están ahí, y esos sí que se pueden tocar. Mikel Merino lo sabe: «Si te descuidas un segundo, te la lían». Y sin descuidarte, Mikel, y sin descuidarte.
Marca ya sabe que el próximo penalti será para Mbappé. A lo mejor así el respetable ahorra en pitos, y quizá en flautas. Tal vez haya que tocarse más y pitar menos.
El tema de los penaltis y el Madrid es curioso, no logra encontrar un lanzador fiable y sin embargo cuando de verdad toca, en Champions, siempre que llega a ellos vence.
Pasad un buen día.
¿Finales con el Barça? O con cualquiera…
Desde que se confirmó que la final de Copa será la que será, he escuchado y leído que el Barça es dos cosas: favorito o favoritísimo. Y que también lo será en el partido de Liga pendiente. Y en la final europea si se produce: muy bien.
Eso sería una final doble, por cierto: el Madrid jugaría otra de la Copa de Europa y el Barça, la de la Champions. Lo parece, pero no son lo mismo. La última presencia azulgrana se remonta a 2015. Si sucede, el mundo y La Galerna les felicitará muy cordialmente: ya les va tocando.
Esa posible sucesión de clásicos ha propiciado una consigna/certeza según la cual al Madrid no le llega la camisa al cuerpo si se pone a pensarlo. ¡Europa! Que lo mejor para él sería caer dignamente ante el Arsenal.
Y si se empecina en cargárselo, ante el ganador del City-Emery en semifinales. Una derrota ante el Barça en la finalísima —ya le dan por clasificado— sería terrible. Dos, el caos. Tres, el acabose. Estamos cerca de escuchar que podría suponer incluso la desaparición del Madrid.
No comparto la consigna. Veamos. Perder uno de esos partidos escuece muchísimo. El escozor puede contarlo muy bien el Barcelona de baloncesto, ocho partidos seguidos lleva palmando con el Madrid tras el 89-91 de anoche. Sí: debe ser muy desagradable.
En su vida el Madrid salvó una temporada por ganarle un título al Barça
Volviendo al fútbol, puedo admitir que si usted se jugara diez pavos hoy lo hiciera a favor de los azulgrana en los partidos seguros y en el posible. Usted y su dinero son soberanos y no es pecado madridista admitir que el eterno rival está mejor hora. Y la pela es muy conservadora.
Lo que me extraña es que mucho madridista entra a ese trapo, sobre todo el europeo: ¡cualquier cosa menos perder contra ‘esos’ la final de Múnich! ¿En serio? No entiendo como un madridista puede comprar eso: debe ser gente, sí, muy del Madrid… que no ha visitado su sala de trofeos.
No, oigan. El reto del Madrid es otro. Y seguirá siendo el mismo gane alguno, ninguno o todos los títulos que le quedan por ventilar: cuatro con el Mundial de Clubes. Ni ganándolos todos podrá burlar su desafío verdadero que es remodelar el equipo con vistas a la próxima temporada.
Esa es la cuestión. En su vida el Madrid salvó una temporada por ganarle un título al Barça. Uno o 300. Fueron tres la pasada temporada, por cierto: Supercopa, Liga y Champions. ¿Y qué pasó? Que al día siguiente de ganarle al Dortmund —2 de junio concretamente— el pueblo gritaba ¡la 16, ahora a por la 16! Nadie habló del finalista.
Comprendo la ilusión culé, organización que goza más viendo perder al Madrid, ni les cuento en un mano a mano, que a su equipo levantar una copa. El Madrid, no. El Madrid no debe verle gran diferencia a ganarle una final aquí a Barcelona, Atleti o Cartagena, o a los dos paisanos, Inter o Bayern, en la competición de verdad, o sea, la suya.
Comprendo la ilusión culé, organización que goza más viendo perder al Madrid, ni les cuento en un mano a mano, que a su equipo levantar una copa
No conozco un madridista que lamente no haber ganado al Barca una de las 15. Ni uno en lo que llevo de vida. El Madrid no repara en finalistas, el que llega es bienvenido: el Madrid cuenta títulos. El otro es el otro, el acompañante imprescindible aquellas noches.
Me sorprende pues el merengue que entra al trapo. Bien no está su equipo, es obvio. Pero el riesgo de derrota sería el de cualquier final. Llegues tú mejor o peor a la cita. ¿Era favorito el Madrid ante el Liverpool, las dos veces, ante aquella Juve que había encajado tres goles en todo el torneo? Y ñaka.
¿Que habría mucho cachondeo por parte del ganador en una final con Clásico? Sí, por ambas partes. No creo que más si hubiese pasado en aquellas: se acabaron las camisetas de Liverpool y Juve por aquí antes de los partidos. Y lo dicho: ñaka.
No conozco un madridista que lamente no haber ganado al Barca una de las 15. El Madrid no repara en finalistas, el que llega es bienvenido: el Madrid cuenta títulos
El asunto, lo mollar, lo que el Madrid debe acertar es en cómo se refuerza este verano. Su gran final pasa por reforzar la devastada defensa y darle aire a su centro del campo. Eso es.
Que muchos de sus problemas este curso están en la retaguardia y la creación no se discute. Lesiones gravísimas, los años que no perdonan… Carvajal&Militao. Este Mendy de hoy caigo y mañana me levanto y vuelvo a caer. Aquella imagen de Rüdiger y Alaba, titulares con las rodillas vendadas.
Todos los volantes excepto Modric han pasado por la enfermería y largamente. La última guinda ‘pal’ pavo es que portero titular y suplente están lesionados ahora. La posibilidad de que Fran deba jugar en el Emirates es real.
Y el mediocampo. Podemos estar ante el final de Casemiro-Kroos-Modric. Siga o no Luka es evidente que el equipo necesita al menos un volante que nada tenga que ver con Tchouaméni, Valverde, Camavinga. Un eje-jugón. Un tipo parecido a Ceballos y Luka, ¿a que me explico?
Dar con esa pieza, un lateral diestro y dos centrales: esa es la finalísima del Madrid, esa sí que no puede perderla. No sé si en la cantera hay más de un Joan Martínez. Si no, habrá que traerlo.
No me meto en nombres, los que suenan nos los sabemos de memoria. Sí digo que el reto del Madrid es dar con al menos cuatro titulares en su retaguardia y alrededores.
Titulares, sí. Que el entrenador y la gente de la última grada sepa que tienen calidad para que el Madrid esté como ahora y siempre: cerca de todas las finales. Cuando lo hace, gana la mayoría.
Lo de menos es el rival, no piquen. Y los títulos del momento: cada años se ventilan tres, cuatro... El Madrid no tiene urgencias. ¿Finales con el Barça? Pues bien. O con otro. No compren milongas.
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Convendremos en que, a menudo, el fútbol saca lo peor de nosotros. Si bien para ello es condición indispensable que dentro alberguemos ese «peor», porque de donde no hay no se puede sacar, sería como intentar retirar una Champions del museo del Atleti. Sucede porque el fútbol, más que un deporte, un juego o una afición, es una terapia, a la vez que un espejo que solo te responde la verdad. Uno no se planta frente al televisor o acude al estadio solo para ver un partido, sino que durante el mismo aprovecha para exorcizar sus demonios interiores, y la imagen que proyecta cuando insulta suele ser precisamente eso, una proyección de sus propios traumas y complejos.
¿A Vinícius no se le puede criticar? Por supuesto que sí. Es más, es necesario. Sin crítica no hay mejora. Si lisonjeáramos cada día y por todo a Vini terminaríamos convirtiéndolo en un niño malcriado que con su actitud pasivo-agresiva destituiría entrenadores, condicionaría campeonatos y pegaría balonazos a los espectadores rivales.
A menudo, el fútbol saca lo peor de nosotros. Si bien para ello es condición indispensable que dentro alberguemos ese «peor», porque de donde no hay no se puede sacar, sería como intentar retirar una Champions del museo del Atleti
¿Es coherente pitar a Vinícius nada más comenzar un partido porque falle un penalti y no parar de silbarle durante todo el encuentro aunque marque el tanto del empate y no deje de intentarlo? No. ¿Ayudan al Real Madrid los pitos a Vinícius? No. ¿Cada uno es libre para pitar todo lo que quiera? Faltaría más. Muchos creen que deben reeducar a los demás y que gracias a sus opiniones y observaciones, y no al trabajo y al esfuerzo de los demás, el mundo gira más redondo.
En el plano general, Vinícius ha sido determinante para ganar múltiples trofeos, entre ellos dos Champions, e innumerables encuentros. Es con diferencia el futbolista más determinante de la actualidad, ese que jugando mal resuelve partidos. No se esconde nunca. Encarna la genética madridista de no rendirse jamás. Se sobrepone a todo, provenga de afuera o de adentro. ¿Cuántas veces ha remontado el Madrid jugando fatal gracias al ímpetu de Vini incluso en sus peores días?
En el plano corto, el Madrid venía de clasificarse para la final de la Copa del Rey principalmente porque contra la Real Sociedad a Vini se le metió entre ceja y ceja que había de ser así. Y como agradecimiento en el siguiente encuentro se llevó raciones de pitos como para una boda al primer error. Quizá, y solo quizá, los aficionados propios deberían ser un apoyo y no obstáculo.
Quizá, y solo quizá, los aficionados propios deberían ser un apoyo y no obstáculo
No se trata de aquello de la exigencia del Madrid y de que en el club de Concha Espina no se vive del pasado, ambas cosas ciertas y necesarias, sino de tener un poco de paciencia y respeto hacia el jugador que te saca las castañas del fuego día sí y día también. Aunque sea por egoísmo, no parece una gran idea regalar serenatas de viento a tu futbolista más determinante cuando tal vez lo que necesita —él y el equipo— es ánimo para remontar un partido. Es una opinión personal, hay quien está convencido de que el Madrid ha ganado seis Champions en diez años gracias a que se enfada mucho, pita e insulta a la mínima a aquellos jugadores, entrenadores y directivos que le han provisto de tanta felicidad. Y yo no soy quién para decirles lo que tienen que pensar.
El momento, además, quizá no sea el más propicio, en un tiempo y un ecosistema en el que rivales, especialmente uno, dirigentes y organismos se afanan por ver quién comete el delito más flagrante, retuerce la norma de manera más churrigueresca, regurgita las declaraciones más torpes o hace el ridículo más bochornoso.
Vinícius es un fenómeno social que se filtra por todas las rendijas del día a día. Uno se desplaza a otra provincia para visitar a unos amigos y entre patata y patata brava se cuela, de repente, un comentario denigrante sobre Vini sin venir a cuento. O si no denigrante, para dejar patente lo mal que a alguien le cae el jugador. Dentro de poco, al lado de «nivel medio de inglés» va a ser obligatorio reflejar en el currículum «me cae mal Vinícius» si uno quiere aparentar ser una persona de bien y contratable.
Dentro de poco, al lado de «nivel medio de inglés» va a ser obligatorio reflejar en el currículum «me cae mal Vinícius» si uno quiere aparentar ser una persona de bien y contratable
Cualquiera cuenta con varios contactos en la agenda que al primer pase del siete le escriben para exigir su venta sumarísima a Arabia. O incluso antes de comenzar el partido. La pataleta no cesa salvo que sea decisivo para ganar el partido —es decir, a menudo—, porque hay quien solo habla para decir algo peyorativo y jamás envía un mensaje positivo cuando las cosas salen bien. Probablemente en su día a día hagan todo a la perfección sin el más mínimo error. Hay un sector del madridismo que desgraciadamente se parece mucho al antimadridismo.
Vinícius ha evolucionado de jugador de fútbol a concepto, un concepto que hace las veces de purgante de todas las lacras que atesoramos y de líquido para el revelado de la foto de nuestro interior. Vinícius se ha convertido en un recipiente en el cual volcar las frustraciones.
Vinícius tiene consecuencias similares al fútbol. Vinícius y el fútbol son dos conceptos muy parecidos, porque Vinícius es el epítome del fútbol.
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Hay equipos que juegan bien. Otros que juegan mal. Y luego está el FC Barcelona, que juega con otra normativa, otro reglamento, otro mundo. Si el fútbol español fuera una partida de ajedrez, el Barça sería ese jugador que mueve la reina en forma de L, captura dos caballos, enroca con un peón y luego exige que le den el punto por "jugar con más estilo". Porque si algo hay que reconocerle al Barça no es que juegue bonito, ni que sea “más que un club”, sino que ha logrado el hito histórico de convertirse en el único equipo que puede cometer faltas reglamentarias, irregularidades contables y trampas de tebeo sin que pase absolutamente nada. Y cuando decimos nada, nos referimos a la más absoluta, obscena y majestuosa nada. Ni sanciones, ni multas, ni retiradas de puntos. Ni una pitada un poco más grande en un campo difícil, que les multa Tebas.
Desde hace décadas, el club catalán disfruta de un estatus jurídico-futbolístico que sólo puede definirse como de "reglamento deconstruido". Mientras el resto de los equipos tienen que cuadrar sus cuentas, inscribir a jugadores bajo los límites del fair play financiero y recordar que hay una cosa llamada “normativa”, el Barça se pasea por La Liga como el primo rico del Monopoly que ha aprendido a imprimir billetes en casa y aún se indigna si le dices que no puede comprar la cárcel. Tomemos como ejemplo el ya mítico “Caso Negreira”, ese episodio en el que el club pagó durante 20 años a un alto cargo del estamento arbitral. ¿Para qué? Bueno, eso es lo de menos. Lo importante es que el Barça le pagaba dinero. Mucho. De forma regular. A un tipo que podía influir en los árbitros. Y luego salía a jugar partidos que, por casualidad, solían decantarse a su favor tras penaltis que nadie más veía, expulsiones creativas y añadidos de doce minutos que ni el Mundial de Qatar, oiga.
Pues miren: en la última jornada, el FC Barcelona jugó con 15 jugadores. ¿15? Sí, sí: 15 jugadores. Flick planteó un equipo con un 7-4-4. Al principio el rival se quejó con aspavientos, pero luego recibieron una llamada de la RFEF y les dijeron que podrían perder puntos y descender si no jugaban. Les dijeron también que, tras el partido, podían presentar una denuncia si querían, que ya se tramitaría (si eso), pero que de momento tenían que jugar. Como en el minuto 64 del partido iban aún empate, en el FCB entró otro delantero... pero nadie se fue del campo, así que jugaron con un 7-4-5. El cuarto árbitro se rascó la cabeza, consultó el pinganillo, y desde el VAR le dijeron: “Déjalos, que son del Barça”.
Es más, en la jornada anterior el equipo alineó a seis jugadores extracomunitarios, dos de ellos disfrazados de utilleros. “No, ese es el fisio brasileño”, dijeron. “¿Con botas de tacos?”, “Bueno, está haciendo prácticas.” Y todos lo aceptaron. Porque si algo ha aprendido el fútbol español es que enfrentarte al Barça es como enfrentarte a Hacienda: es mejor no hacer preguntas. Otro fenómeno digno de estudio es la capacidad del Barça para ganar incluso sin presentarse. Literalmente. En un partido reciente contra un rival de media tabla, el equipo decidió no ir. “Problemas logísticos”, dijeron. Pero horas después, el acta arbitral reflejaba: “Victoria por 3-0 del FC Barcelona. Hat-trick de Lamine Yamal por telepatía", así que Lamine ya es pichichi. El Comité de Competición lo validó sin pestañear. “Oye, ¿el Barça no jugaba contra el Getafe?” ,“No, al final no fueron”. “¿Y el resultado?” “Ganaron 0-3. Fue un partido espiritual. Muy bonito.” Hasta los aficionados han normalizado esto.
Si algo ha aprendido el fútbol español es que enfrentarte al Barça es como enfrentarte a Hacienda: es mejor no hacer preguntas
Y no nos olvidemos del apartado económico. Mientras el resto de equipos ajustan presupuestos, venden promesas de cantera para cuadrar cuentas y viven al borde del embargo, el FC Barcelona ha perfeccionado el arte del “apalancamiento financiero simbólico diferencial horizontal inverso de la ilusión contable”, o sea: venden derechos de televisión del año 2050, fichan jugadores a plazos que sólo se pagan si hay luna llena, y cuando todo falla, se inventan un nuevo patrocinador con sede en las Islas Caimán llamado “Societat d’Amics de Catalunya i del Futbol Global S.L.”. Eso sí, lo ponen en Google Translator para que salga un nombre en inglés, que siempre da más caché.
Lo más gracioso, sin embargo, no es que esto ocurra. Es que nadie lo denuncia en serio. Hay clubes que protestan tímidamente, como quien se queja porque el vecino pone la música alta pero no quiere líos. "Sí, creemos que debería haber más transparencia", dice algún presidente de equipo medio, mientras mira nervioso al cielo, esperando que no le caiga una inspección de Hacienda o una sanción del Comité de Competición por “insinuaciones contrarias al espíritu deportivo”. En los medios el escándalo es que Real Madrid TV ha hecho un vídeo, no el contenido del mismo. Los aficionados lo dan por bueno. A los entrenadores, como Imanol, les han hecho un conjuro con el que ven lo que no hay y no ven lo que hay. Una locura.
En España hay tres certezas: el sol sale por el este, Hacienda somos todos, y al Barça no le pasa nada
El FC Barcelona no juega en La Liga. Juega en una dimensión paralela en la que los hechos se doblegan, las leyes se reinterpretan y la lógica se esfuma. Es un experimento sociológico en directo: ¿cuánto puede salirse alguien con la suya antes de que alguien se plante y diga “basta”? Tras este partido de los 15 jugadores, o 16 tras "el cambio", hubo una denuncia. Se espera que el juicio salga dentro de 10 años y 1 día, justo 1 día después de que acabe el plazo legal para que salga el juicio. Vamos, que se archivará por defecto de forma. Y es que el FCB siempre recurre al artículo 9 y tres cuartos: ese que dicen que existe pero que nadie ha visto, ese que siempre está ahí, pero sólo para los elegidos. Ese que hará que cualquier otro club que intente mencionarlo se choque contra el muro, mientras Laporta lo atraviesa sonriendo y fumando un simbólico puro.
En España hay tres certezas: el sol sale por el este, Hacienda somos todos, y al Barça no le pasa nada.
Como epílogo, hemos tenido acceso exclusivo al último comunicado de Tebas sobre estos asuntos:
Ante las recientes informaciones, rumores, comentarios de barra de bar, memes de internet y artículos con claro sesgo madridista (y probablemente celoso), LaLiga desea manifestar lo siguiente:
Desde LaLiga queremos dejar claro que no existe trato de favor hacia ningún club. Todos los equipos son tratados con el mismo rigor, imparcialidad y espíritu democrático... salvo que el club en cuestión se llame FC Barcelona, en cuyo caso se aplican las excepciones contenidas en el Anexo Invisible del Reglamento General, y más concretamente en el artículo 9 y tres cuartos.
Respecto al supuesto alineamiento de 15 jugadores en algunos partidos, tras una exhaustiva investigación interna realizada en 4 minutos y 20 segundos hemos concluido que se trató de una “percepción sensorial malinterpretada por parte de los espectadores”. En palabras del Comité Técnico, “ver tres Raphinhas en el campo al mismo tiempo puede deberse a su gran movilidad, no necesariamente a una duplicación real del jugador”.
Sobre los seis extracomunitarios alineados recientemente, cabe señalar que dos de ellos estaban tramitando el empadronamiento en una masía rural del Alt Empordà, uno alegó ser “mitad europeo por vía espiritual” y otro simplemente dijo “soc del Barça”, lo cual, como es sabido, tiene validez de ciudadanía en Catalunya y sus territorios de influencia.
En cuanto a las victorias sin comparecencia, LaLiga recuerda que el FC Barcelona, por su peso histórico y contribución al desarrollo emocional del fútbol español, está facultado para disputar partidos en modalidad asimétrica no presencial, siempre que la ausencia esté debidamente justificada mediante comunicado estético o poema en catalán.
El llamado “Caso Negreira” ha sido archivado por nuestro departamento de papelería, que considera que, al no haber pruebas fehacientes de que los pagos fueran realizados por un ente malvado con bigote y monóculo, no hay razón para desconfiar de que se trataba de una asesoría amistosa prolongada en el tiempo con fines administrativos.
En relación a las críticas por el uso de palancas financieras de dudosa solidez, LaLiga quiere subrayar que no está entre nuestras competencias valorar la física cuántica ni la arquitectura del universo fiscal. Si el Barça logra ingresar 400 millones vendiendo el 2% de una pared de su museo, nosotros lo celebramos como una victoria del emprendimiento hispano.
Finalmente, instamos a los clubes, aficionados y medios de comunicación manejados por el ser superior a dejar de hacer preguntas incómodas, y a centrarse en lo verdaderamente importante: la emoción de la jornada, los datos de posesión y si Lewandowski sonríe más o menos que la temporada pasada.
Porque en LaLiga defendemos la igualdad, pero sobre todo, la magia.
Atentamente,
Departamento de Comunicación de LaLiga
(“Compitiendo en igualdad desde que el VAR tiene Wi-Fi”)
Buenos días. El Real Madrid nos deparó un partido deficiente ante el Valencia, tan deficiente como ha habido más de uno y de dos, pero esta vez no pudo arreglarlo a punta de épica y goles en el descuento.
Es más: fue en el descuento donde salimos definitivamente trasquilados, y ello sin haber tenido el menor acierto (¿ni la menor voluntad?) en la tarea de ir a por lana. No fue un partido peor que, por ejemplo, el 3-2 al Leganés último, pero en esta ocasión no nos salvó la actuación individual de Mbappé, ni la de ningún otro. Cuando el Madrid porfiaba por sellar la remontada, en las postrimerías del partido, el Valencia nos agarró al contragolpe completamente desguarnecidos, y Hugo Duro sentenció a campo abierto. Buen jugador, este Hugo. Lo mismo pita el final del partido en Mestalla, sustituyendo a Gil Manzano, que lo revienta con un cabezazo.
Podéis leer la crónica completa de Paco Sánchez Palomares, y hasta sufrir con las notas a los nuestros de Genaro Desailly, pero la conclusión es en todo caso que el Madrid atraviesa serios problemas de juego. Problemas de los que a veces parece salir pero en los que vuelve a caer indefectiblemente. Con toda la consideración y el afecto hacia él, es razonable que ahora mismo existan dudas sobre la conveniencia de la continuidad de Ancelotti el año próximo. ¿Está no obstante a tiempo el técnico transalpino de revertir la tendencia y lograr un gran título este año, ganándose esa confianza para el futuro? Sin duda, aunque no parecen opinar lo mismo los amigos de Marca.
Ya lo veis. Marca habla del “fiasco” que “se veía venir”. Lo de “se veía venir” no es más que la clásica frase de quien se hace el listillo, pero lo de “fiasco” lo tendrán que explicar. ¿Da Marca la temporada por concluida? ¿Considera a fecha de hoy que se puede hablar de la 24/25 como de un “fiasco”, es decir, como de un “fracaso” o “decepción” (RAE)? ¿No se precipita un poco? ¿No corre el riesgo Marca de que guardemos amablemente esta portada para traerla a colación dentro de algunos meses/semanas? Tan cierto es que el Madrid de este año no deja buenas sensaciones como que está en la lucha por las tres competiciones (sí, las tres, como ahora veremos) y que las conclusiones se sacan al final. El Madrid no es ningún fiasco, o no lo es todavía. No se froten las manos antes de tiempo, señores enemigos de la muy presunta Central Lechera. Guárdenlas mejor debajo del culo, antes de que sus palabras les traicionen.
Marca habla también en su letra pequeña de los silbidos que cosechó Vinícius. Los cosechó pero no sabemos si los sembró. ¿Qué ha hecho el jugador más desequilibrante del Real Madrid para merecer los denuestos del respetable? Fallar (más de) un penalti, de acuerdo. ¿Merece con todo semejante trato? Si lo merece, nosotros ya no entendemos nada.
Decíamos que el Madrid no ha dejado buenas sensaciones este año y no es exacto. Las dejó a rachas, y cuando las dejó fue bajo el mando de Ceballos en el centro del campo. Comenzó jugando mal sin Ceballos, empezó a jugar bien con él y volvió a la mediocridad con la lesión del utrerano. ¿Volverá a jugar bien cuando vuelva Dani, que está ya prácticamente a punto? Sería el siguiente paso lógico en la secuencia descrita. Nadie intuía en agosto que este jugador pudiera tornarse crucial para el equipo, pero el hecho es que lo es, y que su recuperación es motivo de esperanza.
Nos parece que el planteamiento de As es mucho más honesto y menos torpe que el de Marca, y que retrata fielmente la evolución de la tarde/noche de ayer. “De hundidos a tocados”. Porque resulta, aunque Marca hable anticipadamente de “fiasco”, que este deslumbrante Barcelona, que cuenta con el apoyo de todo el mundo, no fue a posteriori capaz de ganar al Betis, lo que deja la liga en una situación no idéntica, pero sí parecida a la de antes de que se disputase esta jornada, a saber: si el Madrid gana todos los partidos ligueros que le quedan (incluido el de Montjuic), y el Barça tiene dos únicos tropiezos (el mal llamado clásico y otro), los de Concha Espina son campeones. Además, optan aún a Copa y Champions.
¿Que juegan mayoritariamente mal? Sí. ¿Que aún pueden ganar todo? También.
Ya veis. El equipo cliente de Negreira se deja un punto importantísimo y no obstante su prensa afín lo apoya (“Un punto más, una jornada menos”, “Más líder”). Eso debe ser porque el equipo cliente de Negreira TIENE una prensa afín. Ya veis, en cambio, cómo tratan al club blanco sus medios presuntamente afines: “Este fiasco se veía venir”.
Veremos lo que se viene de verdad, y luego hablamos.
Pasad un buen día.
Arbitró Guillermo Cuadra Fernández del Comité balear. En el VAR estuvo Figueroa Vázquez.
Pronto llegó la primera jugada polémica del encuentro con un penalti de Tárrega sobre Mbappé en el 10'. El defensa zancadilleó al francés, que cayó en el área. Para Figueroa Vázquez, no debió ser, porque lo llamó de forma incomprensible a verlo. Cuadra no se arrugó y lo pitó. Además le mostró correctamente la amarilla. Otro que debió verla fue Sadiq por una plancha muy peligrosa ante Valverde. La otra jugada polémica fue el gol anulado al Real Madrid por fuera de juego previo de Mbappé. Habrá que creer en las líneas.
En la segunda mitad ya no se libró Sadiq tras un pisotón a Valverde en el primer minuto. Luego, estuvo muy tiquismiquis con las faltas. En el 63', tuvo un error claro al no señalar falta de Tárrega a Mbappé en la frontal del área y, sin embargo, señaló algunas a favor de Valencia que eran muy poquita cosa. La última jugada polémica fue un empujón de Diakhaby a Mbappé que bien pudo valer los once metros. El último apunte fue la amarilla a Mosquera en el 98'.
Cuadra Fernández, MAL.
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-Fran González: APROBADO. Nervioso, como es normal, pero tuvo una buena parada.
-Lucas: APROBADO. Nefasta primera mitad, mejor en la segunda, sobre todo en ataque.
-Fran García: APROBADO. Su vocación ofensiva queda lastrada por sus malas decisiones en los últimos metros.
-Rüdiger : APROBADO. Se fue cojo, que es lo más inquietante.
-Tchouaméni: APROBADO ALTO. Bastante solvente como central.
-Modric: APROBADO. Discreto.
-Valverde: NOTABLE. Pulmón y medio, denuedo continuo.
-Bellingham: APROBADO. Tuvo detalles y lo intentó siempre, pero más apagado que otras veces.
-Brahim: SUSPENSO. Intrascendente y con menos pujanza de la habitual.
-Vini: APROBADO. Le salva el gol.
-Mbappé: APROBADO ALTO. Le faltó el gol.
-Rodrygo: APROBADO. Lo intentó.
-Camavinga: SUSPENSO. Irrelevante. De vuelta al marasmo.
-Endrick: Sin calificar.
-Alaba: Sin calificar.
-Güler: Sin calificar.
-Ancelotti: SUSPENSO. Inoperancia extrema.
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Antes del partido importante, el del Arsenal del martes, parada obligatoria en la competición adulterada por antonomasia: la liga española. Tremenda ilusión. También generaba mucha ilusión la defensa puesta en liza por Carletto: Lucas V., Rüdiger, Tchouaméni y Fran García. Por delante de ellos, Modric, Valverde y Jude; y más arriba, Vini, Kylian y Brahim. Hoy descansaba Rodrygo de inicio y Endrick tendría que esperar otra vez. Pero la novedad más importante era la titularidad de Fran González en la portería debido a que ni Courtois ni Lunin se encuentran físicamente al 100 %. Arbitraría el Atleti vía Cuadra Fernández. Asistimos a un mal encuentro que concluyó con derrota blanca y media liga para el Barça.
En el minuto 6, una arrancada de Lucas propició lo que habría sido una buena ocasión si Mbappé hubiese conseguido rematar y además no hubiera estado en fuera de juego.
Poco después, penalti a Mbappé de Tárrega, el último hombre, que lo derribó cuando el delantero se encontraba solo frente a Mamardashvili. A pesar de ello, solo mostró amarilla porque los colores tiran. Desde el VAR lo llamaron porque era muy pronto para señalar penalti a favor del Madrid, apenas habían transcurrido una docena de minutos, pero el rojiblanco mantuvo su decisión. Dio igual, porque Vini lo erró. Acto seguido, tanto del Valencia, gol de Diakhaby de cabeza tras saque de esquina.
Entonces, un nuevo giro de guion. El goleador valencianista, Diakhaby, se marcó un golazo en propia meta. Pero en VAR, que no se había quedado a gusto antes, llamó de nuevo a Cuadra Fernández para que lo anulara por fuera de juego semiautomático del menisco de Mbappé. O semifuera de juego del menisco automático de Mbappé. Es difícil saberlo ya.
La primera mitad parecía más un programa de Telecinco lleno de sobresaltos que un partido de fútbol. Incluso andaban por ahí Tárrega y Jesús Vázquez.
Mbappé gozó de una buena ocasión en el 34', su característico disparo al segundo palo con la derecha desde el flanco izquierdo se marchó a córner por centímetros. Un par de minutos después, nueva oportunidad de Kylian: trallazo desde la frontal resuelto de maravilla por Mamardashvili. Tras el consiguiente córner, palo de Mbappé, pero Cuadra había anulado la jugada por órsay, al parecer el francés tenía adelantado el reloj.
Una cabalgada de Bellingham rebasado el cuarenta no acabó en gol porque el disparo raso del inglés salió fuera a un palmo del palo izquierdo del guardameta che.
Antes del descanso hubo tiempo para otra ocasión de Mbappé tras recuperación de Fran García, pero el nueve disparó mal. El Madrid se marchaba a la caseta perdiendo 0-1 tras haber realizado una primera mitad mala. Pitos en el Bernabéu. El equipo, en conjunto, no mostró la mejor actitud, además del notable cansancio, y algunos jugadores, como Vinícius, anduvieron poco enchufados durante los primeros 45 minutos. Si bien tampoco parecen lógicos los tempranos silbidos al siete justo después de su importante papel en la clasificación para la final de Copa frente a la Real.
La segunda parte comenzó con un grave plantillazo de Sadiq a Valverde. Era el segundo, pero el valencianista solo llevaba una amarilla. Bien ahí, Cuadra, haciendo méritos. El antes dicharachero VAR ahora guardaba silencio y no llamó al atlético para que revisase una posible roja. El Madrid había reanudado el encuentro con mejor cara.
Mbappé, muy activo, con mayor o menor acierto, volvió a chutar y Mamardashvili volvió a repeler. En la siguiente acción, el guardameta envió a córner un centro peligroso de Vini. Y precisamente el siete remachó a gol tras haber peinado Bellingham la botadura del saque de esquina.
Vinícius también fue quien filtró un excelente pase a Mbappé para que el francés recortase con categoría y centrase a Jude. El remate del inglés fue despejado por la defensa che.
Carletto movió el banquillo más rápido que cuando el cambio es al revés y retiró a un Brahim que no destacó para dar entrada a Rodrygo. Corberán, poco después, sacó del campo a Umar Sadiq (no confundir con el actor) e introdujo a Rafa Mir. Después de serle perdonada la expulsión, no convenía tentar a la suerte, debió de pensar el técnico del Valencia.
El Madrid estaba apretando más que en la primera mitad pero no terminaba de culminar las jugadas o las concluía sin demasiado peligro, excepto un remate de cabeza de Rodrygo que se fue no excesivamente lejos de la cepa del poste de la meta rival.
Fran González realizó una intervención de mérito en el 65 a remate de cara sin querer de Diakhaby. Hasta el momento, no había podido intervenir, pues en el gol visitante no pudo hacer nada. Kylian respondió culminando una jugada con Fran, mas el chut volvió a irse fuera de meta.
Mamardashvili realizó el habitual milagro de los guardametas rivales en el Bernabéu y despejó un gol imparable de Fede, que había rematado desde cerca y solo una asistencia de Mbappé.
Más cambios en el Madrid: Fran García, Modric y Vini, fuera; Alaba (lateral izquierdo), Camavinga (centrocampista) y Endrick, dentro. Y la primera que tuvo el 16 brasileño fue para rematar de cabeza con peligro un centro de Bellingham. Pidió mano, pero no lo fue, el defensor che repelió con el pecho.
En el 84, Alaba centró a la perfección y Kylian no pudo rematar porque lo derribó en el área Diakhaby, pero ya se sabe en estas acciones no cabe pedir penal, ni siquiera revisión del VAR, porque o bien el defensa "molesta lo justo" o bien "le toca, pero no lo suficiente" o cualquier otra cosa. En el área contraria sería diferente.
Mientras tanto, Diakhaby ensayaba para las próximas olimpiadas practicando posturas propias de natación sincronizada a la hora de tirarse para fingir daño y perder tiempo.
Rozando el 90, otro córner botado por Güler y cabeceado por Rüdi, pero en esta ocasión no terminó como el otro día. Apenas un minuto después, Endrick enfiló la portería, pero abocicándose, y marró una excelente oportunidad.
Y en el 94, gol del Valencia. Jugada de Rafa Mir y remate de Hugo Duro. 1-2. Rüdiger tuvo una oportunidad clarísima para empatar, pero el meta che volvió a salvar otro tanto.
Final. El campeonato, en bandeja para el Barça, que ha demostrado tener mucha química con esta liga.
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Si pensáis que la madriditis solo existe en España, os sorprenderá saber que esta enfermedad contagiosa llegó a París hace unos años.
Por primera vez en la historia de la televisión francesa, Nasser al-Khelaïfi ha sido protagonista de un programa que intentó descifrar las redes, los métodos y el poder del influyente qatarí en Francia. Este nuevo Complément d'enquête, emitido por France 2, una cadena generalista de servicio público, no fue un terremoto mediático, ya que otros ya habían informado sobre la forma de trabajar del presidente del PSG. Sin embargo, sí sirvió para confirmar que lo que está ocurriendo en el fútbol —los negocios televisivos e incluso las relaciones públicas entre Francia y Qatar vinculadas a este personaje— no es normal.
De ser un completo desconocido a convertirse en un dirigente todopoderoso, el programa repasa la trayectoria de Al-Khelaïfi y explica sus métodos, incluyendo testimonios por primera vez. La diferencia entre este trabajo y el de otros periodistas en el pasado radica en la presencia de personas que decidieron mostrar su rostro y compartir sus experiencias, como es el caso de la madre del jugador francés Adrien Rabiot. Violencia verbal, presión política, manipulación digital e incluso presuntas amenazas de muerte hacia terceros: todo está perfectamente explicado en los 52 minutos del programa.
Pero ¿qué tiene que ver todo esto con el Real Madrid? La respuesta es sencilla: el club y el madridismo deben saber que el poder nocivo del dirigente qatarí intenta dañar la imagen del equipo blanco. Porque sí, Nasser al-Khelaïfi —que además de ser presidente del PSG, es presidente de beIN Media Group, presidente de la ECA y ministro de Estado de Qatar— sufre de madriditis.
No os vamos a engañar: la marcha de Kylian Mbappé al Real Madrid en 2024 fue un golpe duro para el presidente del PSG. Le dolió enormemente. Porque antes de ser presidente o ministro de Estado, "NAK" es alguien que no está acostumbrado a recibir un "no". En eso se comporta de manera muy infantil, como un niño malcriado.
¿Cómo intenta NAK, e incluso logra, manchar la imagen del Real Madrid? Su mejor arma son los medios de comunicación. Si en España el club tiene problemas con los medios más poderosos, en Francia la situación es muy similar. En junio de 2024, en este mismo medio, explicamos cómo la prensa francesa menospreciaba a un equipo que tiene una relación histórica y especial con el país galo. Ahora bien, es importante entender que la propaganda contra el Madrid en ciertas televisiones, radios y periódicos ha sido reforzada por la influencia de Al-Khelaïfi.
Su objetivo es claro: quiere vengarse del fichaje de Mbappé en 2024. La mínima polémica en un partido del Real Madrid puede convertirse en el tema central de un programa postpartido en RMC Sport o en un tuit de Canal+. También está L’Équipe y su canal de televisión, donde se pueden pasar horas debatiendo negativamente sobre el club blanco tras una victoria en Champions League. Eso sí, jamás se verá un debate tan intenso sobre ningún otro equipo europeo que no sea francés. De hecho, apenas se habla de las palancas del Barça o del caso Negreira. Y mejor ni imaginar qué ocurriría si el investigado por estos asuntos fuera el Real Madrid.
La madriditis también afecta al plano deportivo. José Félix Díaz informó hace unos días de que el PSG sigue de cerca a jóvenes talentos del Real Madrid. No vamos a dar nombres, pero seguro que podéis imaginar a quiénes nos referimos. Y es totalmente cierto. Si el PSG tiene oportunidad, no dudará en ejecutar cláusulas de jugadores merengues para "vengarse".
Por último, podríamos pensar que la madriditis de "NAK" se limita al ámbito deportivo, profesional o a una guerra de imagen. Pero no, va mucho más allá, es equiparable al nivel de los más rancios aficionados del Atlético o del Valencia. Esta persona es capaz de marginar de un día para otro a alguien en su esfera privada solo por haber decidido dejar un trabajo vinculado al PSG para trasladarse a Madrid y empezar a colaborar, directa o indirectamente, con el Real Madrid. No entraremos en más detalles, pero que sepáis que él y su equipo en el PSG pueden dar la espalda rápidamente, tras años de dedicación, a quienes eligen cambiar su vida y acercarse, aunque sea de lejos, al club blanco.
Sí, Nasser al-Khelaïfi tiene una profunda madriditis. Y es importante que el Real Madrid y el madridismo lo sepan antes de una hipotética semifinal de Champions contra el PSG. No olvidemos que, en 2022, NAK canceló la tradicional comida previa al partido en París. Esta es su forma de proceder.
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“Aquí en el Real Madrid están Vinícius, Mbappé, Rodrygo y Bellingham, los cuatro mejores jugadores del mundo. Yo no soy nadie, quiero trabajar y estar aquí toda mi vida. Si estoy en el banquillo, voy a apoyar siempre." Fueron las palabras de Endrick en zona mixta tras sellar el pase a la final de la Copa del Rey.
Palabras que demuestran que el joven brasileño de 18 años tiene la madurez necesaria para pertenecer a un club como el Real Madrid. Desde su llegada en julio, Endrick ha disputado tan solo 562 minutos en todas las competiciones, y aun así lleva 7 goles, es decir, uno cada 80 minutos.
El Real Madrid está en la final de Copa en gran parte gracias a Endrick. Siendo esta la competición donde más ritmo ha tenido, está a dos goles de igualar la marca de Cristiano Ronaldo en 2013, números que hablan de la capacidad goleadora de la joya blanca. Además de sus registros, cada vez que Ancelotti le ha dado la oportunidad de disputar minutos, Endrick ha mostrado ambición y ganas de influir en el juego, incluso cuando sale en el 90.
Creo que Carletto no está administrando de manera correcta los minutos de Endrick. Si bien es un futbolista joven e inexperto, a un talento con esa proyección no le hace bien esa inconsistencia. Cuando echamos la vista atrás y miramos algunas de las temporadas más exitosas del Real Madrid, incluso con Ancelotti en el banquillo, siempre fue clave el uso de una unidad B. Esos jugadores que partiendo del banquillo son capaces de marcar la diferencia, son fundamentales porque se sienten importantes.
Ojalá no nos quedemos con la duda de saber lo que puede hacer un futbolista con semejante promedio goleador
El caso más reciente que tenemos es el de Joselu, delantero suplente pero clave tanto en la consecución de la Liga como de la Champions la temporada pasada. Si bien este año está Mbappé, no es posible que todavía Ancelotti no se haya planteado un partido con doble 9, o alguna variante distinta que incluya tener en el campo a Mbappé y a Endrick. Podría prescindir de un jugador de banda como puede ser Rodrygo, y utilizar a Valverde en el carril derecho más adelantado.
El problema de Ancelotti es ese, que le cuesta modificar un esquema y tener distintas variantes. "Yo estoy contento con él, cuando puedo le he dado minutos, lo veo tranquilo y motivado, es un problema de competencia con los jugadores que tenemos delante", dijo Ancelotti antes del encuentro de Copa. Además de no mantener a todos enchufados teniendo que disputar 70 partidos, me sorprende que Ancelotti haya confiado tan poco en un talento como Endrick esta temporada. Si bien comete errores, creo que parte de ellos son porque nunca logra entrar en el partido con tiempo suficiente para jugar con calma.
Es el primer año de un niño de 18 años en el Real Madrid. El madridismo no pide que sea Pelé. El madridismo teme que llegue el día en el que salga a otro equipo y sea fuera donde explote su potencial. Ojalá no nos quedemos con la duda de saber lo que puede hacer un futbolista con semejante promedio goleador.
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