La anticipada convocatoria electoral de Florentino Pérez ha obrado el salto a la palestra del candidato Riquelme, que va a ser su oponente. Como las últimas elecciones fueron hace veinte años, es la primera vez, en realidad, que se manifiesta una verdadera oposición a Florentino. La encarna un tipo de mi generación, un año menor que yo: creo que es la primera vez que soy más viejo que alguien que se presenta a presidente del Madrid.
Los millennial van llegando a los umbrales de poder de los grandes resortes del mundo, controlados todavía casi todos por la gerontocracia dominante en Occidente. Desde luego que la juventud no es un valor en sí mismo y menos aún para administrar sociedades como el Real Madrid, pero es un dato que ha de constar en acta, como también el hecho de que Riquelme no es un hijo de nadie, precisamente. Cuando dice eso de «me defino como emprendedor desde el minuto uno» no puedo evitar pensar en lo de «nosotros, los Alba» que decía Jesús Aguirre, el segundo marido de la duquesa de Alba. Nosotros, los emprendedores…
La carrera de Riquelme es todo un ejemplo del inmenso poder de la meritocracia. En 2010, con 21 años, como un joven español más atrapado por el crash del sistema, Riquelme tuvo que marcharse al extranjero a buscarse la vida. En lugar de postularse para au pair en Irlanda o para camarero o fregaplatos en Londres, el candidato Riquelme hipotecó un piso del que era dueño y se fue a Sudamérica con 115 mil euros al husmo de los grandes negocios que por entonces allí se hacían: las obras del Mundial 2014 y la gran ampliación del Canal de Panamá.
Entre Brasil y Panamá se topó con Lenin Sucre, un banquero, filántropo y político que lo puso en la órbita del negocio de la construcción a gran escala en el país preferido por las grandes fortunas del mundo para guardar los dineros, que diría El Cigala. El candidato Riquelme montó una empresa que logró convertirse en la proveedora principal de arena y otros áridos para las obras que terminaron por duplicar la capacidad del canal interoceánico más famoso del mundo, proyecto cuyo coste final rondó los 6 mil millones de dólares.
Entre esos otros áridos que Riquelme proveía a los constructores del canal se encontraba el silicio, «un mineral clave empleado en los paneles fotovoltaicos, necesario para la transformación de los rayos del sol en energía eléctrica» como escribió Alberto Ortín en Economía Digital, en un perfil del candidato Riquelme de noviembre de 2024.
De Lenin Sucre, célebre en Panamá por su destacada disidencia en tiempos del dictador Noriega y por fundar la Cruz Roja en aquel país, debió aprender no sólo a moverse bien en los altos círculos empresariales sino a exhibir una faceta de benefactor: el candidato Riquelme, que estudió en un colegio del Opus pero que no fue a la universidad, preside la Fundación Scholas en Panamá, parte del Movimiento Educativo Internacional promovido por el papa Francisco como medio de acción social.
Hay un artículo sonrojante en La Verdad, que parece más una canción de Víctor Manuel a Franco que una pieza periodística y que firma un José Vicente Pérez Pardo, en el que se adoba esta «extraordinaria historia de emprendedurismo» con un cuento de hadas en el que Riquelme hubo de empeñar un rolex, regalo de su padre, para pagar el alquiler, pues los perversos mercaderes panameños sin palabra no le pagaban la arena que le compraban.
Los Riquelme son como un linaje taurino. El padre del candidato Riquelme, Enrique Riquelme de la Torre, es conocido desde hace décadas en la Vega Baja de la provincia de Alicante, de donde es la familia, como El Cantero. Así apodaban al abuelo, el primer Enrique Riquelme, emigrante en Francia. El Cantero II labró una fortuna entre Alicante y Murcia principalmente en torno a los áridos, el hormigón, las gasolineras, los párkings y las frutas. Destacó en el ambiente de las peñas madridistas del Levante y es socio del Madrid desde el año 2000. También fue directivo durante la escandalosa presidencia de Ramón Calderón y hoy dirige un holding dedicado a la construcción, el transporte, la inversión inmobiliaria, la gestión de suelos y el comercio, con tres plantas de hormigón y gran presencia en la contratación de obra pública. Como demuestra su implicación, por ejemplo, en el proyecto de transformación del puerto de Torrevieja, valorado en unos 20 millones de euros.
El Cantero III se forró en países donde la corrupción es, por tradición, consuetudinaria, mientras el mundo entero se encogía y su propia generación millennial se replegaba miserablemente, en términos tanto económicos como morales
El Cantero III reinvirtió en la energía solar todo lo que había ganado con los áridos en el Canal de Panamá: fundó Cox Energy y en sólo dos años consiguió, en Guatemala, el desarrollo de Rainbow 50, la mayor planta de generación de energía solar fotovoltaica, en aquel momento, de toda Iberoamérica. Se convirtió en El rey Sol, como lo llama Santiago Carcar en un perfil publicado en El País hace tres años. En menos de una década, Cox Energy creció como la espuma hasta el punto de que en 2023, cuando se oficializa la adjucación a la empresa de la quebrada Abengoa, facturó más de 600 millones de euros. En ese tiempo, Riquelme volvió a España, estableció la sede de Cox Energy en Madrid y expandió sus proyectos de «generación de energía, comercialización de electricidad y mantenimiento de instalaciones» en Europa y América. Con 34 años ya es multimillonario (según The Objective, su patrimonio personal pasaría de los mil millones), ha salido en la revista Forbes y es un auténtico padrone en el solar paterno, Cox, provincia de Alicante.
se me ocurren pocas formas mejores de atraer sobre sí el foco mediático que concurrir a unas elecciones a presidente del Madrid. Riquelme ha dado a conocer a quienes conformarían su junta directiva y alguien, con mucha gracia, la ha bautizado como la pijojunta. estos nuevos cayetanos se hacen de oro vendiendo, principalmente humo
En teoría, tratándose de una organización de naturaleza asamblearia, es bueno que haya alternativas, sobre todo teniendo en cuenta la edad del hombre más importante de la historia del Real Madrid desde Santiago Bernabéu. El pensar en el futuro del Madrid después de Florentino Pérez ha sido siempre una cuestión peliaguda, que daba miedo. Tal es la magnitud de su presidencia y la influencia de su personalidad en la esencia misma del Madrid del siglo XXI. También es un tema que asusta porque no se vislumbra nadie que, con un amor leal e incondicional al club, suponga una posibilidad auténtica de renovación. En cambio, el tardoflorentinismo ha dejado a la luz unas grietas que el candidato Riquelme parece estar dispuesto a explotar, con un estilo a medias rancio (el inevitable populismo de los presidentes del viejo fútbol, los lugares comunes, las naderías propias del medio) y a medias muy pegado a la conversación en el social media.
Enrique Riquelme Vives es descrito, en un perfil en The Objective, como «modelo del nuevo empresario español: internacional, con fuertes conexiones en Latinoamérica y acostumbrado a manejar grandes operaciones corporativas lejos del foco mediático». Esto ya nos dice alguna cosa. El Cantero III se forró en países donde la corrupción es, por tradición, consuetudinaria, mientras el mundo entero se encogía y su propia generación millennial se replegaba miserablemente, en términos tanto económicos como morales.
También resulta curioso porque se me ocurren pocas formas mejores de atraer sobre sí el foco mediático que concurrir a unas elecciones a presidente del Madrid. Hace menos de un año, en agosto de 2025, en una entrevista a Expansión, dijo estar absolutamente centrado en la expansión de su negocio en México, mercado al que entró haciéndose con los activos de Iberdrola en aquel país. Lugar que, según le comentó a Miguel A. Patiño, «ofrece enormes oportunidades de inversión en renovables» por mor del Plan México lanzado por la presidenta Sheinbaun. En la misma entrevista, Riquelme anunció que entre 2025 y 2030 su empresa invertirá allí unos 10 mil millones de euros, poca broma teniendo en cuenta que el propio Estado mexicano no controla grandes áreas de su propio territorio y lleva tiempo ofreciendo inquietantes muestras de infiltración del narco en todos los niveles de su estructura.
Riquelme ha dado a conocer a quienes conformarían su junta directiva y alguien, con mucha gracia, la ha bautizado como la pijojunta. En la configuración del nuevo businessman español se observan grandes diferencias con respecto a los próceres del viejo gran dinero: hombres de negocios con inconfundible acento cayetano y la clase de gente que a simple vista es capaz de encontrar un millón de euros en el descanso de un partido de fútbol, como decían de Mario Conde. Digamos que si los viejos hombres de negocio, como el mismo Florentino (o Enrique Riquelme Cantero II), se hicieron ricos construyendo y no sólo en el sentido estrictamente etimológico, estos nuevos cayetanos se hacen de oro vendiendo, principalmente humo. Es gente bien relacionada con los grandes fondos inversión del mundo, asesores legales de Cox en España e Hispanoamérica, veteranos del IBEX35 y como es propio de este país llamado España, también del BOE. Como nuevo dueño de Abengoa, Cox Energy está cerca de hacerse, a través de una filial, con un jugoso contrato para la fabricación de las pilas de combustible para los nuevos submarinos de la Armada que construye Navantia. Por ejemplo.
El epítome de la pijojunta es Rosauro Varo, descrito en una noticia de Expansión como «empresario y presidente de GAT Inversiones. Participó en el crecimiento de Pepephone y es accionista de referencia de Cabify y Telefónica. Fue vicepresidente del Grupo PRISA y consejero de distintas compañías vinculadas a tecnología, comunicación y movilidad». Lo que Expansión no dice es que Varo —cito de The Objective— también «promovió la invitación para que Telefónica participase en el software para la cátedra de la Universidad Complutense que dirigía la esposa del presidente, Begoña Gómez, según el director jurídico de la operadora de telecomunicaciones, Nicolás Oriol». Razón por la cual declaró ante el juez Peinado hace un año, en las diligencias llevadas a cabo durante la investigación a la mujer de Pedro Sánchez por presuntos delitos de tráfico de influencias, corrupción en los negocios, apropiación indebida e intrusismo.
Varo es, además, amigo íntimo de Javier Hidalgo (el de las noches de Petrogrado), con el que se hizo de oro en 2018 al venderle Pepephone a MásMóvil por una generosa plusvalía. Varo tiene, en sí mismo, un artículo, que probablemente escribiré la semana que viene: su nombre está conectado con el rescate de Air Europa y con bolichicos chavistas como Alejandro Betancourt. Es uno de los príncipes de la smart people que compone la corte de financieros Jorge Juan que hoy controla España.
Los Ultras Sur también están con él, como era de esperar, así como todos los grandes enemigos empresariales, personales y mediáticos del presidente Pérez, por no decir el antimadridismo prácticamente al unísono
El otro día vimos al Cantero III, camiseta de Carvajal y bufanda, entrar en el Bernabéu como un abonado más y ver el último partido de la temporada desde su asiento en la grada. La narrativa «David contra Goliat» con la que parece querer impulsarse, concilia mal con la idea de un súper millonario que pasa su tiempo entre Miami, México, Alicante y Madrid. ¿Cuántos partidos de estas últimas quince temporadas ha permanecido su abono vacío? Estaría bien saberlo. Dicen que está obsesionado con presidir el Real Madrid y que probablemente tenía pensado dar el gran salto en 2028: se postula en los medios desde 2021, poquito a poco, y seguramente el adelanto electoral le ha cogido a contrapié. El Cantero III se mueve tan bien entre los medios, la mayoría predispuestos ya contra Florentino por muchas razones, como en los grandes salones del dinero global. Los Ultras Sur también están con él, como era de esperar, así como todos los grandes enemigos empresariales, personales y mediáticos del presidente Pérez, por no decir el antimadridismo prácticamente al unísono. Todo lo que se pueda discutir acerca de su proyecto para el Real Madrid 3.0, como lo llamó en su debut electoralista en 2021, no vale nada sin conocer al hombre que, probablemente, no tendría ninguna posibilidad si el Madrid no llevara un par de años dando alarmantes sensaciones
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Buenos días. Varias de las portadas de la prensa de hoy suponen una pretendida afrenta al Real Madrid a cuenta de un hecho que objetivamente es inédito: el Real Madrid no aporta ningún jugador a la lista de futbolistas que representarán a España en el Mundial.
Tal cosa sucede en el mismo momento en que el candidato Enrique Riquelme incide en la pretendida necesidad de “españolizar” el Real Madrid y, toda vez que gran parte de la prensa ha tomado partido en favor de dicho candidato, se pretende convertir el hecho en arma arrojadiza contra el club y, más específicamente, contra la gestión de Florentino Pérez.
La única realidad, a nuestro juicio, es que el aficionado madridista está preocupado porque su equipo no gana, no porque aporta pocos, muchos o ningún jugador a la selección española de fútbol. El Madrid debe tener a los mejores jugadores, con independencia de su nacionalidad, y no debería considerarse cuestión de estado que no vayan jugadores del Madrid con España, como no debería serlo el que no vayan con Alemania o México. Además, en el hecho de que no haya españoles en la lista influye también el muy personal gusto del seleccionador Luis de la Fuente, que ha dejado fuera a futbolistas como Huijsen y Carvajal. Ambos podrían haber estado en la lista, y el agravio comparativo con la presencia de jugadores como Gavi o Baena, que han hecho malas temporadas en sus clubes, es patente.
El hecho es que la prensa, especialmente la cataculé, se toma el asunto con un espíritu altamente pueril, como si esto fuese un partido de fútbol.
Vamos a ver si dejamos claro hasta qué punto nos afecta este pretendido marcador de escándalo en un partido que no tenemos interés en disputar.
Nos da igual.
No nos importa.
No nos afecta.
Nos resulta indiferente.
Carece de importancia para nosotros.
Nos da lo mismo.
Pasamos de eso.
No nos interesa.
¿Y a nosotros qué?
Nos importa un comino.
Nos importa un pimiento.
Nos importa un pepino.
Nos importa un bledo.
Nos importa un rábano.
Nos importa un pito.
Ni nos va ni nos viene.
Nos tiene sin cuidado.
Nos deja como el viento a Juárez (mexicanismo).
Nos vale madres (otro mexicanismo).
Nos hace los mandados (otro mexicanismo).
Nos viene guango (otro mexicanismo).
Nos resbala.
Nos importa un carajo.
Picamos con la cuestión (español chileno).
Nos la refanfinfla.
Pasad un buen día.
Buenos días, amigos. No pudo ser. El Real Madrid cayó en la final de la Euroliga ante el Olympiacos (formerly known as Olympiakos) y ante el tradicional, y en este caso desvergonzado, caciquismo de los árbitros en Europa. Sin pívots, sin pedir permiso y sin piedad por parte de los hombres de gris, nuestros jugadores dieron una lección de competitividad, de orgullo y de pundonor. De madridismo, en suma. Madridismo es ganar, sí, pero sobre todo es competir, especialmente cuando vienen mal dadas.
Ayer los de Scariolo no pudieron darnos la alegría de conquistar la que habría sido nuestra duodécima Copa de Europa/Euroliga (a punto estuvo Feliz de repetir la antológica canasta de Llul ante el mismo Olympiacos de hace tres años), pero honraron el escudo y nos hicieron sentirnos orgullosos de ellos. No se puede pedir más.
As dedica su portada a la final, y titula acertadamente que el Madrid cae de pie (tras la zancadilla arbitral, cabría añadir), y señala con igual tino que “el equipo blanco acaricia la hazaña en la Euroliga pese a jugar la final sin pívots”. No es pequeña la concesiva: con una diferencia de dieciséis rebotes a favor de los griegos, es difícilmente discutible que ese fue el factor determinante en la final. Factor que a punto estuvo de ser contrarrestado por la inmensa competitividad de los nuestros en las grandes ocasiones, no por legendaria menos emocionante. Claro que para evitar esa eventualidad, nunca descartable cuando juega el Real Madrid, se contaba con el dúo arbitral, que demostró encontrarse en plena forma. “Arbitraje discutido”, señala As con no poca tibieza. “Apropiación de fondos discutida”, suponemos que habrían titulado de haber cubierto la fuga del Dioni con el furgón del dinero.
Marca, por su parte, dedica al partido su faldón inferior. “Lección blanca de competitividad. El Madrid acaricia la Euroliga en un partido mayúsculo”. Cierto lo primero y cierto lo segundo. ¿Pero no falta algo? ¿Se puede hablar de lo que ocurrió ayer en Atenas sin hacer referencia a esas faltas imaginarias señaladas a Campazzo y a Feliz al final del partido, sin las cuales muy probablemente el Madrid habría conseguido la victoria? Pues sí, esta visto que se puede. Marca lo hace y se fuma un puro, que el diario de Gallardo (de nombre) está a lo que está.
¿Y a qué está el diario de Gallardo (de nombre)? Pues hoy a entrevistar a Enrique Riquelme, confirmado ayer como candidato por la Junta Electoral. Es innegable que entrevistar al candidato tiene interés periodístico, y Marca se apunta un tanto indiscutible con la exclusiva, a la que lógicamente dedica la mejor parte de su portada con el entrecomillado “El Real Madrid tiene que recuperar sus valores”.
Bien. Antes de referirnos al contenido de la entrevista, tenemos que dar una advertencia por si alguno de vosotros está pensando en leerla. El Ministerio de Sanidad y la normativa sobre prevención de riesgos laborales (nos maliciamos que más de uno de vosotros la leerá en el trabajo de extranjis y sin que el jefe se cosque, mientras simula trabajar en un excel complicadísimo) nos obligan a ello. No se os ocurra adentraros en ella sin antes haber ingerido un par de biodraminas.
Desconocemos si es por causa del entrevistado o se debe a la labor de edición de los entrevistadores (Gallardo de nombre y Sergio Rodríguez) -nosotros nos inclinamos por la teoría ecléctica-, pero lo cierto es que las declaraciones de Riquelme tienen más curvas que el Tourmalet, Alpe D´Huez y Luz Ardiden, puestos uno detrás de otro. Frases enrevesadas, inconexas, interminables, circunloquios y absoluta falta de sintaxis. What a winding road. Se pone Pogacar a escalar esta entrevista y acaba echando la primera papilla. Pero bueno, tampoco queremos ser injustos: es muy cierto que el osado lector que venza al mareo encontrará una o dos frases en las que concuerdan sujeto y predicado.
No es labor de este portanálisis entrar en la exégesis detallada de las declaraciones de Riquelme, pero no podemos dejar de comentar algunas de las afirmaciones, cuando menos chocantes, del candidato. Marca da honores de portada a ésta: “el Real Madrid tiene que recuperar sus valores”. Eslogan electoral que vale, sin más que cambiar el sujeto, para las elecciones al Real Madrid, al sindicato unificado de policía y a la comunidad de vecinos. ¿Qué valores hay que recuperar? No busquéis en la entrevista, porque Riquelme no los menciona, eso son detalles menores. Sí que reconoce que esos ignotos valores no se han perdido, pero están desgastados, muy desgastados. “Se me gastó el amor de tanto usarlo”, que cantaba la Jurado.
Afirma, eso sí, poco antes de denunciar que a los valores del Real Madrid les hace falta una mano o dos de chapa y pintura, que le gustaría ver más jugadores españoles en el Real Madrid, preferiblemente de la cantera, y que le encantaría que el Madrid nutriera de jugadores a la selección española. A nosotros se nos antoja, humildemente, que contar con los mejores jugadores del mundo, no sólo con los mejores jugadores de Valdebebas, es la fórmula más segura para seguir siendo el club más exitoso del mundo. Y la más coherente con la universalidad del Real Madrid, salvo que queramos reconvertirlo en un club paleto asociado indisolublemente a un casposo nacionalismo español, madrileño o chamartinesco. Nos parece, asimismo, que el objetivo del Real Madrid debe ser seguir alimentando de trofeos las vitrinas del Bernabéu, no alimentar de jugadores a la Roja.
Advierte también Riquelme que hay que impedir la privatización del club. ¡Cáspita! ¡Paren las rotativas! ¡Al Real Madrid lo controla la SEPI! Sí, amigos, resulta que el Real Madrid es, según nos descubre Riquelme, una entidad pública. No hemos podido aclarar al cierre de esta edición si somos una agencia estatal, autonómica o local, o acaso un organismo autónomo, o por ventura una comarca o una mancomunidad de municipios, pero prometemos aclara la incógnita a la mayor brevedad. En cualquier caso, nos alegramos de ello. Sanidad pública, educación pública, y Real Madrid público; con estas tres patas, tenemos un país imparable.
Ahora en serio, estimado candidato: es legítimo defender cualquier modelo de propiedad del club. Lo que no lo es tanto es utilizar términos populistas y demagógicos cuando uno se presenta a sí mismo como un candidato serio. Difícilmente se puede privatizar lo que ya es privado, y bien privado. Legítimas son las críticas a la mayor o menor participación de los socios en el discurrir del club, y al trato que a aquellos se les da o se les deja de dar. Pero conviene llamar a las cosas por su nombre y no excitar los bajos instintos del socio mediante el empleo de términos falsos y mentirosos.
Llamativa es también su intención de acabar con el sectarismo (sic) de RMTV. Riquelme parece estar, a tenor de sus declaraciones, muy preocupado con el sectarismo de RMTV. No del CTA. No de la RFEF. No de la LFP. Del RMTV. No hay manera de colegir de la entrevista por qué opina que es sectaria, dado lo embrollado de sus razonamientos, pero sí dice que debe utilizarse para atraer nuevos aficionados al Madrid. Dando voz a Laporta o a Tebas, hemos de suponer, para evitar acusaciones de sectarismo.
En fin, dejemos aquí los comentarios sobre la entrevista-alfombra de Marca (ninguna pregunta comprometida sobre su inexperiencia, sobre cómo conseguir títulos con un Madrid canterano, sobre la inconcreción de sus propuestas; ninguna repregunta, nada). Ahí está para los que queráis leerla.
Eso sí, por acabar con una nota positiva sobre Riquelme (no todo iban a ser críticas), nos congratula que el candidato afirme que “el madridismo necesita ilusión”. Sí, vale, de nuevo una frase que lo mismo vale para un roto que para un descosido. Pero nadie mejor que Riquelme para proyectar esa ilusión. A fin de cuentas, ¿qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción y el mayor bien es pequeño; que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son.
Os dejamos con la prensa cataculé. Pasad un buen día.
Así, así, así pierde el Madrid.
Así juega el Madrid.
Así se lidia una misión imposible.
Con lo puesto, ante el favoritísimo y el arbitraje, que acabaría dándote la puntilla, y lo sabías. ¡Así, así! ¡Fue tan conmovedor...!
Pues sí, al Madrid le faltó el canto de un duro para conseguir una de sus mayores hazañas de todos los tiempos, y mira que las hemos vivido.
Saben ustedes bin cómo afrontó esta final a cuatro: sin pívots. En Atenas y ante un griego. No sé si con Tavares, Len y Garuba hubiese jugado el Madrid un partidazo como le ha regalado a la Euroliga. El caso es que tuvo que hacerlo sin grandes. Como si juegas la final de la Champions con Courtois de 9 y Lunin de 10. Y llegas vivo el minuto 90. Y… sí, probablemente ‘eso’ sólo hace el Madrid.
Así, así, así pierde el Madrid.
Así juega el Madrid
Y dos apuntitos: el baloncesto no premia la regularidad. Fíjense: el Madrid ha sido campeón aquí de la Liga regular. Pero la gloria se la llevará el que gane el play-off. Y lo jugará con un pívot fichado a última hora. Con el equipo completo la ganaba perdiendo a lo sumo un partido en los cruces; ahora, veremos.
Y dos, las lesiones, el exceso de partidos. Muchas veces tres, casi cuatro por semana. Los jugadores de todos los deportes se plantan o seguirán perdiéndose los grandes momentos. Y usted y yo pagando televisiones sabiendo que en el momento de la verdad no aparecerán muchos de los mejores: estarán escayolados. Lo que les supondrá acortar sus carreras en muchos de los casos.
¿Remedio? Plantarse, repito. No hay antídoto. De momento, tratar de llegar a mayo más o menos a salvo. Un día, o cuatro, incluso sacar al junior. Pero ni así. En Atenas, el Madrid iba a tener un lesionado. ¿Quién? El único pívot vivo.
El Madrid, en fin, salió de casa sabiendo a lo que iba. Debía jugar dos partidos se su vida y tener suerte. Casi lo logró. No subió al podio, sí recogió el homenaje de eternos rivales.
Y es que coincidí con uno de los tíos que más sabe de baloncesto, un amigo de ascendencia barcelonista, incluso de corto, cuyo nombre omito para protegerle.
Acabó el partido y me dijo: “ya sabes que a mí el Madrid… Pero tío, qué cuajo tienen, que manera de competir siempre y más cuando todo lo tiene en contra. Oye, que las previsiones estaban en 15/20 puntos arriba Olimpiacos”.
Scariolo debería ser presidente. De Honor del baloncesto como poco. Y los muchachos, sus ministros. Se lo ganaron ayer
Tomó aire y confirmó lo que yo pensaba: “La decisiones finales de los árbitros acabaron de decidir el partido, iba a pasar. En otro escenario, esas decisiones -sobre Campazzo y Félix- como poco se hubieran repartido. Aquí cayeron del mismo lado. Estaba escrito”.
Total, que fue una manera épica de despedir el domingo, día en que el que se oficializó la presencia del señor Riquelme en las elecciones a la presidencia de la que niego la mayor.
Nos cuentan que sacar las urnas es bueno para el Madrid. Pues no, miren, bueno para el Madrid sería que no las hubiera sacado pues eso, me atrevo a asegurar, equivaldría a que habría caído la 16.
Pero como no pasó, y sí pasó lo que vimos e imaginamos por debajo, fue Florentino y decidió adelantar los comicios, y en eso estamos. Cuentan que el 7- J el madridismo votará y el 8 empezará la reconstrucción de tanto por reconstruir.
Apuesto a que ganará Florentino en el que puede ser su último mandato. Y Riquelme volverá a intentarlo, quién sabe si acompañado por otros madridistas ilusionados en presidir al club de sus amores.
Ah. Scariolo debería ser presidente. De Honor del baloncesto como poco. Y los muchachos, sus ministros. Se lo ganaron ayer.
Y a Mourinho, un consejo: al final del primer entrenamiento, que ponga la final de Atenas a sus muchachos y les diga: "esto es el Madrid".
No encontrará mejor arranque.
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Hay una postura perfectamente racional -y en apariencia irrebatible- que sostiene que no hay que buscar verdades poéticas en el deporte, y que un número indeterminado de hombres pugnando por una pelota no deberían elevarse jamás a categoría simbólica de nada. A priori, cuesta discutirlo. Aunque también es cierto que la mayoría de la gente que sostiene esto no conoce al Real Madrid.
Porque cuando, en un ambiente hostil, con el equipo mermado hasta extremos casi grotescos y tras aguantar durante cuarenta minutos una combinación sádica de gota china y bota malaya, el Olympiacos afrontaba los últimos instantes con un 88-80 favorable, nadie podía imaginar que el Madrid todavía iba a obtener un tiro para forzar la prórroga a falta de quince segundos. Nadie que no fuese el propio Madrid.
Uno siente incluso un leve rubor al escribirlo, temeroso de deslizarse hacia el exceso o la caricatura, pero hay ocasiones en las que el madridismo parece desbordar su propia naturaleza de afición deportiva para convertirse en otra cosa. El término apropiado para definirlo no lo acabo de encontrar: una creencia, una doctrina, un dogma, una convicción... Desde luego, no en el sentido impostado y prefabricado con el que las marcas deportivas o los manuales de autoayuda intentan vendernos superación personal con eslóganes vacíos y zapatillas fluorescentes. Lo del Madrid consiste en asumir, con una pureza que a los adultos nos resulta sospechosa por carecer del cinismo que empapa nuestras vidas, que todo es posible. Pasan los años y nadie consigue desmentirlo: la fe madridista tiene algo de sobrenatural, hasta el punto de que ha acabado impregnando más al antimadridismo que al propio madridismo. De ahí que muchos rivales no vean ya los partidos: los vigilan. Intentan escudriñar aristas, reales o no, para manchar el relato antes de que ocurra la desgracia de casi siempre. Viven asustados, incluso resignados, ante una anomalía estadística y, para ellos, moral.
Sin embargo, no es día para perderse en demasiadas filosofías, sino de volver a ratificar la naturaleza épica de este equipo, ya glosada en esta misma página en la batalla del viernes. Si aquella semifinal nos remitió a Aquiles y la Ilíada, la final constituyó una Odisea llena de Polifemos, Escilas y Caribdis, con un Ulises que, esta vez sí, murió antes de alcanzar la orilla. Esperemos que Nolan no se vea tentado también a la hora de darle un trágico toque al final de su publicitado rodaje.
Lo del Madrid consiste en asumir, con una pureza que a los adultos nos resulta sospechosa por carecer del cinismo que empapa nuestras vidas, que todo es posible
Scariolo había diseñado un plan de supervivencia para una circunstancia tan inaudita como la de afrontar una final europea sin pívots. Lo logró gracias un sistema de ayudas y colapsos defensivos destinado a sacar del encuentro a las dos grandes armas interiores griegas, Nikola Milutinov y Sasha Vezenkov, que funcionó durante muchísimos minutos. Cada recepción del Olympiacos encontraba varios manos blancas amenazando líneas de pase, los cambios defensivos se sucedían con precisión quirúrgica y la presión la comandaba un perro viejo llamado Facundo Campazzo, que mordía los tobillos de Walkup con una desesperación voraz.
El Madrid, además, comenzó acertado desde el triple, única vía realista de supervivencia toda vez que el rebote iba a pertenecer inevitablemente al Olympiacos. La falta de cincos ocasionó que no hubiera ningún rebote ofensivo blanco en toda la primera parte: si el balón no entraba, la posesión moría allí mismo para los merengues, lo que suponía una asimetría demasiado ventajosa para los del Pireo. No obstante, el 3-15 inicial provocó los primeros frotes de ojos en Atenas. El conjunto griego se apresuró a reaccionar aprovechando la segunda falta temprana de Campazzo, condenado al banquillo demasiado pronto.
Maledon, menos brillante que en la semifinal, trató de capear el temporal, aunque el fuego lo ponía la muñeca de seda de Lyles, encadenando triples con esa frialdad propia de los grandes jugadores. Andrés Feliz apareció para ofrecer oxígeno, y a lomos de su energía el Madrid seguía pareciendo un equipo muy superior a sus posibilidades materiales. La explicación estaba en la solidaridad y en la inteligencia competitiva, encarnadas sobre todo en un Mario Hezonja extraordinario. El croata, tantas veces tentado por el individualismo volcánico, entendió perfectamente qué requería el partido y eligió casi siempre la decisión correcta. Ayudó, corrigió, leyó ventajas y hasta contemporizó cuando fue imprescindible. Si Scariolo consigue consolidar definitivamente esa versión madura y luminosa de Hezonja, habrá entregado a la sección otro líder histórico.
En el segundo cuarto, Bartzokas agitó la rotación y el Olympiacos encontró en el despegue de Fournier el impulso necesario para igualar el encuentro. El Madrid volvió a arremangarse, con Deck, Okeke y el propio Lyles alternados en el rol de cinco improvisado y heroico. La marea griega subía y los blancos llegaron al descanso sin asideros: no se les concedió un solo tiro libre en toda la primera mitad. Sin embargo, el electrónico no transmitía sensación de desastre: 46-44, todos vivos y jadeantes.
Tras el descanso, el Olympiacos quiso romper definitivamente el encuentro. Apareció un McKissic bastante pasado de revoluciones que acabó protagonizando una acción bronca con Campazzo por los suelos. El Madrid no quiso distraerse con ningún arrecife de sirenas, respondiendo de inmediato con varias canastas y un triple majestuoso de Hezonja. Facu y Abalde, puntales defensivos en el perímetro, resistían con tres faltas y el tercer cuarto concluía con un inenarrable 61-65 a favor del Madrid. A esas alturas de la final, ya nadie se atrevía a conservar sus pronósticos.
Scariolo había diseñado un plan de supervivencia para una circunstancia tan inaudita como la de afrontar una final europea sin pívots. Lo logró gracias un sistema de ayudas y colapsos defensivos
Por desgracia, en el último acto el equipo blanco se atascó algo más en ataque. Quizá necesitó buscar alguna penetración adicional, si bien el Olympiacos exprimía sin pudor su ventaja física manteniendo continuamente centímetros y cuerpos grandes sobre la pista. Tras el 80-80, y con Lyles condicionado por cuatro faltas -descomunal su esfuerzo defensivo, tan poco habitual en él-, llegó la serie de catastróficas desdichas no escritas ni por Lemony Snicket ni por Homero, sino por Latisev, Radovic y Lotermoser: varias pérdidas, contactos no señalados, otros muy discutibles y un clima arbitral con aroma a otras épocas. Del 80-80 se pasó al 88-80; cualquier otro equipo habría aceptado la sentencia.
En ese instante, el Madrid volvió a recordarnos quién es. Dos robos absolutamente inexplicables de Lyles en dos saques de fondo y una demostración de astucia tirando a fallar -justo en el momento crucial apareció, por fin, el añorado rebote ofensivo- dejaron a Campazzo con un 88-85 y un tiro libre adicional. El argentino volvió a lanzar a errar, Lyles capturó el rebote y el balón llegó limpio a Andrés Feliz. Durante una fracción de segundo toda Europa contuvo la respiración. El triple habría sido el final perfecto para esta historia: puro cierre mitológico. Pero, aunque el madridismo consista en hacer posible lo imposible, alcanzar siquiera ese lanzamiento ya había constituido un prodigio concedido por capricho de los dioses. El balón escupió el aro y Grecia entera no respiró hasta muchos segundos después, cuando terminó el carrusel final de tiros libres y la bocina clausuró definitivamente la noche.
Llegados a este punto, invito al lector a que, lejos de dejarse llevar por la melancolía, aproveche para ratificar la elección del lugar desde el que quiere mirar la existencia. Si prefiere la visión resignada y cínica de quienes necesitan que el milagro fracase para sentirse cómodos en el mundo, o la de quienes creen, contra toda lógica, que la victoria va a llegar siempre, incluso de la manera más rocambolesca. Servidor tiene claro lo que desea para el deporte, que al fin y al cabo no es sino una mezcla de ficción y mito en la que, a veces, algunos equipos pueden reírse de las acusaciones de ingenuidad y son capaces de desmentir, por unas horas, la condición resignada del mundo real. Por encima de todos, uno que lleva décadas especializado en ello y que ya está pensando en el saque inicial del año que viene.
El telar blanco se destejió anoche cuando apenas le quedaba una hebra para completarse. Pero todos sabemos -también los antis, y para su desgracia quizá ellos más que nadie- que volveremos a coserlo. De manera que el regreso de estos héroes a la gloria, su Ítaca particular, solo se ha retrasado. Cuando el balón vuelva al aire la próxima temporada, allí estará el Madrid. Y nosotros, como siempre, con él.
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Y para contarla. Como Numancia, Sagunto y las Termópilas. Hazañas que permanecen en la memoria, y mal haríamos los madridistas en olvidar esta Fase Final de la Euroliga, a la que nuestro equipo acudía con la merma de sus torres. Jugar sin hombres altos es casi como jugar sin porteros. Obliga al equipo al esfuerzo máximo, a la defensa despiadada, a la guerra total y a las guerrillas.
Y así jugó ayer Scariolo, el entrenador que podría haber dirigido una película de chinos, una trampa al cabo de cada secuencia. Nuestro equipo, con el corazón por delante, asumiendo su cojera, sin importarle las ausencias, más que para multiplicar el arrojo. Un equipo con agallas, con mucha clase, tanta que superó la reválida con matrícula de honor, por encima de lo esperado. Con esa fe que mueve montañas hasta derribarlas, pues si no consiguieron - ¡conseguimos! – la copa, derribaron cualquier expectativa, la de los más optimistas, y de. paso, haciendo trizas a los pesimistas.
Ahí es nada, plantarse en Atenas con un alto bajito, sufrir la maldición de otra caída, y continuar la empresa con el ánimo herido y las fuerzas multiplicadas. ¿Quién dijo miedo? De vez en cuando hay que recordar al mundo que somos el Real Madrid, aun perdiendo agrandando la leyenda, a pesar de unos jueces, malditos jueces, que nos obligaron todavía más.
¡Qué quieren que les diga! Que hoy las instituciones deberían recibirlos como ganadores, que deberían hacer el paseíllo del triunfo de reivindicar una historia, unos principios, y, también de jugar un gran baloncesto. Quién puede pedir más, quién se atreve exigir más allá de lo más allá humanamente exigible.
Hay derrotas que se cuentan y se cantan. Que afirman más que cualquier victoria. Que muestran el presente y enseñan el camino del futuro. Hay derrotas que dejan más huella que la copa más preciada, que no marcan palmarés, pero que quedan impresas en la memoria del deporte. Por qué no, amigos madridistas, celebremos hoy y siempre al equipo que retó a lo imposible.
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Hay hazañas que remiten a la historia. Hazañas inesperadas. Hay victorias que merecen reconocimientos aparte. Pero solo hay una institución capaz de repetirlo con naturalidad, como si fuera sencillo. Tal vez porque su propia historia brotó de lo inverosímil, de lo que nadie podía imaginar.
El viernes, un grupo de baloncestistas aguerridos y con inmenso talento superó las bajas en sus filas. Un ejército diezmado en su columna vertebral; un ejército sin artillería pesada, sin tanques, sin hermanos de la caballería ligera, pero con unos generales astutos como Aníbal. Sin excepción, las tropas respondieron al unísono: bloque compacto, flexible, certero.
Tras derrotar al Valencia, hoy juegan la final contra el Olympiakos. Pedirles que ganen sería pedirles demasiado. Pedirles que compitan sería lo justo. Aunque, en realidad, no hará falta pedirles nada, porque son soldados que conocen su oficio; porque son hombres que defienden un escudo que simboliza el corazón de millones de aficionados, y unos principios y virtudes que exigen ser respetados.
Así que esperemos este encuentro definitivo, esta nueva final, que llega en el momento más merecido y, quizá, en el más injusto por las circunstancias. Aun así, nunca se sabe lo que puede ocurrir cuando el que juega es, ladies and gentlemen, el Real Madrid.
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Ahora que para un sector del madridismo ya cualquier hazaña pasada parece relegada a un recuerdo de siglos pretéritos, vengo a refrescarles la memoria a los desmemoriados. Y especialmente me dirijo a la juventud. Es más, lo hago a los infantes que llegan a esta gran familia. A los lobatos de la manada, un lobo viejo os hablará con las palabras justas.
A lo largo del presente texto, podréis observar que el Real Madrid es un club con historia. Es decir, el Madrid es como esa señora resultona que observas y sabes a ciencia cierta que fue una señorita guapísima con un pasado. De nuestros 124 años de historia, haré referencia a una gesta que sucedió el día 24 de mayo del año 2014.
Hace apenas 12 años, el Real Madrid venía de superar un tiempo convulso. En lo deportivo e institucional, el club se movía en teóricas aguas turbulentas. Sin ánimo de ser exhaustivo, los hechos son los siguientes: la prensa del Régimen llevaba años criticando sin piedad el proyecto de Florentino Pérez aduciendo que sus resultados deportivos eran pobres, que los trofeos ganados no valían nada comparados con los del gran Barça de Pep Guardiola y, en definitiva, que Florentino era un peligro público para los intereses del Madrid. ¿Os suena familiar toda la música de fondo?
Pues ahora vamos con la letra. Periodistas patrios archiconocidos como Manolo Lama urdían encerronas dialécticas en sus programas. Tanto en la tele como en la radio, Lama presumía de enfrentarse a Florentino. Lama se mostraba agresivo y faltón; gustaba de ser repetitivo en sus argumentos. La vehemencia de personas como él busca sacar al entrevistado de sus casillas.
En periodismo todos sabemos muy bien de qué pie cojea cada uno. Un periodista sabe exactamente cuáles son los métodos de otro. Y si encima estás bien informado de los entresijos de los grandes medios, difícilmente te pueden dar coba con su retórica impostada de gallito de taberna. Los grandes medios están llenos de periodistas de muy bajo nivel que supieron medrar hasta los escalones más altos de su profesión. Como suele pasar en muchos órdenes de la vida, los más talentosos e íntegros no soportan lamer tantos traseros. Luego, también es un arte conseguir venderse por dinero y dormir por las noches.
He aquí, mis queridos amigos, cuando aparece en escena el nombre de José Mourinho. El entrenador portugués, hijo natural del nobilísimo pueblo de Setúbal, llegó a la entidad merengue en la temporada 2010/2011. Tras ganar absolutamente todo con el Inter de Milán, The Special One decidió dejarlo todo tras la llamada de Florentino. El luso sabía que fichar por el Madrid era como tocar el cielo con las dos manos. Sacrificó un estatus de ganador absoluto para venir a reflotar un proyecto.
Tanto Florentino como Mourinho sabían que en la plantilla había material para ganar trofeos importantes, quizá necesitaban un soplo de aire fresco o un nuevo método de trabajo. Como cada maestrillo tiene su librillo, el entrenador ganador en Portugal, Inglaterra e Italia ya tenía su estilo y venía a impartir su magisterio en buena lid. Mourinho insufló autoestima a una plantilla acobardada ante el resplandeciente Barça de Pep. Inculcó disciplina defensiva, extremó al detalle las jugadas de estrategia y aplicó un ataque vertical y eléctrico.
Tras lograr darle la vuelta a la tortilla y, resumiéndolo mucho, Florentino y Mourinho lograron su principal objetivo: demostrar al mundo las vulnerabilidades del Barcelona de Messi y compañía. Y de paso, levantarles títulos importantes en enfrentamientos directos. Así fueron cayendo la célebre Copa del Rey con el fenomenal testarazo de Cristiano Ronaldo, la estratosférica Liga de los Récords y una Supercopa de España.
Os aseguro que estos trofeos fueron importantes. Para nosotros, los de entonces, aquello fue volver a sentirnos vivos como madridistas. ¿Por qué se fue Mourinho? Sencillamente, el luso ya no soportaba el clima de agresión a su persona, el régimen de persecución que parte de la prensa le hacía hasta a su familia. Y como un señor, Mourinho se marchó tranquilamente con el trabajo bien hecho sobre la mesa.
El 25 de junio de 2013, Carlo Ancelotti tomó el testigo. Tras su presentación, este hombre sabio y tranquilo hizo un rápido barrido de la situación: el trabajo estaba hecho, ahora tocaba perfeccionarlo. Hombres como Sergio Ramos o Cristiano Ronaldo estaban llamados a hacer cosas grandes. Otros más alicaídos por entonces, como Karim Benzema o Marcelo, empezaron a brillar. Ancelotti dejaba cierta capacidad de arbitrio y jugadores como estos dos últimos fueron mostrándonos a todos de lo que eran capaces.
Llegó la celebérrima noche de la Décima. 24 de mayo de 2014. Lisboa. Una fecha y unas coordenadas que jamás olvidaré en la vida. Tomás Guasch llevaba desde 2002 gritando “¡La Décima!” cada vez que el Madrid tenía una posibilidad real de ganar la Champions. Todos nosotros, los de entonces, sentíamos la necesidad atávica de gritar al cielo de Lisboa que la ansiada Décima había caído.
El partido arrancó con el Atlético de Madrid sustituyendo a su jugador franquicia, un Diego Costa que venía maltrecho y con una supuesta cura mágica: una placenta de yegua estrafalaria que vendían como un método revolucionario de la medicina alternativa. Resultado del invento: en el minuto 9 de la final fue sustituido. No obstante, Iker Casillas se sentía generoso: en el minuto 36, salió mal de un córner y Godín puso el 0-1.
El madridismo no podía creer lo que estaba viendo: un error estaba costando la final más ansiada para una generación. El equipo se recompuso como pudo y, la verdad sea dicha, ese partido fue dominado por el Madrid. No era justo el marcador. En absoluto.
Entonces, cuando el desastre parecía palpable, va Ancelotti e introduce a Marcelo e Isco. Las jugadas se empiezan a volver anárquicas. El Madrid comienza a transitar por el alambre y la improvisación de la poesía va cayendo del lado del jugador más hábil. Los ojos ciegos ante la realidad tangible niegan lo que se intuye que va a pasar.
Enceguecidos por la ebriedad del que jamás en su vida ha probado el elixir más exquisito, los jugadores del Atleti y sus aficionados celebraban la victoria. Como aquel pobre diablo que jamás ha probado a una mujer legendaria, el atlético promedio estaba henchido de vanidad. Pero entonces, dos hombres pacientes fueron ungidos por la Divina Providencia.
Luka Modric y Sergio Ramos. Acordaos, chicos, siempre de sus nombres, pues han de oírlos generaciones venideras de futuros madridistas. El croata botó un córner que Ramos remató de forma magistral. No hay palabras en el diccionario para expresar el sentimiento que a miles de madridistas nos despertó ese gol. Muchos coincidimos en algo: se nos hizo eterno el gol. Como en esos momentos estelares en la vida de todo hombre, nuestro reloj interno se detuvo por un segundo que duró siglos. Cuando el balón llegó a tocar la red, explotamos todos en un orgasmo galáctico.
Modric y Ramos unieron sus dos nombres para siempre bajo la noche Lisboeta. Pero el fin de fiesta llegaba a continuación en forma de tres goles más. Estos fueron cayendo de forma escalonada: el de Bale en el 110’, Marcelo en el 118’ y Cristiano Ronaldo cerró el marcador en el 120’. Lo que se intuía un funeral acabó en el polvazo del siglo.
Yo celebré esta final como jamás antes había celebrado una. Personalmente, atravesaba una etapa complicada, pero a la vez excitante. Ahora, 12 años más tarde, me recuerdo a mí mismo en aquellos días y siento que todo cobra sentido. En la vida todo tiene su ritmo interno, todo está ligado. Si, como en el poema de Rudyard Kipling, eres capaz de conservar la cabeza cuando a tu alrededor todos la pierden y te echan la culpa; vencerás. Porque en la vida como en el fútbol, quien resiste acaba por ganar los partidos. Hasta las finales imposibles.
Queridos jóvenes inexpertos y nerviosos, como en la vida, el fútbol te enseña que todo es un continuo. La historia es cíclica y, por ello, conviene conocerla. De todo lo que anteriormente os he hablado, espero que saquéis vuestras propias conclusiones. Sin ningún tipo de presión o condicionante, interpretar la realidad. Así que cuando alguien os trate de bajar el precio de vuestro Madrid, erguid el cuello y presumid: sois aficionados del mayor club de todos los tiempos, el más laureado.
Me recuerdo a mí mismo viendo la final solo en casa. Aquella noche era el cumpleaños de Bob Dylan y yo sabía que el gran trovador era madridista. Él no podía dejar que se consumara el desastre. Y además, yo tenía en la cabeza rondándome una madrileña morena de pelo azabache, y sabía que ella tampoco permitiría que el Madrid cayera. Me encomendé a mis dos santos laicos y, en un giro del destino, ambos me guiñaron un ojo.
Por todo ello, seguid el ejemplo de vuestros mayores y calmaos. Vienen tiempos mejores. Las milongas catastróficas que las compre otro, algún atlético famélico y meditabundo. Tú eres distinto, tú debes conocer tu historia deportiva para saber interpretar lo que ocurre actualmente y, posiblemente, vuelva a ocurrir: el Real Madrid será campeón de todo una vez más.
Y nunca dudes ni por un segundo que la gran dama blanca, la Copa de Europa, nuestra novia eterna, volverá a besarte en los labios en primavera y Cibeles os bendecirá en vuestro amor inmortal. ¡Hala Madrid y nada más!
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Se acabó la liga. Emocionante despedida de Carvajal. Se va la última leyenda de una década irrepetible. Nos dejó una fantástica asistencia, como cuando se despidió del Castilla camino de la mili en Leverkusen con 20 añitos. 5-1 al Cádiz en la vuelta del playoff por el ascenso. Ya era un futbolista hecho. Destacaba sobre Morata, Joselu, Jesé, Nacho y Lucas, a las órdenes de Toril. Un lateral pequeño, fuerte, rápido y talentoso. Catorce años después se nos va con 6 Champions en el zurrón. Hasta siempre, capitán. Lo has dado todo.
El equipo corrió y puso voluntad frente a un Athletic agobiante. Vini no estuvo. Mbappé aseguró el pichichi, pero estuvo egoísta y fallón. Sin embargo, tuvo un detallazo yendo a la banda a dedicar su gol al entrenador. Se cierra el ciclo con cicatrices, pero al menos sin hacer más sangre. Arbeloa se despidió muy serio, manteniendo la compostura y alineado con el club. Un soldado. Aquí le esperamos. Fue imposible lidiar con el morlaco que le tocó en suerte. Hizo lo que pudo, pero esta bestia exige sacrificios humanos cada tanto. Este año van dos, de momento.
Cómo abstraerse del debate sobre las elecciones. De un lado, Florentino Pérez, currículum profesional conocido por todos. Concejal del Ayuntamiento de Madrid por UCD cuando la política no era (tan) sórdida y empresario global a la cabeza de una de las multinacionales españolas con mejor reputación en el mundo. Hoy ACS tiene 200.000 empleados en 100 países y el respaldo del mercado, con una capitalización bursátil entre 35.000 y 40.000 millones de euros.
Para los que dudan de la capacidad de un hombre mayor para dirigir el Real Madrid, poco después de que Telefónica abandonara su negocio de data centers malvendiendo activos, ACS empezó a invertir en él, llegando a duplicar en los últimos doce meses el valor de la compañía. Ahí tienen la diferencia entre decisiones de negocio de un empresario "mayor" y las tomadas en un consejo de ministros.
Enrique Riquelme, indudablemente, es un empresario de éxito. Por edad, mayor para ser nieto de Florentino y joven para ser hijo. Riquelme viene de una familia alicantina de tres generaciones de empresarios que han hecho fortuna con maquinaria y materias primas para construcción (arena, cemento), con negocios inmobiliarios y en el sector ortofrutícola.
Para financiar sus operaciones, CaixaBank, BBVA, Bankinter y otros bancos extranjeros avalaron a Riquelme. ¿Por qué no le iban a avalar ahora para presentarse a las elecciones del Real Madrid?
Con 21 años se cuenta que el joven Riquelme fue enviado a Brasil para tratar de abrir negocios allí, pero en una escala prospectiva en Panamá contactó por azar con un empresario local que no dudó en poner capital para extender el negocio familiar de los Riquelme como subcontratista de Sacyr en las obras del Canal de Panamá.
Ahora piensen en que manejan sus negocios con rentabilidad, en su país natal y que tienen free cashflow para invertir. Imaginen que un día aparece un joven extranjero de 21 años y les cuenta un plan de negocio en un país que desconoce y al que acaba de llegar. Les pide ayuda financiera y contactos para entender el mercado local a cambio de alta rentabilidad. ¿Se la dan? ¿Así por las buenas? ¿Y cómo llega un muchacho a firmar un contrato gigantesco con Sacyr para ser su proveedor en las obras del Canal de Panamá?
Miren, no conozco a Riquelme, pero conozco esta historia. Estamos ante el diseño minucioso de un currículum. La familia le eligió para dar el salto internacional, probablemente porque es el más listo de la tercera generación. El abuelo hizo fortuna en su región. El padre lo expandió internacionalmente y empezó a hacer big money. El nieto es el elegido para un cambio exponencial. De los negocios tradicionales en los que puedes hacer las cuentas casi de cabeza a mercados globales. Incluyan adquisiciones por miles de millones en sectores regulados, donde son imprescindibles las conexiones políticas, como la compra de Iberdrola México cerrada hace unos días... Riquelme está viviendo un momento personal de levitación.
Regresamos a 2014: con el dinero ganado en ese primer salto del atlántico Riquelme se lanzó a una nueva aventura empresarial a la edad de 25 años, fundando Grupo Cox, una empresa enfocada en energías renovables en España y Latinoamérica. Su evolución fue modesta hasta la compra de Abengoa en 2023, marrón descomunal para dos gobiernos de España de distinto signo. El último permitió que Cox comprase sólo los activos operativos (la guinda del pastel), dejando a accionistas y bancos comerse una deuda de 6000M. Una operación como esa no está al alcance de lo que era Cox en 2023. Jugada maestra desde el punto de vista empresarial en cualquier caso, pero no solo de un treintañero Riquelme. No se ha visto nada igual desde Elon Musk.
Con el know how de Abengoa y con sus 9.000 empleados en nómina, Cox ya alcanzó escala para jugar en otra liga. Abengoa era el competidor natural de Iberdrola en el mercado de utilities en latinoamérica y España, pero un competidor ineficiente y muy endeudado. Riquelme se apropió de Abengoa poniendo calderilla (como su amigo Gil Marín en el Atleti), aprovechando el ruido político, las prisas por darle carpetazo al asunto y asumiendo exclusivamente una deuda operativa de unos 500M, menos de un 10% de la deuda total. Operación ingeniosa, pero obviamente conocida y avalada políticamente. En un mercado regulado, si el gobierno no quiere, no juegas. Riquelme no viene solo.
No dudo del madridismo de Riquelme, pero para sentirle uno de los nuestros debería haber planteado el debate sin comprar influencers
Para financiar sus operaciones, CaixaBank, BBVA, Bankinter y otros bancos extranjeros avalaron a Riquelme. ¿Por qué no le iban a avalar ahora para presentarse a las elecciones del Real Madrid? ¿Porque les ha presionado Florentino? Miren, una vez más tenemos que tragarnos el relato de que Florentino es la persona más poderosa de España. “La persona más poderosa de España”, sin embargo, no ha sido capaz de desmantelar el chiringuito corrupto del CTA, de evitar que LaLiga siga hipotecando activos del futuro o de impedir la vergonzante y delictiva maniobra de Albert Soler (CSD, el Gobierno) para prescribir el delito de corrupción deportiva del Barcelona. Menudo poder, ¿eh?
Florentino ha cometido varios errores graves en los últimos cinco años. El más doloroso para mí, madridista de infantería, fue el de la Asamblea de Compromisarios de 2024, en la que le escuchamos decir que el Real Madrid y el Barcelona (ya conocido el caso Negreira) "se tenían que ayudar" (sic).
Otro error fue anunciar precipitadamente la Superliga en 2021 y elegir El Chiringuito para hacerlo. Supimos por Tebas que fueron días de conspiraciones y de agitación en las ligas europeas y en la UEFA, pero Florentino se equivocó. No era el lugar y el mensaje no estaba maduro todavía.
El error más reciente ha sido como los petardos de la mascletá, una cadena de explosiones que han terminado provocando zozobra en la afición. El madridismo nunca ha vivido un final de temporada como este. Todo empezó con la salida de Ancelotti y la llegada precipitada de Alonso para dirigir al equipo en el Mundial de Clubes. El segundo petardazo se produjo con la tolerancia del club al desaire de Vini después de su sustitución en el Bernabéu frente al Barcelona. Éramos líderes en la liga. Más tarde llegó el cese del entrenador. El ambiente del vestuario se fue pudriendo. Ni Arbeloa ni nadie podían apagar ya el incendio.
Las consecuencias fueron el desapego de los futbolistas, la división entre grupos de jugadores y el cuerpo técnico, la deserción de Mbappé, los bofetones entre Tchouaméni y Valverde, la descomposición de la plantilla, el cisma del madridismo, los silbidos y abucheos. Falta mencionar el CTA y la prensa, siempre cumplidores, unos para ejecutar sus prevaricaciones y otros para blanquearlas y para añadir material inflamable cuando hay problemas en el Real Madrid.
No dudo del madridismo de Riquelme, pero para sentirle uno de los nuestros debería haber planteado el debate sin comprar influencers (estrategia más propia de los corruptos o de partidos políticos, valga la redundancia, que de empresarios). Su vinculación con los Sánchez Galán, padre e hijo, tampoco le ayuda, después de saber lo que el presidente de Iberdrola intentó contra Florentino para defenderse de un movimiento puramente empresarial.
Parece que finalmente habrá elecciones. Es bueno que el socio se pronuncie. Pero el socio debe saber. De Florentino sabemos casi todo, excepto qué es exactamente entregarle el club a los socios. De Riquelme aún no sabemos casi nada. Escuchemos qué dice y tengamos en cuenta de dónde viene, de quiénes se rodea y averigüemos si lo que le impulsa es su madridismo o si se trata de una más de sus operaciones empresariales.
Por lo que sea, la realización del partido de LaLiga hoy sí ha considerado interesante un asunto ajeno a lo que pasaba en el césped y ha buscado en la grada a Riquelme. Un socio con más de veinte años de antigüedad y un patrimonio suficiente para presentar su candidatura a la presidencia. Un socio que se deja ver con Casillas, con Ramos, con Gil Marín. Un socio que ocupa un abono de unos 1000 euros anuales, en la grada baja, en un córner. Algo no cuadra. Más de veinte años de socio. Millonario. Padre miembro de la junta de Ramón Calderón. Un sólo abono de 1000 euros. Él solito. En un córner. No sé, Rick…
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Buenos días, amigos. Carvajal se marchó ayer del Real Madrid entre lágrimas. El niño que prendió la mecha de Valdebebas, el héroe de Trondheim, el lateral de Lisboa, Milán, Cardiff, Kiev, París. El nueve de Wembley. El chico que cuando nació le dijeron a sus padres: «han tenido ustedes un blindado que se va a comer el mundo».
Con Carvajal se va una época. Ya no queda nadie —en el campo— de los Modric, Kroos, Ramos, Pepe, Cristiano, Marcelo, Benzema… Puf, se le pone a uno la piel de gallina. Hay que despedirlo con respeto, agradecimiento y admiración hacia él y hacia el Real Madrid. El madridismo así lo hizo, del mismo modo que algunos otros ámbitos también. La mayor parte del Athletic y de su afición realizaron el pasillo y ovacionaron al capitán.
En la acera donde se posicionan quienes están enfrente del madridismo tenemos, por ejemplo, a Marca. Su reacción ante la marcha de uno de los incunables del fútbol que cuenta con 6 Copas de Europa y forma parte de la leyenda del Real Madrid es criticar a Vinícius:
El Madrid de toda la vida marchándose entre lágrimas y Vinicius pendiente de sí mismo
https://t.co/W7A4ArPIe6— MARCA (@marca) May 24, 2026
«El Madrid de toda la vida marchándose entre lágrimas y Vinícius pendiente de sí mismo». Da igual que haga sol, llueva o truene; que el Barça sea muy generoso con un responsable arbitral en España o en Europa; que quien tenga asuntos judiciales sea este o aquel presidente de la RFEF; Marca siempre pone en el foco a Vini y lo convierte en el centro de la diana. No solo denota sus intereses, sino que muestra la personalidad de los responsables de esta posición.
Lo próximo será dedicar una portada dividida en dos: la mitad regalada al amigo Gil Marín y la otra mitad acusando a Vinícius Junior de no acudir a la primera comunión de Santiago Bernabéu. Y sus lectores lo tomarán a pies juntillas.
Lo mejor es que acusan a Vini de estar pendiente de sí mismo cuando «El Madrid de toda la vida» se marcha —cómo no, también son cursis—, mientras ellos ilustran su cabecera con la fotografía de un triunfo del FC Barcelona el día que el Madrid de toda la vida se marcha entre lágrimas.
Acusan a Vini de estar pendiente de sí mismo cuando «El Madrid de toda la vida» se marcha —cómo no, también son cursis—, mientras ellos dedican el espacio principal de su portada también al FC Barcelona.
Acusan a Vini de estar pendiente de sí mismo cuando «El Madrid de toda la vida» se marcha —cómo no, también son cursis—, mientras ellos vierten mierda sobre el Madrid y sobre Florentino: «Elecciones 20 años después». Se han convocado multitud de elecciones, lo que ha brillado por su ausencia durante ese tiempo ha sido el valor para medirse al presidente en ejercicio.
Acusan a Vini de estar pendiente de sí mismo cuando «El Madrid de toda la vida» se marcha —cómo no, también son cursis—, mientras ellos publicaban: «Apoteósica llegada de Enrique Riquelme al Bernabéu con gritos de “¡Presidente, sálvanos!”. Hay quien comenta que si subes el volumen al leer la noticia se escucha la entradilla del NO-DO y la narración que informaba sobre el Consejo de Ministros de 1965 en el pazo de Meirás que salvó —otra vez— al FC Barcelona.
Acusan a Vini de estar pendiente de sí mismo cuando «El Madrid de toda la vida» se marcha —cómo no, también son cursis—, mientras ellos lo único que hacen es estar pendientes de sí mismos.
Mientras tanto, sus compis de Unidad Editorial se suman a la campaña a favor de Riquelme y, sobre todo, en contra de Florentino.
#ÚltimaHora🔴 Andbank España no teme a Florentino Pérez y concede finalmente el aval a Riquelme para pelear por el Real Madrid https://t.co/BC7f9iujW0
— EL MUNDO (@elmundoes) May 23, 2026
Jesús Bengoechea lo explicó bien en X: que una entidad andorrana funcione con más flexibilidad o menos burocracia no convierte el aval en sospechoso, pero tampoco permite insinuar que los bancos españoles se lo negaron a Riquelme por razones oscuras atribuibles a Florentino.
El papel en el que viene envuelto el regalito de Riquelme es bastante reconocible. En lugar de triangulitos verdes, como el de El Corte Inglés, viene con loguitos de la RFEF, el CTA, LaLiga y las terminales mediáticas del sistema. Las que bombardean a los aficionados que, o bien no tienen tiempo u oportunidades de informarse, o bien son vaguetes —aunque no tengan cara de pan—, o bien defienden que hay que volver «al Madrid de toda la vida».
La expresión es fantástica porque nadie sabe muy bien a qué vida se refiere. ¿A la del Madrid de Bernabéu, que se fue por Europa cuando el régimen y sus aduladores se miraban el ombligo? ¿A la de Di Stéfano, argentino-español nacido en Buenos Aires? ¿A la de Puskas, húngaro? ¿A la de Roberto Carlos, brasileño? ¿A la de Zidane, francés? ¿A la de Cristiano, portugués? ¿O a la del señor que quiere que vuelvan los valores, pero valores de aquí cerquita?
Más bien parece que ese Madrid de toda la vida es el Madrid que hay que españolizar; el que tiene que reconciliarse con sus principales leyendas, como Del Bosque y Casillas; el que no puede reclamar que se le apliquen las mismas reglas que al resto de equipos porque si no golea merece el expolio arbitral.
Cada cual es libre para elegir qué tipo de Madrid quiere, el campeón y global de Bernabéu y Florentino o el provinciano con magnífica relación con los estamentos corruptos patrios y base de la única, la mejor, la más grande, la selección española. Y olé. Los que huelen a Varón Dandy y naftalina también merecen tener un candidato, aunque tenga apellido de jugador del Barça.
Nos ponemos ya el atuendo del Real Madrid de baloncesto. Los de Scariolo disputan en Atenas esta noche otra final de la Euroliga. No será sencillo, se enfrentan a Olympiacos, pero... ¿cuándo lo ha tenido fácil el Madrid?
Pasad un buen día.