Hoy no estaba en el guión que escribiera una crónica. Paco ya la bordó después de la épica victoria de anoche. Qué oportuna. Cuánto ha escocido.
Esto es otra cosa. Yo vengo aquí, con permiso del editor, a desahogarme contra los antimadridistas que tuvimos que soportar durante el partido de ayer. Algunos incluso cobran o facturan por escribir o declamar falsedades, realidades paralelas o directamente por imputar mentiras con la peor intención. Voy a contenerme, sobre todo porque hay un libro de estilo en La Galerna que evita que sus columnistas vayamos al juzgado con más frecuencia que Tebas. Pero estamos en guerra. Es un hecho.

Hoy he venido a desahogarme, decía, contra lo publicado ayer ayer en medios y redes sociales. Afortunadamente no he podido leer ni escuchar, ni ver todo. Mi salud mental ya está suficientemente comprometida asistiendo al espectáculo de la España extrafutbolística de 2026. Pero con lo que he podido ver ya he tenido bastante.
Ejemplo:
Por fin se ha quitado la careta. Ya sabemos de qué lado está. “El Madrid es un bochorno”. Un profesional de la comunicación que debería estar agradecido por poder vivir del cuento, y del Real Madrid. Vivir para ver. Afortunadamente, la IA dará buena cuenta de él.
Pero hubo más. Antes del partido, la sanción de Vinícius. No hay una normativa, ni un plazo (para qué) que obligue a publicar las sanciones en un determinado momento. Luego, se publican cuando conviene a la RFEF. La metáfora de Mourinho sobre el gato que se esconde y deja la cola fuera, versus el gato que te la pasa por la cara, son la justa respuesta a la exhibición de poderío de la RFEF, esa que preside un muñeco de trapo sin voz ni voto. El de "son negocios de personas individuales" refiriéndose a los pagos a Negreira: Louzán. El guiñol impersonado y mantenido por Tebas. Finísimo Mourinho señalando su extrañeza por que una institución española perjudique a un equipo español deliberadamente. Este Mou sesentón no va a meterle el dedo en el ojo a nadie (afortunadamente), pero no podrán sacárselo del recto. Ahí lo van a tener todo el año, les guste o no. Y lo verá toda Europa cada semana. Irán a por él sin la menor duda. No creo que se siente en el banquillo del Camp Nou.
Cuatro partidos. Una sanción desproporcionada, abusiva, delirante, sobre un jugador perseguido y acosado por los que deberían protegerlo. Pateado, empujado, abofeteado, pisoteado, agredido, mordido por sus rivales con el consentimiento cuando no complacencia de aficiones y de árbitros. Objeto de burla por el repugnante mundo del fútbol español. Mi deseo es que los hijos de cada acosador de Vini pasen por lo mismo. A pesar de su marmórea personalidad, Vini acabará dejando el fútbol asqueado del deporte para el que desde niño fue un superdotado. Me da mucho más asco que pena. Despierta lo peor de mí. Espero no tener nunca cerca, por el bien de mi familia, a un Maffeo de la vida o a uno de esos árbitros que se han cachondeado de Vini. No me podré contener.
Mou nos dejó algunas perlas en la rueda de prensa, refiriéndose al horario del partido de Mestalla, previo al siguiente parón de selecciones:
"Jugar en Atenas el miércoles por la noche, llegar a Madrid a las 5 de la mañana y luego jugar el sábado en Valencia, en una semana que precede a la selección no me parece inocente. No me creo las disculpas de siempre, que ha sido la tele, no me lo creo."
Claro que no, José. Es la guerra. Nos harán todo el daño que puedan con las armas que tienen. Tebas se quita responsabilidad cuando le preguntan: “lo que digan las teles”, “los clubes firmaron el calendario” ¿Qué clubes?¿Los que compraste con dinero de CVC? Esos firmarán lo que les pongas delante. Y por cierto, ¿quiénes son “las teles”? Mediapro, Canal +, DAZN… todas ellas colonizadas por culés, socios de Piqué en Kosmos, colaboradores de El Chiringuito como Quim Domenech… No me digan que no ven verosímil que esta recua elija los horarios Del Real Madrid para perjudicarnos. No me lo digan.
Después dijo:
"Esto de que juguemos el miércoles en Atenas y lleguemos a las cinco de la mañana y después juguemos el sábado en Valencia un partido difícil es increíble. Yo no acepto las disculpas porque llevo 25 años en el fútbol y mientras esté aquí voy a hacer todo lo posible para abrir los ojos al madridismo". Ya los tenemos abiertos, José. Muy abiertos.
Observo a la hinchada culé con el esfínter en contracción súbita. Llegaban al día de hoy confiados en sus propias fuerzas, en las estrategias infalibles de Flick, en los kilómetros recorridos en alta intensidad que propician los mágicos vendajes, en los regates nunca antes vistos de Yamal, en las llegadas fulminantes de cualquiera de sus delanteros, en la paliza al Galatasaray. Valientes, fanfarrones, sobrados con el 3-1 de la Roma y más tarde quejumbrosos, incrédulos o desaparecidos en el 3-4. El culé vive entre la certeza de que pagando se arregla todo y el terror de que la bicha (o sea, nosotros) despertemos de repente y les operemos de hemorroides sin firmar el consentimiento informado.
Finísimo Mourinho señalando su extrañeza por que una institución española perjudique a un equipo español deliberadamente. Este Mou sesentón no va a meterle el dedo en el ojo a nadie (afortunadamente), pero no podrán sacárselo del recto
Nosotros no somos así. El Real Madrid no juega bien. No presumimos de lo que no tenemos. Y no tenemos problema en reconocerlo. Hay infinitos caminos hacia la victoria. El primero, quererla. Muchos de nosotros ni siquiera presumimos de lo que tenemos tanto como podríamos. Siempre queremos más.
Otra joya: Cortegana, un joven periodista usualmente serio (aunque atlético como la insufrible Marchante) soltó ayer durante la retransmisión que el club (el nuestro) está pensando en rescindir el contrato de Vini por su comportamiento en el partido contra el Villarreal. ¿Ha perdido la cabeza? Debería dejar de frecuentar manicomios de YouTube donde se confunden tocino y velocidad. Audiencia y credibilidad. Invenciones y realidad. Madridismo y Riquelme. Donde nunca se habla de Tebas o de Louzán.
Iremos al Camp Nou a jugar al fútbol o al Waterpolo y ganaremos, perderemos o saldremos vapuleados. Y todo seguirá igual: los 23 títulos manchados por los sobornos seguirán en las vitrinas del Barcelona (de momento) y nuestras 15 inmaculadas ánforas plateadas a buen recaudo en el mejor sitio que pueden estar. En casa.
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(El periodista y consultor Carlos Agrasar analiza en su nuevo libro Antimadridismo por qué el Real Madrid despierta tanta admiración como rechazo en todo el mundo).
• El ensayo examina el antimadridismo como un fenómeno histórico, social y cultural que va más allá de los resultados deportivos.
• La obra estudia cómo se construye una identidad frente al adversario y cómo los medios y las redes sociales han contribuido a dar al fenómeno una dimensión global.
• Carlos Agrasar plantea una paradoja central: el rechazo al Real Madrid combate su hegemonía, pero también ayuda a mantenerlo en el centro del relato futbolístico.
¿Por qué el Real Madrid suscita adhesiones tan intensas como el rechazo que provoca? El periodista y consultor Carlos Agrasar aborda esa pregunta en Antimadridismo, un ensayo que analiza cómo se ha construido, a lo largo de más de un siglo, una oposición que trasciende el terreno de juego. El libro propone mirar al club como un símbolo sobre el que se proyectan ideas de éxito, poder e identidad.
«El antimadridismo no puede explicarse únicamente por el éxito del Real Madrid, ni por un sistemático rechazo al vencedor», sostiene el autor. La obra examina la confluencia de factores históricos y políticos, conflictos territoriales, intereses económicos, medios de comunicación, cultura popular y psicología colectiva. Desde esa perspectiva, el club funciona como un auténtico arquetipo que concentra significados que exceden el ámbito deportivo.
El ensayo dedica especial atención a la expansión internacional de ese fenómeno. La proyección del Real Madrid y la circulación de información a través de los medios y las redes sociales han ampliado el escenario de la admiración y del rechazo. Aficionados de lugares muy distintos participan hoy en una conversación que desborda las rivalidades españolas y convierte al club en una referencia compartida del fútbol contemporáneo.
Otra de las tesis centrales del libro es que la oposición al Real Madrid contribuye a construir la identidad de sus adversarios. «Oponerse al dominador une», explica Agrasar. Aficiones que no comparten club, territorio ni intereses pueden encontrar un punto de encuentro en el deseo de verlo perder. El ensayo analiza cómo ese vínculo puede dar cohesión a comunidades diferentes y hacer que parte de su relato dependa de lo que le sucede al rival.
La mirada histórica permite al autor revisar algunos de los tópicos más persistentes del relato antimadridista, entre ellos la identificación del club con «el equipo del Régimen». Agrasar examina su trayectoria anterior al franquismo, la ruptura que supuso la Guerra Civil y las dificultades de la posguerra. El libro sitúa esas cuestiones en un marco más amplio, donde intervienen la capitalidad, el centralismo, la memoria del siglo XX y las distintas percepciones del poder.
¿Por qué el Real Madrid suscita adhesiones tan intensas como el rechazo que provoca? El periodista y consultor Carlos Agrasar aborda esa pregunta en Antimadridismo
Ahí aparece una paradoja que recorre la obra: el antimadridismo aspira a derrotar al Real Madrid, pero la grandeza que atribuye al adversario también da un significado especial a esa derrota. Al discutir sus éxitos, sus valores o su influencia, sus detractores contribuyen a mantenerlo presente en la conversación pública. El rechazo refuerza así la centralidad de aquello que pretende combatir.
El fútbol aparece en el ensayo como un gran teatro social: sus resultados alimentan representaciones colectivas, expresan pertenencias y ofrecen personajes con los que identificarse o frente a los que definirse. El Real Madrid puede ocupar el lugar del héroe en el relato de sus seguidores y el del antagonista en el de sus adversarios. «El Real Madrid puede ser héroe y villano simultáneamente, pero nunca deja de ser personaje central», señala el autor.
"Antimadridismo" utiliza el fútbol para explorar comportamientos sociales reconocibles más allá del deporte. Su lectura combina historia, comunicación y reflexión sobre la identidad colectiva, y ofrece al lector elementos para comprender cómo se forman y perduran estas pasiones. El propósito es atender a la diversidad de sus raíces y manifestaciones, sin reducirlas a una explicación única.
La obra aborda también las rivalidades deportivas, las estructuras de poder y las transformaciones económicas del fútbol. Analiza el papel de los medios en la construcción de los relatos sobre el club y se detiene en las discrepancias que nacen dentro del propio madridismo, porque la crítica al Real Madrid no procede siempre del exterior.
Carlos Agrasar reconoce en el prefacio su condición de madridista de cuna y explica su voluntad de someter sus ideas a contraste. Para escribir el ensayo recurrió a sus archivos, reunidos desde principios de siglo, a la lectura continuada de información deportiva y al diálogo con “amigos muy futboleros” y diversas herramientas de inteligencia artificial. Su intención es «iluminar más que convencer»: ofrecer una interpretación que invite a la reflexión, sin esperar que el lector cambie de equipo ni, necesariamente, de opinión.
Título: ANTIMADRIDISMO
Antetítulo de cubierta: Real Madrid: el «villano necesario»
Autor: Carlos Agrasar Celemín
Género: Ensayo periodístico
Idioma: Español
Formato: Tapa blanda · 15,24 × 22,86 cm
ISBN: 978-84-09-91695-5
PVP: 15,95 €
Venta: Amazon.es
Contacto para medios
Carlos Agrasar
Correo electrónico: prensa@antimadridismo.es
Teléfono: 606 432 106
Buenos días. El Real Madrid no se puede explicar. Enfurruñarse al máximo contra él es legítimo, siempre y cuando uno esté predispuesto a abrir de par en par las escotillas del asombro y la admiración cuando corresponda. A veces corresponde muy a última hora y uno no sabe muy bien qué hacer con ello, salvo eso: admirarse y recordar súbitamente no solo lo feliz que nos ha hecho, sino lo feliz que está en disposición de seguir haciéndonos.
Parece ser que la de ayer en Champions es la remontada más fulgurante de la historia de la competición. Nadie antes había ido perdiendo por dos goles a falta de 8 minutos y 45 segundos para acabar ganando. Ya proliferan en las redes sociales videos de youtubers culés tratando de digerir una decepción tan mayúscula y de tan última hora. La explicación está en que los cánticos se instalan por algo en el inconsciente colectivo, no de una forma aleatoria. “Hasta el final, vamos, Real” es algo más que un slogan. Y Marca atina hoy en su portada.
En efecto: no es milagro, es orgullo. Aunque también es milagro. La Biblia y los Proclaimers cantan que el amor puede mover montañas, pero ¿cuánto puede mover el orgullo? ¿Cuánto puede mover un escudo, una leyenda? ¿Hasta dónde podría desplazarse una cordillera si quien la impulsa es el legado de (casi) 125 años de proezas?
Leed la espléndida crónica del partido por parte de Paco Sánchez Palomares. El Madrid era un completo desastre cuando Mou empezó a mover las piezas para obrar la maravilla. Entraron Güler, Espí y Endrick, y los mares se abrieron de par en par. El turco se confirmó como un lujo que no debería quedar casi nunca en el banquillo, aunque solo fuera por su destreza en el balón parado (los tres goles de la remontada acontecieron a consecuencia de tres córners lanzados por él). El levantino no faltó a su pasmosa cita con el gol, a la que acude con tanta puntualidad como independencia de los minutos que le otorgues.
Y luego, sobre todo, está lo de Endrick, MVP del partido. Desde el primer balón que tocó, exudó ambición, fútbol y fe en una remontada imposible. Marcó el gol del empate y propició el de Espí en el rechace. Su media hora fue antológica, y no es de extrañar que Mou recalcara que no tiene pensada una cesión del brasileño en el mes de enero.
As tilda al Madrid de “inmortal”, y no exagera. Muchos se han ido de este mundo y se están perdiendo estas hazañas impensables, de igual modo que nosotros nos iremos para perdernos otras hazañas blancas en el porvenir. Eso, que nos trasciende, tiene que ser algo muy parecido a la inmortalidad.
Mundo Deportivo, además de celebrar no-rabonas de Lamine Yamal (que Cristiano Ronaldo ya hizo mil veces antes) como si fueran un punto y aparte en la historia de este deporte, dedica su frontispicio a tratar de enjugar el disgusto de la remontada blanca con su gran alegría del día, a saber, la aberrante sanción de cuatro partidos que le han caído a Vinícius por el tirón de pelos que le costó la expulsión ante el Villarreal. Hasta tipos tan poco sospechosos de madridismo como Iturralde han denunciado lo demencial y desmedido del castigo, que el rotativo cataculé celebra, por cuanto dejará al brasileño fuera del mal llamado clásico.
Mourinho se despachó a gusto contra la sanción y, muy especialmente, contra la hora a la cual fue hecha pública: dos horas antes del partido. Sugiere el portugués que el anuncio se hizo a una hora estratégica para desmoralizar a Vini antes del partido ante la Roma. Quillo Barrios, en su canal, demostraba hace un rato lo absolutamente anómalo de comunicar las sanciones a las 7 de la tarde, cuando siempre se hace en torno a la una del mediodía. Esta situación, unida a la injusticia intrínseca a la propia sanción, ha movido a Mourinho, en otra rueda de prensa que engrosará su brillante palmarés en ese área, a denunciar la desfachatez del entramado institucional de Tebas.
“En portugués tenemos un dicho: el gato está escondido pero asoma la cola. En el caso del fútbol español, no hace falta que la asome, porque el gato ni siquiera se esconde”.
A fin de afianzar su metáfora gatuna, aludió también a los delirantes horarios de la jornada previa al próximo parón de selecciones, en la cual, de manera absolutamente discrecional, el Madrid va a jugar frente al Valencia con casi 48 horas de descanso menos de las que disfrutarán el Atleti y el equipo cliente de Negreira. Porque sí. Porque Tebas lo vale. Porque Tebas no se esconde. Como el gato de Mourinho.
Esta portentosa foto circulaba ayer por X tras las palabras de Mourinho. Lamentamos no ser capaces ya de citar al autor, que se nos perdió en el proceso. El caso es que el gato va con el descaro por bandera en su afán por hacer la vida imposible al Real Madrid. Mou ha tomado la antorcha de la batalla cultural, como de manera a nuestro juicio emocionante expuso ante la prensa.
No es por nada, pero podría ser el lema de La Galerna también.
En efecto. El gato no se esconde. Pero el Madrid tampoco. Ni en el campo ni fuera.
Os dejamos con el orgasmo mañanero de Sport ante el intento fallido de rabona de Lamine Yamal.
Pasad un buen día.
Courtois: bien. De los tres goles que encajó, en dos el balón tocó en futbolistas que desviaron su trayectoria.
Dumfries: suspenso. Recluta Dumfries no tuvo su mejor día. Le comieron la tostada. En la segunda parte le colocaron a Vini delante.
Rüdiger: sobresaliente. Además de hacer su trabajo, un gol suyo volvió a ser decisivo para un gran resultado en Champions.
Konaté: aprobado. Discreto. Superado sin dificultad.
Cucurella: aprobado. Le tocó defender por dos toda la primera parte. Erró una clara oportunidad.
Valverde: suspenso. El dúo que forma con Tchouaméni no entona bien en el centro del campo. Mejoró en el lateral derecho.
Tchouaméni: suspenso. Además de no entonar, un fallo suyo propició el primer gol romano.
Bellingham: bien. Se sacrificó, protagonizó llegadas y tuvo en sus botas y cabeza un par de goles, pero no brilló especialmente.
Diomande: bien. Mostró compromiso y dejó pinceladas de esa facilidad abrumadora que luce para marcharse de los rivales. Le faltó continuidad.
Vinícius: suspenso. No está.
Mbappé: bien. Hizo su trabajo ofensivo.
Güler: sobresaliente. Es indispensable. No Güler, no party.
Endrick: sobresaliente. Saltó al césped con la fuerza de los mares y el ímpetu del viento. Minutos memorables y contundentes del brasileño.
Espí: sobresaliente. Sale, la toca y marca. ¿Alguien ha pensado en darle más minutos?
Carreras: bien. Fluyó.
Bernardo: bien. Ejerció de anticoagulante del juego, como el Sintrom.
Mourinho: bien. Bien, mal y viceversa. Alineó un once poco compatible con el fútbol y tardó en rectificar. A su vez, los cambios introducidos propiciaron la remontada.
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Arbitró el francés François Letexier. En el VAR estuvo el neerlandés Dennis Higler.
Arbitraje bastante europeo, dejando jugar, permitiendo contactos y que hubiera un ritmo fluido.
La jugada más polémica del partido fue un posible penalti sobre Endrick en el 65. Es cierto que va cayendo, pero también que Gollini le toca para que su derribo sea definitivo. No lo pitó y el VAR no quiso contradecir al francés.
En la primera parte apenas hubo interrupciones y ninguna tarjeta. En la segunda sí tuvo que echar mano del bolsillo. El primer amonestado fue Mancini por agarrar a Mbappé en el 59'; luego Wesley por una entrada a Diomande en el minuto 69; en tercer lugar, Pellegrini por cortar un avance de Bernardo en el 89; por último, Carreras por una patada por detrás.
Además, se anuló un gol a Mbappé por fuera de juego por el pelo de una gamba. En un principio también se anuló el tanto de Espí cuando había dos giallorossi habilitando al delantero. La tecnología del VAR acabó dando el gol.
Letexier, DISCRETO.
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El Madrid volvía al Olímpico con el objetivo de doblegar a la Roma de Gasperini, invicta en lo que va de temporada. La Champions suele ser un oasis en el que recobrar ilusión y fuerzas. Pero ni en el oasis de la Champions deja el sistema tranquilo al Real Madrid. Hasta allí envió sus drones: anunció la sanción de cuatro partidos a Vinícius apenas dos horas antes del partido.
La maniobra surtió efecto a nivel individual: consiguieron hacer mella en un Vini ya de por sí en bajísima forma. Pero no ganaron la guerra porque el Madrid es como esas velas que se encienden una y otra vez después de soplarlas. Los blancos acabaron remontando y logrando una victoria por la cual nadie habría apostado. Quizá ni ellos mismos.
Mou plantó un once en el que lo más llamativo era la ausencia del futbolista más ilusionante del momento: Arda Güler. No vamos a discutir la sapiencia del entrenador, pero la pareja Valverde-Tchouaméni sin nadie alrededor como el turco suele mover el balón con la fluidez de los cimientos del Empire State Building. Este choque no fue una excepción.
La primera ocasión clara fue para los romanos. Y doble. Courtois despejó en primera instancia e impidió que la Roma se adelantase en el siguiente chut de Hermoso.
El plan del Madrid pasaba más por salir escopetados a la contra o jugar balones en largo que por avanzar tocando el esférico en el centro del campo. Normal, dada la alineación de Mou. Un Mou, por cierto, coreado por la afición rival. En España nos quieren hacer creer que es una suerte de ogro que come coches ecológicos.
Dybala remató estirándose cual kilométrico Boomer en el minuto 11 y su golpeo con el exterior del pie izquierdo se marchó fuera por una cuarta.
A los 15' se rompió Koné. Se marchó consternado y dolorido. Su lugar lo ocupó Pisilli.
Cinco minutos después, Tchouaméni perdió un balón en una jugada que concluyó en gol de la Roma. Marcó De Roon. El esférico rozó en un jugador y despistó a Courtois.
Malen pudo aumentar la ventaja, pero el meta belga detuvo el balón con suspense arconadiano.
En esas, Mbappé agarró el balón y marcó un golazo desde fuera del área. Carlos Martínez no parecía muy contento con que el Madrid hubiese empatado tan rápido.
Probablemente se habría mostrado enfadado si Cucurella hubiese aprovechado la inmejorable ocasión que disfrutó. Chutó rozando el poste con Kylian solo en el otro lado.
El Madrid había reaccionado bien al gol local. A su vez, la Roma hacía mucho daño, especialmente por la banda Vini-Cucurella, porque solo defendía uno.
La última ocasión de los primeros 45 minutos fue para Bellingham. El inglés remató fuera por muy poco el pase atrás de Vinícius. El Real Madrid, sin centro del campo y con un juego clementino, pudo marcharse al descanso por delante en el marcador.
Mou permutó a Vini y Diomande en la segunda parte. Tal vez para detener la hemorragia de la herida del costado izquierdo. No funcionó.
El segundo de la Roma también llegó tras un error. Esta vez grotesco. El siete intentó un taconazo frívolo en el centro del campo, perdió el balón y 2-1. Vini no puede seguir viviendo de las rentas.
Los de Gasperini aprovecharon que no había nadie a los mandos para anotar el tercero.
Mourinho reaccionó tarde pero reaccionó. Se demoró casi 60 minutos en retirar del campo al 7 y sacar a Güler. También se marchó Dumfries y le relevó Endrick.
Este Madrid sin Arda ni siquiera se parece a una escuadra funcional.
En la primera que tocó Endrick creó una oportunidad partiendo desde la derecha. Poco después, Kylian gozó de otra que desbarató Gollini. La siguiente fue aún más clara, tanto que acabó en gol de Mbappé, pero lo anularon por fuera de juego.
El Madrid es capaz de remontar a cualquiera, incluso a sí mismo
En el 70', Bernardo sustituyó a Tchouaméni.
Los blancos habían reaccionado muy bien tras el 3-1. También es cierto que era muy difícil jugar peor que en el comienzo de la segunda mitad. También es cierto que habían salido Güler y Silva. Quizá es útil jugar con algún centrocampista creativo.
Endrick estaba firmando unos minutos gloriosos.
Mou se encomendó a Espí y a Carreras y retiró del campo a Diomande y Cucurella. El de Tavernes apenas necesitó un momento para anotar el 3-2. Si tuviera más galones sería inamovible del once.
Endrick no tardó en empatar el partido de cabeza a la salida de un córner botado, claro, por Güler. 3-3. El 9 era una bola de demolición con un reactor por piernas.
Bellingham a punto estuvo de anotar el 3-4, pero su cabezazo salió desviado levemente. A la siguiente, Antonio no perdonó. De nuevo tras otro saque de esquina otomano. 3-4 y Roma conquistada.
El Madrid había hecho méritos sobrados para perder y, sin embargo, terminó ganando de manera épica. El Madrid es capaz de remontar a cualquiera, incluso a sí mismo.
Hay que mejorar mucho y, mientras tanto, poner a Güler.
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El Real Madrid visita esta noche a la Roma en Champions. Para endulzar la espera, los amigos de fcQuiz nos han preparado ocho preguntas sobre el equipo italiano y sus vínculos con los blancos.
¿Te ves capaz de acertarlas todas?
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El fútbol, en su esencia más pura, es un juego de dinámicas, estados de ánimo y relatos. Existen momentos en la temporada de cualquier club en los que las ideas se nublan, las piernas pesan más de la cuenta y el entorno empieza a emitir un zumbido ensordecedor de crítica y duda. El Real Madrid, un club expuesto permanentemente al juicio sumarísimo de la opinión pública, se encuentra en una de esas encrucijadas donde el fútbol doméstico deja de ofrecer respuestas y se empieza a exigir, casi de manera fisiológica, un lavado de cara profundo. Un reseteo.
Cuando la rutina de la competición regular amenaza con desgastar el proyecto, el calendario futbolístico suele guardar un as bajo la manga, un mecanismo de emergencia capaz de alterar la realidad por completo. Para la entidad madridista, ese interruptor tiene un nombre propio e indiscutible: la UEFA Champions League.
Este miércoles el conjunto madrileño salta al césped del Estadio Olímpico de Roma. No es un partido más de la fase liga; es la oportunidad perfecta para activar ese cambio de chip tan reclamado por la afición y el cuerpo técnico. La Champions League actúa para el Real Madrid como un bálsamo purificador, un ecosistema donde las leyes de la gravedad de la temporada dejan de aplicarse y el equipo se transforma en una versión alpha de sí mismo.
La transición de la apatía a la competitividad extrema se produce de forma casi mística, y el escenario romano se presenta como el lienzo ideal para plasmar esta metamorfosis indispensable.
Para entender la necesidad de este reseteo, es obligatorio analizar la idiosincrasia del Real Madrid. La camiseta blanca arrastra una paradoja andante: es capaz de sestear en los campos más modestos de la Liga, contagiándose de un ritmo espeso y previsible, para luego exhibir una voracidad indomable en el Viejo Continente.
La Copa de Europa no es una competición cualquiera para este club; es su hábitat natural, su propiedad histórica y la razón de ser de su mitología. Cuando las cosas marchan mal a nivel interno, la Champions no se ve como una presión añadida, sino como un refugio. Es el diván donde el equipo se tumba para recordar quién es, qué ha hecho y de qué es capaz.
Por eso, el partido ante la Roma llega en el momento preciso. El vestuario necesita sacudirse el polvo de las últimas actuaciones, limpiar la mente de esquemas tácticos encorsetados y apelar a esa memoria genética que despierta de manera automática cada vez que se cruzan las fronteras españolas.
El cambio de mentalidad del que tanto se habla en los mentideros futbolísticos no es una cuestión meramente táctica, sino psicológica. El futbolista del Real Madrid experimenta una transfiguración cuando se calza las botas para una noche continental. El error se minimiza, la concentración se multiplica y el miedo escénico cambia de bando.
Este reseteo implica disipar las dudas del bloque, recuperar la solidez defensiva y, sobre todo, devolver la agresividad a un ataque que a veces peca de funcionarial. La Champions exige un ritmo más alto, transiciones más rápidas y una contundencia en las áreas que el Madrid suele encontrar gracias a esa aura de invencibilidad que maneja en Europa.
La Champions League actúa para el Real Madrid como un bálsamo purificador, un ecosistema donde las leyes de la gravedad de la temporada dejan de aplicarse y el equipo se transforma en una versión Alpha de sí mismo
Frente a la Roma de Gasperini es el día de demostrar que el bache es solo una anécdota en el camino y que la verdadera identidad del equipo aflora bajo los focos de las grandes noches.
El escenario de esta redención no podría ser más propicio. El Estadio Olímpico de Roma es un coliseo moderno impregnado de la solemnidad y la historia de la Ciudad Eterna. Jugar en Roma siempre rodea al fútbol de una atmósfera especial, un misticismo que conecta el esfuerzo de los atletas con el pasado imperial de la urbe. El Olímpico, con su imponente pista de atletismo que aleja las gradas, pero no mitiga el rugido de la 'curva' romana, es un estadio que impone respeto. Es un territorio hostil pero noble, un lugar donde se respira fútbol de alta alcurnia.
Para el Real Madrid, enfrentarse a la Roma en su propio feudo es el tipo de desafío que espolea el orgullo. Ganar en plazas así otorga un prestigio que va más allá de los tres puntos; supone dar un golpe sobre la mesa y enviar un mensaje de autoridad a todo el continente.
Los jugadores blancos saben que el Olímpico no perdona la debilidad, y esa misma exigencia es la que les obligará a ofrecer su mejor versión, propiciando el lavado de cara que el proyecto necesita con urgencia.
Existe un instante preciso donde toda esta narrativa cobra sentido. Un momento mágico que dura apenas unos minutos pero que tiene el poder de transformar la energía de los once futbolistas que visten de blanco. Ocurre cuando los equipos forman en el centro del campo, las cámaras se pasean ante los rostros concentrados de los protagonistas y, de repente, explota por la megafonía el himno de la Champions League.
Cuando suena ese himno, el Real Madrid experimenta una catarsis colectiva. Los rostros cansados se tensan, las dudas acumuladas durante la temporada se suelen evaporar y los jugadores se convencen de que el trofeo les pertenece por derecho dinástico.
El himno de la Champions provoca en el Madrid el mismo efecto que el toque de corneta en un ejército veterano: es la orden de ataque, la señal de que ha llegado su hora. Es en ese preciso segundo cuando el lavado de cara se completa y el equipo salta al césped despojado de cualquier fantasma del pasado reciente.
El partido de hoy ante la Roma debe ser el punto de inflexión de la temporada. El Real Madrid tiene ante sí la oportunidad de demostrar que su idilio con la Copa de Europa sigue intacto y que no hay dudas lo suficientemente profundas que el aroma de las noches continentales no pueda curar.
El Olímpico de Roma aguarda como el examen definitivo, el teatro ideal para que el conjunto entrenado por un ex del equipo capitalino, José Mourinho, se reconcilie con su fútbol, con sus sensaciones y con su historia.
La Champions League vuelve a salir al rescate del transatlántico madridista, ofreciendo el escenario perfecto para un reseteo que limpie la mirada del equipo y le devuelva el brillo de los campeones. Cuando el balón ruede en la capital italiana y la melodía más famosa del fútbol mundial haya terminado de resonar, el Madrid volverá a ser el Madrid, dispuesto a reclamar el trono que considera suyo.
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El otro día tuve un sueño. En realidad, se trataba de una pesadilla: caminaba por una calle de aspecto más bien sórdido, un arrabal suburbano lleno de gente malencarada. Llevaba yo mi reloj del Madrid, un Viceroy edición Centenario que me regalaron mis padres al final de aquel verano y que por eso me hace especial ilusión. En el sueño, hombres que Pío Baroja llamaría pejes (hombres astutos, de mala traza, es una pena que se pierdan palabras hermosas y que la lengua, al fin, se empobrezca tanto) se me acercaban con la mirada ávida y, naturalmente, aviesas intenciones. Uno de ellos se me abalanzaba y echaba mano a la muñeca, con la idea de quitarme el reloj. Yo conseguía escapar y, acto seguido, me metía el Viceroy en el bolsillo.
Al despertar, intenté darle un sentido a la pesadilla y me pareció evidente, al cabo, que el reloj no era más que un símbolo: que lo que me da miedo, un miedo cerval, es perder mi amor por el Madrid. Amor o interés, en esencia es lo mismo: las ganas de verlo ya no las tengo, y es razonable pensar que ese es el primer paso para acabar en la indiferencia.
Lo que me da miedo, un miedo cerval, es perder mi amor por el Madrid
Y eso, ciertamente, no puede ser. Porque el amor por el Madrid es un vestigio de mi infancia, la parte de mí no corrompida por el mundo ni estropeada por el aburrimiento y la vejez. Es la hora, pues, de hacer un esfuerzo. Todo no es malo ni puede serlo, por más que el primer equipo del Real Madrid me parezca una cosa amorfa, triste y sin alma, con problemas ya cronificados que se arrastran desde hace tres temporadas.
En el Madrid de Mourinho también juega Arda Güler. Ahora mismo, Güler es quien acredita que se pague una entrada para ver jugar a los de blanco, el único futbolista a la altura de lo que merece esa camiseta. Que no es sólo esfuerzo sino, sobre todo, talento.
El talento del turco es, esta temporada, un grifo abierto por el que salen a chorros la leche y la miel de las leyendas musulmanas que se contaban, antaño, los hombres del desierto. En las noches oscuras y frías, los beduinos soñaban con vergeles infinitos: esa es la zurda de Arda Güler, un jugador que está confirmando su eclosión a la grandeza en Múnich, aquella negra noche de la última primavera. El Madrid perdió ese partido y esa eliminatoria y sin embargo ganó un jerarca, otro Modric. Ganó la posibilidad de un jefe, de un playmaker y eso es lo que este equipo necesita como el comer, alguien que lo mueva con sentido, un diferencial que haga competir en serio a sus hombres de ataque.
El otro brotecillo de esperanza es Bernardo Silva, o más bien su ausencia: alguien debería preguntarle a Mourinho si está para jugar o no, supongo que si no lo pone más es porque al irse del City Bernardo perdió la cualidad keniata, maratoniana y hercúlea (jeje) que tenían allí los superhombres de Guardiola. Es verdad que Bernardo parece mayor de lo que es, su porte es enteco y tiene un color y un pelo como de preenfermedad. Pero que no juegue significa que algún día podrá jugar, es decir, que existe la posibilidad, más o menos cercana, de que el centro del campo del Madrid deje de consistir en la Serrería Valverde & Tchouaméni. Está visto y comprobado que en cuanto sale alguien con hechuras de mediocentro y Valverde sube un escalón su posición en el campo, el Madrid gana toda la verticalidad y la fuerza que el uruguayo es capaz de aportar más adelante, como box-to-box. Que es su naturaleza.
Lo que queda de rebeldía en el Madrid, el único espíritu de subversión contra la inmensa pantomima que es el fútbol español, es Mourinho. Y eso no es un brotecillo, sino un brote verde magnífico
Ver correr a Mourinho el otro día, cuando marcó Vinicius su no-gol, dio alipori al principio. El Mou de la primera etapa se tiraba al suelo para festejar un gol en el último minuto o se subía en lo alto de Callejón a lo borriquito, agitando imperial su dedo índice, diciendo yo soy el mejor, el número uno. El Mou de ahora trota descompuesto como un abuelillo en el parque a que Vinicius no se enfade, a demostrarle su afecto aunque lo dejara en el banquillo. No obstante, con toda la diferencia entre una cosa y la otra, Mou está vivo y quiere triunfar. Se agarra a la fe y a la esperanza un poco como nosotros, consciente de que no hay muchas más oportunidades y de que tiene que poner de su parte. Ese es el principio de algo, desde luego que para conseguir algo bueno lo primero de todo es creer que se puede conseguir.
Luego no salió a dar la rueda de prensa y confirmó que lo que queda de rebeldía en el Madrid, el único espíritu de subversión contra la inmensa pantomima que es el fútbol español, es él. Y eso no es un brotecillo, sino un brote verde magnífico, una nueva primavera aunque sea en otoño: Mou caerá, pero antes dará la batalla.
Con eso, de momento, es suficiente para recuperar la buena cara y sentarse a ver el Madrid en Roma, en la vieja y hermosa Copa de Europa.
Buenos días. Hoy toca Champions. El Madrid y Mou regresan al Olímpico de Roma para buscar la segunda victoria en la competición. Alberto Cosín nos alerta sobre las fortalezas y debilidades del equipo de Gasperini en su previa.
Las portadas del día vienen en su línea. Es decir, poco interesantes.
Sport habla del «partidazo» del Barça ante el Galatasaray. Los de Flick se llevaron el duelo de corruptos por 1-4. No hay mención alguna en el diario culé al 0-2 anulado a los turcos, a la posición adelantada de Gordon en el empate de Cancelo o a la acción sin castigo de Fermín. Lo de la venda en los ojos es habitual.
Los futbolistas del Barcelona, sin embargo, prefieren llevar las vendas en las muñecas.
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— Holden (@Holden66666) October 13, 2026
Las primeras planas del diario de Godó, grande de España, y de la hora parroquial de Tebas parecen hoy el programa de un crucero de garrafón: baño turco y fiestón.
Mundo Deportivo habla de «Examen europeo a Mourinho y al juego de un Madrid crispado». Crispado. Bien. Al parecer, la única manera de alcanzar la paz en el fútbol español —según sus hedientes próceres y sus respectivos mamporreros— es agradecer al colectivo arbitral el acoso constante, abrazar y besar a los rivales cuando cazan a Vini o a Güler, alegrarse cuando el VAR actúa para revertir la decisión tomada por el colegiado cuando esta no perjudica al Madrid, etc.
La Liga es una enfermedad profesional y la Champions puede servir como una suerte de fisioterapeuta ocasional. Habría que hablar, eso sí, con el fisio del Barça para que nos explicara lo de las vendas, tal vez nos sirva para competir de manera menos desequilibrada.
Si la Liga es una enfermedad, sus medios son los vectores de contagio. En Marca podemos leer: «Ataque frontal de Mou al "caso Negreira"». Son peculiares, ¿verdad? Especiales.
Para los de Gallardo, denunciar la corrupción constituye un ataque frontal. Sin embargo, lustros de pagos del FC Barcelona al vicepresidente de los árbitros son, simplemente, el «caso Negreira». Sin mencionar al club de Laporta ni ahondar más.
Esta mención marquista viene a cuento de lo que Mou declaró ayer ante las cámaras de Prime Video Italia sobre el asunto Barça-Negreira que «si no pasa nada es quizás el escándalo más grande de corrupción en el arbitraje mundial». Lo que llevamos manteniendo «cuatro crispados» desde que conocimos los hechos, las facturas en poder de Hacienda.
#PrimeVideoItalia Mourinho: “Enhorabuena a los italianos, ¿sabes por qué? Porque es el único país donde el Calciopoli ha sido Calciopoli… En España, lo que ha pasado, y todos saben lo que ha pasado, y parece que todavía... no se respira muy bien. Hasta ahora no ha pasado nada. No ha pasado nada… Si no pasa nada, es quizás el escándalo de corrupción arbitral más grande del mundo”.
— Fútbolgate.com (@futbolgate_ES) October 13, 2026
El portugués también felicitó a los italianos porque su país es el único donde el Calciopoli ha sido el Calciopoli. Continuó: «En España, lo que ha pasado, y todos saben lo que ha pasado, y parece que todavía no se respira muy bien. Hasta ahora no ha pasado nada».
En Italia sancionaron a los corruptos, se preocuparon por preservar el buen nombre de su competición y de su arbitraje. Aquí, Negreira era un florero.
Recientemente, el excolegiado Tristante Oliva le contó a Roncero en As que «Negreira pintaba y mucho; claro que tenía poder». El exárbitro explica que Enríquez Negreira intervenía en la comunicación de las clasificaciones arbitrales y relata cómo funcionaba el conocido como índice corruptor, que permitía ascender o descender con independencia del mérito de cada uno.
En la rueda de prensa previa al partido de Champions de hoy, el entrenador del Real Madrid aludió a las designaciones arbitrales. Señaló que lo que le producía cierta extrañeza es «cuando por norma se dice que sale el nombre del árbitro 24 horas antes de partido y al final se sabe con tres semanas de antelación. Este es el único tipo de cosa que no me hace sentirme cómodo».
No nos extraña, la verdad. El árbitro del Metropolitano, Ortiz Arias, se conoció cinco días antes del derbi. El del encuentro contra el Barça trascendió 18 días antes.
Contra el Atleti, el equipo de arbitraje sincronizado perdonó varias tarjetas a Baena por zurrar a Güler, mostró amarilla a Jude por recibir un pisotón del Cuti en la rodilla (cuando vio la jugada en el VAR no expulsó al rojiblanco), Kang-in Lee le descuajaringó el tobillo a Valverde sin tomar el camino de los vestuarios, pitó penalti y expulsó a Huijsen por lo mismo que no se señaló nada a Rodri contra el Valencia. Entre otras maravillas.
No es necesario nada más que hacer una simple regla de tres para prever lo que sucederá en el Camp Nou. Quedémonos solo con las expulsiones perdonadas al rival. Si cinco días de antelación sirvieron para perdonar tres expulsiones al Atlético, dieciocho días deberían servir para perdonarle 10,8 al Barcelona.
Redondeando, once. Todo el equipo podrá repartir leña impunemente durante el partido —¿novedad—. Sale a cuenta no presentarse. O ir, darle la mano al negreiro y marcharse, como hizo Guardiola —ya apuntaba maneras cuando jugaba en el equipo de su city— en sus tiempos de capitán. Evitaríamos cansancio o que alguien pudiera cargarse a Güler. Además, daríamos visibilidad mundial al acoso que sufre el Real Madrid.
No olvidemos que al Real Madrid le pitan colegiados que le han denunciado. No es raro, estamos hablando de «quizás el escándalo más grande de corrupción en el arbitraje mundial»
Pasad un buen día.