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Carta abierta a un amigo indepe del Girona

Carta abierta a un amigo indepe del Girona

Escrito por: Antonio Valderrama25 octubre, 2017
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Querido aficionado del Girona indepe:

He visto hoy en la prensa, en concreto en El Español (¡vaya nombre!) que el Madrid, como es habitual en sus desplazamientos a Cataluña (lo desconocía, como también, me han dicho, ocurre en el País Vasco) ha decidido no utilizar su autobús y moverse por la ciudad de Girona en otro más, digamos, discreto. Uno que no sea blanco y que no ponga Real Madrid, resumiendo. Por prudencia, aconseja la policía. Que no está el horno para bollos, etcétera. Por eso te escribo hoy, querido amigo y compañero.

En primer lugar quiero empezar pidiéndote perdón por la osadía de ponerme a escribirte. De dirigirme a ti, vaya. He de comenzar así, naturalmente, por mi condición de madridista, es decir, de fascista y de neoliberal, que viene a ser lo mismo. Robarte unos minutos con este texto (a falta de que se juegue el partido y te robe los tres puntos, siento decírtelo: ¡no lo podré evitar, es mi naturaleza colonialista!) es una verdadera audacia. Has de entenderme y dispensarme, siendo como soy súbdito y seguidor de una banda de cuatreros imperialistas en cuyo nombre está el de la capital de un Estado autocrático despreciable. ¡Ya es ser descarado! Pero te pido, por favor, que no te vayas todavía. Que sigas leyéndome.

Verdaderamente, comprendo vuestro dolor. Por qué no decirlo, vuestra muy justificada indignación. ¡Verse obligado a recibir al mismísimo fascio en ese entrañable Montilivi! Y no sólo recibirle, sino ofrecerle las mínimas cortesías que obligan a todo anfitrión para con su huésped. Qué atrocidad. Con razón vuestros colegas barcelonistas nos llaman El Maligno. Así, con las mayúsculas. Quisiera, antes de que se me olvide, disculparme también ante ti (ruego me pases por alto el tuteo; considéralo una señal de humildad hacia tu catalanísima excelencia personal) también por obligarte al execrable peaje de leerme en español. Lo sé. Lo entiendo. Es una lengua vulgar, propia de campesinos, de fámulos y villanos. De gente que vive en arrabales y sitios así. Y lo peor: una lengua de repugnantes explotadores bajitos y africanos que huelen a ajo y vienen de la meseta. Me martiriza especialmente que este texto, por largo y barroco que yo lo quiera hacer, nunca tendrá la melodía francófona del catalán, tan fenicio y dorado por el sol del Mediterráneo. Pero es lo único que tengo, pues así de desgraciado me ha hecho el destino.

Me haría catalán si pudiera, puedes creerme. Por supuesto, sería un catalán indepe. ¿Se puede ser, acaso, otra cosa más excitante en estos tiempos tan aburridos y monótonos del postmodernismo? Me haría también del Barcelona, no te quepa ninguna duda. Y del Girona, obviamente. Y de cualquier otro club catalán que no sea, puedes tranquilizarte a ese respecto, el Español. De ese no me haría. Pero admito que me ha cogido viejo todo esto, y además vivo lejos. Puedes, sin embargo, considerarme un camarada espiritual, un compañero de lucha, a falta de algo mejor.

De ser madridista tampoco puedo quitarme. Piensa en ello, ¡son casi 30 años! Y es una cosa heredada de la familia, ya sabes. De las pocas que me van a quedar. Eso se te queda pegado al corazoncito, y de ahí no se va ni con agua caliente. ¡Todos tenemos un corazoncito, aunque seamos unos rancios españolazos! Tú de sentimientos entiendes, por eos apelo a tu veteranía en este campo. ¡Ninguna ley por encima de un sentimiento, como dice Guardiola! Pero si pudiese nacer mañana, me haría catalán. Catalán indepe, culé y del Girona, para fer país como decís ahí. No sabes cómo me gustaría desprenderme también de este individualismo españolísimo y carca que llevo encima como una alforja apestosa, residuo sin duda de siglos de deplorable atraso cultural. ¡Ojalá el Madrid también hiciera huelgas como un puño apretado latiendo por el país!

Como madridista, me disculpo además por tener que recibir a mi equipo el domingo. Vamos a ir allí, con nuestra ignominiosa camiseta blanca y nuestra intolerable prepotencia hispánica a mancillar vuestro sagrado santuario de prístina tierra catalana. Tengo que reconocerlo, la visión es espantosa, y me duele hasta a mí. Habrás notado, en cambio, que escribo Girona y no Gerona: soy un cabrón franquista pero de baja intensidad, digamos. Si me permites la comparación histórica, soy un Cabanellas en la escala de bellaquería fascista, pero no un Millán Astray. Como cantaba Camarón, querido amigo indepe del Girona (y perdón otra vez por citarte a un gitano, que están revelándose todos como conspicuos españolazos), los habemos malos y los habemos buenos, y también todos somos cristianos.

Es totalmente inadmisible que un autobús completamente blanco, con nuestro chulesco escudo y nuestro diabólico nombre pintarrajeados a tamaño gigante en los lados y las ventanas, se pasee por las calles de vuestra adorable ciudad. Molestando encima la vista y la conciencia de la buena gente indepe de Girona. ¡Imagínate que por manos del demonio pasa por delante de algún niño! Puro terrorismo estético y cultural, intolerable en una sociedad abierta y respetuosa con la pluralidad como la catalana. Hace bien mi club en usar autobuses discretos y que no sean reconocibles. Es más, ¡deberían ir andando, los sinvergüenzas! Has de perdonarlos, a los chavales: de algo hay que vivir y el dinero del Madrid, aunque sea sucio y mangado con sangre de las manos de las tribus mexicas a las que conquistó Hernán Cortés, compra el mismo pan que cualquier otro dinero. Pero no conviene ablandarse: los haría ir andando y sometidos a la gallarda crítica y al muy noble y cívico afeamiento de la conducta por parte de cuanto indepe del Girona lo tuviera a bien.

Por mí, si yo mandara algo, ese partido ni lo jugábamos. ¡Jugar un partido de fútbol de mierda con lo que estáis sufriendo como pueblo! Me hago cargo: sois como el equipo de Stallone y Pelé en Evasión o Victoria y nosotros, claro, el equipo de los nazis. Prometo ponerme a llorar como un niño si os atrevéis valerosamente a entonar Els Segadors como una sola voz, en mitad del partido. Ojalá, ojalá, te digo, no haya ninguna horrenda camiseta blanca rompiendo la bella y espontánea uniformidad con que los indepes catalanes a menudo coloreáis las gradas de los estadios, en homérico desafío del orden social y económico vigente en esta nación de naciones y cárcel de pueblos que aún conserva el apolillado nombre de España.

Pero lo que de verdad deseo, de corazón, más aún que tu felicidad y la de los tuyos mi querido amigo indepe del Girona, es que nunca más tengáis que soportar la inmunda bajeza de mediros, vosotros, un club de democratísimo abolengo catalán, con un club obscenamente insolidario y capitalista como el mío. Como algo he aprendido a conocerte, sé que sólo así respirarás aliviado, tanto tú como tu descendencia, y seréis plenamente felices para siempre. Y que a nuestra deseable disolución le siga una justa redistribución de cuanta chatarra amontonamos en el Beranbéu en forma de Ligas y Copas de Europa, fruto de siglos de expolio y saqueo a los pueblos originales del mundo. Y que os toque, claro, algo. Una Supercopa de Europa aunque sea. Qué menos.

Antonio Valderrama
Madridista de infantería. Practico el anarcomadridismo en mis horas de esparcimiento. Soy el central al que siempre mandan a rematar melones en los descuentos. En Twitter podrán encontrarme como @fantantonio