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C.S. Lewis responde a Fantantonio

C.S. Lewis responde a Fantantonio

Escrito por: Jesús Bengoechea28 noviembre, 2015
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En un artículo magistralmente escrito, como todos los que nos regala, Antonio Valderrama (Fantantonio) ha trazado una semblanza devastadora de la actualidad del Real Madrid que es intachable punto por punto en su aspecto descriptivo, pero a la hora de rematar con conclusiones hace abstracción precisamente de la materia de la cual trata. Qué acertadas serían dichas conclusiones si el artículo tratase de cualquier otro club que no fuese precisamente el Real Madrid.

Tras un recorrido de atinada crudeza por el palmarés reciente del Madrid comparado con el del máximo rival, Fantantonio atribuye sobre todo esta decepción a la falta de competitividad de la plantilla, y asegura que los vicios adquiridos “durante todo un lustro” por determinados pesos pesados del equipo –a los que cita- “no tienen arreglo sencillo”, para finalizar aseverando que “el vestuario no está a la altura, ni volverá a estarlo si sus caudillos siguen siendo los mismos que llevan perdiendo toda una vida”.

Aplaudo sin reservas la falta de tapujos de nuestro columnista en su exposición de motivos, pero pongo en duda su asertividad final. Aunque es más fácil el que ese vestuario no vuelva a estar a la altura que el que vuelva a estarlo, no es imposible que recapacite y tome la senda de la “inteligencia competitiva”. Pero voy a ir más allá, y es aquí donde mis opiniones pueden mover a algún escándalo. A lo mejor no hace falta que el vestuario tome esa senda. A lo mejor no hace falta que el vestuario esté a la altura.

Desde que tengo uso de razón futbolística, el vestuario del Real Madrid ha estado compuesto por un puñado de niñatos consentidos. ¿Estoy aludiendo sarcásticamente a la prensa de antaño –y de ahora- dando a entender que tal cosa es solo el modo en que la canallesca les retrataba? También, pero no. Quiero decir precia y exactamente eso: que eran vestuarios compuesto mayoritariamente por niñatos consentidos, ni más ni menos.

La honda frase de CS Lewis, según la cual “El dolor de mañana forma parte de la felicidad de hoy”, es cierta para todo en la vida, pero muy especialmente para el Real Madrid, donde los matices temporales se difuminan. Se puede decir también que el dolor de ayer forma parte de la euforia de hoy, y así las míticas remontadas europeas de los ochenta empezaban cuando el Borussia nos infringía un lacerante 5-1 que, os aseguro, solo podía tener lugar porque aquella plantilla cuajada de leyendas hacía gala de la misma falta de concentración e “inteligencia competitiva” (me gusta el término de Fantan) que la actual. Si había que remontar era porque en la ida se había encajado un resultado sonrojante que había sido fruto, no lo dudéis, de una desidia mayúscula que a su vez reflejaba un comportamiento con frecuencia indolente. La segunda liga de Capello es la favorita de todo el mundo con quien hablo, y se logró después de que nuestros héroes firmaran desaguisados como un 0-3 en casa ante el Recreativo de Huelva que no fue consecuencia, os lo aseguro también, de  un estudio concienzudo del rival, tres meses seguidos de abstinencias nocturnas e IQ competitivo hasta las trancas. La Novena la logra un equipo al que le metían cinco cada vez que subía hacia el noroeste, norde o nordeste de la Península (daba igual), y si se los metían pese a contar en sus filas con estrellas de relumbrón es porque su actitud dejaba, como la del equipo actual, bastante que desear en ocasiones… pero ganó la Novena.

cs lewis

En el Madrid, a veces, el desastre de hoy forma parte de la gloria de ayer pero también de la gloria de hoy mismo. ¿Quiero decir con esto que lo que al Madrid le conviene es un vestuario aburguesado y/o de papel couché, un vestuario completamente ajeno a una dinámica obsesiva para con el éxito? Obviamente no. Tendremos más opciones de conseguir las metas deportivas que todos ansiamos con un vestuario comprometido que con uno donde prevalecen los egos y reina la búsqueda de un discreto acomodo. Pero lo cierto, quiérase o no, es que algunas de las mayores glorias deportivas de la era contemporánea del club (y optimistamente llamo “contemporáneo” a todo lo que yo he visto) se han llevado a cabo, de hecho, con plantillas de discutibilísimos hábitos de trabajo diario.  Eso, en cualquier otro club, es un pasaporte directo y seguro a la ruina. En el Madrid puede serlo, pero también puede no serlo. El Madrid es el equipo de Dios porque algunas de sus hazañas más memorables se escriben derechas con renglones torcidos.

En definitiva, y si me perdonáis la boutade, el Madrid no necesita que las cosas vayan bien para que vayan bien las cosas. Le conviene, pero no es condición sine qua non. Claro que hay que aspirar a la eficiencia y la máxima profesionalidad. Claro que los éxitos serán más probables si se aplica una cultura de obsesión por el trabajo bien hecho. Claro que todo será más fácil si las cosas se hacen adecuadamente, pero el Madrid es distinto en eso, como casi en todo lo demás: se maneja bien en un ambiente de desidia no descarada o de desatada turbulencia, según toque y si se nos perdona la aliteración.

Eso de depender de un caldo de cultivo intachable para que las cosas funcionen se lo dejamos al Barça, club hasta cuyas más bellas y legendarias victorias están completamente desprovistas del menor carisma. Mira qué bien se la pasa este al otro y mira qué golazo han metido entre los dos. Vale, ahora dime cuántas veces han desahuciado al del pase por herniado y al del gol por su season ticket en el Buddha, felizmente traído a colación ayer por Jorgeneo.

Es posible, como aventura Fantantonio, que esta plantilla esté abocada a dar vueltas en el sumidero de los egos y el desapego. Incluso si es el caso, su éxito no es imposible, ni aun el más rotundo. Si al Madrid no se le puede descartar nunca para ganarlo todo no es porque todo lo haga siempre bien, sino a veces, en un sentido cósmico, por todo lo contrario.

Si el dolor de mañana forma parte de la felicidad de hoy, el dolor de hoy forma parte de la felicidad de ayer. En otras palabras, toda esta mierda que a esta hora aún deglutimos constituye parcialmente la gloria del 24 de mayo de 2014 en Lisboa. Asumidla y rezad porque a su vez conforme, también, el fervor de gestas futuras.

Editor de La Galerna (@lagalerna_). @jesusbengoechea

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