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Brahim, Apichat... y Pong

Brahim, Apichat... y Pong

Escrito por: Mario De Las Heras9 enero, 2019
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Hay muchos aficionados a los que les molesta que se haya fichado a Brahim Díaz. Brahim Díaz es un desconocido. Blanche Dubois siempre confiaba en la bondad de los desconocidos y acabó loca, pero no por esa confianza. Hay locos y otras cosas que no confían en nada. El madridismo, esa época de la Prehistoria, ese dinosaurio aún vivo, está llena de ellos. El berrinche por Brahim es una repetición en el tiempo. Alguien tiene que enfadarse regularmente desde la Edad de Piedra. Que Brahim no se lo tome en serio porque a los enfadicas se les espera. Se enfadan con el Madrid que es como enfadarse con la vida, con su vida.

Muchos enfadicas severos llevan intentando enfadarse (y consiguiéndolo) los tres últimos años de Imperio en Europa. Ahora, al fin, pueden enfadarse sin rebuscar demasiado. Aunque se pasan. Siempre se pasan. Pobre Brahim. Pero Brahim no tiene la culpa, como tampoco Apichatpong. A Apichatpong lo trajo un día Nacho Faerna a la redacción de La Galerna a propósito de una conversación informal sobre el affaire (vamos a llamarlo así) de cierto personaje, personalidad más bien, cuya sórdida filmación él achacaba con humor al cineasta tailandés, ganador de la Palma de Oro en Cannes en 2010 por su película ‘El tío Boonmee que recuerda sus vidas pasadas’, título sin duda prometedor de inolvidable tostón.

Nacho dice que lo único divertido de Apichatpong es su nombre (Weerasethakul es su apellido), que yo imagino tan divertido como enfadarse porque el Madrid ficha a Brahim Díaz por unos pocos millones. Algunos ocultan su disgusto con ironía, o sucedáneos de ironía de mayor o menor éxito, y con sentencias. Sentencias que luego escurren hasta que no les debe de quedar nada en la toalla, reseca de peroratas.

Apichatpong es un nombre sicalíptico muy apropiado para la película rijosa que Nacho le atribuía, y a mí me parece que Brahim es otro nombre sicalíptico para esta película madridista que quieren hacer rijosa y que tantos se atribuyen como si la hubieran escrito hace años, cuando el Madrid era una y otra vez campeón de Europa y de casi todo y lo sigue siendo.

Hay algunos que no sabemos leer los signos y luego nos pilla la realidad de improviso, como celebrando ser aficionado del mejor equipo del mundo. Esos Budd Schulbergs del madridismo llevan años diciéndonos que más dura será la caída, muy enfadados. Ellos quieren figuritas, o dicen querer figuritas para dejar de enfadarse (los imagino como a mi hija cruzando los brazos y sacando el labio inferior hacia afuera, pero más feos) y no hay nada que les pueda hacer más daño, parece ser, que les traigan al joven y desconocido Brahim.

Se les puede ver y oír pataleando todo el rato apoyados (yo diría que solazados) por el mal momento del equipo. Yo, que no sé apenas nada de fútbol, sí estoy ilusionado con el pequeño Brahim, como con todos los demás pequeños (el Madrid parece el nido esperanzador, lleno de nuevas vidas, de una maternidad), y también contento por el refunfuñar (muchas veces cosas peores) del personal, como si les hubieran pillado in fraganti en actitud comprometida y el divertidísimo Apichatpong los filmara. Un Apichatpong como Brahim Díaz retratándoles para su película, esta vez sí, rijosa, a la divertida señal de: ¡Apichat!... y luego “pong”.

Ha trabajado en Marca y colaborado en revistas como Jot Down o Leer, entre otras. Escribe columnas de actualidad en Frontera D. Sobre el Real Madrid ha publicado sus artículos en El Minuto 7, Madrid Sports, Meritocracia Blanca y ahora en La Galerna.

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