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¿Alguien ha dicho Jehová?

¿Alguien ha dicho Jehová?

Escrito por: Mario De Las Heras26 enero, 2017
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Yo ayer me imaginaba que estaba asistiendo a la partida de un videojuego de marcianos. Una partida de videojuego de marcianos sádica, donde el Madrid (con su uniforme de Tron) era el marciano al que había no que eliminar sino desintegrar. El fútbol, el juego, era sólo lo que ocurría en una pequeña pantalla alrededor de la cual se organizaba la partida. Una partida de caza que va intensificándose peligrosamente hasta acabar en una carnicería como en aquella película de Carlos Saura.

No voy a escribir del juego porque fue lo de menos. Lo importante aquí es la imagen, como decía el anuncio de Canon de André Agassi. El Madrid es un sol y alrededor de él giran los planetas traidores en un contubernio conspirador a partir del cual se ceban disparándole rayos láser. Había un cylon ayer de los de Galáctica ¿se acuerdan de Galáctica? a los mandos de la nave principal.

El cylon se declaraba hace poco no español, de ahí, quizá, que no supiese hablarlo (el idioma), y que no le diese tiempo a transmitir el encuentro a tiempo real, ni de acordarse de los nombres de los jugadores, ni de alcanzar a describir la más mínima porción de realidad mientras entre lance y lance, entre calçot y calçot (debían de estar cenando con las manos, con el babero puesto, al mismo tiempo que pulsaban compulsivamente el botón de disparar), le servía escalibada a De la Red, que la engullía sin rechistar.

Para el recuerdo quedará esta transmisión histórica, esta partida histórica donde por primera vez salpicaba la sangre blanca y morada las paredes de la cabina en medio de una orgía antimadridista de proporciones siderales. Yo me preguntaba qué hace el madridismo para combatir esta explosión de violencia injustificada, y la primera respuesta que se me presentó fue la de que el madridismo hace lo de siempre: sumarse consciente e inconscientemente a la lapidación de los Monty Phyton gritando sin cesar: "¡Jehová!".


El madridista contribuyente, el madridista mirón, sólo despotrica de sus jugadores, de su club, echando carne a la máquina de picar, mientras el anti se propasa delante de sus ojos. El madridista contribuyente, el madridista mirón, en estos tiempos de locura, en esta ola de locura, no parece madridista sino napolitano, como decía Camba, con la puerta de la calle abierta de par en par. El madridismo debe de ser la única afición del mundo que deja abierta la puerta de la casa para que entre todo el mundo y haga en ella lo que quiera.

Hoy huele a orines de intrusos y golfos en la entrada y allí dentro están todos esos madridistas, absortos en sus miedos y enfrascados en sus cuitas, desesperados por lanzar a los cuatro vientos sus comezones, ocupados en que no se despierte el bambino y encargados de que no se pasen los tagliateli, muy napolitanos ellos.

Ese madridismo vive al aire libre, casi desnudo, y en esa confusión se camuflan, se infiltran individuos como, por ejemplo, ese tal Ernest Folch, acreditado portavoz y cómico del odio y del resentimiento, fanático del barcelonismo e invitado a una tertulia sobre un encuentro entre el Real Madrid y el Celta de Vigo, imagino que sólo porque tiene un látigo y unas esposas.

El Madrid está eliminado de la Copa del Rey y yo digo, entre esta absurda y aparente desesperación madridista, en medio de este dramatismo de cine mudo, y entre esa barbarie enemiga y hostil ¿enemiga y hostil?, ¿qué es esto, una depuración?, que hay que hacer un ejercicio definitivo de contención. Hay que contenerse como Yves Montand, que siempre llevaba corbata y sombrero y fumaba lento.

Yo apuesto por la concentración y el sufrimiento íntimo. Hay que cerrar esas puertas y defender el castillo. Sufrir en silencio intramuros y no en la calle mientras una niña con andrajos le peina a otra con un peine roto la cabellera negra más hermosa de la tierra. Porque Danilo no es el Jonás de este barco y porque Benzema es un jugador desesperante pero también maravilloso.

Porque el planteamiento de Zidane fue una demostración de audacia, como reconoció el amable, el elegante Berizzo (el hermano futbolista de Ariel Roth) y porque el Madrid ayer era el resto de un naufragio sin el palo mayor de Modric, sin el timón de Marcelo, sin los cañones de Bale y sin las velas de Carvajal con el que se hizo lo que se pudo, que fue casi pasar, incluso merecer pasar ante un Celta notable pero no sobresaliente como trataba de expresar la locución marciana, lo dijo Zizú con su sonrisa de guardián descreído de todo el rencor de este mundo.

Ha trabajado en Marca y colaborado en revistas como Jot Down o Leer, entre otras. Escribe columnas de actualidad en Frontera D. Sobre el Real Madrid ha publicado sus artículos en El Minuto 7, Madrid Sports, Meritocracia Blanca y ahora en La Galerna.

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