Si la prensa deportiva y los opinadores de redes sociales que mayoritariamente sufrimos no son capaces de entrever la trascendencia de la decisión anunciada ayer por el Real Madrid, cabrá concluir que los acontecimientos más cruciales son susceptibles de pasar ante sus narices sin apenas ser advertidos. Sí hay madridistas que son capaces de advertir pero no son capaces de celebrar, entonces el problema es otro.
En su próxima Asamblea Ordinaria, el día 21 de este mes, el Real Madrid propondrá a sus socios representantes la integración de Rafael Nadal en la junta directiva del club. Malicio que los socios representantes van a decir que sí. Tengo el honor de pertenecer a ese grupo, y no descarto votar a favor de la iniciativa si Florentino es lo suficientemente persuasivo.
Bromas aparte, no concibo que el resultado no sea una abrumadora victoria del voto favorable a la medida. Va a ser una jornada festiva. Podemos estar hablando de la más atinada, trascendente, sabia, valiente y astuta decisión de todas las que ha tomado Florentino al frente del Real Madrid. Y ha tomado unas cuantas.
El Real Madrid se encuentra en el umbral de una nueva fase de su historia. Los desafíos para el futuro próximo son mayúsculos. Los socios, por ejemplo, tendrán que decidir si quieren alterar la estructura de propiedad del club. Caso de decidir que están abiertos a ese cambio, que permitiría tanto reforzar la posición competitiva del club como dotar de un sentido financiero la titularidad de propiedad por parte del socio, tendrán que decidir en qué medida, de qué modo, con qué restricciones y con qué garantías.
Podemos estar hablando de la más atinada, trascendente, sabia, valiente y astuta decisión de todas las que ha tomado Florentino al frente del Real Madrid. Y ha tomado unas cuantas
El club está, asimismo, envuelto en la tarea de cambiar el fútbol tal como lo conocemos, ni más ni menos, adaptándolo a los nuevos tiempos para que la tecnología permita llevarlo a través de streaming a las pantallas situadas en los lugares más inhóspitos, con la ingente generación de ingresos que supone un mercado universal. A este efecto, de igual a igual, el Madrid está sentado junto a UEFA en la mesa de negociación, con el poder que le confiere la sentencia del TJUE que consagra la libertad de los clubes para formar las competiciones que estimen oportunas, dentro o fuera del control de la propia UEFA. Esa sentencia del TJUE, aunque ignorada o minusvalorada por la cortedad de miras de los de siempre, es el mejor regalo de Florentino Pérez al balompié europeo. Ahora toca capitalizarlo, para el Madrid pero también para todo el sistema. El reto es ilusionante y trascendente.
En otro orden de cosas, está la búsqueda de la maximización de ingresos del nuevo estadio, que ya multiplica sus fuentes de negocio pero es susceptible de hacerlo exponencialmente si se encuentra el modo de solventar la combinación de posibles errores propios con la hostilidad del entorno. Sobre la mesa están también proyectos de relevancia capital para preservar la autonomía financiera y, como consecuencia, la independencia institucional: el Bernabéu Infinito (a través de la alianza con Microsoft) y el Madrid Innovation District de Valdebebas constituyen los principales hitos del futuro.
Ante estos y otros auténticos puntos de inflexión, el madridismo necesita unión. No existe un mayor factor de cohesión que el mejor deportista español de la historia y uno de los mejores de cualquier nacionalidad. A través de este nombramiento, que a buen seguro la Asamblea ratificará, el Madrid mira a su porvenir con valentía y espíritu integrador. El Madrid debe seguir a la vanguardia, y no se me ocurre un mejor catalizador de esa aspiración que Rafa Nadal.
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