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2-1: Tocó ser el Real Madrid

2-1: Tocó ser el Real Madrid

Escrito por: Quillo Barrios29 abril, 2017
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La Liga son 38 jornadas, pero puede estar en un suspiro, en una jugada, en un minuto loco, en una acción aislada. Santi Mina aterrizó en el Santiago Bernabéu con un remate al palo nada más arrancar el encuentro. El estadio blanco se congeló, bajo la lluvia, consciente de que, una vez entras en primavera, ningún partido es un partido más. Hora y media después, en uno de esos suspiros que separan la gloria del infierno, Marcelo encontró el cielo que se le cerró la semana pasada en la última jugada del Clásico. El fútbol decidió ser justo con un lateral de época y con el único equipo que quiso ganar en la tibia tarde de la capital.

Porque sí, el Real Madrid sigue sin saber cerrar muchos encuentros y se mete en líos innecesarios incluso ante rivales muy inferiores, pero este sábado hizo mucho más que un triste Valencia. Los de Voro, cuya temporada se reduce a dos partidos -ambos contra el Madrid- desde que no compiten por nada, pusieron el autobús en torno a Diego Alves. La intención era llevar el 0-0 hasta más allá de la luna. Un par de contragolpes y poco más. Ni siquiera para asustar, simplemente para estirar las piernas y tomar el aire. No jugó con demasiada velocidad el cuadro de Zidane, aunque tampoco le hacía falta.

Con el paso de los minutos, Luka Modric abrió los ojos y se vio ahí, en el Bernabéu, delante de 80.000 personas que todavía lo adoran, y se dijo a sí mismo que tocaba despertar de esa larga siesta que empezó a echarse hace semanas. Apoyó el equipo sobre sus hombros y construyó el camino hacia la victoria. En la aventura tuvo la compañía de James Rodríguez y Dani Carvajal, notables en todo momento. Al filo de la media hora, Cristiano Ronaldo, que parecía inmerso en una batalla consigo mismo, dejó los gestos a un lado y trasladó la superioridad merengue al marcador. Preciso centro de Carvajal y académico remate del portugués. 1-0 y media Liga mirando a Cibeles. El nerviosismo del Bernabéu se transformó en alegría.

El problema es que el Real Madrid intentó, un día más, jugar a que no pasase nada. Parecía idílico dado que el Valencia, inoperante y triste, buscaba lo mismo pese al 1-0, pero el fútbol suele castigarte si le das todo lo contrario a lo que reclama. No saben los de Zidane especular porque están entrenados para ganar, verbo que resume 115 años de historia.

Asensio y Morata sustituyeron a James y Benzema en una segunda mitad que se antojaba tediosa. Sólo la lluvia y la evidente tensión distanciaban este partido de un torneo veraniego. El Real Madrid se empezó a agarrotar conforme llegaban los minutos finales, más aún tras parar Diego Alves un penalti a Cristiano, y a todos nos vino a la cabeza desenlaces como el del derbi o el del Clásico, sin ir más lejos. Y así fue. Casemiro cometió una infantil falta cerca del área y Parejo mandó el balón a la escuadra. Era el minuto 82 y tocaba arreón. El Bernabéu reaccionó empujando y alentando en lugar de enfadándose. El Madrid, que funciona mejor cuando el apocalipsis llama a la puerta, comprimió la Liga en cinco minutos. Y le salió bien. Una vez más.

Tuvo trescientos segundos abrumadores el conjunto de Zidane. Se instaló el equipo entero en el campo del Valencia. Jugó rápido, intenso, por dentro y por fuera, con Asensio buscando remates de tacón y Modric superando líneas como una sirena. Tocaba ser el Real Madrid. No había respiro. El Valencia sintió el Bernabéu sobre su pecho y no supo reaccionar. Raro era el madridista que lo veía imposible. Unos pensaban en Sergio Ramos, otros en Cristiano. El resultado era el mismo: íbamos a marcar. Y lo hizo Marcelo. El brasileño habrá repetido en su cabeza el gol de Messi en el descuento del pasado Clásico durante toda la semana. Hoy le tocaba hacer las paces consigo mismo. Marcó con la derecha tras una maniobra más propia de un hombre de área. Gritó como si todo acabase en ese preciso instante. En realidad no acabó nada, pero sí se acercó un título que lleva muchos años sin pisar las vitrinas del Bernabéu. Un partido menos. Un partido más.