No me divierte el papel de víctima, haciendo coros a la coral de plañideras del lamento constante. Así que dejo para otro día la autocrítica, en la que, por cosas de la melancolía futbolística, me estoy cebando esta temporada en mis apariciones en La Galerna. Ayer cuando el árbitro dio el pitido final, me invadió una relajante sensación de rutina. De acuerdo. Ya estamos muertos. Otra vez. Ya estamos donde más nos gusta. Ahora solo nos espera la gloria. Esta temporada es tan horrible, tan decepcionante, tan cambiante en nuestras esperanzas de una semana a otra, que debemos estar preparados para las grandes sorpresas. Bellos y relucientes títulos madridistas se nos han aparecido al final de temporadas aterradoras.
Seamos precisos: es un horror el 1-2. Un aburrimiento. En realidad, odio tener que repetir la historia que ya hemos vivido. Es un coñazo porque ahora que vuelven a dar por eliminado al Real Madrid, nos toca otra vez hacer la gesta, un terreno en el que ningún otro club del mundo se siente cómodo. Después de escuchar anoche las tertulias radiofónicas, con los adictos a la estadística asegurando que el Real Madrid jamás en su historia ha salido airoso de una circunstancia así, he amanecido con una certeza absoluta, sólida, como una verdad de fe incontrovertible, algo que no estoy dispuesto a discutir con nadie: jugaremos la final de esta Champions.
Y ahora viene mi pregunta favorita, la que siempre se da en estas circunstancias: ¿y por qué ganaremos? Porque es imposible. No se lo podemos explicar a nadie que no sepa lo que es el Real Madrid
Sí, amigos. Golearemos al mejor equipo de Europa en su casa y, sin duda, saldremos victoriosos también del trámite de la semifinal. Suscribo lo escrito: el mejor equipo de Europa. Estoy convencido de que el Bayern no tiene a los mejores jugadores, pero no tengo ninguna duda de que son los mejores jugando en equipo. Ayer eran puro nervio, movimiento, ayudas, y coordinación. Son mejores que el Real Madrid de la 25/26 en ese mismo aspecto del juego, lo que paradójicamente hace que mi apuesta sea aún más firme: ganaremos. Sí, ganaremos porque el fútbol jamás ha sido un deporte justo. De serlo, sería un tostón de deporte, como todos los juegos que han llevado la justicia demasiado lejos.
Ayer los nuestros nos hicieron olvidar la abulia del último partido de liga y se agradece. No tanto por el juego como por la intensidad. Por lo demás, dispararon a puerta como si lo hicieran con los ojos cerrados, cometieron errores defensivos tan violentos que deberían haber sido sancionados por el árbitro, y el juego en equipo brilló por su ausencia durante más de la mitad de los lances del partido, mientras confiábamos nuestras esperanzas a chispazos de inspiración individual; breve recordatorio de que la mejor jugada del partido la hizo Huijsen y, de no haber llegado al área con los pulmones en la mano, habría sido un gol histórico.
En fin, no se me oculta que todo es raro, deprimente, y descorazonador, pero es una suerte de desastre perfecto, porque eso deja al rival con la sensación de ser aún más favoritos para el partido de vuelta. Mi pronóstico es que ganaremos incluso aunque se adelanten en el marcador, incluso aunque cojan una distancia imposible en goles, incluso aunque lo merezcan, incluso aunque juguemos con el mismísimo Miguel Porlán “Chendo” en el lugar de Trent.
En contra de este optimismo solo hay algo histórico y tozudo, y no es asunto menor: que he fallado todas las previsiones anteriores que he hecho en La Galerna. A favor, lo esencial: que el Real Madrid es bastante más importante que mi mala fortuna estadística. Y ahora viene mi pregunta favorita, la que siempre se da en estas circunstancias: ¿y por qué ganaremos? Porque es imposible. No se lo podemos explicar a nadie que no sepa lo que es el Real Madrid.
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Bravo!
Me encanta leer a Itxu por las mañanas. Es como tomarse un tripi o algo más duro. Droga de la buena…