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Valencia, cuando ganar no importa

Valencia, cuando ganar no importa

Escrito por: Pepe Kollins12 septiembre, 2019
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Fue la noticia del miércoles: el Valencia destituía a su entrenador, Marcelino. A priori pueden pensar que es un hecho que no afecta en nada al Real Madrid, pero nada más lejos de la realidad. A menudo, hablamos de factores, presuntamente ilegítimos, que alteran los campeonatos. La permisividad con la promoción de clubs estado, el uso irregular del VAR, la opacidad contractual clave en el límite salarial, etc. Pues bien, si me apuran, de todos esos supuestos el que peor me parece es el que se constató ayer: un club de Primera División y participante en Champions League no disimula que no tiene como prioridad ganar.

No pretendemos insinuar que los jugadores del Valencia se dejan perder, nada más lejos de nuestra intención. Pero que un club destituya a su entrenador a falta de dos días de disputarse un encuentro en el Camp Nou – además sin Leo Messi y Luis Suárez, lo cual multiplica las opciones del conjunto che –, resulta cuando menos desconcertante. ¿No podían haber esperado al término de la jornada para formalizar de inmediato el despido? Está claro que sí, como también parece obvio que al propietario del Valencia, Peter Lim, esa circunstancia no le afecta en absoluto.

Pero no se trata solo de una cuestión de tiempos. Después de un buen número de temporadas del conjunto valencianista instalado en la intrascendencia más absoluta a nivel deportivo, Marcelino ha sido el técnico que ha conseguido hacerle campeón de Copa y clasificarlo para la Champions League. No parece que un empate, una derrota y una victoria en tres jornadas sea suficiente como para echar a un entrenador. A poco que se siga la actualidad del Valencia, es de sobras conocido que los motivos que han propiciado este desenlace – que también amenaza con llevarse por delante a Mateu Alemany – tienen que ver con la discrepancia entre la directiva y los dos responsables deportivos (director y entrenador) con respecto a las contrataciones realizadas este verano.

Peter Lim es socio de Jorge Mendes, el influyente representante portugués, que ha sido la principal vía de contratación de jugadores. Desde la llegada del magnate, el club se ha constituido como parte de un circuito de rotación de contrataciones ideado para mover a jugadores de un club a otro sin cesar, se entiende, a priori, que con el objeto de conseguir la comisión correspondiente de cada transferencia. Una secuencia explicada con brillantez en este hilo de Twitter, que les invitamos a desplegar para su asombro (con traca final a modo de gif).

Pero la cuestión es que Marcelino y Mateu Alemany fueron, este verano, un freno para que la rueda siguiese girando. A la negativa de fichar a futbolistas de la cartera de Mendes (Rafael Leao, Nicolás Otamendi, Radamel Falcao y Nabil Fekir), se unió el bloqueo del club a las contrataciones de los jugadores pactados entre el técnico y el director deportivo, pero que no pertenecían a la agencia del socio del magnate de Singapur.

En definitiva: Peter Lim concibe a su club como un medio para ganar dinero y eso no tiene, necesariamente, que estar relacionado con el interés deportivo. Que el Valencia pierda contra el Barça el sábado, desquiciado ante la situación creada no va a cambiar ni un ápice la opinión de su dueño. Lo que no va a permitir este es que le revienten también el negocio en el mercado de invierno.

El del Valencia no es el único caso. Tenemos un ejemplo palmario en el Manchester United, los míticos Red Devils no son ahora más que una exitosa empresa del sector del Ocio. Atrás quedó la etapa de Alex Ferguson en la que fueron una de las principales escuadras del continente por no hablar de los míticos años de Matt Busby. Hoy, el United es un equipo cuyo techo consiste en clasificarse para un puesto de Champions, meta que la temporada pasada no alcanzaron y que esta tampoco tiene visos de que se vaya a conseguir con una plantilla en la que solo destaca un jugador top como Paul Pogba, que tampoco disimula su deseo de marcharse. Pero este declive deportivo apenas afecta a los Glazer, la familia propietaria del Manchester United que se regocijan al término de cada año contable con los pingües beneficios que les reporta la institución.

Lo que pasó ayer en Valencia, no es solamente la constatación de que un club no está dirigido para que su equipo de fútbol rinda al máximo con lo que ello implica de adulteración de la competición, sino también un aviso para aquellos que, en algún momento, hemos enfocado el escenario de la Sociedad Anónima como una salida para el Real Madrid, ante un modelo económico que presenta síntomas de agotamiento y de dificultad para competir. Si algún día el Real Madrid cae en manos de alguien como Peter Lim o Joel Glazer, es probable que el club haya perdido la esencia que le caracterizó: su deseo de ganar… en el terreno de juego.

Pepe Kollins