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El asombroso madridismo por el mundo

El asombroso madridismo por el mundo

Escrito por: Paula Pineda25 enero, 2020
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Yo no tengo conciencia del momento exacto en el que me supe madridista. Hay gente que indica una edad o señala un partido como el punto en el que sintió que su equipo era el Real Madrid. Yo no. Siempre ha estado en mi vida, desde que tengo uso de razón. En mi casa mis padres, mis cuatro hermanas y yo hemos latido siempre madridismo. No he sido nunca de ningún otro equipo, no siento simpatía por otro club. Para mí sólo existe el Real Madrid. Hubo un tiempo en el que fui también de la selección española. Ya no. Desde el momento en el que el periodismo más antimadridista se adueñó de la selección de mi país para utilizarla como arma arrojadiza contra el Real Madrid, me es indiferente lo que haga La Roja o como sea que la llamen ahora. Como reza el himno de la Décima: Hala Madrid y nada más.

Admiro con todas mis fuerzas a los madridistas de Cataluña y a los que viven fuera de España. A los primeros por vivir su madridismo en territorio hostil, con todo el sufrimiento que ello conlleva. Y a los segundos por ser capaces, estando a miles de kilómetros, de sentir con tanta pasión a un club de fútbol que no es de su ciudad ni de su país. Mi pensamiento está siempre con esos madridistas de Cataluña cuando el eterno rival gana un título. Los considero héroes anónimos, gente capaz de ir contracorriente en la vida, que se visten por los pies y salen a la calle con sus principios impolutos.

Al otro lado del charco el madridismo es también la afición más numerosa. Debido a la diferencia horaria con España, los días de partido organizan su vida en torno al Real Madrid. Igual les toca madrugar que aguantar sin dormir o ingeniárselas para librarse del trabajo o los estudios para ver a su equipo. Presumen de sus camisetas por las calles y sueñan con subir a ese avión que les traiga hasta España, rumbo al Santiago Bernabéu. Ojalá todos tengan la oportunidad de visitarlo al menos una vez en su vida. Esa gente, ese madridismo que vive a miles de kilómetros del Real Madrid, que se reúnen para ver los partidos, que se lo enseñan a sus hijos, que son capaces de llorar con las derrotas y sentirse los más dichosos en las victorias, me llenan de orgullo como madridista. Sienten lo mismo que yo, son mi familia en esto del madridismo.

Desde Brasil a Colombia, pasando por Costa Rica, Ecuador, México, Guatemala, Panamá, la República Dominicana, Perú, Venezuela y todos y cada uno de los estados de USA. Allí donde vive un madridista, sé que está también mi casa. Australia, China, Japón, Indonesia. ¡Indonesia! No sé si allí nace algún niño que en el futuro no vaya a ser del Real Madrid. Creo que se merecen que el equipo aterrice alguna vez allí. Es increíble la pasión que le ponen a su madridismo y lo numerosos que son.

Los tengo presentes cada vez que me siento delante de la tele para ver un partido y, sobre todo, cuando voy al Bernabéu. Sé que ellos lo darían todo por ver un partido en Chamartín. No sé cuándo ni de qué manera el escudo del Real Madrid llegó a sus vidas con el inmenso océano de por medio, pero me siento orgullosa de ellos porque su madridismo es el mío. No importa lo lejos o lo cerca que estemos del epicentro del club más grande del mundo porque este amor no tiene fronteras.